Viaje a Vietnam. Sapa: visita a Cat Cat y al mercado local

enero 26, 2017

Haciendo amigos en Cat Cat.
El día ha comenzado gélido y con una neblina que imprime un aire misterioso a la pequeña localidad de Sapa. Y, aunque no llueve, no descartamos que luego nos mojemos un poco.
Desayunamos en el hotel y pronto nos ponemos en marcha. Hoy queremos visitar la pequeña localidad de Cat Cat, muy próxima a Sapa. El camino está bien señalizado, continuando la carretera que desciende hacia el valle. Apenas 3 kilómetros (unos 45 minutos) nos separan de la entrada de la localidad. El entorno es mágico, en un valle de intenso verdor que se intenta esconder tras las nubes.
Las mujeres de la etnia Dao Do tejiendo artesanías en la calle, resistiendo al intenso frío matutino.

Desde la carretera por la que caminamos a Cat Cat tenemos unas bonitas vistas de las terrazas de arroz.
Cuando llegamos a esta pequeña aldea debemos pagar 50000 dongs (2€) por persona para entrar. Nos facilitan un mapa en el que se indica el recorrido recomendado para conocer Cat Cat de la mejor manera posible.
Pasamos por delante de una escuela, situada algo a las afueras, para luego internarnos en las estrechas y empinadas callejuelas en las que han florecido pequeños puestos de artesanía y tiendecitas. Espectacular el colorido de las diferentes telas, en contraste con el monótono verde del paisaje.
En la entrada a Cat Cat. Unos metros antes hay que soltar la pasta.

Cestos tradicionales.

En las empinadas calles de Cat Cat abundan las tiendecitas de artesanías.

Monederos de mil colores.
Entramos en una pequeña sastrería donde hay un telar antiguo (que no parece funcionar, simplemente está expuesto para que lo vean los visitantes) y en una casa típica hmong, acompañados por una simpática anciana de dicha etnia. 
El pueblo, que en ocasiones parece un mercado al aire libre, tiene rincones bien bonitos.

Casualidades de la vida, en Cat Cat nos cruzamos con los japoneses compañeros de viaje en el tren. ¿Molan, eh?
El punto fuerte de la visita se encuentra descendiendo varias decenas de escalones, de camino al río. Allí hay un pequeño puente colgante, varias norias de bambú y una preciosa cascada. Se trata, sin duda, del rincón romántico de Cat Cat. Nosotros, cómo no, aprovechamos para disfrutar del entorno y tomar algunas fotografías.
Descendiendo innmuerables escaleras para llegar al río.

Ya en el río vemos las norias de bambú y un pequeño puentecito donde tomar bonitas fotografías.

La cascada de Cat Cat.
Pasándolo pipa en los columpios de Cat Cat.
La ruta por el pueblo, con calma y paradas incluídas, nos cuesta unas 3 horas. Tras ello regresamos a Sapa y comemos en el restaurante Antique Sapa, justo enfrente del hotel. Si bien la ciudad tiene restaurantes llenos de turistas, este local es muy tranquilo y ofrece comida local de calidad y a precios muy baratos (unos 4€ por persona el menú completo). Recomendado.
De regreso a Sapa paramos a tomar un café en un bar con unas vistas espectaculares.

En el restaurante Antique Sapa podemos probar menús abundantes, deliciosos y a precio económico.
Salimos a pasear un rato “para que baje la comida”, y lo primero de todo es informarnos de dónde salen los autobuses públicos que van a Lao Cai. Al lado de la plaza principal, cerca de la Catedral. 30000 dongs (1,2€) el billete; el último autobús sale a las 18:30. Todo ello nos viene perfecto, bien jugado chicos.
Seguimos el paseo rodeando el lago de la ciudad, cuyo final no podemos ver por la niebla. La tarde es fresca, lo que no quita que haya bastante gente caminando por las orillas de este apacible lugar.
Plaza principal de Sapa, con la catedral al fondo.

