jueves, 20 de julio de 2017

En tren por las tierras altas de Sri Lanka. La ruta del té de Ceilán.


Saludando desde una de las puertas del tren, en algún punto entre Ella y Hatton.
Sri Lanka, antaño conocida como Ceilán. Esa pequeña isla en el Índico, famosa mundialmente por su delicioso té. Exótico en su origen y con una historia que merece la pena recordar.
A comienzos del siglo XIX los británicos ya se habían adueñado de Sri Lanka. Por aquel entonces la canela era una de los recursos más notables de Ceilán; sin embargo, el gobernador británico Frederick North decidió prohibir el cultivo de canela y sustituirlo por el de café, con la intención de proteger el monopolio de las plantaciones de canela de la East India Company. 
Pero la jugada no le salió del todo bien: en la década de 1870 una infección causada por el hongo Hemileia vastratix se expandió por toda la isla afectando a la práctica totalidad de plantaciones de café. Las plantas murieron y la industria cafetera en Ceilán quedó reducida a nada.
Unos años antes, en 1867, el escocés James Taylor había montado una pequeña plantación de té en Loolecondera, cerca de la ciudad de Kandy. Tan solo 5 años después ya fue capaz de construir su propia fábrica de té, pasando de una producción unos pocos kg al inicio a más de 22000 toneladas en la década de 1890. Fue precisamente en dicha década, poco antes de fallecer, cuando James Taylor conoció al millonario Thomas Lipton, quien abrió definitivamente el té de Ceilán a Europa y los Estados Unidos.
Verde que te quiero verde.
Más de 100 años después, y debido a aquel colapso de la industria cafetera y a la “revolución del té” iniciada por James Taylor y Thomas Lipton, podemos afirmar que el té es uno de los principales motores de la economía de la isla. No en vano, da trabajo a más de un millón de ceilaneses y supone aproximadamente un 2% del PIB de Sri Lanka. 
Precisamente, gracias al cultivo del té en las tierras altas de Ceilán y la necesidad de transportarlo a Colombo (y, desde allí, al resto del mundo),  los británicos iniciaron la construcción de varias rutas ferroviarias para transportar tan preciosa materia prima. Dichas rutas persisten activas en la actualidad y nos permiten disfrutar de uno de los recorridos en tren más bellos del mundo.
Si bien el tramo más célebre es el que une las ciudades de Ella y Haputale, alargar la ruta hasta Kandy (en una o dos jornadas) es una excelente opción para disfrutar de los verdes campos de té, las montañas escondidas tras la neblina o la sonrisa de los ceilaneses con los que compartiremos viaje.
Plantaciones de té rodeadas de montañas. Así son las tierras altas de Sri Lanka.
¿Cómo fue nuestra ruta en tren por las tierras altas?
El día anterior habíamos ido, nada más llegar a Ella, a la estación de tren, situada en la parte alta de la ciudad. Nos acercamos a la taquilla y decimos que queremos comprar dos billetes de 2ª clase para llegar a Hatton:
- Lo siento, ya no quedan.
- ¡¡¡¡¡¡GLUPS!!!!!! – pensamos.
- No os preocupéis, venid mañana media hora antes de la partida del tren y podréis comprar los billetes entonces. Estad tranquilos. – nos dice con una amable sonrisa.
Con un puntito de intranquilidad, evidentemente, nos disponemos a conocer Ella. Mañana regresaremos una media hora antes de coger el tren que queremos, el de las 10:56 h.


Llegando a la estación de tren de Ella.
Tras visitar algunos de los lugares más interesantes de Ella, regresamos al día siguiente a la estación tal y como nos habían dicho: media hora antes de que saliera el tren.
Nos acercamos a la taquilla, en la que hay bastante gente, y tras esperar unos minutos podemos comprar nuestros billetes.
- Son 320 rupias (2,1€ aproximadamente) los dos billetes – nos dice, hoy también, con amplia sonrisa.
- ¡De lujo! ¡Thank you! – exclamamos, con los ojos brillantes de satisfacción.
Adquirir los billetes justo antes de la salida del tren nos ha supuesto comprarlos más baratos (comprarlos en el momento cuesta 160 rupias por persona; por adelantado nos pedían 600 por persona), así que los pequeños nervios de ayer han merecido la pena.
Horarios de los diferentes trenes que pasan por Ella (con fecha de enero 2017)

Precios a los diferentes destino. Económicos tanto en 2ª como en 3ª clase.
Nos asomamos al andén. La estación, pequeña y coqueta, está atestada de gente. Hay muchos viajeros que esperan ansiosos con sus voluminosas mochilas, pero también locales que esperan algo más tranquilos.
Pronto asoma, tras una curva, la locomotora del tren, traqueteando tosca pero firmemente. En ese momento se nota cierta tensión en el ambiente; todos queremos subir al tren y encontrar los sitios ideales para poder tomar fotografías del camino. Según nos ha dicho un joven ceilanés al llegar a la estación, los mejores asientos son los que están en el lado del andén (a la izquierda en el sentido de la marcha).
Esperando, ilusionados, la llegada del tren.

