Qué hacer 3 días en Trinidad, la bella ciudad colonial de Cuba

noviembre 23, 2017


Son las siete de la tarde. La luz del sol pinta con tonos cálidos las calles empedradas de una ciudad de estilo colonial. De fondo, risas y salsa. Un hombre entrado en años fuma tranquilamente un puro mientras contempla el paso de un carro tirado por caballos. Lugareños haciendo cola en alguna tienda mientras los turistas se pierden por la maraña de callejuelas, intentando no perderse ni un detalle de lo que les rodea. Estamos en Trinidad, una auténtica joya de Cuba.
La Villa de la Santísima Trinidad (ese es su nombre oficial) o, más sencillamente, Trinidad, es una de las ciudades más antiguas de Cuba, fundada en 1514. Aunque inicialmente su economía se basó en la agricultura y ganadería, a partir de mediados del siglo XIX la industria del azúcar revitalizó la región y convirtió a Trinidad en una ciudad próspera. Sin embargo, tras la Guerra de la Independencia Trinidad perdió gran parte de sus ingresos y cayó en el olvido durante unas décadas. No fue hasta la década de 1950 en que se reconoció la importancia histórica de sus casas y edificios, dedicándose desde entonces una importante labor de conservación que la llevó a ser declarada Patrimonio de la UNESCO en el año 1988. Motivos no le faltan, sin duda.
Panorámica de la Plaza Mayor, desde lo alto.
Trinidad se sitúa en la parte sur del centro de Cuba, y tiene en la actualidad algo más de 50000 habitantes. Además de recorrer sus preciosas calles, nos ofrece interesantes lugares en sus alrededores. Así, la sierra de Escambray (situada al norte) es un importante lugar con bosques y buenas opciones para el senderismo; por otro lado, 12 kilómetros al sur, se encuentra la Playa Ancón, una de las más bellas de la costa sur.
En nuestro caso estuvimos en Trinidad dos días completos, más medio día que pasamos en Playa Ancón. Parece un tiempo suficiente puesto que, aunque tiene cosas interesantes, la ciudad es de un tamaño muy manejable.
Vidas pausadas.

NUESTROS IMPRESCINDIBLES EN TRINIDAD 

Ya sabéis que a nosotros nos encanta caminar, y si lo hacemos en una ciudad tan bella como Trinidad, no nos podemos cansar de recorrerla. Aquí va una breve lista de las actividades imprescindibles a realizar:
- Perderse por sus calles: el número 1 de la lista. Todo el centro urbano, de calles empedradas y coloridos edificios, invita al paseo. En cada calle encontraremos un rincón, un detalle, que hará la visita única.
- Probar la gastronomía: Trinidad es una ciudad más abierta al turismo que otras en Cuba, por lo que dispondremos de una gran variedad de bares y restaurantes. En muchos de ellos podremos disfrutar de platos típicos y deliciosos.
- Acercarse a la Casa de la Música: se trata, sin lugar a dudas, del epicentro festivo en Trinidad. Todas las noches hay música en directo, lo que congrega a cientos de personas. Los más tranquilos se toman un mojito mientras observan el espectáculo; otros, menos vergonzosos, se animan a salir a bailar. 

- Dar clases de baile: son numerosos los lugares en Trinidad donde se pueden dar clases de salsa, por horas. Puede ser entretenido y es un buen recuerdo que traerse de vuelta.
- Descubrir “la otra” Trinidad: si nos alejamos apenas unos centenares de metros de las calles más turísticas, podemos conocer la otra cara de la ciudad, aquella en la que viven los cubanos. Niños jugando en la calle, simpáticos ancianos, carros tirados por caballos o burros… Un pequeño acercamiento a la Cuba más auténtica.
- Darse un chapuzón en Playa Ancón: dicen que es la playa más bella de la costa sur de Cuba, así que merece la pena pasar al menos medio día en este idílico lugar.
Ciudad de colores.

