jueves, 17 de agosto de 2017

¡Muy feliz cumple blog!

... ¡y que cuuuuumplas muuuuuchos mááááás!


Parece que fue ayer cuando, sentados frente a la pantalla del ordenador, tecleábamos las primeras letras de este, nuestro blog.
Con mucha ilusión y pocos conocimientos de blogger, os invitábamos a dar el primer paso con nosotros: “Todo viaje, todo camino, se inicia con el primer paso”. Aquel 16 de agosto de 2016 dimos el nuestro, y decidimos relatar nuestros viajes y excursiones para animar y ayudar a quien quisiera conocer otros lugares, cercanos o lejanos.
Pues bien, desde aquella tarde del verano pasado ya ha transcurrido un año. 365 días en los que a aquel paso tímido e inseguro le han seguido bastantes pasos más. 65 entradas en el blog, con más de 36000 visualizaciones. Ya somos más de 3500 en Instagram, 750 en Facebook y 1400 en Twitter. Numerosas historias contadas y experiencias vividas. Algunas ya relatadas, otras por escribir (¡y las que quedan!).
La experiencia ha sido, sin duda, excelente. En un primer momento parece difícil sentarse ante un Word en blanco, e intentar contar algo interesante. Interesante y útil, que es lo que pretendemos. No sabemos si lo hemos conseguido, pero nosotros hemos disfrutado de lo lindo recordando viajes y excursiones para luego escribirlas en este blog. En todo caso, intentaremos mejorar.
Hoy cumplimos años, y queremos daros las gracias. A todos los que nos habéis saludado diciendo que os gustaba lo que escribíamos, a los que nos habéis preguntado por algún viaje que vais a hacer, a los que nos compartís en las redes sociales (¡gracias, podéis seguir haciéndolo! ;) ) y a todos aquellos otros blogueros de viajes que nos han inspirado y ayudado en los preparativos de las próximas aventuras.
Continuaremos caminado, paso a paso, con botas y mochila. Y sí, os volvemos a invitar a que nos acompañéis.
¡Un beso a tod@s!
¡Pssssttt psssttt! Pronto habrá una buena sorpresa en el blog ;)

