Viaje a Vietnam. Un día en las cuevas de Phong Nha

febrero 19, 2017

En el interior de la cámara más grande de la Paradise Cave.
El parque nacional Phong Nha-Kẻ Bàng, situado en la parte central de Vietnam, es posiblemente el destino menos conocido de todo nuestro viaje. Esto es así porque se trata de un parque creado en 1990, declarado Patrimonio de la Unesco en 2003 y cuyas principales atracciones han sido descubiertas muy recientemente. Sin embargo, el descubrimiento de la mayor cueva del mundo en el año 2009 (la cueva de Sơn Đoòng) está haciendo que el turismo aumente exponencialmente.
La abundancia de cuevas (más de 300) se debe a que el parque se encuentra en la mayor zona kárstica de Asia, la cual se comenzó a formar hace unos 400 millones de años y fue evolucionando de una manera muy compleja.
Al parque se puede acceder por libre, pagando la correspondiente entrada, o mediante tours organizados. Estos últimos son algo más caros, pero continúan siendo la opción mayoritaria para recorrer el parque. 
El parque está en una zona de selva muy frondosa y húmeda. Las lluvias son más que frecuentes.
En estos momentos, los principales lugares a visitar son los siguientes:
Cueva de Thiên Đường (Paradise Cave): fue descubierta accidentalmente por un campesino en el año 2005, y está abierta al público desde el 2011. Tiene una longitud de más de 31 kilómetros, aunque actualmente solo se puede visitar 1 kilómetro con la entrada normal y unos 6-7 kilómetros con una entrada especial. Para muchos es una de las cuevas más bellas del mundo. Su cámara principal es de dimensiones espectaculares, con unas formaciones rocosas realmente sorprendentes.
Interior de la Paradise Cave.
Cueva de Sơn Đoòng: se trata de la cueva más grande del mundo (que no la más larga). Descubierta por un lugareño en 1991, no fue hasta 2009 en que las primeras exploraciones científicas llegaron a esta cueva. Tiene una longitud de algo más de 5 kilómetros, aunque lo realmente espectacular es que posee zonas de más de 200 metros de altura y 150 metros de ancho. En su interior hay abundante vegetación, puesto que en algunas zonas el techo se ha derrumbado y permite la entrada de luz solar. Sus estalactitas, algunas de hasta 70 metros de alto, se hallan también entre las más grandes del mundo. En su interior transcurre un río, de ahí el nombre de la cueva (Sơn Đoòng = río de la montaña). Solo se puede visitar mediante un permiso (las visitas están muy restringidas), y la entrada cuesta más de 3000$.
Cueva de Phong Nha: es la que da nombre al parque en su conjunto y, posiblemente, la cueva más visitada. Se accede al interior en barco, navegando por el río Son, que la atraviesa. En temporada alta puede estar algo masificada, aunque sus estalactitas y estalagmitas bien merecen una visita.
Cueva de Tien Son: próxima a la anterior, fue descubierta en 1935. Tiene aproximadamente 1 kilómetro de longitud, de los cuales se suele visitar algo menos de la mitad.
Dark Cave: se trata de una opción muy distinta a las demás; puesto que implica un mayor grado de aventura. Para acceder a la entrada de la cueva se cruza el río en tirolina o barca, y posteriormente se camina por el interior de la cueva únicamente iluminando el camino con nuestras propias linternas frontales. Al final de las estrechas galerías se llega a una curiosa piscina de barro en la que poder bañarse completamente a oscuras. Se suele visitar en los tours organizados junto con la Paradise Cave.
Highway 20 War Martyrs Memorial Temple y la cueva de las “8 ladies”: un pequeño monumento sobre la guerra de Vietnam, breve reseña histórica bastante interesante. 
Interior de la Paradise Cave. Al fondo, arriba del todo, se encuentra la pequeña puerta por la que acceder a la cueva.
¿Cómo llegar al Parque de Phong Nha?
El parque se sitúa en la provincia de Quảng Bình. La ciudad más próxima es Dong Hoi, en la cual hay un aeropuerto que conecta con Hanoi y con Ho Chi Ming City.
Pero realmente la pequeña localidad de Son Trach es la más cercana al parque; se puede llegar en autobús desde el sur (desde Hue, por ejemplo) y desde el norte (nosotros, por ejemplo, llegamos en sleeper bus desde el mismo Tam Coc). Este pequeño pueblo dispone de alojamientos de todo tipo, aunque sin llegar a comodidades como en los lugares verdaderamente turísticos de Vietnam.
Son Trach desde la ventana de nuestra habitación, con las luces del atardecer.
Nuestra experiencia en el parque de Phong Nha
Tras la experiencia en el sleeper bus, con constantes acelerones, frenazos y giros bruscos esquivando el tráfico (literalmente), llegamos a la localidad de Son Trach a las 04:00. Es completamente de noche y el pueblo está desierto.
Por suerte, nuestro alojamiento, el Linh’s Homestay, se halla a tan solo unos 100 metros de donde nos ha dejado al autobús, en la calle principal. Cuando llegamos a la recepción la luz está apagada y no hay nadie. Decidimos sentarnos/tumbarnos a esperar un poco, porque estamos realmente cansados. Al poco rato llega la joven recepcionista, quien amablemente nos invita a subir a la habitación… ¡que teníamos reservada para la noche siguiente! Suponemos que están acostumbrados a recibir viajeros a estas horas intempestivas, pero el hecho de que nos dejen dormir en la habitación (gratis) es algo totalmente fantástico. Así que aprovechamos a descansar unas 3 horas más.
Así es Son Trach de noche. Muy animado no parece, la verdad.

