miércoles, 24 de mayo de 2017

Galle: el fuerte colonial del sur.

Descansando en la hierba, con la Torre del Reloj de fondo.
Galle (cuya pronunciación más adecuada es “gol”) es una bulliciosa ciudad de casi 100000 habitantes situada al sur de Sri Lanka, a unos 120 kilómetros de la capital.
Según la teoría del historiador y viajero irlandés James Emerson Tennent, Galle correspondería al antiguo puerto de Tarshish, desde el cual el Rey Salomón exportaba marfil, pavos reales, especias, canela y otros bienes. Sea esa o no la realidad, se trata de una ciudad con una historia interesante, que se muestra todavía imponente en la actualidad.
Siglos atrás, Galle era una ciudad portuaria tranquila, aunque todo cambió cuando los portugueses arribaron a estas tierras en 1589 y construyeron un fuerte para protegerlo de ataques de otros reinos. En el siglo XVII, cuando la antigua Ceilán fue tomada por los holandeses, estos derruyeron el antiguo fuerte y construyeron uno nuevo, cuyas murallas y casas coloniales todavía podemos contemplar. Actualmente se trata de un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Ciudad fortificada, protegida de las invasiones por mar.
La ciudad fue azotada violentamente por el tsunami de 2004, centenas de personas fallecieron en la parte nueva de la ciudad. Las calles del interior del fuerte, no obstante, resistieron el fuerte envite de las aguas.
En la actualidad Galle es una ciudad vibrante, con una cultura y gastronomía más que aceptables. Resulta imprescindible pasear por las calles de la ciudad amurallada, disfrutando con calma de su atmósfera colonial mientras la brisa marina acaricia nuestros rostros.
Paseando por la muralla, vistas al Faro.
NUESTRA VISITA
El coche con conductor que hemos cogido en el aeropuerto se adentra en las calles estrechas y poco iluminadas de una ciudad de aspecto colonial, bien entrada la noche. Son casi las once y pocos ceilaneses nos reciben en la calle a estas horas. Atravesamos una puerta de la ciudad fortificada y, tras un par de giros, llegamos a la puerta de nuestro alojamiento. ¡Estamos en Galle, estamos en Sri Lanka!
Pasamos la noche en el Southern Comfort Guest House, donde tenemos un cálido recibimiento por parte de sus dueños. Cansados tras el largo viaje, no tardamos en caer dormidos.

Son sólo las 06:30 cuando suena el despertador, pero los rayos de sol ya entran con fuerza con la ventana. Con algo de pereza (¿o jet-lag?) salimos a conocer Galle.
Calles estrechas y pintorescas, en el Fuerte de Galle.
Nuestro hotel está muy bien situado, en una de las calles principales del fuerte, próximo a numerosos bares y restaurantes. En uno de ellos, precisamente, tenemos nuestro primer contacto con la comida ceilanesa. Se trata del Mama’s Garden, un bar-restaurante hecho a medida para los viajeros que desean un desayuno tranquilo en una terraza con vistas. Nuestras occidentales papilas gustativas se ven sorprendidas por un sambol de cebolla (picante pero delicioso), acompañado de dhal (lentejas con curry) y roti de coco (pan típico); así como huevos fritos y bacon. Con esto parece que tendremos energías para todo el día.
Mezcla de desayunos: occidental y típico ceilanés. Que no falte el té con un poquito de leche, por supuesto.
Nos acercamos en primer lugar al Flag Rock y al faro de Galle. A los pies de este último, una playa coqueta a la que acuden algunos ceilaneses para refrescarse. 
El Faro de Galle. Ahora poco relevante pero importante antaño.
Pequeña lengua de playa bajo el gran Faro. Apetece un baño, ¿verdad?
Dedicamos unas 3 horas a dejarnos llevar por las bonitas calles de la ciudad antigua, salpicadas de buenos restaurantes, joyerías (en las que encontrar zafiros y otras piedras preciosas a buen precio) y numerosos tuk tuks.
Algunos de los edificios más representativos que podemos ver son la mezquita, la iglesia anglicana o las dos puertas de la ciudad (la Puerta Principal y la Puerta Antigua, construída en 1669).
Calle porticada.
La Puerta Antigua del Fuerte, que data de 1669.
Pero lo que más llama la atención es la Torre del Reloj, situada en el extremo norte del fuerte, a la izquierda de la Puerta Principal. Desde lo alto de la muralla tenemos unas preciosas vistas de la costa, el interior de la ciudad amurallada y parte de la bulliciosa ciudad nueva. 
Vista de la Torre del Reloj, fotografía tomada desde el exterior de la zona amurallada.
Las vistas desde lo alto de la muralla son inmensas.
En una ciudad portuaria no puede falta un buen mercado.

Detalle de un templo.
Podemos recorrer el perímetro del fuerte caminando por encima de la muralla, descubriendo a cada paso curiosas escenas. Como no podía ser de otra manera, nos detenemos un rato a contemplar cómo juegan unos jóvenes al deporte nacional: el cricket. Como curiosidad, queremos destacar que Sri Lanka ha sido el único país en el que hemos estado en el que apenas se ven niños con camisetas de equipos de fútbol, amantes del Real Madrid o del FC Barcelona.

Aprovechando un pequeño descampado para practicar el cricket.

Apasionante deporte.
Antes de finalizar la visita entramos en una de las muchas joyerías de la ciudad; en un primer momento sólo a echar un vistazo, pero finalmente decidimos comprar un pequeño regalo a la familia.
Tienda pequeñita pero con muchas opciones. Simpatía y confianza.
Hemos aprovechado bien la mañana (madrugando mucho), y pensamos que el Fuerte de Galle se puede ver perfectamente en medio día.
Regresamos al hotel a recoger nuestras mochilas, que van a ser unas inseparables (literalmente) compañeras de viaje por Sri Lanka. Nos despedimos de los amables dueños, quienes nos indican cómo llegar a la estación de autobuses y también cuál de ellos coger para continuar nuestra ruta por las playas del sur.
Salimos del Fuerte por el norte, atravesando la Puerta Principal. Enfrente tenemos el estadio de cricket, el cual debemos rodear. Al otro lado se encuentra la estación de autobuses. Allí, preguntando un poco (nunca faltará ayuda en Sri Lanka), encontramos el autobús 350 que nos llevará hacia las famosas playas del sur. Pero eso, lo contaremos el próximo día ;)
Entrada a la estación de autobuses. Aunque caótica, no nos faltará ayuda para encontrar el autobús que necesitemos.
¡Hasta la vista, Galle!

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