lunes, 14 de agosto de 2017

Kandy. Visita al Templo del diente de Buda

Llegando al Templo del Diente de Buda, en día de poya.
Buscad “Kandy” en Google. “La capital de las montañas”, dicen unos; “la ciudad sagrada del budismo” aseveran otros. Alguien se atreve incluso a denominarla “la ciudad más bonita del mundo”.
Aunque probablemente esta última frase sea algo exagerada, hay que reconocer que la ciudad de Kandy tiene numerosos atractivos que merecen una pausada visita. No en vano, es Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO desde el año 1988.
Con unos 125000 habitantes, Kandy es la segunda mayor ciudad de Sri Lanka, siendo la capital de la provincia central. Se sitúa justo en el centro de la isla, a unos 500 metros de altitud en medio de las tierras altas, rodeada de montañas.
La ciudad se asienta sobre múltiples colinas alrededor de un gran lago artificial, ocupando una amplia extensión. La mayor parte de los hoteles/guesthouses se sitúan en estas colinas, por lo que las caminatas hacia el centro de la ciudad suelen ser largas y generalmente se requiere el tuk tuk para moverse por la ciudad.
Gran lago de Kandy, epicentro de la vida en la ciudad.
Kandy tiene una historia bastante interesante. Se cree que la ciudad se fundó a mitad del siglo XIV por el rey Vikamabrahu III; llegando a ser capital del Reino de Kandy hasta principios del siglo XIX, tras varias épocas convulsas. Ciudad importante ya en la época colonial británica, en la actualidad Kandy es una ajetreada urbe con todo tipo de servicios. Tiene una economía basada en el sector textil, las piedras preciosas y, cada vez en mayor medida, el turismo. Kandy es la ciudad sagrada de Sri Lanka, por lo que miles de ceilaneses budistas peregrinan todos los años para visitar sus templos más famosos y, en concreto, el Templo del diente de Buda.
A destacar la fiesta (Esala Perahera) que se celebra en los meses de julio y agosto coincidiendo con la poya (luna llena); dicho festival dura 10 días y destaca por la procesión de elefantes engalanados.
Fervientes budistas en el Templo del diente de Buda.
Qué ver en Kandy
A pesar de que es una ciudad extensa y de que el alojamiento estará, probablemente, alejado del centro, una vez que nos encontremos en la zona del lago podremos recorrer los lugares más destacados a pie:
- Sri Dalada Maligawa (Templo del diente de Buda): data del siglo XVIII, y se trata de la principal atracción turística de la ciudad. Construido en materiales nobles (granito, mármol, madera esculpida, marfil…), en realidad se trata de un amplio conjunto arquitectónico formado por numerosos edificios religiosos y museos. El edificio principal, donde realmente se encuentra la reliquia del diente de Buda, es el Vahahitina Maligawa; otros edificios interesantes son el Alut Maligawa, el museo Sri Dalada y el Salón de Audiencias (Magul Maduwa). La entrada es de pago (1500 rupias/10€) y requiere un código de vestimenta (no pantalones cortos, hombros cubiertos, ir descalzo). En los días de poya está realmente masificado, aunque por otro lado merece la pena ver el peregrinaje de los budistas a su templo sagrado.
En la entrada del Templo del diente de Buda.
- Lago de Kandy: epicentro de la ciudad, se creó en 1807. Merece la pena pasear por sus orillas contemplando la animada vida de Kandy.
- Monasterios budistas: existen en la ciudad varios templos interesantes. El más céntrico es el de Malwatte Maha Vihara.
- Mercado municipal: animado y bullicioso, es el más frecuentado por los locales. Siempre es interesante recorrer los estrechos pasillos de los mercados del mundo.
- Torre del reloj: fue construída en 1950 en memoría de Mohamed Zacky Ismail, quien perdió la vida en un accidente de tráfico.
- Queen’s Hotel: con una historia de más de 160 años, fue antiguamente la residencia del Gobernador  británico. Se trata de un edificio de estilo británico colonial situado en pleno centro de Kandy.
- Cerca de la ciudad existen otros puntos de interés, como el Jardín Botánico de Peradeniya, el Jardín de las especias de Matale o el Orfanato de elefantes de Pinnawela.
Atardece en Kandy.
Y nosotros, ¿qué hicimos en Kandy?
Salimos de Hatton en tren, disfrutando otra vez de un trayecto precioso entre campos de té y zonas rurales. A pesar de que no es el tramo más famoso, también merece la pena relajarnos en nuestros asientos mientras contemplamos los bellísimos paisajes. Sin embargo, nosotros estamos bastante cansados después de nuestro ascenso al Adam’s Peak y cuesta bastante mantener los ojos abiertos, estamos reventados…
Llegamos a Kandy y, nada más descender del tren, nos topamos con un abrupto cambio: hemos pasado de la tranquilidad rural de Dalhousie al bullicio y ajetreo de esta gran urbe. Rechazamos las ofertas insistentes de los primeros conductores de tuk tuk que vemos y optamos por alejarnos unos metros de la caótica estación. Unos metros más allá conseguimos que nos lleven a nuestro hotel, situado en una de las colinas de la ciudad, por 300 rupias (2€).
Llegamos al McLeod Inn, nuestro alojamiento, desde cuya terraza tenemos unas vistas impresionantes de Kandy. El dueño, muy amable, se ofrece para ayudarnos con la organización de nuestra estancia en la ciudad. Decidimos asistir a un espectáculo de danzas tradicionales (habíamos visto previamente por internet que es una de las actividades más típicas), por lo que tomamos otro tuk tuk para llegar al centro (esta vez solo 150 rupias, que lo contrata el dueño del hotel).
El espectáculo de danzas se celebra en el local de la Cruz Roja, y la entrada cuesta 1000 rupias (unos 6€). Pasamos un rato bastante entretenido, aunque el hecho de que sea para turistas hincha los precios sobremanera (tomar un refresco cuesta 300 rupias).
Haciendo equilibrios.

Las danzas son vistosas.

