lunes, 17 de julio de 2017

El corazón de las tierras altas de Sri Lanka. Bienvenidos a Ella

Disfrutando del paisaje en la cima del Mini Adam's Peak. El perro también disfruta de una minúscula sombra.
En las tierras altas de Sri Lanka, a más 1000 metros de altitud, se halla una pequeña ciudad rodeada de colinas y campos de té. Nos encontramos en Ella, la ciudad de los mil verdes, un recóndito rincón de sosiego que (cada vez más) es parada obligatoria para los viajeros de todo el mundo.
Sin ser una ciudad espectacular (bien podría ser definida como un pueblecillo de calles semiasfaltadas), los atractivos de Ella son una mezcla perfecta de tranquilidad, paisajes imponentes y apacibles excursiones. Además, las múltiples fábricas de té de la zona nos pueden permitir adentrarnos brevemente en la cultura e historia de estas famosas plantaciones que hicieron famosa a Ceilán por todo el mundo.
Por otro lado, y quizá es lo que más atraiga a los visitantes a Ella, desde su pequeña estación de tren parte una de las rutas ferroviarias más hermosas del mundo: la que une Ella y Haputale atravesando las tierras altas de Sri Lanka, serpenteando entre montañas y campos de té.
Un par de días en Ella pueden ser suficientes para relajarnos mientras tomamos un té, hacemos alguna de sus más famosas excursiones (ascenso a Little Adam’s Peak, Ella’s Rock, Nine Archs Bridge o las cascadas Ravana), nos adentramos en el mundo del ayurveda o simplemente disfrutamos con calma de la deliciosa gastronomía ceilanesa.
Campos de té, vistos desde la cima del Mini Adam's Peak.
Nuestra experiencia en Ella
El autobús con el que venimos desde Tissa nos deja en la calle principal de Ella sobre las 16:00 h. Hemos subido a las tierras altas y se nota el cambio: aquí todo es más verde y húmedo, y se agradece el suave descenso de temperaturas.
La calle principal de Ella está repleta de bares, restaurantes, una tienda donde cambiar dinero (siempre con largas colas) y, sobre todo, bastantes mochileros. Nuestra primera impresión es que Ella es un destino al alza dentro de la oferta turística de Sri Lanka.
El autobús nos deja en la calle principal de Ella, llena de bares y restaurantes.
La primera misión es ir a comprar los billetes de tren para el día siguiente. Para ello subimos caminando por la calle principal y tomamos un desvío a la derecha hacia la pequeña plazoleta donde se encuentra la estación. Malas noticias, ya no podemos comprar los billetes por adelantado (los cuales nos costarían 600 rupias por persona en 2ª clase). Por suerte para nosotros, nos indican que vayamos media hora antes de la salida del tren y que compremos entonces los billetes, que no habrá problema. Ok, en ello confiamos.
Plaza por donde se accede a la estación de tren de Ella.
Hemos leído en la Lonely Planet que a tan solo 800 metros del pueblo está la Newburgh Green Tea Factory, una fábrica de té cuya visita es gratuita. Cargados con nuestras grandes mochilas, decidimos acercarnos antes de pasar por nuestro hotel (que está justo en la otra dirección). Pues no, señores de la Lonely, no está a 800 metros. Caminamos con nuestras grandes mochilas (sí, grandes, pesadas e incómodas) durante 2,4 kilómetros por una carretera en subida mientras, por lo menos, disfrutamos del verde entorno.
Aunque el camino es duro, el entorno merece la pena.
Llegamos a la fábrica a las 17:10, y nos indican que hay que pagar la entrada (500 rupias por persona; gratuita para los señores y señoras de la Lonely, ejem…). Ya que estamos allí, pagamos. Y ya que hemos pagado, nos dicen que la visita va a tener que ser más rápida de lo normal porque cierran a las 17:30. Grrrrrrrrrr…
Antes de entrar a la fábrica. Antes de saber que no es gratis. Antes de saber que nos harán visita exprés...
La visita, aunque breve, es bastante interesante. Nos muestran el proceso que siguen las hojas de té desde que se recolectan hasta que se separan según el tamaño en el que luego se venderán. Para finalizar, nos ofrecen uno de sus tés. Aunque probablemente/seguramente nuestra elección no fuese la mejor, parece casi obligatorio el visitar una fábrica de té en nuestro paso por Ella.
Dentro de la fábrica no dejan hacer fotos. Y mejor, porque viendo nuestras pintas...
Una vez salimos de la fábrica regresamos paseando con las últimas luces del día.
Nuestro hotel se sitúa fuera de la ciudad, a 1,5 kilómetros del centro, por lo que desde donde estamos son más de 4. Hay que parar tuk-tuk y que nos lleve al River Splendour Guest House (350 rupias).
El hotel está situado al lado del río, con unas vistas espectaculares, y justo al lado de una “parada de autobús”. Dejamos las maletas y vamos a dicha “parada de autobús”. Sí, entre comillas: cuando pase el siguiente bus en dirección al pueblo le hacemos un gesto, para y nos lleva en apenas 3-4 minutos (10 rupias).
Enormes vistas las que tenemos desde la terraza del hotel.