¡Que viene, que viene! En unos momentos comenzaremos una de las actividades más esperadas del viaje.
Unas pocas decenas de viajeros descienden del tren, y somos bastantes más de cien los que queremos subir. Tenemos suerte, hemos podido encontrar asiento en el lugar que queríamos, y en el sentido de la marcha.
En el tren, en segunda clase, únicamente viajamos extranjeros. Los asientos están dispuestos de dos en dos, y en ambos extremos del vagón están separados por una pequeña mesa. Los vagones de tercera clase son un poco más modestos, aunque los asientos son igualmente cómodos y nos permite interactuar más con los locales (la diferencia de precio son unos 0,5€ por billete).
Hemos encontrado buen sitio, ¡perfecto!

Vagón de 2ª clase, lleno de viajeros. Al fondo, el de 3ª, donde podemos interactuar fácilmente con los lugareños.
Nosotros tenemos billetes de 2ª, así que inicialmente nos sentamos allí. En un primer momento, todos los viajeros sacan/sacamos las cámaras de fotos para tener un recuerdo de nuestro viaje en tan espectacular tren.
Las vistas, desde luego, merecen la pena. Las vías se abren paso entre verdes montañas con campos de té, zonas rurales, alguna gran ciudad (en las que el tren para brevemente) y terrenos boscosos. Exprimimos nuestras cámaras de fotos al máximo, por supuesto. Nos parece especialmente bonito retratar el paso del tren, en curva, sobre alguno de los muchos puentes por los que pasamos.
Surcando las montañas entre campos de té.

Colores intensos.

En días soleados las vistas son inmensas.

Pasando por uno de los numerosos puentes de la ruta.

Llegamos a la parte más alta de la ruta. Paisaje hermoso.
A pesar de que el trayecto hasta Hatton dura algo más de 4 horas, el viaje se hace entretenido. De vez en cuando nos levantamos a asomarnos a las puertas de ambos laterales, siempre abiertas, para el que aire fresco de las montañas nos golpee el rostro. Desde allí, absortos, contemplamos el paisaje, amenizados por el traqueteo del tren.
A mitad de viaje nos dirigimos hacia los vagones de tercera clase. Hemos leído que es fácil entablar conversación con los locales, y eso siempre nos gusta. Nos hacemos amigos de unas niñas que nos saludan con una bonita sonrisa a través de la ventanilla. No paran de reír al escuchar nuestro nombre.
- My name is Pedro.
- Pidro – jajajaja.
- Pedro, Pe-dro.
- Pidro, pidro – jajajaja.
Pasamos un buen rato riéndonos con las travesuras de las pequeñas.
Hablando por teléfono, con ganas de llegar al destino.

Aunque parezca repetitivo, nos quedamos absortos contemplando el paisaje.

Una de nuestras amigas, jugueteando con el viento.
De regreso a nuestros asientos, y en una de las numerosas paradas, aprovechamos para comprar algo de comida callejera que los vendedores suben al tren. Por un módico precio podemos tomar unos sabrosos tentempiés (aunque tal y como teníamos la tripa esta mañana no sabemos si la comida picante va a ser lo más adecuado…).
Haputale, fin de trayecto para muchos viajeros. Estación típica de Sri Lanka.

Esperando pacientemente a su tren.

Durante el trayecto nos ofrecerán unos sabrosos tentempiés. Vale la pena probarlos.

Saludando a través de la ventana, en una de las numerosas paradas del viaje.
Continuamos disfrutando del cambio de paisaje, contemplando una fiesta en un colegio, agricultores faenando en sus huertos e incluso una pareja haciéndose las fotografías de su boda al paso de nuestro tren.
Atravesamos una pequeña localidad.

Durante el trayecto tendremos la oportunidad de ver zonas rurales de Sri Lanka.

Trabajando duramente en las plantaciones de té.

Parece que por hoy ya hemos terminado.

Saliendo del colegio.

Importante celebración en una de las localidades por las que pasamos.

El paso del tren es tan célebre que algunos lo utilizan para hacerse sus fotos de boda.
Tras unas 4 horas llegamos a la estación de Hatton. Somos muchos los que nos detenemos en esta parada, no para conocer esta ciudad sino para acercarnos a Dalhousie, una pequeña localidad que nos deparará quizá el día más intenso de nuestro viaje. Pero, ya sabéis, eso lo contaremos en la próxima entrada ;)
Uno de los puntos más bellos de la ruta.

Llegamos a Haton, tras un viaje por una ruta realmente hermosa. ¡Y mañana más!

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