Tissa y safari en el Parque Nacional de Yala: el corazón salvaje de Sri Lanka

junio 29, 2017

Llegando a la gran dagoba de Tissa, un lugar encantador.
Tissamaharama, mucho más conocida como Tissa, es una ciudad de casi 80000 habitantes situada al sudeste de Sri Lanka. Con una profusa historia, que se remonta hasta al menos el siglo III a.C, esta localidad situada a orillas del lago Wewa nos ofrece un excelente punto de partida para la visita del epicentro de la fauna salvaje en Sri Lanka: el Parque Nacional de Yala.
Creado como reserva forestal en 1900 y posteriormente consolidado como Parque Nacional en 1938, el Parque Nacional de Yala es el segundo más grande de Sri Lanka (con 980 kilómetros cuadrados) y, sin duda, el más visitado. Está dividido en 5 bloques, dos de los cuales están abiertos al público, pudiéndose visitar desde el amanecer hasta prácticamente el anochecer.
Situado en el extremo sudeste de Sri Lanka, a orillas del mar (fue bastante afectado por el tsunami de 2004), el parque presenta un clima árido, con las lluvias concentradas en la época de monzón. Es entonces cuando los numerosos torrentes y ríos del parque colman de agua los numerosos estanques y lagunas, que se secan progresivamente durante el resto del año. Por dicha sequía, el parque muchos años cierra en la época de septiembre-octubre.
Tomando el sol a orillas de una charca, en el Parque Nacional de Yala.
El parque cuenta con gran variedad de ecosistemas, desde playas de arena fina a pastizales, bosques monzónicos, zonas pantanosas y manglares. Viviendo en ellos existe una fauna diversa, entre la que abundan los reptiles (cocodrilos, serpientes – cobra india, víbora de Russell, algunas endémicas – y lagartos), pájaros (más de 200 especies, destacando los cormoranes, pelícanos, garzas, flamencos, pavos reales…) y los mamíferos. Estos últimos, los más interesantes para el viajero, están constituidos por más de 40 especies distintas; los elefantes (unos 300), los búfalos, los perezosos y los esquivos leopardos (25 ejemplares) son algunos de los más destacados. Aunque en ocasiones estos últimos no se dejan ver, la visita merece la pena de todas maneras.
Como veis, motivos hay de sobra para acercarse a conocer este rinconcito de Sri Lanka, el lugar por excelencia para descubrir la exuberante fauna de la isla.
Un bello pavo real abre la cola para deleite de quienes lo contemplan.
¿CÓMO FUE NUESTRA VISITA A TISSA Y EL SAFARI?
Tras un viaje no demasiado largo desde Tangalle, llegamos a la estación de autobús de Tissa a sobre las 16:00 h. Nada más bajar se acercan varios conductores de tuk-tuk para ofrecernos transporte y hoteles; el alojamiento ya está reservado y a nosotros nos encanta caminar así que declinamos sus ofertas y nos sentamos tranquilamente a echar un vistazo a la Lonely Planet, para planear la tarde.
En primer lugar nos acercamos a la Dagoba de Tissa. Se cree que fue construida por el rey Kawan Tissa aproximadamente en el año 200 a.C. aunque posteriormente ha sido restaurada en numerosas ocasiones. Es una de las dagobas más grandes de Sri Lanka, con más de 55 metros de altura y 165 de perímetro. La visita es gratuita, y nos hacen ponernos unos pareos puesto que vamos en pantalón corto. Rodeamos la gran dagoba (que no tiene demasiado interés, por otro lado) y decidimos continuar caminando hacia nuestro alojamiento, mientras el sol cae lentamente dotando al paisaje de unos tonos cálidos espectaculares.
Llegamos a Tissa. Un refresco y a planear la tarde.

Nuestro primer objetivo es la gran dagoba, imponente.

Detalle del recinto.

La visita es gratuita. Debemos ir descalzos y ponernos un pareo para cubrir las piernas, por respeto.
El camino atraviesa una zona de campos de color verde intenso, que contrasta llamativamente con el blanco puro de la dagoba. Las fotografías, desde aquí, surgen prácticamente solas.
En unos 15 minutos de tranquilo paseo desde la dagoba llegamos a la esquina sudeste del Tissa Wawe (el lago de Tissa). 
Nos dirigimos hacia el gran lago, con estas hermosas vistas.

Paseando entre verdes campos.
Situado al norte de la ciudad en sí, este enorme lago artificial constituye el epicentro de la actividad recreativa de Tissa. Con las luces del atardecer paseamos por su orilla sur mientras disfrutamos del paisaje, dominado por las aguas del lago salpicadas de algunos inmensos “árboles de la lluvia”, contemplando también cómo los lugareños aprovechan el lugar para lavar la ropa, limpiarse o, simplemente, disfrutar del entorno en familia. Cada vez que pensamos en el paseo por este lugar nos asalta un recuerdo especial, de calma y tranquilidad irrepetibles. Recomendamos conocerlo al atardecer, bellísimo.
Nosotros disfrutamos de las vistas del lago...

... y los lugareños las disfrutan todavía más.

Hermoso paisaje.

Posando junto a uno de los enormes árboles que hay a orillas del lago.

Buenas tardes, caballero.