¡Bonito traje!
A la salida del espectáculo pasamos por delante del Templo del diente de Buda, que visitaremos al día siguiente. Hoy simplemente paseamos por el bullicioso centro de la ciudad, pasando por delante del bonito edificio del Queen’s Hotel y cenando en uno de los restaurantes de la zona. Ya de noche, tomamos un tuk tuk para regresar al hotel (250  rupias).
Queen's hotel, donde se llegó a alojar la Reina de Inglaterra durante su estancia en Sri Lanka.



Madrugamos bastante pues queremos aprovechar al máximo nuestra estancia en Kandy. Desayunamos y salimos hacia el centro, caminando, puesto que en la ruta hay un par de miradores que merecen la pena. 
Posando con las "vistas" a la ciudad.


Bueno, estas sí que son las vistas a la ciudad.
Una vez llegamos a la parte baja de la ciudad pasamos por delante de la Torre del Reloj (Clock Tower) y entramos a uno de principales mercados de la ciudad. A pesar de que solo vamos a curiosear un poco, algunos de los dependientes son demasiado insistentes por lo que, cansados de rechazar ofertas, optamos por irnos rápido.
Torre del Reloj, en pleno centro de Kandy. Nótese el tráfico caótico.

Los mercados, como este que mostramos, son bulliciosos pero entretenidos.
Nuestro siguiente destino es el principal reclamo de la ciudad: el fabuloso Templo del diente de Buda. En la entrada nos percatamos de algo que no habíamos tenido en cuenta: hoy es día de poya, y podemos contar por miles los peregrinos que han acudido al templo, la mayor parte de ellos ataviados con ropajes blancos.
Gran afluencia de público en este día señalado para los budistas.
A punto de entrar al gran templo.


Entramos al gran recinto, comenzando por un largo camino flanqueado por banderas multicolores, el cual nos lleva a la entrada principal del templo. Allí tenemos que hacer una cola bastante larga para poder pagar (1500 rupias/10€; gratuito para los ceilaneses) y, tras descalzarnos (ya habíamos previsto pantalón largo y camisetas que cubrieran los hombros) hacemos otra cola para finalmente acceder al interior.
- Sácanos guapos, ¿eh?     -Bueno, bueno, que la cámara no hace milagros...

Sí, en medio de esa muchedumbre estamos los dos esperando nuestro turno para entrar.
Resulta un poco agobiante el estar apretujado entre la multitud de fieles, mientras caminamos pasito a pasito hacia el interior del templo. Muchos de ellos portan una pequeña bandeja de cartón sobre la que reposan delicados pétalos de flores multicolores.
Ofrenda típica.

El templo es espectacular ya desde la entrada. Zonas de piedra minuciosamente tallada, murales dorados, piezas de marfil… Realmente vale tanto la pena como habíamos leído.
Coloridas figuras.
Piedra tallada con un detalle exquisito.

El primer pasillo que atravesamos es uno de los más llamativos.

Formas geométricas, dibujadas al milímetro.
Fastuosa decoración.

En el interior cientos de fieles se arremolinan, subiendo las escaleras de madera, hasta llegar a la planta superior, en la que se encuentra la reliquia del diente de Buda. Observamos, durante un buen rato, como los fieles budistas rezan sus plegarias y se acercan a contemplar, durante unos breves segundos, la preciada reliquia. Nosotros, respetuosos, nos mantenemos en un segundo plano, disfrutando del espectáculo místico-social-cultural.
Lugar donde se depositan las ofrendas.

Allí al fondo, en esa pequeña ventana, se sitúa la reliquia del diente de Buda.

Los fieles aprovechan cualquier pequeño espacio para sentarse a orar.

Numerosos fieles en el templo.
Tras un buen rato recorriendo las múltiples estancias del templo, salimos al exterior. El calor es agobiante, lo que hace que numerosos fieles busquen cobijo bajo la sombra de los árboles del recinto. Nosotros nos dirigimos hacia una zona en la que, con la excepción de un par de monjes vestidos con su hábito naranja, todas las fieles son mujeres con ropajes blancos. 
Salimos al exterior, ¡aquí no estamos tan apretados!

Para entrar a los templos debemos descalzarnos. No sabemos si luego será fácil encontrar nuestras sandalias.

