Paseando por las calles de Camagüey

diciembre 06, 2017


Camagüey, con algo más de 300000 habitantes, es la tercera ciudad más poblada de Cuba. Se sitúa en el centro-este de la isla, y es capital de la provincia homónima.
Fue fundada en el año 1514 con el nombre de Santa María del Puerto Príncipe; la denominación actual se utiliza desde 1903 y proviene de una voz aborigen que significa “árbol viejo”.
De la historia de la ciudad cabe destacar algunos personajes ilustres, entre los que destacan el importante líder independentista Ignacio Agramonte, el poeta Nicolás Guillén, el médico Carlos J. Finlay (descubridor de la transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito Aedes aegypti) y la pionera feminista Ana Betancourt.
Camagüey tras el chaparrón.
Camagüey se ha dedicado, históricamente, a la ganadería y a la producción de azúcar. En la actualidad la ciudad presenta una economía más diversificada con una importante industria eléctrica, química y de producciones mecánicas, entre otras.
Si bien no es una ciudad imprescindible para el viajero que se acerque a Cuba, tiene algunas cosas interesantes que ofrecer. Dado su tradicional fervor católico, en Camagüey existen varias iglesias que visitar. Por otro lado, en el centro histórico de la ciudad se llevaron a cabo importantes obras de restauración, lo que llevó a la UNESCO a declararlo Patrimonio de la Humanidad. Así, pasear por sus calles merece al menos medio día, antes de continuar la ruta por el resto de Cuba. ¿Damos un paseo?
Esencia cubana.

NUESTRA VISITA

Tardamos unas 2 horas en llegar, en autobús, desde Playa Santa Lucía a la estación de autobuses de Camagüey, bastante alejada del centro de la ciudad. Nos guardan las mochilas en una especie de consigna (2 CUC/mochila), así que ya podemos pasear cómodamente.
Caminamos por la larga Avenida de la Libertad hasta llegar a la zona del Casino Campestre, en que nos desviamos al oeste, hasta llegar a la Plaza de San Juan de Dios; probablemente se trate del rincón más pintoresco de la ciudad, con buenos restaurantes situados en el interior de las casitas de colores que rodean a la plaza.

Panorámica de la Plaza San Juan de Dios.

Galerías de arte y restaurantes rodean a la plaza.

El día, de momento, es soleado. Ríe, ríe, que ya verás después...
Después nos acercamos al Parque Ignacio Agramonte, una plaza en la que destaca la austera Catedral de Camagüey. Aunque el interior no es muy llamativo, sí que vale la pena pagar 1 CUC (por persona) para ascender, mediante unas vetustas escaleras, hasta lo alto de su torre. Desde allí podemos contemplar la enorme extensión de la ciudad.
Parque Ignacio Agramonte, con la torre de la catedral de fondo.

Vistas desde lo alto de la torre.

Mirando en otra dirección, la ciudad es inmensa.
Tras la visita decidimos tomar algo en una de las cafeterías de la plaza. Nos acercamos al Café Ciudad, aunque nos toca esperar un rato a que lo abran (según el cartel de su puerta abre a las 09:00; en nuestro caso pasaba de las 11:30 cuando abrieron…). Nos sentamos un rato a descansar y a escribir nuestro diario de viaje.
¡Apunta, que luego no nos acordaremos de todo!
Decidimos continuar conociendo la ciudad, paseando por sus estrechas calles. Cerca del Parque Ignacio Agramonte se encuentra la casa natal de Finlay (el médico que descubrió que la fiebre amarilla se transmite a través de la picadura de un mosquito). Nosotros, curiosos y atraídos especialmente por nuestra profesión, decidimos entrar a visitarla. Nos indican que la entrada vale 1 CUC por persona, pero si queremos una visita guiada serán 2. Decidimos únicamente pagar la entrada y dar una vuelta a nuestro ritmo para ver los escasos objetos que tienen allí expuestos.
Apenas 2 o 3 segundos después de haber pagado la entrada, nos señalan que nada (¡nada!) en la casa es original y que ni siquiera los objetos expuestos pertenecen a la época en que nació el médico allí (WTF!!). Triste, muy triste, que hagan estos con los viajeros, más aun siendo un sitio supuestamente oficial. En fin, otro lugar que añadir a la lista de “sitios que no visitar en Cuba”.
Salimos de allí y, a los pocos metros pasamos por delante de la casa natal de Nicolás Guillén, con todavía peor aspecto que la anterior. Evidentemente, pasamos de largo.
No es la casa natal de Finlay, pero es igual de interesante. O más.
Nos alejamos del centro, callejeando, hasta llegar a la Plaza del Carmen, donde se encuentra la iglesia del mismo nombre. En ella destacan las curiosas esculturas a tamaño natural que reflejan escenas cotidianas.
- Señora Celia, yo opino que...   - ¿Quién es este que se ha sentado con nosotras?