Nuestra "parada de autobús". Cuando venga en el sentido que queremos, gesto al conductor y para arriba.
Vamos a cenar al restaurante 360 Ella, donde nos intentan cobrar por unos refrescos casi el doble de lo que ponía en la carta. El personal muy desagradable y no quisieron ni siquiera llamar al encargado, así que ya sabéis un sitio que no hay que visitar en Ella…
Tras este feo momento decidimos ir a dormir, que mañana será otro día.

Suena el despertador a las 06:00 y bajamos a desayunar. Aunque el hotel es modestillo, el desayuno es delicioso y bastante abundante. Nos alimentamos con ganas puesto que hoy toca excursión por los alrededores de Ella y necesitamos energías. Además, llevamos una pequeña mochila con agua y algo de comer por si lo necesitamos en la excursión de hoy.
Abundante desayuno ceilanés. El desayuno de los campeones.
Paramos a un autobús justo enfrente del hotel y llegamos al centro de la localidad en menos de 5 minutos.
Hoy queremos subir al Mini Adam’s Peak, probablemente la cumbre más emblemática de los alrededores de Ella. Para ello debemos encontrar el desvío, señalizado con un pequeño cartel, en la carretera principal que asciende hacia las fábricas de té (es fácil orientarse preguntando a cualquier lugareño).
Caminamos por la carretera hasta encontrar este desvío (indicado en uno de los carteles de la izquierda).
El camino comienza a la sombra, aunque el calor es sofocante ya desde el primer momento. Imprescindible madrugar para evitar las horas de más calor.
En los primeros metros ya se adivina la tónica del camino: una senda pavimentada serpentea entre los campos de té, de color verde intenso, donde algunas mujeres trabajan recolectando esta preciada hoja.
Mujeres faenando en los campos de té.

El camino comienza a la sombra, lo que se agradece.
A los pocos minutos una de ellas, situada estratégicamente cerca del camino por el que pasamos, nos saluda con una sonrisa. Le correspondemos con otro saludo y nos dedicamos a mirar el paisaje que nos rodea. Nos intenta sacar tema de conversación y le preguntamos sobre las curiosas cestas que llevan para cargar el té. Pronto, nos pide una propina por la conversación y nos indica que, si lo deseamos, podemos tomar fotos. Por lo leído en otros blogs, la mayor parte del sueldo que ganan en los lugares turísticos son las propinas de los viajeros, así que…
Detalle de las trabajadoras del té.

Rostros curtidos por el duro trabajo.
La senda es fácil en todo momento, aunque sin demasiadas señalizaciones. Cada pocos minutos nos encontramos con algún lugareño y varios viajeros, así que no cuesta mucho seguirla hasta la cima, la cual alcanzamos en unos 40 minutos. Siendo sinceros, hay algún tramo más duro pero que no reviste ninguna dificultad (la última parte son escaleras de cemento).
Camino evidente y cómodo.

Pequeño desvío, bien señalizado.

Aquí comienzan los últimos escalones, que nos llevarán a la cima.

Cima del Mini Adam's Peak.
Desde la cima las vistas son espectaculares. Nos encontramos en una de las montañas más altas de los alrededores, desde la que contemplamos enormes plantaciones de té y otras montañas de paredes abruptas. El día es soleado y nos muestra las tierras altas de Sri Lanka en todo su esplendor. 
Disfrutando del día soleado, con enormes vistas.

Paisaje sobrecogedor. ¿Recuerda (en pequeño) a Machu Pichu?

Luces y sombras sobre los verdes campos de té.


- ¡Sácame bien, eh!

- ¡Sácame bien tú también!
Podemos disfrutar durante unos 20 minutos del entorno en soledad hasta que, con pocos minutos de diferencia, empezamos los dos a notar unos leves dolores de tripa que se intensifican por momentos. Mientras pensamos si vamos descendiendo o no, nos invaden unos sudores fríos a la vez que nuestras tripas se convierten en auténticas lavadoras en proceso de centrifugado.
- Ufffff, no me encuentro nada bien.
- Yo tampoco. Me duele la tripa bastante y creo que esta sensación ya la he tenido otras veces…
- Vámonos los más rápido posible hacia el pueblo, ¡por favor!
Dicho y hecho. Abandonamos súbitamente la cima y emprendemos el camino de vuelta a toda velocidad, pensando únicamente en llegar al primer bar que encontremos.
Descendiendo a toda velocidad para encontrar un bar con baño...
Por fortuna, nada más abandonar el camino y llegar a la carretera principal, encontramos un bar abierto.
- Where is the toilet? Two cokes, please! – decimos mientras desaparecemos corriendo hacia el baño.
Bastantes minutos después, algo aliviados pero todavía con dolor de tripa nos tomamos nuestros merecidos refrescos. Nos los bebemos en la terraza del bar (preciosas vistas a los campos de té) y decidimos regresar al hotel para preparar las mochilas.
Parece que estamos algo mejor pero… hoy tenemos un trayecto de 4 horas en tren, lo que nos intranquiliza bastante. ¿Aguantaremos? Mejor os lo contamos en la próxima entrada del blog ;)
 
Nos ha encantado el día, ¡mañana más!

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