Templo en el que predominan claramente las mujeres.

Conversaciones.
Hoy es día importante, de poya, y se nota en que está todo abarrotado. Aunque quizá no hemos podido contemplar el templo tan al detalle como nos gustaría, nos llevamos la impresión de que disfrutarlo en día de poya es una experiencia única. Grata coincidencia, sin duda.
Salimos del templo y, un par de calles más allá, tomamos un tuk tuk que nos devuelva al hotel, para recoger las mochilas y llevarnos a la estación de autobús. Allí, en medio del caos (la estación de Kandy es grande, confusa y desaliñada) nos ponemos a buscar el autobús para nuestro próximo destino: el triángulo cultural del norte de Sri Lanka.
Y, sí, lo habéis adivinado. Lo contaremos en la próxima entrada ;)
Con esta impactante foto nos despedimos hoy.

domingo, 6 de agosto de 2017

Sri Pada/Adam's Peak. La montaña sagrada de Sri Lanka

Posando, en el descenso, con el majestuoso Adam's Peak a nuestras espaldas.
El Pico de Adán, más popularmente conocido por su nombre en inglés (Adam’s Peak) o por su denominación ceilanesa (Sri Pada) es una montaña que se yergue, en forma de vertical pirámide, hasta los 2243 metros de altitud, sobre la selva tupida de Sri Lanka.
Famosa por la gran roca (1,8 metros) con forma de huella que hay en su cima, dicha montaña es venerada por distintas religiones: los budistas afirman que la huella corresponde a Buda, los hindúes aseveran que pertenece a la pisada de Shiva y los musulmanes a la de Adán. Incluso existe la versión cristiana que indica que la marca en la roca fue creada por Santo Tomás.
Sean o no verdad esas leyendas, lo cierto es que el Adam’s Peak es un importante punto de peregrinación, sobre todo para los budistas, que acuden en masa entre diciembre y mayo para ascender las duras pendientes que llevan al pico.
En la actualidad, a los miles de peregrinos se unen cada vez más viajeros de todo el mundo, con la intención de presenciar un bellísimo amanecer desde la cima y, por qué no, reflexionar y buscar algo de paz interior mientras ascienden los más de 5200 escalones que llevan a la cumbre del Sri Pada.
Fieles budistas durante una ceremonia en la cima del Sri Pada.
¿Cómo llegar?
El Adam’s Peak se sitúa en las tierras altas, en el corazón de Sri Lanka, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Hatton.
Existen varias rutas que permiten el acceso a la cima; las de Ratnapura y Kuruwita son menos conocidas y fundamentalmente utilizadas por los lugareños.
La ruta  más directa y frecuentada es la que parte de la pequeña localidad de Dalhousie (“Hatton route”). Para llegar a Dalhousie podemos hacerlo en autobús desde la ciudad de Hatton, una de las paradas que hace el tren de las tierras altas de Sri Lanka. Nada más bajar del tren y salir de la estación, un pequeño autobús ya nos estará esperando para trasladarnos a Dalhousie.
En Dalhousie se está produciendo un auténtico “boom” turístico, floreciendo decenas de alojamientos, restaurantes y tiendas para proveer al viajero de todo tipo de comodidades.
Tiendas en Dalhousie, con el Adam's Peak al fondo.
¿Cuándo ir?
La época ideal para acometer el ascenso es entre diciembre y mayo, coincidiendo con la época seca en Sri Lanka. Pero, evidentemente, son también esos meses los de mayor afluencia de peregrinos budistas a la cima, llegando a contabilizarse hasta 20000 fieles que ascienden en un fin de semana de poya (luna llena). Puede llegar a darse el caso de que, dada la masificación, el viajero no pueda llegar a la cima antes del amanecer (hemos leído testimonios de gente que ha estado haciendo cola más de 2 horas tan solo unas decenas de metros antes de la cumbre). Así pues, parece aconsejable evitar el ascenso los días de poya (y tampoco ir en la época de monzón, claro).
Aún en días tranquilos son cientas las personas que ascienden al Adam's Peak.
¿Es dura la ruta?
A pesar de que veremos niños y ancianos que emprenderán el ascenso al Sri Pada en chancletas y ropas tradicionales, no se trata de una ruta demasiado fácil.
No existen dificultades técnicas, es simplemente caminar y caminar, pero la ruta (ida y vuelta) desde Dalhousie son 11,3 km y más de 1100 metros de desnivel positivo (que superaremos mediante unos 5200 escalones), así que se requiere de cierta forma física.
Normalmente se emplean entre 2 horas y media y 4 horas en llegar a la cima, en función del ritmo empleado y las paradas que hagamos para descansar. Dado que el objetivo de la mayor parte de los viajeros es estar en la cima para ver el amanecer, se suele recomendar salir de Dalhousie sobre las 02:00 am, un madrugón que para muchos… ¡es lo más duro!
Mapa de la ruta realizada.

