3 días en el País Vasco Francés (I): Biarritz, San Juan de Luz y Hendaya

agosto 27, 2017

Dicen que existe una tierra en que las verdes montañas bailan acompasadas con las olas del mar, donde la gran ciudad se mezcla armónicamente con caseríos aislados, una tierra donde confluyen modernidad y tradición. Dicen también que en esta tierra la vida gira en torno a una tabla de surf o un frontón; que es una tierra de ancestral cultura y exquisita gastronomía. Dicen, con más razón que nunca, que la frontera es una mera línea en el mapa, y que esta tierra es una prueba fehaciente de ello.
Hablamos del País Vasco francés (Iparralde – tierra del norte – en euskera), territorio situado en la parte occidental del departamento francés de los Pirineos Atlánticos, dentro de la región de Nueva Aquitania.
Con la cordillera pirenaica al sur y el océano Atlántico al oeste, el País Vasco francés combina a la perfección numerosos ingredientes que lo convierten en un destino turístico muy apetecible. Quien más o quien menos habrá oído hablar de las glamurosas playas de Biarritz o de las coquetas calles de San Juan de Luz; sin embargo, el País Vasco francés nos ofrece otros destinos que merece la pena descubrir.
Consideramos que una pequeña escapada de 3 o 4 días puede ser ideal para saborear pausadamente los encantos de esta bella tierra. ¿Nos acompañáis?
Surfistas paseando por la playa Mirarmar, en Biarritz. Al fondo, la Roche ronde.

Ruta y preparativos

Decidimos coger el coche, aprovechando un fin de semana “largo” (de jueves tarde a domingo) para conocer el País Vasco francés. Estamos a mediados de agosto y, evidentemente, es temporada alta. ¿Lo mejor? El clima, sin duda. Aunque en esta zona llueve con bastante frecuencia, las probabilidades son menores en verano. ¿Lo peor? Está hasta la bandera de gente, con todo lo que ello supone.
Primer problema: los hoteles de precios “razonables” (para nuestro gusto) están todos llenos. En temporada alta en las principales ciudades no cabe un alfiler. Pero pronto damos con la solución: encontramos un hotel bastante bueno (Adonis Hotel Bayonne) en las afueras de Bayona, y lo utilizaremos como base para hacer las excursiones cada día.
Para moverse entre las distintas localidades es una auténtica delicia hacerlo en coche. Recorreremos sinuosas carreteras de montaña rodeados de prados verdes y bosques frondosos, disfrutando a cada curva. Las distancias entre localidades no son muy grandes, así que se hace bastante cómodo. La contrapartida es que en las ciudades más grandes será muy difícil/imposible encontrar aparcamiento gratuito, y los de pago son realmente caros.
Como curiosidad, y contrariamente a lo que ocurre en algunas grandes ciudades francesas, los baños públicos eran abundantes, estaban bastante limpios y eran gratuitos.
Nosotros repartimos nuestra ruta en 3 días: el primero dedicado a las grandes ciudades costeras, y el segundo y el tercero a conocer los pueblos de interior:

- Día 1: Biarritz – San Juan de Luz – Hendaya.

- Día 2: Espelette – Ainhoa – Sare – Bayona.

- Día 3: La Bastide-Clairence – San Juan Pie de Puerto.

Ruta realizada por el País Vasco francés, en 3 días. Todos los días salíamos de Bayona, nuestro "campo base".

Biarritz

La Grande Plage, de Biarritz, con sus coloridas sombrillas.
Mundialmente conocida por sus playas llenas de surferos, así como por el ambiente glamuroso de sus calles y mansiones, la ciudad de Biarritz es una de las visitas imprescindibles en nuestro roadtrip por el País Vasco francés. Además de las múltiples playas (Miramar, Port Vieux, Côte des Basques, Playa Grande…), merece la pena conocer el faro, el Hôtel du Palais, el casino, la roca de la Virgen y el puerto de los pescadores. Este último lugar, lleno de restaurantes, puede ser el ideal para detenerse a comer algo.
En nuestro caso, llegamos a primera hora de la mañana, bajo un cielo encapotado. Tras intentar aparcar cerca del centro (imposible, 100% imposible), optamos por dejar el coche en uno de los múltiples aparcamientos subterráneos de pago. No parece que exista ninguna opción gratuita en temporada alta, salvo aparcar en las afueras y pegarse una caminata larga.
Estamos en pleno centro, y nuestra primera parada es en el Mercado Halles. Fue construido en 1885, y en la actualidad sigue siendo un importante punto en el que los locales realizan sus compras. El género aparenta una excelente calidad, pero hemos desayunado hace poco y no nos dejamos llevar por la tentación, por lo que seguimos nuestra visita.
Decidimos caminar hasta la cercana oficina de turismo, situada cerca de la Grande Plage. Allí nos entregan un detallado mapa que nos vendrá ideal para el resto de la jornada. Lo utilizamos para planificar una ruta que nos permita descubrir la ciudad en unas 2-3 horas.
Mapa de la ciudad de Biarritz. Perfectamente indicado. Y sí, bastante utilizado ;)
En primer lugar nos dirigimos hacia el norte, pasando por delante de la Sinagoga y la Iglesia Ortodoxa. Teníamos pensado echar una ojeada pero ambas están cerradas, así que continuamos el paseo hasta llegar al faro.
El faro de Biarritz, de 74 metros de altitud, se alza en una pequeña península al norte de la playa Miramar. Fue construido en 1834 y está abierto al público para ascender a su parte superior y contemplar las magníficas vistas. No obstante, aunque no queramos visitarlo, el simple hecho de llegar a su base y pasear por la colina en la que se asienta nos permite disfrutar de un gran panorama de la ciudad. Disfrutamos de las vistas durante un buen rato, aunque el día nublado no sea tan fotogénico como nos gustaría.
Faro de Biarritz.