TRINIDAD, PRIMER DÍA. PASEO POR LA ÉPOCA COLONIAL

Tras la visita a El Nicho, llegamos a la ciudad de Trinidad. El coche nos deja en nuestro alojamiento, la casa de Margarita y Nene. Saludamos, nos damos una ducha y salimos a conocer la ciudad.
Para obtener una pequeña introducción de Trinidad, optamos por realizar a pie el recorrido que nos sugiere nuestra guía. Así, partiendo de la bellísima Plaza Mayor, salimos en dirección norte hacia el convento de San Francisco de Asís, cuya torre amarilla y azul es visible desde lejos.
La Plaza Mayor, centro turístico de la ciudad.
Retrato, con la torre del Convento de San Francisco de Asís de fondo.
Otro punto de vista de la plaza.
El convento alberga en su interior el Museo Nacional de la Lucha contra los Bandidos. La entrada nos cuesta 1 CUC por persona, precio que nos parece demasiado para lo que ofrece el museo, no muy interesante. Sin embargo, la entrada nos permite acceder a la parte alta del campanario, desde el que tenemos amplias vistas de la ciudad, por lo que tomamos unas cuantas fotos. 
Bonitas vistas desde lo alto de la torre.

Torre pintada en tonos pastel.
Seguimos la ruta más al norte, pasando por un barrio más desfavorecido, el barrio de Las Tres Cruces. En él nos podemos acercar un poco más a la vida real cubana, parece mentira que tan pocos metros separen dos mundos tan diferentes (el ajetreado y turístico centro de la ciudad con un barrio más tranquilo y muchísimo más humilde).
Calles empedradas.

Los barrios más humildes son realmente interesantes.

Luces del atardecer.
Regresamos, de nuevo, a la Plaza Mayor y, tras cenar algo, nos dirigimos a la Casa de la Música. La entrada nos cuesta 1 CUC por persona, el precio de las bebidas va aparte (cerveza 2 CUC, por ejemplo). Allí nos sentamos en una escalinata durante un buen rato, y contemplamos cómo tanto los lugareños como los turistas bailan la música en vivo que ofrece todas las noches el local. Nos gusta tanto que pensamos que será visita obligada el resto de nuestras noches en Trinidad.
Ambiente animado todas las noches en la Casa de la Música.

TRINIDAD, SEGUNDO DÍA. DESCANSO EN PLAYA ANCÓN

Ya llevamos unos cuantos días en Cuba, y hasta ahora han sido bastante intensos, casi sin parar un solo minuto. Así que hoy decidimos tomarnos el día con calma.
Nos levantamos sobre las 09:00 y desayunamos abundantemente en la terraza de nuestra casa (5 CUC/persona). En primer lugar tenemos que ir a la estación de Viazul, para poder comprar los billetes de La Habana a Viñales (sí, son para dentro de varios días, pero únicamente nos viene bien un horario y tememos que el autobús se pueda llenar).
Una vez solucionado el tema de los billetes nos dirigimos a la calle Cienfuegos (entre los cruces de Antonio Maceo y Francisco Cadahía)*; es aquí donde podemos tomar el autobús de la compañía Transtur para ir a Playa Ancón. Nos cuesta 5 CUC por persona, ida y vuelta. Tenemos cuatro horarios distintos para ir y otros tantos para volver, siendo el último regreso a las 18:00 horas.
*Las calles en Google Maps no salen con esos nombres, mejor preguntar una vez estéis en la ciudad.
El trayecto en autobús se pasa rápido y pronto estamos en Playa Ancón
Playa de arenas blancas cerca de Trinidad.
Aunque se trata de una playa con fama de ser la más bonita de la costa sur de Cuba, la realidad es que su belleza es menor si la comparamos con las playas de Varadero, Cayo Jutías u otras. Sin embargo, su cercanía a Trinidad la convierte en una visita indispensable, nunca está mal un buen rato de relax tras tanto caminar por las calles de la ciudad.
Pasamos toda la mañana en la playa, alternando ratos de baño con largos periodos tumbados al sol (vuelta y vuelta). La playa, aunque turística, no está ni mucho menos masificada. Tranquilidad, que eso es lo que buscábamos. 
Aunque hay algún complejo hotelero en la playa, la sensación es de tranquilidad absoluta.
Regresamos a Trinidad a media tarde, hambrientos, por lo que nos detenemos en una ventanita a comer una pequeña pizza de queso (15 pesos cubanos, aunque precio muy variable en función de la simpatía del consumidor, idioma empleado y habilidad para negociar). De camino a casa entramos en una tienda en la que se pueden comprar productos que no son de primera necesidad; en ella los artículos tienen precios elevadísimos: agua 1,5 CUC, jabones 3-4 CUC, crema de chocolate para untar 6 CUC…). 
Las ventanitas son la opción ideal para picotear algo.
Ya en casa, nos duchamos y disfrutamos de la ajetreada vida en nuestra calle, viéndola desde la terraza. Estamos alojados a unos 10 minutos caminando del centro, en una calle nada turística, donde ver la vida real en Cuba. Los niños juegan a béisbol en la calle, pasan varios carros tirados por caballo, un señor vende ajos y cebollas… Vida cotidiana en Trinidad, alejada del mundo turístico.
Salimos a cenar algo, tomamos una cerveza en la Casa de la Música y nos vamos a dormir.
La calle de nuestro alojamiento, Cuba en estado puro.