Perfil de la ruta. Más de 1100 metros de desnivel positivo.
¿Qué ver?
Sin duda, el motivo principal del ascenso al Adam’s Peak para los viajeros es disfrutar del bello amanecer mientras se contemplan los rituales budistas de los lugareños. Hay gente que se toma el ascenso como un reto tanto físico como mental y espiritual. Para gustos, colores. Lo que sí que está claro es que es una experiencia extraordinaria.
Además del amanecer, durante la ruta de ascenso veremos algunos puntos de interés. A destacar:
- Puerta principal: pasaremos bajo un antiguo arco de piedra.
- Estupas/estatuas de Buda: a lo largo del camino veremos alguna de estas construcciones, en las que los ceilaneses se detienen brevemente.
- Reliquia de la cima: una gran roca con forma de huella es el motivo por el que miles de ceilaneses peregrinan hasta la cima de esta montaña. Se puede ver en el pequeño templo de la cumbre.
- Rituales: al amanecer algunos lugareños, engalanados con ropas blancas, tañen música y cantan mientras rodean el templo de la cima. Los feligreses, sentados en el suelo, rezan en silencio. 
Estupa blanca cerca del camino al Sri Pada.
Caminaremos bajo esa bonita puerta de piedra.
 
¿Qué llevar?
Nos disponemos a realizar una larga excursión, de noche y ascendiendo a una altitud considerable, lo que va a condicionar el material y la ropa que llevaremos en la mochila.
Es imprescindible un buen calzado (zapatillas/botas de trekking) y llevar ropa de abrigo, puesto que en la cima puede hacer frío. Por experiencia propia podemos decir que además de la camiseta, deberíamos llevar como mínimo un forro polar y un cortavientos. Un gorro (o la capucha de la chaqueta) e incluso unos guantes pueden ser también útiles. Y sí, también vale la pena subir en pantalón largo, de los de montaña, para ir abrigados y cómodos.
En la mochila (la que utilizamos habitualmente para ir al monte) llevábamos agua, algo de comida (galletas, chocolate, etc…), la ropa de abrigo y un pequeño botiquín. A lo largo de la ruta, no obstante, existen pequeños puestecitos en los que comprar refrescos, té caliente o comida; los precios aumentan considerablemente según vamos ganando altitud.
Aunque no es imprescindible, puesto que en casi todo el trayecto hay farolas (encendidas en la época de peregrinación de diciembre a mayo), una pequeña linterna frontal nos puede venir bien en aquellos tramos más oscuros.
Intentando sonreir a pesar de las gélidas temperaturas. Imprescindible la ropa de abrigo.
¿Es peligroso?
No, tranquilos, no existe ningún punto del camino en que nos podamos “caer por el barranco”. El camino es amplio y hay barandillas en gran parte de la ruta. Pero eso no quita que debamos tomar precauciones, como habitualmente.
Siempre podemos tropezar o resbalarnos y golpearnos con los escalones, generalmente con pocas consecuencias. Aunque ya os podéis imaginar que durante la ruta no hay servicios médicos ni botiquines, por lo que debemos ir siempre con los 5 sentidos.
Según hemos leído, aprovechando las aglomeraciones de la cima, se han dado casos de pequeños robos aprovechando el descuido de los turistas (sin violencia ni nada parecido). Así que ya sabéis, como siempre, sentido común y estad vigilantes de vuestras cámaras, monederos y teléfonos móviles. Tanto en la cima como en varias oficinas a lo largo del camino había algún policía para controlar un poco, pero la sensación era de tranquilidad. Nosotros no vimos nada sospechoso y nos pareció en todo momento muy seguro, aunque no está de más advertirlo.
Camino bien protegido, para evitar caídas o sustos.

