lunes, 12 de junio de 2017

Ibones de Anayet y Vértice de Anayet (2559m) por la Canal Roya

Descendiendo del Vértice de Anayet, con las imponentes siluetas del Anayet y el Midi d'Ossau al fondo.
Tras un invierno en el que no hemos parado de viajar pero, sin embargo, no hemos salido a la montaña, pensamos que ya es hora de acercarnos al Pirineo. Y, ya que disponemos de un fin de semana libre, nos acercamos al Valle del Río Aragón, algo alejado de casa pero que siempre nos sorprende.
Optamos por recorrer uno de los valles más bucólicos del Pirineo Aragonés (la Canal Roya), ascender hasta los magníficos Ibones de Anayet y, si el tiempo y las fuerzas lo permiten, contemplar todo ese bello panorama desde la cima del Vértice de Anayet.
Geológicamente hablando, se trata de una ruta muy interesante. A destacar la gran cantidad de arcillas rojas que dan nombre al valle (roya=roja); así como el hecho de que el Pico Anayet está constituido por los restos de la caldera de un volcán activo en el Pérmico.
Para llegar al inicio de la ruta, debemos subir desde Huesca hasta Jaca, continuando en dirección norte hacia la localidad de Canfranc Estación. Tras atravesarla, continuamos por la carretera algo más de un kilómetro hasta llegar a una amplia curva a la izquierda. Allí veremos, a mano derecha, un amplio aparcamiento donde poder dejar tranquilamente el coche.
Amplio aparcamiento al inicio de la ruta, con unas vistas espectaculares.
¿Cómo fue nuestro día?
FECHA: 10 de junio de 2017
ITINERARIO:  Aparcamiento entrada  Canal Roya – Canal Roya – La Rinconada – Mallata de Anayet – Vértice de Anayet – Ibones de Anayet – La Rinconada – Canal Roya – Aparcamiento entrada Canal Roya.
ALTITUD MÍNIMA Y MÁXIMA:
- 1364 metros (Aparcamiento entrada Canal Roya).
- 2559 metros (Vértice de Anayet).
DESNIVEL ACUMULADO: 1295 metros tanto de desnivel positivo como negativo.
DISTANCIA: 22,09 kilómetros.
DURACIÓN:
– 2 horas y 30 minutos a La Rinconada (incluyendo dos paradas de 10 minutos).
– 3 horas y 15 minutos a la Mallata de Anayet.
– 3 horas y 50 minutos al collado entre el Anayet y el Vértice.
– 4 horas y 15 minutos a cima (40 minutos de descanso).
– 5 horas y 40 minutos a la orilla del ibón principal (descanso 25 minutos).
– 7 horas a la Rinconada.
– 9 horas y 15 minutos hasta el coche de nuevo.
CLIMATOLOGÍA: día muy soleado al inicio y posteriormente algo cubierto con nubes, poco amenazadoras.
ATENCIÓN:
- El camino está bien señalizado en todo momento (es un GR), sin pérdida.
- En la zona de La Rinconada puede persistir nieve hasta bien entrado el mes de junio o incluso julio. En nuestro caso, al ser año de pocas nieves, solo había algún nevero fácilmente evitable.
- Con el deshielo algún riachuelo baja bastante crecido, lo que nos obliga a esforzarnos para saltar de piedra en piedra sin mojarnos.
- Ruta fácil, sin pasos comprometidos, pero muy larga (más de 22 kilómetros y casi 1300 metros de desnivel positivo) por lo que realizarla en su totalidad exige de una buena forma física. Si sólo deseamos llegar hasta los ibones la ruta es mucho más cómoda.
Ruta realizada: en rojo el ascenso y en verde el descenso.

Escala MIDE de dificultad.

