El trekking de Laugavegur (I). De Landmannalaugar a Hrafntinnusker

noviembre 13, 2016

Restos de nieve en pleno mes de junio, en una zona próxima a Landmannalaugar. Parece otro planeta.
Cansados, sin haber apenas dormido (el avión salió de Barcelona a la 1 de la mañana y aterrizó en Keflavik a las 04:30 hora local), y tras un trayecto en autobús de casi 4 horas por fin nos encontramos en Landmannalaugar. A pesar de todo, motivación nos sobra y tenemos unas ganas increíbles de iniciar nuestro trekking por tierras vikingas.
Son las tres de la tarde y en Landmannalaugar luce un sol radiante, lo que nos otorga una temperatura agradable. A nuestro alrededor ya apreciamos pequeñas colinas verdes y ocres, con restos de la nieve que cubrió todo en los meses anteriores.
En primer lugar nos dirigimos a la oficina de información, donde adquirimos un mapa del recorrido y, por otro lado, preguntamos dudas acerca del camino, el tiempo etc… Primer consejo que nos dan: tiempo impredecible (a pesar del buen día que hace) y ausencia de agua en la primera etapa. También nos indican que debemos escribir nuestro nombre en unos formularios, y rellenarlo de nuevo en cada refugio, como medida de seguridad.
Recorrido realizado en esta primera etapa: Landmannalaugar - Hrafntinnusker.
Rellenamos nuestras botellas, comemos algo y decidimos iniciar los primeros pasos de los 55 kilómetros que nos separan de Þórsmörk.
En un primer momento el bien señalizado sendero asciende por una gran pendiente en terreno rocoso. Poco a poco ganamos altura, elevándonos sobre Landmannalaugar y los valles y ríos que serpentean por la zona. 
Conforme ascendemos ganamos perspectiva: abajo, las llanuras de Landmannalaugar.

Terreno en suave ascenso, cómodo.
Día espectacular, con sol y temperatura bastante agradable.
Tras unos 15 minutos de ascenso, que nos hace romper a sudar, el camino pierde pendiente y comienza a llanear, en una zona rocosa, en la que predomina la riolita. Continuamos llaneando por un valle que poco a poco se torna herboso, dominado al fondo por el pico Háalda, de 1089 metros de altitud.
Aproximadamente a los 40 minutos del inicio la senda vira a la izquierda, y adquiere de nuevo cierta pendiente para ascender, por una zona de fumarolas, al campo de lava de Laugahraun, donde se aprecia con claridad el terreno por el que descendió la lava hace unos cientos de años. A nuestra izquierda se alza el Bláhnúkur, un pico majestuoso a pesar de sus escasos 850 metros de altitud.
El olor a azufre lo invade todo, hallándonos en este momento en un enclave volcánico impresionante, con ardientes fumarolas e inmensos campos de lava a nuestro alrededor. La vista es fascinante y en este punto decidimos efectuar una pequeña parada para beber y comer algo.
Contrastes.
Terreno volcánico, contemplado por el pico Bláhnúkur.
En ascenso al campo de lava de Laugharaun.

Inmenso campo de lava. Islandia, tierra de volcanes.

Los restos volcánicos dibujan formas caprichosas.
Cinco minutos de reposo son suficientes para continuar la marcha, ya en dirección sur, escoltados en todo momento por colinas de colores ocres, rojizos, marrones y verdes; que junto con el blanco de la nieve todavía presente confieren al paisaje una increíble belleza.
Vale la pena caminar en un entorno tan bello como este.

Vista atrás, hacia donde venimos. Senderos suaves en un entorno inmenso.
El sendero no deja de ascender y pronto empezamos a pisar los primeros neveros, que no entrañan dificultad alguna. En todo momento se halla señalizado con unas estacas de madera amarillas, situadas cada 10-20 metros aproximadamente, lo que minimiza el riesgo de extravío incluso en condiciones meteorológicas adversas.
Siempre con tendencia ascendente, aunque con continuos sube y bajas, prosigue el camino durante una hora y media más, ya por terreno cada vez más nevado. 
La nieve comienza a hacer acto de presencia.

Pisando ya la nieve, sin grandes pendientes y carente de dificultad. A la izquierda se observa el campo de lava de Laugharaun y, al fondo, las llanuras de Landmannalaugar.