¿Cuál es el “plan” en Dalhousie y Adam’s Peak?
Dalhousie es una localidad pequeña en la que no hay prácticamente nada interesante que ver a excepción de la imponente Sri Pada, que se alza hacia el cielo.
Habitualmente los viajeros llegan a mitad de tarde y aprovechan para pasear un poco, comprar víveres o ropa de abrigo y cenar en algún restaurante pequeño; es un día de esos en los que resulta obligatorio irse a dormir pronto.
Sobre las 01:30 toca levantarse, desayunar algo y, en torno a las 02:00 tenemos que comenzar la marcha. Nos costará, en función del ritmo, entre 2 horas y media y 4 horas llegar a la cima. Allí, bien abrigados, tendremos que esperar al amanecer, bellísimo desde ese privilegiado mirador.
Con la llegada de los primeros rayos de sol contemplaremos los rituales de los fieles budistas y emprenderemos el descenso para llegar de nuevo a Dalhousie en torno al mediodía.
Tras desayunar/comer se puede optar por quedarse a pasar un día descansando en Dalhousie o bien tomar un bus hacia Hatton, para continuar la ruta (hay varios autobuses al día, preguntar horarios en el hotel).
Iniciamos el descenso a primera hora de la mañana.
Nuestra experiencia en el Adam’s Peak
Tras un espectacular viaje en tren por las tierras altas, llegamos a Hatton sobre las 15:30 horas. Nada más salir de la estación vemos, a la izquierda, un autobús en el que se indica claramente el destino a Dalhousie. Nos apresuramos a subir, tal y como hacen decenas de viajeros más.
El trayecto, que nos lleva por una carretera de montaña estrecha y sinuosa, durante una hora y cuarto (70 rupias/persona). El autobús va repleto de mochileros, nos sentimos como sardinas en lata.
Nos detenemos en un pequeño descampado que hace las veces de estación de autobús. Desde allí hasta nuestro hotel, el Daddy’s Guesthouse, apenas nos separan 200 metros. Nuestro hotel, al igual que la mayor parte de los establecimientos del pueblo, está en obras de ampliación. Parece ser que el turismo está comenzando a despuntar en esta remota zona de Sri Lanka.
Dejamos las mochilas en la habitación y salimos a pasear un poco por Dalhousie. Vemos varias tiendas en las que venden ropa de abrigo, guantes y gorros; sospechamos que en la cima, de madrugada, puede hacer bastante frío. Compramos algo de comida (chocolate, galletas…), agua y refrescos para la excursión de mañana.
Cenamos unos deliciosos koththu de huevo, vegetales y pollo, así como unos rotis de pollo que también nos encantan. Satisfechos, vamos a dormir pronto, sobre las 20:00 horas.
Apretujados en el autobús entre Hatton y Dalhousie. ¡Adam's Peak, allá vamos!
...

Suena el despertador a las 01:30 y, con bastante pereza, desayunamos algo en la habitación mientras nos vestimos.
Caminamos hasta el pequeño descampado donde nos dejó el autobús el día anterior. Son las 02:15 y empezamos la ruta, bien señalizada con un gran cartel luminoso. Al fondo, en lo alto, se intuye la silueta del Adam’s Peak en la noche estrellada, con sus laderas atravesadas por una pequeña hilera de luces que nos sugieren por dónde va el camino.  
Al inicio del camino vemos un pequeño croquis de la ascensión.
Al principio caminamos por las calles del pueblo, junto a otros viajeros. Llaneamos durante unos 10 minutos hasta llegar a un pequeño cobertizo en el que un monje budista solicita un donativo mientras nos coloca una pulsera blanca y reza sus oraciones.
La ruta comienza por las calles del pueblo. Los comercios están ya abiertos a estas horas.