Estupendas vistas desde las proximidades del faro.
Regresamos en dirección al centro de la ciudad por el borde de las playas. El día es nublado y quizá algo fresco; en la arena ondea la bandera roja. Las olas golpean con fuerza en la Playa Miramar, desierta, con su curioso islote (Roche ronde) situado a pocos metros de la orilla.

La pateada de hoy incluía llegar hasta el faro, sí.
Un poco más allá, el Hôtel du Palais separa la Playa Miramar de la Playa Grande. Se trata de un ampuloso palacio construido a mediados del siglo XIX por orden de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Fue destruido en 1903 por un incendio, reconstruido y después abandonado tras la II Guerra Mundial. En la actualidad, y gracias a la voluntad y esfuerzo económico de las autoridades locales, el edificio se ha rehabilitado en forma de un lujoso hotel, siendo uno de los símbolos de la ciudad.
Parece que en Biarritz hay un poquito de lujo.
Llegamos a la Grande Plage (Playa Grande), en la que, a pesar del mal tiempo, numerosos surfistas se disponen a intentar cabalgar las olas. Algunos valientes se atreven a darse un baño, aunque muchos desisten nada más introducir los pies en las aguas fresquitas. Nosotros nos limitamos a continuar caminando por el paseo, tomando numerosas fotografías de las sombrillas de colores, que se están convirtiendo en uno de los emblemas de la ciudad. 
Tomando "el sol".

Biarritz, una de las mecas del surf.

Al final de la playa podemos atravesar un pequeño puente que nos deposita en un islote, con bonitas vistas del Puerto de los Pescadores y, al fondo, la Iglesia de Santa Eugenia (Église de Sainte Eugénie). En la otra dirección, hacia el norte, podemos contemplar todo el recorrido que hemos realizado hasta ahora.
Aprovechando para tomar la foto en los pocos microsegundos en que el puente estaba vacío.

Vistas desde el islote; destacan la Iglesia de Santa Eugenia y el Puerto de los Pescadores.
Atravesamos el coqueto Puerto de los Pescadores, en el que las antiguas casas de pescadores de finales del siglo XIX se han transformado ahora en restaurantes donde degustar un excelente pescado fresco y marisco.
Sin embargo, nosotros no nos detenemos hasta llegar a la Roca de la Virgen. Según cuenta la leyenda, una tormenta impedía que un barco llegara correctamente a puerto y una luz milagrosa condujo a los pescadores hasta la costa de Biarritz. Por dicho motivo, los pescadores construyeron la estatua de la virgen en lo alto de un islote; en la actualidad se puede acceder al islote mediante un puente construido por orden de Napoleón III. Desde la Roca de la Virgen las vistas de Biarritz y alrededores son sublimes, si el día luce soleado, lo que no fue nuestro caso.
Costa agreste. Al fondo se intuye la estatua de la Virgen, colocada en lo alto de una roca.
En las proximidades de la Roca de la Virgen se halla el Museo del Mar “Aquarium”, uno de los más grandes de Francia, y que puede ser una buena visita para realizar con niños. Nosotros preferimos no conocerlo, puesto que el tiempo pasa y debemos dirigirnos a nuestro próximo destino: San Juan de Luz.
Otros lugares que pueden merecer la pena conocer, cerca de allí son el Puerto Viejo y la calle del Puerto Viejo, antiguo pueblo pesquero origen del actual Biarritz. 