Detalle de la plaza.

Abrazo con vistas.
No muy lejos de allí se halla la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje y la necrópolis. Aunque entramos a ver ambos lugares, no tienen nada especial.
La Iglesia, con el cielo amenazador de fondo. En la ciudad, como podéis comprobar, hay numerosos bicitaxis.

Regresaremos pronto para el centro, ¿no?
El cielo se pone amenazante, con nubes oscuras que cada vez se acercan más a la ciudad. Pronto comienzan a caer unas pocas gotas que, en cuestión de segundos, se convierten en un fuerte chaparrón. Esperamos, agazapados en el portal de una casa, a que pase la lluvia; una vez se calma regresamos al centro por una de las calles principales de Camagüey: la calle República, repleta de comercios y algún que otro bar.
Calles repletas de color.

Otra de las múltiples iglesias de Camagüey.


Calle República, abarrotada de gente.
Nuestro siguiente destino es la Calle Agramonte, reconvertida en los últimos años en una calle de homenaje al cine. Aunque la cartelera no es (ni mucho menos) interesante, intentamos entrar a alguno, pero todos se hallan cerrados. Aprovechamos, entonces, para comer una rica pizza en el restaurante Isabella, decorado con motivos cinematográficos.
Una calle en homenaje al séptimo arte.
Cerca de la Calle Agramonte encontramos la Plaza de los Trabajadores, donde hay varios murales dedicados a la figura del Ché Guevara. En dicha plaza se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, que no podemos visitar porque está cerrada.
La Plaza de los trabajadores, en Camagüey.
Desde allí caminamos un poco más hasta el gran edificio del Teatro Municipal, también cerrado. Parece que todos los edificios están cerrados hoy, así que pensamos en regresar hacia el centro. Sin embargo, cuando nos alejamos, sale una trabajadora del museo que lo abre expresamente para nosotros. Aunque no es nada espectacular, nos hace una visita guiada bastante interesante y estamos conversando con ella casi media hora (cobran la voluntad por estas visitas).
A nuestra llegada el teatro estaba cerrado.

... pero lo abrieron para nuestra gran función.
Regresamos al centro, paseando por callejuelas estrechas en las que ver la vida cotidiana de la ciudad, hasta llegar de nuevo a la Plaza de San Juan de Dios. Allí nos sentamos durante un buen rato a mirar cómo juegan al fútbol unos niños cubanos.
Por la Calle República, de nuevo.

Curioso y colorido edificio.

Plaza San Juan de Dios, convertida en un campo de fútbol para los niños del lugar.
Bellas luces del atardecer.

Soñando con ser estrellas del balón.
En cuanto empieza a caer la noche entramos a un restaurante de la plaza para comer algo.
El regreso a la estación de autobuses lo hacemos en bicitaxi (2 CUC). Desde aquí comienza el largo viaje a Viñales, con “escala” en La Habana. Serán más de 12 horas de autobús, pero merecerán la pena.
En la próxima entrada os contaremos que hacer en Viñales y alrededores. ¡Nos vemos!
¡Hasta la vista, Camagüey!

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