Nuestro alojamiento: el Linh's homestay. Aunque humilde, posiblemente el que más nos gustó de todo nuestro viaje.
A las 07:30 nos levantamos y bajamos a desayunar. El desayuno es sencillo (té/café + noodles/tortilla/pancakes), pero sabe riquísimo.
Mientras desayunamos preguntamos por la posibilidad de contratar un tour a las cuevas. En el Linh’s homestay, igual que en el resto de alojamientos de la localidad, ofrecen visitas con guías locales. Tras escuchar las distintas opciones nos decantamos por ir a la Paradise Cave y la Dark Cave (que, además de la cueva, incluye tirolina, paseo en barca…); todo ello por 1200000 dongs (80€) por persona. Parece caro, pero nos permite una buena aproximación al parque en solo un día, que es el tiempo que tenemos.
*Posteriormente, hablando con un chico que hizo lo mismo por su cuenta en moto, nos dijo que sólo le había salido un poquito más barato y que había acabado empapado por la lluvia…
A las 08:45 nos recoge una furgoneta en la puerta del homestay, para llevarnos al interior del parque. Vamos un grupo de unas 10 personas + guía, con gente alemana, inglesa, neozelandesa…
En primer lugar visitamos la cueva de las 8 ladies y el Highway 20 War Martyrs Memorial; donde nuestro guía nos explica la curiosa historia de las 8 jóvenes que murieron en la pequeña cueva durante la guerra. El memorial en sí no nos llama mucho la atención, pero conocer otro pequeño pedazo de la historia vietnamita sí que nos resulta interesante.
Estamos en plena selva, sin duda.

El pequeño Highway 20 War Martyrs Memorial, en el interior del parque.
De allí nos dirigimos a la Paradise Cave. Una vez bajamos de la furgoneta nos montamos en unos coches eléctricos, para después realizar andando el último tramo de aproximación a la cueva. Los últimos 500-600 metros los hacemos caminando por un sendero que asciende por la montaña; la gran pendiente, unida a la humedad del ambiente, nos hace sudar de lo lindo.
Subiendo a la Paradise Cave. Sudada asegurada.
Una vez llegamos a la entrada de la Paradise Cave, nuestro guía nos explica brevemente cómo se descubrió la cueva, sus dimensiones (¡31 kilómetros!) y un poquito de la historia del parque.
Tenemos algo más de una hora para visitar la cueva, por lo que descendemos los primeros escalones con nervios e ilusión. Hemos leído que es una de las cuevas más bonitas del mundo, así que sabemos que no nos defraudará.
Atentos a las explicaciones, pero con unas ganas inmensas de entrar a la cueva.