Saint Jean de Luz /San Juan de Luz/Donibane Lohizune

Detalle de las barcas en el puerto de San Juan de Luz.
Esta localidad, que en el siglo XVII era la base de los corsarios vascos, es en la actualidad un apacible destino turístico, en el que las casas tradicionales vascas son el perfecto telón de fondo de una inmensa playa de arena fina.
Históricamente la ciudad tuvo su momento álgido en el año 1660, cuando se casaron el rey Luis XIV de Francia y la infanta María Teresa, hija del rey de España. Dicho matrimonio surgió a raíz de la firma del Tratado de los Pirineos, hace más de 300 años, y sigue siendo motivo de orgullo para los locales hoy día.
El núcleo de la ciudad está constituido por casas construidas en el siglo XVII, lo que le otorga un aspecto coqueto y elegante. Resulta apacible pasear por sus calles; aunque en temporada alta quizá está demasiado transitado, seguro que encontraremos algún rincón silencioso en el que detenernos a disfrutar de la preciosa arquitectura de San Juan de Luz.
Aunque la ciudad no destaca por tener grandes edificios monumentales, merece una visita pausada, disfrutando de cada paso por sus calles peatonales.
Nosotros llegamos a San Juan de Luz sobre la hora de comer, con la intención de conocerla en unas 2-3 horas, que luego resultaron más que suficientes.
Tras dejar el coche en un céntrico aparcamiento (de pago, evidentemente, es realmente difícil encontrar plazas de aparcamiento en temporada alta) nos dirigimos a la oficina de turismo con la idea de obtener un mapa.
El mapa que nos entregan en San Juan de Luz es sencillo de usar y muy práctico. En amarillo la zona peatonal, que es lo que visitaremos.
Ya con el práctico plano en la mano, trazamos una ruta que nos lleve por los lugares más emblemáticos de la localidad. En primer lugar nos dirigimos al oeste, hasta llegar al tranquilo puerto, en el que decenas de barcas de todos los colores reposan en este día algo desapacible. La imagen de las barcas con las casas tradicionales vascas al fondo es realmente encantadora.
Foto en el puerto de San Juan de Luz. Al fondo, casas tradicionales vascas.
De allí proseguimos hasta el verdadero epicentro de la ciudad, la plaza Luis XIV, repleta de bares y restaurantes. En ella destacan el edificio del Ayuntamiento y la casa Luis XIV, construida en 1643 y cuyo nombre se debe a que alojó a dicho monarca durante 40 días mientras esperaba la llegada de su esposa, la infanta María Teresa. La casa Luis XIV se puede visitar, siendo un perfecto ejemplo de la arquitectura de aquella época.
Casa de Luis XIV. Si se tienen ganas y tiempo, se puede visitar.

Curiosa entrada el edificio del Ayuntamiento de San Juan de Luz.
Nuestros pasos nos llevan hacia la fabulosa playa, cuyo paseo (situado unos metros por encima) es quizá la imagen más emblemática de San Juan de Luz. Mientras recorremos dicho paseo podemos disfrutar de las vistas de la playa junto a una sublime colección de casas de estilo tradicional vasco. Como curiosidad, destacar que la entrada a dichas casas se realiza mediante un pequeño puente que parte desde lo alto del paseo, lo que añade belleza a la estampa.
Paseo paralelo a la playa, con sus casas típicas.

Detalle de una de las casas del paseo.

Son, cuando menos, curiosas las entradas a las casas.
Abandonamos el paseo para dirigirnos, por la Rue de la République, hasta la calle principal de la ciudad: la calle Gambetta. Se trata de una zona peatonal repleta de comercios de todo tipo, por la que caminan a ritmo suave centenares de turistas. En todo momento se nos va la vista hacia los puestos en los que venden alimentos típicos de la zona, todos con aspecto delicioso.
En medio de la calle Gambetta se halla la Iglesia de San Juan Bautista, construida entre los siglos XV y XVII. Lo más llamativo del edificio, y característico de todas las iglesias de la zona, es la presencia de unas galerías de madera, situadas en las paredes laterales y trasera, desde las que los hombres antaño presenciaban las misas. Aunque por fuera la iglesia no resulta espectacular, merece la pena echar un vistazo a su interior.
Interior de la Iglesia de San Juan Bautista, con las galerías de madera típicas de las iglesias de la zona.
Tras recorrer toda la calle Gambetta regresamos al paseo paralelo a la playa, hasta toparnos con dos de los iconos de la ciudad: el Casino La Pergola y el Grand Hôtel, de estilo art deco y neo romántico respectivamente.
Regresamos hacia la calle Gambetta, perdiéndonos por el resto de calles peatonales, repletas de imágenes, olores y sonidos. San Juan de Luz nos ha gustado, pero tenemos que continuar la ruta en dirección hacia el sur, hacia Hendaya.