El lago de Sapa, entre la neblina.
Cuando llegamos a la otra punta vemos, un poco lejos, un mercado. Y, como a estos dos que escriben casi no les gusta pasear por los mercados (guiño guiño), decidimos ir a investigar.
 Buenas noticias: es un mercado para la gente local, donde venden comida, ropa, menaje de hogar… ¡y no hay ni un solo turista! Allá vamos, que esto es lo que nos gusta. Pronto encontramos un puestecillo donde vemos lo que parecen chucherías de todos los colores, algunas de aspecto más apetecible que otras. Hablamos con la dependienta (en inglés, claro):
- ¿Podemos probar alguna?
- (Respuesta en vietnamita y risas nerviosas).
- Do you speak english?
- (Respuesta en vietnamita, mirada cómplice a otro joven que había por allí y más risas nerviosas).
- Uhms… - señalamos con el dedo y decimos que queremos una de cada.
- La chica prepara una caja de plástico enorme para llenarla de chuches.
- ¡No, no! – eso lo entienden – ¡Solo queremos probar una de cada!
- (Frase larga en vietnamita).
En ese momento sacamos la Lonely para ver el mini diccionario que tiene al final. Nada que nos sirva, shit. Volvemos a hacer gestos con la mano, pidiendo uno de cada. La chica parece que lo comprende y nos pone, en una pequeña bolsita, una de cada (roja, amarilla, verde…las apetecibles). Vemos que las marronáceas con una especie de fibras y aspecto de hez caprina (caca de oveja, vamos) no nos las sirve.
- No, no, si puede ser de esas también.
- (Cara de circunstancia).
- Esas –señalando con el dedo.
La chica nos pone una especie de trufa grasienta y la que parece caca de oveja. Persiste su cara de circunstancia.
- ¿Cuánto cuesta?
- No, no –la chica nos lo regala.
El mercado local de Sapa, algo alejado del centro.

Puestecillo de chucherías. Algunas tiene buen aspecto, otras regular y otras...¿se comen?
Tras agradecerle mucho su amabilidad, decidimos probar nuestras compras. Si comprarlo no ha sido fácil, ahora comerlo… Veremos.
Las primeras chuches (la verde, roja y amarilla) son como guindas, de sabor aceptable. La “trufa” es dura, con sabor como a jengibre pero picante. No me la acabo, esto no puede ser una chuche. Voy a por la joya de la corona. Se trata de una pelotita marrón, ovoide pero irregular, de algo más de 1 centímetro de diámetro, con una especie de fibras marrón clarito a su alrededor. Si no estuviera en el mostrador de las chuches pensaríamos que es una caca de oveja, de verdad. Pero como estaba en dicho mostrador, hay que probarlas. Primer mordisquito: es blandurria pero tiene algo muy duro en su interior, de momento no sabe a nada. Segundo mordisquito (algo mayor): sigue sin saber a mucho, aunque recuerda al jengibre. Tercer mordisquito: cara de circunstancia, sabor chungo súbito que no me mola nada… ¡¡Agua, agua, agua!!
Algunas de las chucherías. Las dos de la derecha malísimas de sabor curioso, cuando menos.
NOTA: si algún lector sabe a lo que nos referimos, conoce su nombre y de qué está compuesto (y si, realmente, es comestible), que por favor nos lo diga. Gracias.  

Recuperados de este momento regresamos al hotel para recoger las mochilas e ir en busca del autobús. Llegamos con mucho adelanto (17:45), pero justo tres minutos después llega un autobús y el conductor nos dice que va a Lao Cai. Sin apenas esperar, se pone en marcha. Desconocemos si es el bus de las 17:30 que va con retraso, es el de las 18:30 con adelanto o es otro. La cuestión es que pagamos los 30000 dongs por persona y en poco más de una hora llegamos a Lao Cai. El autobús nos deja en la gran plaza donde se halla la estación de tren.
El autobús con el que vamos a Lao Cai. Se ve de lejos la ruta que realiza.
Nos acercamos al mostrador con el resguardo del billete y nos dicen que no, que hemos de cambiar el resguardo por los billetes en un restaurante que está allí cerca (realmente funciona así: nosotros pagamos al hotel de Hanoi, ellos contactan con el restaurante de Lao Cai, quienes compran el billete en la estación y posteriormente nos lo cambian por el billete en sí).
Ya con los billetes esperamos durante un rato hasta que, sobre las 20:30 podemos montar de nuevo en el tren, que sale a las 21:10. Y allí, casualidades de la vida, volvemos a coincidir con los japoneses como compañeros de camarote. Conversamos un buen rato por gestos y escribiendo en una libreta hasta que a eso de las 23:00 nos vamos a dormir. Mañana nos despertaremos de nuevo en Hanoi, para partir hacia la bahía de Halong
 
El tren de Lao Cai a Hanoi, repleto de viajeros.


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