Perfil de la ruta realizada. 1300 metros de desnivel positivo acumulado y más de 22 km, ahí es nada.
Suena el despertador a las 06:00 en la bella localidad de Castiello de Jaca. Tomamos un nutritivo desayuno y, una vez preparadas las mochilas, cogemos el coche durante unos 15 minutos hasta llegar al aparcamiento antes mencionado.
Nos calzamos las botas y nos embadurnamos de protector solar; son apenas las 08:00 de la mañana y el sol luce radiante, lo que nos hace prever un día muy caluroso.
Nuestros primeros pasos transcurren por un puente que cruza el río, posteriormente nos dirigimos hacia el este por una ancha pista que asciende suavemente en dirección nordeste. En los pocos desvíos que hay al inicio veremos carteles indicadores, por lo que no tenemos pérdida. (Recordad, además, que estamos recorriendo el GR11, por lo que las franjas rojas y blancas serán muy frecuentes).
Iniciamos la ruta por este puente que cruza el río.
A los 25 minutos (2km aproximadamente) llegamos a un tramo más abierto en el que vemos varios coches aparcados. Este tramo de pista se puede realizar en coche, aunque quizá no con turismos normales. En este punto vemos un cartel que, claramente, nos desvía hacia la derecha (el de la izquierda era el que se utilizaba antiguamente, ahora en desuso por el riesgo de avalanchas).
La amplia pista se transforma aquí en senda, que desciende durante unas decenas de metros hasta alcanzar un puente en el que cambiamos a la margen izquierda del río, por la que continuaremos durante todo el camino.
Cruce en el que abandonamos la pista y nos desvíamos a la derecha, por la senda.

Cambiamos a la margen izquierda del río.
Pasamos por delante del Refugio de Lacuart mientras abandonamos definitivamente la zona boscosa y ya caminamos por prados de hierba suave, húmeda a primera hora de la mañana. Será la Canal Roya, pero hoy tiene una coloración verde preciosa.
La senda traza una amplia curva a media ladera, primero hacia el nordeste, luego hacia el este y, finalmente, hacia el sudeste. Atravesamos varios riachuelos que ganan fuerza conforme avanzan las horas del día, puesto que más arriba persisten abundantes neveros.
Conforme caminamos vemos aparecer la esbelta silueta del Pico Espelunziecha (2397 m); que unos minutos después queda eclipsada por la formidable cara norte del Pico Anayet (2545 m).
La Canal Roya nos muestra unas tonalidades verdosas increíbles.

Ya asoma, al fondo, el Pico Espelunziecha.

A las 2 horas y media de camino, a buen ritmo pero con alguna parada para beber y “desbeber”, llegamos a La Rinconada. El amplio valle de la Canal Roya acaba en un idílico circo custodiado por una gran muralla rocosa, sobre la que se aferran todavía algunos neveros que pretenden resistir al calor de la primavera. Al fondo rugen varias cascadas, mientras que en primer plano el río serpentea por el fondo del verde valle. Algunas vacas y caballos pacen tranquilos, como ajenos al paisaje hermoso que les rodea.
Nos detenemos a tomar decenas de fotografías y a comer algo, puesto que a partir de este punto comienza un ascenso más marcado.
Llegando a La Rinconada, custodiada por la temible cara norte del Pico Anayet.

Pues este parece un buen sitio para descansar y tomar algo, ¿no?

Imagen bucólica.
Debemos superar ahora algo más de 300 metros de desnivel, por la senda que zigzaguea buscando la cara más amable del circo. A pesar de la pendiente, el ampliar las vistas conforme ascendemos nos anima a continuar a buen ritmo.
Apenas pisamos un par de pequeños neveros, sin complicación. Únicamente en un punto debemos desviarnos un par de metros de la ruta para evitar otro nevero; este sí, con pendiente y nieve algo dura.
Esa muralla rocosa se puede superar, sí. La senda va más o menos por donde la hemos pintado.

Vistas de la Canal Roya desde la parte superior de La Rinconada (foto tomada al descenso).