Un monje budista nos solicita un donativo y nos coloca una pulsera de hilo blanco.
La senda prosigue a partir de este punto en leve ascenso, hasta llegar a un gran arco de piedra bajo el cual pasamos. A partir de aquí comienza la pendiente, que superamos con escalones bastante tendidos al principio.
Numerosos viajeros, de todas las condiciones físicas y mejor o peor equipados nos van adelantando, a un ritmo que a todas luces parece excesivo. Nosotros, que vamos de vez en cuando al monte, sabemos que ese ritmo es imposible de mantener y que la subida se les puede hacer muy larga. Continuamos con nuestro paso tranquilo pero constante, que queda mucho aún.
En este primer tramo de la ruta sentimos una leve sensación de agobio, con gente por todos lados, que comparten nuestro mismo objetivo. No nos podemos imaginar lo masificado que estará esto un día de poya, ¡y eso que hasta ahora sólo hemos visto turistas!
Cada 5-10 minutos encontramos algún puestecito donde poder comprar comida o bebida; todos ellos tienen algún banco o silla donde descansar brevemente, aunque nosotros estamos fuertes y decidimos no parar todavía. Además, por si fuera necesario, también hay baños (bastante precarios) con frecuencia, a los se puede entrar pagando un módico precio.
En la ruta hay numerosos puestecitos donde comprar comida o bebida (foto tomada en el descenso).

También hay baños, más o menos limpios, pero baños al fin y al cabo.
Conforme vamos caminando la ruta gana pendiente, siendo ya los escalones constantes. Nos damos cuenta de que toda esa gente que nos adelantaba alegremente, unos minutos atrás, van poco a poco perdiendo fuelle. Uno tras otro los vamos adelantando, mientras ganamos altura en la noche ceilanesa.
La cosa se pone seria, y los tramos de escalones cada vez son más continuos.
El último kilómetro hasta la cima es, sin duda, el más duro. El camino está dividido en dos, un lado para los que suben y otro para los que bajan, separados por una barandilla. Ahora está la cosa tranquila pero en los días de poya quizá sea una buena opción para garantizar la fluidez del “tráfico”.
Es aquí cuando reparamos en el hecho de que, desde hace varios minutos, ya nos hemos adelantado a ningún turista más. En cambio, ahora vamos pasando a ceilaneses de todas las edades. Llama la atención ver a ancianas subir ayudadas por toda su familia, cojeando. No sabemos cuántas horas habrán tardado en llegar hasta aquí arriba, pero posiblemente muchas. Ya no les queda nada, pero el descenso se hará igualmente largo…
En estos últimos metros también hace acto de presencia el frío y, sobre todo, un viento que comienza a rachas suaves pero que pronto se transforma en un viento constante y helador.
Unos últimos pasos y ya lo tenemos. ¡Estamos en la cima del Sri Pada, a 2243 metros de altitud!
Pequeño templo en la cima del Sri Pada.
Son las 04:15 horas: nos ha costado exactamente 2 horas llegar hasta la cima. Hemos subido a un ritmo bastante bueno y sin detenernos (tenemos la costumbre de ir al monte en los Pirineos y el entrenamiento se ha notado).
Damos un paseo por la cumbre, con varios edificios entre los que destaca el pequeño templo de paredes blancas en cuyo interior está la roca sagrada.
En la cima ya vemos a varios ceilaneses apostados en unas gradas de hormigón, tapados con mantas. Se agrupan la mayor parte en la misma orientación, al este, para poder ver la salida del sol. Tomamos asiento y nos disponemos a esperar tan ansiado momento.
Sin embargo, el hecho de haber subido tan rápido tiene su desventaja: tenemos que esperar más de 2 horas en la cima con unas temperaturas gélidas y un viento que nos llega hasta el alma. Sacamos toda la ropa de abrigo, nos juntamos en un rincón y pasamos el rato viendo cómo llegan gran cantidad de lugareños y viajeros, que poco a poco se sientan a nuestro alrededor.
Los ceilaneses que esperan en la cima llevan bastante ropa de abrigo. Ya saben lo que les espera en la cima, evidentemente.
Por fin, en torno a las 06:30, vemos que el cielo comienza a clarear. La gente saca sus cámaras y teléfonos móviles para inmortalizar el momento. A pesar de que algunas nubes bajas impiden ver a la perfección la salida del astro rey, el momento es mágico; además, se agradece notar los cálidos rayos de sol golpearnos en la cara, puesto que el frío nos ha dejado entumecidos.
Unos minutos después vemos algunos grupos de ceilaneses, ataviados con ropajes blancos, tocar instrumentos mientras se oyen cánticos y la gente desfila hasta el templo de la roca. Otros fieles, a su vez, se sientan o arrodillan a orar mirando hacia el templo. Los viajeros, unos con mayor respeto que otros, contemplamos la escena. 
A pesar de las nubes bajas, el amanecer fue igualmente bonito.

