El trekking de Laugavegur (III). De Álftavatn a Emstrur (Botnar)

noviembre 18, 2016

Cruzando un puente sobre un caudaloso río islandés.
Tercera etapa del trekking Laugavegur. Del refugio de Álftavatn al de Emstrur.
Distancia: 15 kilómetros.
Desnivel: -40 m.
Duración: 5 horas.
Climatología: cubierto todo el día y con una fina llovizna tras nuestra llegada al refugio de Emstrur. En la zona de Mælifellsandur el fuerte viento nos obligó a ponernos toda la ropa de abrigo.

Bien dormidos, y con el merecido descanso en nuestra confortable habitación, nos levantamos el tercer día con buen ánimo, aunque el día amanece algo más nublado.
Nos espera una etapa más larga que las previas, de unos 15 kilómetros, aunque prácticamente llana en su totalidad.
Desayunamos algo y comenzamos la marcha a eso de las 10 y media de la mañana.
Hoy el sol no luce; en su lugar, grises nubes cubren el cielo, por lo que la temperatura matutina nos obliga a echar mano de nuestras prendas de abrigo.
En un primer momento el camino se dirige hacia el sur, paralelo a una pista apta para vehículos todoterreno. 
Mapa de la ruta realizada.

Dia nublado, glaciares inmensos.
Nos encontramos en una zona de prados herbosos, que desciende suavemente hasta el cauce del río Bratthálskvísl; el cual debemos cruzar sin puente alguno. Buena manera de despejarnos a estas horas de la mañana. Se trata de un riachuelo algo más ancho que el de la tarde anterior, aunque quizá con menor profundidad, por lo que su paso no resulta complicado.
Tras cruzar el río, secarnos y volvernos a calzar las botas, reanudamos nuestro camino, por un sendero que llanea en todo momento. Hacia la derecha, en el sentido de la marcha, vemos la esbelta figura del pico Stórasúla, con sus innumerables tonos verdosos.
Aproximadamente 1 hora y cuarto tras el inicio llegamos  a las cabañas de Hvanngil (una de ellas para pastores y otra para turistas). Se trata de una alternativa al refugio de Álftavatn, situado unos 5 kilómetros más allá de este último (y, también, en muy buen estado). Aprovechamos el lugar para detenernos un rato, hidratarnos y usar los servicios.
Descendemos buscando el río, el cual hemos de cruzar mojándonos los pies en sus aguas gélidas.

Parece que vamos en buena dirección.
Continuando nuestra marcha, y nada más abandonar el refugio de Hvanngil, llegamos a un campo de lava denominado Hvannagilshraun, a través del cual transcurre el sendero. Resulta curioso ver la senda labrada en medio de dicho campo de lava.
A partir de este punto el paisaje se transforma pasando progresivamente de predominar los prados verdosos a la arena negruzca que pronto nos rodeará por completo.
El camino transcurre, durante un buen rato, por un enorme campo  de lava.

Quince minutos más allá del refugio cruzamos el río Kaldaklofskvísl por un pequeño puente de madera. Unos metros después de cruzar dicho puente encontramos un desvío que lleva en dirección este hacia Mælifellssandur (por la pista F 210); nosotros, sin embargo, debemos continuar en dirección suroeste hacia Emstrur.
El camino decide no darnos tregua, así que 5 minutos después del primer puente, el siguiente riachuelo carece de un lugar por donde cruzarlo sin mojarse. El río Bláfjallakvísik nos vuelve a recordar que las aguas glaciares están frías, muy frías; aunque de nuevo el atravesarlo no entrañe ninguna dificultad.
Otra pequeña parada para secarnos los pies, mientras observamos las caras de perplejidad del resto de aventureros al otro lado de la orilla.
Durante la jornada tenemos que atravesar varios ríos, siempre por donde cubren menos y la corriente no es tan fuerte.
 En este momento la senda llega a un inmenso desierto de arena negra. El cambio de paisaje (del verde de la zona de Álftavatn al negro de este gigantesco sandur) es impresionante, aunque este tramo se puede hacer algo monótono.
Durante aproximadamente una hora y diez minutos el camino transcurre por un impresionante paisaje lunar, prácticamente inabarcable en toda su extensión con la mirada. Al fondo se adivinan algunas montañas y la lengua de un glaciar. A ratos, nuestro camino confluye con una pista transitable con vehículos 4x4 (pista F 261).
Enormes glaciares, a lo lejos.