Una barca regresando a la ciudad, al atardecer.
Cuando llegamos a la esquina sudoeste del lago debemos tomar un desvío hacia el norte que nos lleva hasta nuestro hotel, el Lake Edge Holiday Inn. Son otros 20 minutos de camino, en los que nos sorprende la puesta de sol, pero que disfrutamos enormemente viendo multitud de garzas y pelícanos, así como centenares (¿miles?) de gigantescos murciélagos (realmente son zorros voladores) que se preparan para otra noche de actividad.
Otra panorámica desde la esquina sudoeste del lago.

Gigantescos zorros voladores descansan en las ramas, esperando al anochecer.

Aunque no nos pasaron cerca, los zorros voladores imponen (y mucho)
En las afueras de Tissa, de camino al hotel.

Palmeras al atardecer.
Una vez llegamos al hotel contratamos el safari (5500 rupias/37€ por persona), cenamos bastante bien y nos vamos temprano a dormir. Dentro de unas horas, porque decir “mañana” suena muy exagerado, nos levantaremos para disfrutar del espectacular Parque Nacional de Yala.


Suena el despertador a las 03:30 h.
- Ufffff.
- Grrrrrrr.
- Pfffffffffff (al unísono).
- Venga, vamos a mover que no es plan llegar tarde y que nos tengan que esperar.
Somnolientos, bajamos a recepción, donde nos entregan una bolsa con algo de comida (huevo duro, sándwiches, piña y plátanos). Los del safari nos vienen a recoger puntuales en un jeep 4x4 en el que, además del conductor, caben 6 personas más.
Subimos al vehículo y el conductor arranca a una velocidad endiablada, tomando las curvas con decisión bajo un cielo plagado de estrellas. En menos de un minuto se nos ha quitado todo el sueño de golpe, bendita adrenalina.
El camino hasta la entrada del parque son unos 40 kilómetros. Nos detenemos brevemente en unas oficinas a comprar las entradas (las compra el conductor del jeep, a quien hemos pagado previamente), y recorremos los últimos que nos restan hasta la puerta principal del parque.
Son las 05:30 y una larga cola de vehículos se amontona, en fila india, en la entrada principal. Nos tocará esperar un rato.
Esperando a que abran las puertas del parque.

Pues en este coche vamos. Sí, en Sri Lanka a esas horas hace fresquito...
Con los primeros rayos de luz, a las 06:00 h, se abren las puertas y los conductores se apresuran a llevarnos a los mejores sitios del parque, por unas pistas polvorientas con grandes baches. Nuestro conductor nos indica que conoce una zona donde poder divisar, con casi total seguridad, a un leopardo. Según refiere, ayer pudieron observarlo mientras descansaba apaciblemente tumbado en la rama de un árbol. Sin embargo, nosotros no somos tan afortunados y el leopardo nos evita.
La visita dura unas 5 horas y media, en las que el conductor nos lleva por los distintos sectores del parque en busca de los animales más interesantes. Entre los conductores de una misma compañía se comunican por radio para indicarse entre ellos los lugares donde ver a los ansiados elefantes, leopardos, etc…
Distintos ecosistemas dentro del parque.

Unos búfalos se refrescan en una de las charcas del parque. 


Curiosa formación rocosa, con forma de elefante.
 
La fauna que podemos contemplar es variada e impresionante: cocodrilos peleando en una pequeña charca, jabalíes, búfalos, pavos reales, mangostas, monos, diversas especies de pájaros… Cuando pensamos que ya no vamos a poder ver a ninguno de los “dos grandes” divisamos, a lo lejos, a una pequeña manada de elefantes. Cinco minutos después, en un punto donde se arremolinan varios coches, vemos un elefante posando tranquilo a apenas 50 metros de la pista principal. Disfrutamos durante un buen rato contemplando a ese magnífico ejemplar.
Espectacular y colorido pájaro.

Algunas mangostas corretean juguetonas cerca de los vehículos.

¡Cuidado,  mira a tu izquierda!

¡Por fin encontramos a un elefante, nos ha costado!
Sí, sí, está aquí mismo.
Los leopardos se han mostrado esquivos, como ocurre en muchas ocasiones, y en toda nuestra visita no hemos podido avistar ninguno. Aunque estar, están; el parque tiene una de las mayores concentraciones de leopardos del mundo (existen al menos 25 ejemplares). Nos tenemos que conformar con ver una huella que, hábilmente, ha encontrado el conductor en uno de los márgenes de la carretera.
Finalizamos la visita, a pesar de ello, con un buen sabor de boca. La fauna es diversa y el paisaje del parque es encantador. 
Huella de leopardo. No tuvimos más rastro de ninguno de ellos.

Apacible mañana en el spa de Yala.
Regresamos al hotel sobre las 12:00, llenos hasta arriba de polvo tras circular durante varias horas por las pistas del parque. Nos permiten darnos una ducha y después, amablemente, nos indican cómo llegar desde Tissa hasta Ella, nuestro próximo destino.
Para ello debemos ir en tuk tuk hasta el cruce de Pannegamuwa (a unos pocos kilómetros del gran lago) y allí tomar algún autobús en dirección norte, preguntando a los amables lugareños. Nosotros tenemos la suerte de entablar una larga conversación con un joven ceilanés, quien nos acompaña en parte de la ruta hasta Ella.
Nuestro amigo Ajantha, simpático y cordial.
Pues aquí estamos, en el cruce de Panngamuwa esperando al próximo autobús.
Lo que hicimos en esta otra ciudad, mejor lo contamos en la próxima entrada, que por hoy es más que suficiente ;)

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