Ceremonia religiosa.
 

Los fieles van entrando al templo para venerar la roca sagrada.

Instantes de introspección.
Al acabar todo el ritual damos una vuelta a la cumbre, para contemplar sus magníficas vistas. No existe en la zona ninguna montaña que pueda rivalizar con el Sri Pada, que proyecta su sombra piramidal sobre las llanuras colindantes. 
Con los primeros rayos de luz podemos contemplar el espectáculo de la sombra piramidal que proyecta el Adam's Peak.

Foto en la cima, cuando ya ha salido (por fin) el sol. La mochila delante, por si acaso...

Profunda mirada la del líder religioso.
Tomamos unas cuantas fotos y decidimos iniciar el descenso. La ruta es la misma que para subir, con la salvedad de que ahora es de día y podemos disfrutar de unas amplias panorámicas, lo cual se agradece.
Paso a paso vamos descendiendo, con cuidado.

Aún nos quedan unos cuantos escalones hasta llegar abajo, ¿verdad?
Mientras descendemos podemos disfrutar de las vistas que nos ocultaba la noche de Sri Lanka.
Descendiendo nos cruzamos con centenares de personas que suben, cada uno a su ritmo, fundamentalmente ceilaneses. El descenso es cómodo y nos detenemos en numerosas ocasiones para echar la vista atrás y fotografiar la conquistada cima.
Aunque parezca difícil, venimos de ahí arriba.

Otro tramo del descenso, con bastante gente.

- Aunque parezca difícil, venimos de ah... - ¡Que sí, pesado, que ya sabemos que venís de ahí arriba!

El Adam's Peak se eleva sobre la frondosa selva ceilanesa.
Durante el ascenso nos preguntábamos cómo hacían para subir los centenares de botellas de refresco y la comida a los puestecitos que veíamos a lo largo de la ruta, próximos a la cima, puesto que sólo se puede subir por las escaleras. La solución la vemos en el descenso: varios porteadores cargan con pesadas cajas sobre su cabeza; algunos de ellos tendrán que realizar un desnivel de casi 1000 metros positivos con todo ese peso. 
Subiendo material a los comercios situados cientos de metros más arriba.
Sobre las 09:30 de la mañana llegamos de nuevo a Dalhousie. En el hotel nos esperan con un nutritivo y sabroso desayuno. Charlamos un rato con el dueño, quien nos indica que subir en 2 horas (como hemos hecho nosotros) es un tiempo más que bueno. Estamos “en forma”, según parece.
Último tramo del camino antes de llegar a Dalhousie.
Pagamos el hotel y nos dirigimos a la estación de autobús, con tiempo de sobra para el siguiente viaje. Sin embargo, al llegar vemos que el autobús con dirección a Hatton está en marcha y numerosos viajeros suben. No desaprovechamos la oportunidad y, como viene siendo costumbre en este viaje a Sri Lanka, nos vamos con nuestras mochilas a otra parte. Encantados de conocerte, Dalhousie; ¡ascender al Adam’s Peak nos ha encantado!
El autobús nos lleva a Hatton y allí tomamos un tren en dirección a Kandy, nuestra siguiente parada. Pero bueno, eso mejor lo contamos otro día que la entrada de hoy se ha alargado un poquito… ;)
Subir al Adam's Peak ha sido una de las actividades que más nos han gustado en nuestro viaje a Sri Lanka.