Viaje a Gambia (y VII). ¿Por qué no un poco de relax?

noviembre 02, 2016

¿Pues no tienen mala pinta los resorts de lujo en Gambia, no?
La noche anterior, entre cervezas y tequilas, Ricky y compañía nos habían recomendado visitar un resort de lujo con (según ellos) el mejor spa de toda Gambia. Y, además, por un precio más que razonable.
Aunque los spa no son algo que nos entusiasme, sí que nos parece interesante entrar a uno de estos resorts, único lugar de Gambia que conocen el 90% de turistas que llegan al país.
Así pues, nos levantamos con la calma, desayunamos y nos bañamos en la piscina del hotel. Total, no tenemos prisa, que el vuelo no sale hasta las 23:55. ¡Tenemos todo el día por delante!
Nos guardan las mochilas en el hotel, y vamos en taxi al Coco Ocean Resort & Spa; en apenas 10 minutos (se sitúa justo al otro lado del Bijilo Monkey Park). En la entrada únicamente tenemos que decir que queremos ir al spa. Enseguida nos abren las puertas y vamos a reservar: lamentablemente solo tenemos hora a las 17:30… ¡y aún son las 12:00!
Pues nada, esperaremos, que no tenemos otra cosa que hacer. Preguntamos si nos podemos quedar en el hotel disfrutando de la piscina y de la playa privada, a cambio de consumir algo allí y por entrar al spa. La respuesta, esperada, no tarda en llegar:
 - Of course, in Gambia… ¡no problem!
- ¡De PM! (supongo que pensé para mis adentros).
Cómodos sofás en el Coco Ocean Resort & Spa, donde tomar cerveza, zumos o cócteles.
Piscinas con mala pinta (ironic mode on).
Desde el primer momento, el simpático camarero nos trata de maravilla. Nos preparan dos tumbonas frente a la playa y se apresuran en traernos una fresquísima Julbrew.
Tomamos algunas cervezas y, ya que estamos, comemos. Los precios, aunque notablemente más caros que en “la Gambia real”, tampoco son nada excesivo; se podría decir que a precio europeo. Unos platos de pasta con gambas y calamar o pollo por aproximadamente 12 euros. Y en una cantidad ingente, difícil acabarse el plato.
Tras la copiosa comida paseamos un poco por la playa, bastante más tranquila que la que recorrimos el día anterior por la tarde.
Y así, con estas vistas, nos pegamos gran parte del día tumbados a la bartola.
A las 17:30 acudimos puntuales a nuestra cita con el spa. Hemos reservado un hammam con sal marina. Yo, personalmente, jamás había probado algo parecido. ¿La experiencia? Pues bueno, por este orden: baño con agua caliente + sauna durante media hora + baño con agua caliente + masajillo con sales con olor a galletas Chiquilín + sauna + ducha. Acabado esto nos hacen pasar a unas tumbonas donde reposamos y nos hidratamos con una música relajante de fondo. Y, hay que decirlo, nos ofrecen el mejor té que he probado en la historia. Repetiría solo por ese té. El hammam en sí…pues bueno, es relajante aunque no me pareció nada del otro mundo. Aunque, bien pensado, nos sirvió para montar bien limpitos al avión, que llevábamos una sudada encima…
¿El precio? La hora y media nos costó 1200 dalasi por persona (unos 22-23 euros).
Espectacular recibidor del spa.
Entrada a los vestuarios. No, no hice fotos dentro del hammam porque creo que mi cámara y la humedad no se harían buenas amigas...

Piscina del spa.
Ahí, en una de esas tumbonas, me tomé el mejor té de toda mi vida.
Al finalizar regresamos al Bamboo Garden Hotel, a recoger las mochilas y después en taxi hasta el aeropuerto, donde se acaba nuestra estancia en este maravilloso país.
Nos quedamos con la impresión de que, algún día, ¡volveremos!

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