Hendaye/Hendaya/Hendaia

Los barcos descansan al atardecer.
Llegamos a Hendaya un poco por casualidad. Inicialmente no entraba en nuestros planes visitar esta localidad, pero el hecho de que nos hayan sobrado un par de horas en este día nos anima a recorrer los escasos kilómetros que la separan de San Juan de Luz.
Hendaya es un pueblo francés de unos 17000 habitantes, situado junto a la frontera española. Debido a su situación geográfica, ha estado involucrada en conflictos entre España y Francia, y fue uno de los lugares que sirvió de refugio para los españoles que huían de la Guerra Civil.
En la actualidad es un famoso destino de veraneo, debido a su parte vieja, su cultura y su espectacular playa.
Nosotros llegamos a Hendaya sobre las 19:30, y pronto nos damos cuenta de que estamos en una ciudad bastante menos turística que las anteriores. No en vano, podemos aparcar en pleno centro, sin dar vueltas y gratis.
Estamos en la Parte Vieja, y nuestra primera visita es a la Iglesia de San Vicente, construida en el siglo XVI. Destacan, como en todas las iglesias de la zona, las galerías de madera situadas en lo alto, desde las que los hombres presenciaban las misas.
Iglesia de San Vicente, en Hendaya.
Salimos de la iglesia y nos encontramos en la Plaza de la República, prácticamente vacía a estas horas de la tarde. De entre todos los edificios que la circundan, el más imponente es el del Ayuntamiento.
Caminamos unas decenas de metros hasta llegar a uno de los lugares en torno a los que se desarrolla la vida en Hendaya: el frontón. Conocido como “Gaztelu Zahar”, se construyó a finales del siglo XIX y en él se llevan a cabo, además de deportes tradicionales, eventos de todo tipo.
El frontón de Hendaya, donde se celebran, además de deportes, todo tipo de eventos.
Desde el frontón avistamos el inicio del Chemin de la Baie (Camino de la Bahía); un agradable paseo de 14 kilómetros de longitud que recorre todo el litoral de la localidad, pasando por varios de sus puntos más importantes y finalizando en la Playa Ondarraitz. En nuestro caso optamos por no recorrer este camino ni visitar la playa, puesto que preferimos acercarnos (en coche, ya que está bastante lejos), al Castillo y Domaine d’Abbadia.
Vistas del mar desde lo alto del Camino de la Bahía.
Situado en el extremo este de la ciudad, el Castillo d’Abbadia es un gigantesco edificio neogótico construido entre 1864 y 1879. Aunque su interior puede resultar algo estrambótico, debido a la multitud de estilos que combina, existen numerosas obras de arte y un observatorio astrológico que merecen ser visitados. El castillo está abierto al público y se puede realizar una visita guiada por unos 10€. Por desgracia, cuando llegamos al castillo ya son las 20:10 horas, por lo que lo encontramos cerrado. Sin embargo, decidimos pasear por el inmenso parque de alrededor del castillo (Domaine d’Abbadia), lo que finalmente constituye uno de los mejores momentos de esta escapada.
El Domaine d’Abbadia es un parque de 64 hectáreas situado alrededor del castillo, en el que existen varios senderos bien señalizados que nos permiten pasear a través de sus prados y bosques. Incluso, si caminamos en dirección a la costa, llegaremos a la parte superior de los acantilados; nosotros tuvimos la oportunidad de disfrutar de un hermoso atardecer sobre las aguas del Cantábrico,  contemplando también las espectaculares “rocas gemelas” de Hendaya. Recomendado realizar este paseo al atardecer, las tonalidades del entorno nos parecieron preciosas.
Castillo d'Abbadia, espectacular.

Mapa del gran parque que rodea al castillo, con numerosos senderos que merece la pena recorrer.

Paseando por el gran parque.

Hendaya al atardecer.

Finalizamos la jornada en un lugar realmente bonito, ¿verdad?
Caminando por el parque llegamos a lo alto de un acantilado, desde el que se ven las famosas "rocas gemelas".
Con los últimos rayos de sol tenemos que poner rumbo a nuestro hotel, mañana será un nuevo día en el que descubriremos los pueblos de interior del País Vasco francés.
Roche ronde desde el paseo de Biarritz.

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2 comentarios

  1. Qué tal las carreteras?? Se puede conducir bien por ahí o son malas? Hay mucho peaje?

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  2. Hola, Patricia. Pues, a ver...las carreteras tienen todas un pavimento perfecto, pero son muy sinuosas puesto que se trata de carreteras de montaña. ¡Es una auténtica pasada conducir por allí!
    Hay autopista también, que nos ahorra tiempo y no es excesivamente cara pero...¡nosotros preferimos las carreteritas!

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