Pues sí, por esa pequeña entrada accedemos a la cueva. Lo que viene después no podíamos ni imaginarlo.
Nada más entrar nos quedamos en silencio, boquiabiertos. Ciertamente cuesta encontrar palabras que puedan describir el lugar. Nos encontramos en una amplísima cámara subterránea, rodeados de estalactitas, estalagmitas y columnas, iluminadas con sumo cuidado, lo cual embellece todavía más el lugar.
Caminamos sobre unas plataformas de madera que recorren la parte visitable en su totalidad, adentrándonos en distintas cámaras, a cual más espectacular. Hemos tenido suerte, puesto que no estamos en temporada alta y apenas hay gente en el interior de la cueva.

Tenemos que bajar todos esos escalones hasta llegar a la cámara principal.

¡Hello friends! (¡Gracias, Roberto, por la foto!)
La cueva es realmente enorme. Pero recordad que ni siquiera se parece a la Hang Son Doong, su prima hermana mayor.
¿Agua o espejo?
Las fotografías, por mucho que lo intentamos, no captan la belleza de la cueva. Imprescindible llevar trípode y cámara de fotos con modo manual para obtener fotos decentes.
La hora y 20 minutos que dedicamos a la cueva es suficiente, aunque se nos pasa volando. Cuando nos damos cuenta, ya tenemos que salir.
Enormes estalactitas, estalagmitas y columnas.

Con sonrisa de oreja a oreja, que no es para menos.
Otro detalle de la cueva.
Tomamos de nuevo la furgoneta y nos dirigimos a la Dark Cave, no muy lejos de allí.
Comemos algo en el recinto próximo a la Dark Cave, y nos preparamos para el momento aventurero del día. Nos ponemos el bañador (hay “vestuarios”), el chaleco salvavidas, el arnés y un casco con linterna frontal y nos dan unas breves explicaciones sobre lo que vamos a hacer. Esto parece que se pone interesante…
Llegamos a la Dark Cave, ¡basta ya de planes tranquilos!
Esta es la suculenta comida que nos sirvieron antes de adentrarnos en la Dark Cave.
En primer lugar subimos a una torre de unos 15-20 metros de altura, desde la que parte una larga tirolina que cruza todo el río. Allá vamos, nos tiramos y recorremos los aproximadamente 200 metros volando sobre el río y la jungla. Primera descarga de adrenalina del día superada, y con nota.
Desde la tirolina a la entrada de la Dark Cave nos separan unos 20-30 metros, que recorremos a nado por el río. La entrada de la cueva es amplia pero, en comparación con la anterior, esta está totalmente oscura (de ahí su nombre). Conforme vamos caminando hacia el interior, la luz del sol pierde fuerza y son únicamente nuestros frontales los que iluminan tímidamente las paredes del interior.
Caminamos primero por una zona amplia para desviarnos después por un pasillo estrecho, en una oscuridad absoluta. A los 20 minutos, más o menos, llegamos al final de nuestra ruta. Allí hay una pequeña piscina de barro, donde nos podemos bañar. Es curiosa la sensación de flotar en ese líquido espeso.
Cuando salimos de la cueva tomamos unas pequeñas canoas, con las que llegar remando al lugar de partida. Allí podemos realizar otras actividades (pequeña tirolina sobre el río, etc…) y después cambiarnos. Para finalizar, nos invitan a un ron con refrescos mientras nos relajamos un rato.
* No tenemos fotos del interior de la cueva. De momento no tenemos cámaras sumergibles ni GoPro ni nada por el estilo. Se aceptan regalos ;) 
El paisaje que nos rodea es magnífico, aunque la lluvia no nos gusta nada.

Ahí estuvimos nosotros. ¡Sin la cámara, claro!
Regresamos, en la furgoneta, a Son Trach, sobre las 17:00. Nos damos una merecida ducha y salimos a pasear por el pueblo. Finalmente cenamos en el Phong Nha Bamboo Cafe, donde nos damos un buen atracón a un módico precio (recomendadísimo este lugar).
Tras un día intenso, nos vamos a dormir. Mañana será otro día…

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