Desierto de arena negra, por lo que caminamos durante varios kilómetros.
A las tres horas de marcha llegamos a uno de los puntos más espectaculares de la jornada. Se trata del poderoso río Nyrðri Emstruá, crecido por el deshielo de los glaciares. Dicho río puede ser atravesado por un puente de madera; no obstante vale la pena parar en este punto y desviarse unas decenas de metros hacia la derecha. Así, podemos contemplar la impresionante garganta que forma el río en este lugar, culminada por una estruendosa cascada. Realmente impresionante la fuerza del agua.
Fotografías de rigor (imprescindibles) y un pequeño descanso para comer, beber y tomar fuerzas de nuevo.
Aguas bravas en el río Nyrðri Emstruá.


Naturaleza en estado puro.

Posteriormente el camino continúa por el inmenso sandur, que ahora adquiere la característica de que a sus negras arenas se añaden montañas de tonos verdosos (como el pico Storkonufell y Utigönguhöfðar), además de blancos glaciares.
Se trata de una zona en la que el viento nos golpeaba con fuerza, por lo que la sensación térmica se hizo bastante baja, a pesar de que el sol nos acompañaba la mayor parte del recorrido.
Continuamos varios kilómetros más por un terreno de aspecto lunar, únicamente interrumpido por un pequeño collado flanqueado por colinas de arenas marronáceas, donde aprovechamos para tomar un pequeño descanso.
Pronto nos hallamos a los pies del espectacular pico Hattafell, que tenemos primero a nuestra derecha y después a nuestras espaldas, mientras nos dirigimos en dirección sur.  
Camino evidente en todo momento.

Contraste entre las verdes montañas y el desierto de arena negruzca.

A lo lejos, el día parece todavía más nublado.

Últimos kilómetros hacia Emstrur, rodeados de esbeltas montañas.
El último tramo de la jornada transcurre por una zona de arenas algo más rojizas, hasta que llegamos a una zona sobreelevada que constituye un perfecto mirador de la lengua glaciar Entujökull, perteneciente al gigantesco Mýrdalsjökull.
A nuestros pies un bonito valle, donde ya vemos nuestro destino, las cabañas de Emstrur, a las que llegamos tras unas 6 horas de caminata a buen ritmo (aunque con numerosas paradas para tomar fotografías).
Más que un refugio, Emstrur parece un pequeño complejo hotelero formado por 3 cabañas con literas y cocina completa, la cabaña del guarda y un edificio habilitado con duchas y servicios. Además, a su lado encontramos una bonita zona de acampada. Como los refugios previos, en un estado más que aceptable aunque a un precio moderadamente caro.
Lengua de hielo proveniente del inmenso glaciar Mýrdalsjökull.

Llegando al refugio de Emstrur.
Dejamos las mochilas y decidimos hacer una pequeña excursión al cañón de Markarfljótsgljúfur; situado a unos 15 minutos del refugio. A pesar de estar poco señalizado (sólo un pequeño cartel que puede pasar desapercibido) nos resultó una visita indispensable para todos los que realicen este trekking.
Desde el refugio retrocedemos por el camino por donde hemos venido unos 50 metros, y pronto veremos un pequeño cartel que indica el desvío a mano izquierda. En suave ascenso, por un terreno herboso sin camino claramente diferenciado llegaremos al citado cañón en un corto paseo.
Se trata de una majestuosa garganta de casi 200 metros de profundidad en algunas zonas, con paredes de tonos rojos intensos, verdes y marrones. Un espectáculo para la mirada.
Tomamos decenas de fotos del cañón (¡qué menos!), y emprendemos el camino de vuelta al refugio, esta vez con una muy ligera llovizna cayendo sobre nuestras cabezas.
Espectacular cañón de Markarfljótsgljúfur. Un pequeño regalo para la vista a tan solo unos minutos caminando del refugio.

Las aguas rugen en el  fondo del cañón.
Compartimos habitación (unas 8-10 literas) con un grupo de franceses muy simpáticos, nos preparamos una suculenta cena y nos disponemos a dormir, agotados por otra larga jornada.

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