Conforme ganamos altitud nos vemos rodeados de un paisaje nevado.
Tras unas 3 horas de marcha a ritmo tranquilo y deleitándonos con los paisajes de nuestro alrededor llegamos a la zona de Storihver. Se trata del vado de un río en el que se concentra una gran actividad geotérmica. Fruto de ello, numerosas fumarolas desprenden vapor de agua provocando un ruido ensordecedor, e impregnan el aire de un característico aroma a azufre.
En esta zona nos desviamos levemente del camino, puesto que a unos 100 metros a nuestra izquierda (en sentido de la marcha), apreciamos otra fumarola que parece salir de un pequeño lago de agua azul celeste.
Fumarolas en la zona de Storihver.

El olor a azufre lo impregna todo.

El mencionado lago de color azul celeste, junto al cual encontramos agua en los tres estados: sólido, líquido y gaseoso.
Dejando atrás Storihver, el camino sigue en leve ascenso por un enorme campo de obsidiana, que incluso en esta época del año se halla completamente cubierto por la nieve. No hemos de olvidar que ya nos encontramos a 1000 metros de altitud. Se trata de una zona en la que es frecuente la niebla y el viento, lo que puede suponer complicaciones para los excursionistas a pesar del camino bien señalado. Muestra de ello es la placa homenaje a Ido Keinan, un joven israelí de 25 años que falleció en esa zona el 27 de junio de 2004, debido a la niebla y el frío de la zona.
Impactados por conocer dicha historia, y haciéndonos de nuevo a la idea de lo impredecible del tiempo, continuamos el camino en dirección al refugio de Hrafntinnusker, ahora bajo un manto de nubes y una ligera (pero heladora) brisa.
Amplia llanura nevada. Precaución aquí con la niebla. En nuestro caso, a pesar del sol, el viento helador nos hizo pasar mucho frío.

Paso a paso por las tierras altas islandesas.

Está llegando el verano y la nieve comienza a fundirse en algunas zonas.
Tras, aproximadamente, 4 horas y 50 minutos desde el inicio de la ruta, el camino tuerce a la izquierda para alcanzar un collado, desde el que ya divisamos nuestro objetivo del día: el refugio de Hrafntinnusker (1027m de altitud), al que llegamos en unos 10 minutos más.
Se trata de una cabaña con 2 habitaciones de numerosas literas; así como una cocina bien provista de material y unos baños (carece de duchas). En caso de no encontrarse a nuestra llegada el guarda en el refugio (y si no hemos efectuado el pago previamente por internet), existe una caja donde dejar el importe correspondiente a la pernoctación.
Más info en http://www.nat.is/fjallaskalareng/skalar_fi_eng.htm
Una vez llegamos al collado, ya divisamos el refugio de Hrafntinnusker.

Otra vista del refugio, con el pico Söðull al fondo; al que ascenderemos.
Dejamos nuestras pesadas mochilas en la habitación y decidimos hacer una pequeña escapada al pico Söðull, de unos 1140 metros de altitud, por un sendero que en 15-20 minutos nos deposita en su piramidal cima. Las vistas desde allí son inconmensurables, visualizando vastas áreas de terreno nevado, montañas de colores e inmensos glaciares. Además, las luces de tonos cálidos del “atardecer” (son las 10 de la noche y el sol está descendiendo) multiplican la belleza del lugar. Vale la pena acercarse a esta cima, sin duda.
En la piramidal cima del pico Söðull.

Vistas inmensas. Hacia esas montañas se dirige la ruta...

Las tierras altas islandesas. Nieve, hielo, montañas... Un paraje único.
Como posibilidad alternativa (que nosotros no realizamos), se podía visitar una cueva helada situada a unos 45-60 minutos del refugio; aunque ésta se derrumbó en el año 2008, pudiéndose ver todavía los gigantescos bloques de hielo que la flanquean.
Grandes bloques de hielo, caídos.
Tras el descenso preparamos nuestra cena en el refugio. La cocina está plenamente equipada (hay ollas, sartenes, etc…), por lo que con nuestro hornillo podemos cocinar tranquilamente pasta y arroz. Finalmente, nos vamos a dormir, agotados tras una larga jornada que había comenzado unas 24 horas antes.

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