El único punto algo comprometido de todo el camino era este nevero, fácilmente evitable.
Superado el ascenso desde La Rinconada llegamos a una enorme zona más llana, conocida como la Mallata de Anayet. Aquí podemos decidir entre continuar hacia el sur/sudeste hacia la orilla de los ibones (siguiendo el GR11) o bien dirigirnos hacia el oeste en dirección al collado que une los picos Anayet y Vértice de Anayet.
Dudamos durante unos minutos si atrevernos con la ruta más exigente o simplemente descansar plácidamente a orillas del ibón. Pero claro, lo nuestro es caminar, así que nos decantamos por la primera opción.
Bebemos algo y continuamos la marcha por una zona de suaves “subeybajas”. Pronto llegamos al inicio del ascenso hasta el collado, donde la cosa ya se pone dura de verdad. Son apenas 10 minutos de ascenso en los que superamos más de 60 metros de desnivel.
Llegamos a la Mallata de Anayet, y ya intuímos por dónde prosigue la senda hasta la cima del Vértice.

Aún queda algo de nieve en la Mallata, que superamos sin complicaciones.

Los metros más duros del día son los que vienen ahora, el ascenso hasta el collado.
Estamos en el collado, a 2404 metros de altitud, y vemos a nuestra derecha el Pico de Anayet, hacia el cual se dirige la mayor parte de los montañeros. Su silueta se muestra temible, con paredes verticales que, no obstante, se superan con relativa “facilidad” (el paso de la cadena y la última chimenea no son para todos los públicos).
Sin embargo, nosotros fijamos nuestra mirada al sur, donde se visualiza claramente la senda que asciende suavemente por un terreno áspero y rojizo, como de otro planeta, hasta alcanzar la cumbre del Vértice de Anayet.
En unos 25 minutos recorremos, a ritmo pausado, los 150 metros de desnivel positivo que separan el collado de la cima del Vértice de Anayet, a 2559 metros de altitud.
Vista del Pico Anayet desde el collado.

El ascenso hasta el Vértice de Anayet se antoja mucho más suave y cómodo.
Hacemos cima y contemplamos el magnífico paisaje que nos envuelve. Curiosamente, a pesar de ser una cima muy visitada, tenemos la posibilidad de disfrutarla en soledad durante unos 15 minutos.
Hacia el norte la imborrable imagen del Pico Anayet y, algo más al fondo, la silueta majestuosa del Midi d’Ossau. Al este, prácticamente a nuestros pies, la Mallata de Anayet con sus ibones. Al sur distinguimos La Moleta, La Pala de Ip y, asomando al fondo, la inconfundible cima de Collarada.
Infiernos, Balaitús, Aspe, Bisaurín, Castillo de Acher…son otros de los montes que podemos reconocer a simple vista.
Nos hacemos las fotos de rigor y comemos algo en la cima, a pesar de que el día se nubla por momentos y la temperatura ya no es tan agradable como en el ascenso.
¡Pues vaya vistas tenemos!
Dirigimos la mirada hacia la Canal de Izas.

No puedo dejar de mirar estas bellas montañas.

El mundo a mis pies.

Todavía queda nieve en la zona, lo que aumenta la belleza del lugar.

Regresamos hasta el collado a ritmo tranquilo, y con precaución descendemos hasta la Mallata de Anayet. Ahora, en lugar de regresar por el camino que hemos venido, queremos acercarnos a las orillas de los ibones.
Seguimos las marcadas sendas hasta alcanzar el ibón principal, algo escaso de agua pero con una belleza incomparable. Sentados en su orilla disfrutamos del reflejo del Midi d’Ossau en las aguas tranquilas, una de las imágenes más deseadas por todo amante del Pirineo.
Llaneando por la Mallata. A la izquierda el Vértice y a la derecha el Anayet.

Sentados a orillas del ibón. Precioso.
Reflejos del majestuoso Midi d'Ossau.
Decidimos, tras unos minutos de descanso, reemprender el camino de vuelta puesto que aún nos quedan casi 9 kilómetros de ruta. Hoy, la jornada es realmente larga.
Descendemos por el mismo camino de ida hasta llegar, en algo más de 9 horas, de nuevo al coche.
El agua del deshielo baja por el monte formando miles de cascadas.

¡La Canal Roya para nosotros solos!
De regreso, con sonrisa de oreja a oreja por el día espectacular.