Puestos ambulantes donde comprar frutas y verduras.

Soñando con ser un mago del balón.

TRINIDAD, TERCER DÍA. SALSA, GASTRONOMÍA Y PASEOS SIN RUMBO

Último día en Trinidad. Conocemos ya gran parte de la ciudad, hemos recorrido sus calles y nos hemos empapado bastante de su interesante esencia.
Tras desayunar nos acercamos a una calle próxima, algo sórdida, en la que hay una pequeña casa donde dan clases de salsa. Nos la han recomendado antes del viaje, así que allí nos dirigimos. Hablamos con la profesora, bastante extrovertida, quien nos ofrece una hora de clase por 6 CUC. Estamos de acuerdo, así que quedamos para media tarde.
Ahora nos disponemos a conocer algunas calles que teníamos pendientes, por lo que toma caminar bajo un sol de justicia. En las cercanías de la Plaza Mayor vemos un pequeño mercado, donde compramos algún recuerdo.
¡Nos encantan los colores de Trinidad!
Nos alejamos un poco de la zona más céntrica, encontrando varias calles empedradas de casas coloridas, con rincones verdaderamente fotogénicos. ¡Qué gozada pasear sin rumbo, con el único objetivo de dejarse sorprender a cada instante! 
Alejándonos un poco del centro.

Detalle de un comercio.

Calles tranquilas...

... con casas de colores.
De regreso al centro entramos a un pequeño local donde se encuentra la Maqueta de Trinidad (entrada 1 CUC/persona). Se trata de una maqueta muy detallada, útil para tener una visión global de la ciudad. Además de ver la maqueta, una joven nos cuenta una breve y didáctica historia de Trinidad, lo que resulta muy interesante.
La maqueta tiene todo tipo de detalles, merece la pena visitarla.
Como hoy toca un día tranquilo, y vamos acumulando cansancio, decidimos regresar a casa a echar una siesta. De camino pasamos por delante de una ventanita, y no nos podemos resistir a pedir una deliciosa pizza (10 pesos cubanos).
Con energías renovadas vamos a las clases de baile. La profesora se lo toma realmente en serio, y consigue que aprendamos unos cuantos pasos de salsa. Nos anima a mostrar nuestro aprendizaje bailando con el resto de la gente por la noche en la Casa de la Música, pero eso son palabras mayores…
Poco a poco el sol va escondiéndose tras el horizonte, y decidimos darnos un capricho y cenar en el restaurante Cubita. Ropa Vieja y langosta son los platos principales, ambos deliciosos. Aunque algo caro (unos 15 CUC por persona), merece la pena.
Antigua iglesia, lejos de la zona céntrica.

¿Subís a dar una vuelta en mi nuevo coche?

Calle típica de Trinidad.
Tras la cena salimos a pasear y entramos en el popular bar La Canchánchara, atraídos por la música en directo. No podemos dejar de probar el cóctel que da nombre al local, elaborado con ron, miel y limón.
Para finalizar regresamos, otra noche más, a la Casa de la Música. A pesar de la insistencia de nuestra profesora de salsa, no nos atrevemos a salir a bailar. Disfrutamos, eso sí, del festivo ambiente de dicho local durante un buen rato.
Con las animadas melodías de la música cubana termina nuestra estancia en Trinidad, la gran joya cubana. Nos ha encantado, así que os invitamos a todos a conocerla si vais a Cuba. ¿A qué esperáis? 
Una delicia pasear por tus calles, Trinidad.

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