Ya queda menos para volver al coche, pero disfrutemos un poquito más del paisaje.
En conclusión, el ascenso a los ibones de Anayet por la Canal Roya nos permite descubrir un valle poco transitado y realmente hermoso, hasta alcanzar uno de los lugares más reconocibles del Pirineo. Si a eso le añadimos la posibilidad de alcanzar una fácil cima con espectaculares vistas, la jornada queda redonda. Pero, eso sí, muy larga y exigente.
Hasta la próxima, monsieur Midi d'Ossau.

viernes, 2 de junio de 2017

Las playas del sur: "pescadores" zancudos y pequeños pedazos de paraíso en Sri Lanka

La kilométrica playa de Rekawa, ¡toda para nosotros!
Palmeras, sol, arena y mar. Respiramos profundo, embriagándonos del aire puro ceilanés. De la suave brisa marina que pretende mitigar la quemazón del sol alto del mediodía. Las olas del mar golpean la costa con rabia, una y otra vez, como intentando quedarse con un pedacito de ese idílico paisaje. Y mientras tanto, nosotros caminamos descalzos por una playa desierta, notando cómo las plantas de los pies se hunden levemente en la cálida arena de color dorado. Forzando de vez en cuando la mirada con la intención de localizar alguna tortuga que haya decidido desovar en este apartado rincón del sur de Sri Lanka.
Sí, aunque la descripción pueda parecer exagerada, existen en las playas del sur de Sri Lanka rincones similares. Desde la ciudad de Galle a la de Tangalle, en unos escasos 80 kilómetros de costa, podemos encontrar numerosas playas en las que disfrutar de un baño en aguas tropicales, contemplar a los pescadores locales o, con suerte, presenciar el desove de las tortugas.
Los famosos "pescadores" zancudos. Pintorescos, pero...¿pescadores? Más abajo lo explicamos ;)
La zona se vio fuertemente dañada por el tsunami de 2004, en el que decenas de miles de ceilaneses perdieron la vida. Sin embargo, poco más de 10 años después, la gente de la zona se ha sabido recuperar y en el momento actual el sur de Sri Lanka está viviendo un aumento de las infraestructuras turísticas, con alojamientos para todos los gustos y una amplia oferta de restaurantes y actividades.
Si bien las más famosas son las de Unawatuna, Mirissa y Tangalle, existen decenas de pequeñas playas en las que encontrar un pedacito de paraíso.
Además, otro aliciente es ver a los famosos pescadores zancudos; lugareños encaramados a palos desde los que pescan habilidosamente. Sin embargo, lo que antaño fue un ingenioso método de pesca ahora se ha convertido en un simple espectáculo turístico.
Sea de paso (como en nuestro caso) o con la intención de recorrerlas en varios días, las playas del sur son uno de los lugares imprescindibles de Sri Lanka.
Con boyas y mochila por la playa de Unawatuna.
NUESTRO RECORRIDO POR LAS PLAYAS DEL SUR
Salimos de Galle en el autobús 350, rumbo al este. Por 20 rupias (0,13€) realizamos el trayecto de unos 15 minutos que nos separa de Unawatuna. El autobús se detiene en un cruce de la carretera principal y el revisor nos indica que bajemos. Desde allí, un breve paseo de 10 minutos por una carretera secundaria repleta de tiendas y restaurantes nos lleva a la famosa playa.
En al autobús, camino a Unawatuna. Muy fans de los decorados de ganchillo.
Unawatuna es una playa estupenda, con aguas azul turquesa y numerosos hoteles en primera línea de costa. Aunque hay bastante gente, tanto ceilaneses como extranjeros, transmite una sensación bastante apacible. Nos sentamos en un bar a degustar la cerveza nacional (Lion Beer) y después nos damos un merecido baño (el sol pega con fuerza).
Panorámica de la concurrida playa de Unawatuna.

¿Vaya vistas tenemos, no?

Paseando por la playa de Unawatuna.

Sí, sí. En la playa se está muy bien, pero donde haya una buena y refrescante cerveza...
Sin embargo, dado nuestro calendario ajetreado, pronto tenemos que despedirnos de este rincón de Sri Lanka y continuar la ruta. Queremos llegar a Mirissa pero antes nos gustaría poder ver a los pescadores zancudos. Decidimos negociar con un conductor de tuk tuk el trayecto hasta Mirissa haciendo la parada intermedia.
Así pues, nos detenemos en la playa de Koggala. Desde donde aparca el tuk tuk ya vemos, en el agua, a los pescadores. Cruzamos la carretera y nos dirigimos hacia la arena de la playa. En pocos segundos lo comprendemos todo: decenas de turistas (casi todos japoneses) merodean entre los pescadores zancudos, algunos de los cuales les ayudan a subir a lo alto del palo. Bueno, pongamos lo de “pescadores” entre comillas, puesto que se trata de gente de la zona que se encarama a los palos con el fin de posar para que los viajeros tomen fotografías. Lo de pescar… como que no.
*Como después nos contarán, a los locales les sale muchísimo más rentable posar para las fotografías a cambio de una propina que el propio hecho de pescar, por lo que el oficio de “pescador zancudo” prácticamente se ha abandonado del todo.
La realidad de los pescadores zancudos. Encaramados al palo únicamente para la foto.
No obstante, decidimos bajar a la playa a tomar alguna fotografía puesto que, aunque poco auténtico, resulta muy curioso y nos parece que van a ser fotos muy chulas. Nada más poner el primer pie en la arena de la playa se acerca un joven:
- ¿Váis a hacer fotos?
- (Cámara en mano) Sí. – evidentemente.
- Son 1500 rupias (10€).
- (Al unísono): ¿QUÉ?
- Para hacer fotos hay que pagar 1500 rupias.
- WTF!!!!!!!!!! ¡Que con ese dinero vamos a dormir y comer todo el día! ¿Estamos locos?
Retrocedemos unos pasos, fuera de la arena, y tomamos alguna foto desde allí. El joven nos mira con mala cara, mientras los asiáticos del grupo organizado le dan las propinas y toman cientos de fotografías.
- No vamos a pagar eso por hacer fotografías, es ridículo pagar por hacer fotos a una mezcla de actores y turistas subidos a los palos.
El chico se acerca, notamos cómo le ha cambiado el rostro. Ha entendido que no le vamos a dar nuestro dinero fácilmente y que pagar esa cantidad de rupias es una auténtica barbaridad.
- ¿De dónde sois? Bueno, es que esta gente se gana la vida posando para las fotografías y como entendéis hay que dejar algo de propina y bla bla bla…
Ahí cambiamos nosotros también. Entramos a la playa, tomamos unas cuantas fotografías (hay que reconocer que son pintorescas), y le entregamos una pequeña propina al chico, que posteriormente reparte entre sus compañeros. Incluso nos tomamos una foto con él, puesto que finalmente todo ha resultado muy fluido. Como bien dice el refrán: hablando se entiende la gente.
Hablando se entiende la gente ;)

Uno de los pescadores zancudos.

Desde lo alto de los palos se tiene una buena vista de los peces que nadan en las aguas transparentes de Sri Lanka.
Después del chasco de los pescadores zancudos (ojo, desconocemos al 100% si todavía hay algún recóndito lugar en el que los lugareños se dediquen a pescar así, pero parece poco probable), continuamos la ruta en tuk tuk hasta llegar a Mirissa.
Nada más bajar del tuk tuk rechazamos ofertas de alojamiento de varios jóvenes, puesto que estamos de paso. Por oferta, en la zona, seguro que no hay problema.
La playa de Mirissa es amplia y, para nuestro gusto, demasiado turística. Podríamos estar en el sur de Sri Lanka, en Kho Phi Phi o en cualquier playa del Mediterráneo: bares con música occidental, cervezas a precios caros y apenas gente local. Sin embargo, la playa tiene su encanto, puesto que en extremo este hay un peñón al cual se puede subir (con cuidado), desde el que tenemos unas excelentes vistas.
Tomamos bastantes fotos y después nos tumbamos a reposar durante más de una hora, mientras poco a poco el sol pierde fuerza y comienza a atardecer. Y con el atardecer, se acaba nuestro día de playa.
Playa de Mirissa.

¡Nos está encantando este lugar!
Desde lo alto del peñón podemos ver la lengua de arena que divide la playa en dos.
Regresamos a la carretera principal y paramos al primer autobús que nos lleva hacia el este. En unos 15-20 minutos llegamos a Matara, donde hacemos transbordo y completamos el trayecto hasta la ciudad de Tangalle (una hora y media más). Desde allí un tuk tuk hasta el hotel (Turtles View Resort), situado en la playa de Rekawa, a unos 10-12 kilómetros.
Nada más llegar al hotel, y tras dejar las mochilas en la habitación, reservamos entrada en el Turtle Watch Center. Se trata de un supuesto (así lo venden) centro de conservación de tortugas en el que, por el precio de 1000 rupias, te acompañan de noche a intentar ver alguna tortuga en la playa. Mala experiencia, demasiada gente (aun siendo temporada baja) y mala organización. Vimos una tortuga, durante menos de un minuto. Por lo menos en todo momento pareció que el trato a los animales era el correcto (luces rojas tenues, silencio, etc…), aunque el simple hecho de que hubiera tanta gente nos hace dudar. No repetiríamos ni lo recomendamos, la verdad. De los errores se aprende.
Mañana será otro día…

Una gran tortuga acude a la playa, de noche.
Con la luz del siguiente día vemos las cosas de otra manera. Si bien nos habíamos llevado dos chascos tanto con los pescadores zancudos como con las tortugas de la playa, hoy pensamos que las cosas van a ir mejor. Y, efectivamente, así es.
Desayunamos pronto y preguntamos a los dueños del hotel cómo llegar a las playas más cercanas. Simple: basta con seguir una pista de tierra que, posteriormente, se convierte en una estrecha senda. Allí que vamos.
Hemos caminado durante 10 minutos y, sin querer, nos hemos desviado del camino principal. Pero no hay mal que por bien no venga: estamos en una playa pequeña totalmente desierta. ¡Toda para nosotros!
Palmeras, arena dorada y unas olas que golpean con fuerza. Espectacular. 
Nos hemos equivocado de camino y aparecemos aquí. Nada mal, ¿verdad?

Autofoto en nuestra "playa privada".
Pero, realmente, esta no es la playa principal de la zona. La que queremos visitar tiene varios kilómetros de largo y, según nuestros cálculos, está unos metros más allá en dirección oeste. Bordeamos la costa, por una pequeña zona de rocas y por fin llegamos: la playa de Rekawa.
Una lengua de arena de más de 5 kilómetros, en la que apenas hay personas caminando. Esto sí, esto es lo que buscábamos. Aprovechamos para tomar decenas de fotografías en este lugar idílico.
Sin embargo, nos llama poderosamente la atención el hecho de que no hay nadie bañándose. Pronto comprendemos el porqué: en la playa hay fuertes corrientes mar adentro, por lo que parece muy peligroso. No nos bañaremos, pero disfrutaremos del paisaje un buen rato.
Un pequeño pedazo de paraíso, sin duda.

Saltando de alegría.
En el extremo este de la playa existe un pequeño cabo, con una piscina natural. Allí, varios jóvenes intentan pescar algo mientras un pequeño puñado de viajeros de todo el mundo se refrescan en la zona de aguas tranquilas.
Con un pequeño baño allí nos despedimos de las playas del sur, puesto que debemos continuar nuestra ruta hacia Tissa.
Un joven ceilanés muestra orgulloso su captura.

Qué bien se está aquí...

... pues anda que aquí...
Sin duda nos quedamos con ganas de más. Probablemente un día extra en esta zona hubiera sido perfecto. Pero… ¿y si lo utilizamos como excusa para volver a Sri Lanka? Quién sabe…
Paso a paso nos despedimos de las playas del sur. ¿Volveremos algún día?