Monasterio de Veruela y Tarazona: perlas de historia a los pies del Moncayo.

abril 01, 2018

En el extremo más occidental de Aragón, lindando con Soria, Navarra y La Rioja, y bajo las faldas del Moncayo, encontramos la Comarca de Tarazona y el Moncayo. A pesar de su reducido tamaño (apenas 450 km2 de extensión y unos 15000 habitantes), esconde rincones dignos de conocer y visitar.
Localización de la comarca, señalada con una estrella.
Tarazona, su capital, es una amable ciudad con un vasto patrimonio,  forjado a través de los siglos por sus antiguos pobladores. Pasear por sus calles nos transporta a otras épocas, en las que convivieron diferentes culturas que dejaron su impronta en casas, fortificaciones y construcciones religiosas.  
El Parque Natural del Moncayo, espacio natural protegido, alberga gran diversidad de flora y fauna, siendo un lugar fabuloso para la práctica del senderismo y el contacto con la naturaleza. Su cima más alta, el Moncayo (2316 m), es una perfecta atalaya desde la que los más montañeros pueden divisar toda la comarca.
Detalles de Tarazona.
Una de las principales joyas de la Comarca de Tarazona y el Moncayo es, sin lugar a dudas, el Monasterio de Veruela. Sus raíces se remontan al siglo XII, aunque en su arquitectura se pueden apreciar detalles de diferentes épocas. En la actualidad es un importante Bien de Interés Cultural y su visita resulta imprescindible para todo aquél que se acerque a esta comarca.
Otro lugar de interés es el Castillo de Trasmoz, que aún mantiene en pie su nave (de los siglos XII y XIII).
Por último, cabe destacar algunas fiestas y tradiciones, como el Cipotegato (en Tarazona, cada 27 de agosto) o el Pesaje de los niños (en Lituénigo).
Como veis, la Comarca de Tarazona y el Moncayo puede ser una opción perfecta para una escapada de fin de semana. Nosotros pudimos visitarla recientemente, y nos sorprendió gratamente. ¿Nos acompañáis?
Entrando al Monasterio de Veruela.

NUESTRA VISITA AL MONASTERIO DE VERUELA Y TARAZONA

Aprovechamos un domingo libre (¡por fin!) para hacer una breve escapada a la Comarca de Tarazona y el Moncayo, que no la conocemos. Tenemos muy buenas referencias, así que seguro que la visita merecerá la pena.
Salimos de Zaragoza sin madrugar demasiado y, en aproximadamente una hora, llegamos al Monasterio de Veruela, situado a las afueras de la localidad de Vera de Moncayo, a orillas del río Huecha.
El Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Veruela es el monasterio cisterciense más antiguo de Aragón, puesto que su origen data del siglo XII. El proyecto de la obra, aunque sobrio y austero (en línea con las construcciones cistercienses habituales), tiene unas proporciones enormes, y se estima que las obras de la iglesia duraron más de 250 años. El monasterio vivió numerosas renovaciones a lo largo de más de ocho siglos, como por ejemplo la construcción del claustro de estilo barroco en el siglo XVII.
En 1835, tras la desamortización de Mendizábal, la orden cisterciense abandonó el monasterio y se produjo un progresivo abandono y deterioro del mismo. Sin embargo, gentes de la zona lo reconvirtieron en una hospedería a la cual acudían personajes ilustres de la época, entre los que destacó Gustavo Adolfo Bécquer. El célebre poeta sevillano pasó casi un año de su vida en el Monasterio de Veruela para disfrutar del aire puro de la zona que le ayudara a sanar la tuberculosis que padeció; fue en este monasterio donde escribió sus famosas cartas “Desde mi celda”.
Descubriendo el interior del monasterio.
Desde finales del siglo XX el monasterio es propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza, quien lo ha restaurado y, en la actualidad, permite la visita al público. La entrada cuesta 1,80 €, y se puede visitar por libre o con guía (sin cargo adicional). Los horarios de apertura son los siguientes:
  • 1 abril a 30 de septiembre: de 10:30 a 20:00 h (visitas guiadas de martes a viernes a las 12:00 y 17:30 h y los sábados, domingos y festivos a las 11:30, 12:30, 16:00 y 18:00 h).
  • 1 octubre a 31 de marzo: 10:30 a 18:00 h (visitas guiadas los sábados, domingos y festivos a las 11:30, 12:30 y 16:00 h).
  • Lunes cerrado, excepto los festivos.
Llegamos al monasterio pasadas las 11 de la mañana, en un día algo nublado y que amenaza lluvia. Atravesamos la puerta de la muralla y, a mano derecha, encontramos la taquilla donde comprar la entrada (1,8€ por persona, que nos incluye la visita guiada que comienza enseguida). Nos dan un folleto explicativo con todo lujo de detalles, por lo que si prescindimos de la visita guiada también tendremos gran cantidad de información.
Descendemos por el paseo con plataneros (sin hojas a estas alturas del año), dejando a nuestra derecha el palacio abacial (construido en el siglo XVI) y con la portada de la iglesia frente a nosotros, en la que destaca su rosetón de estilo románico.
Arco principal de entrada al Monasterio de Veruela.

Una vez dentro, recorremos el paseo hasta la portada de la iglesia.
Entramos al claustro por una pequeña puerta, y encontramos al guía con un grupo de unas 20-25 personas. Evidentemente, nos unimos al grupo. El guía, afable y locuaz, hace que el aprendizaje en la visita se multiplique notablemente; sin duda uno de los mejores que hemos visto en mucho tiempo.
En la visita al monasterio destacan, entre otros:
  • Claustro mayor (s XIV): de estilo gótico levantino, y con capitales decorados con motivos vegetales.
Juegos de luces y sombras.

Interior del claustro.

Incontables detalles.
  • Lavabo (s XIV): pila de piedra donde los monjes se lavaban las manos antes de las comidas.
  • Refectorio (s XIII, aunque remodelado a mediados del XVI): donde comían los monjes en silencio, mientras uno de ellos leía desde lo alto de un púlpito.
Amplio refectorio, donde comían los monjes.
  • Cocina (s XIII): de techo alto, con varios tiros de humo, originalmente comunicada por una pequeña ventana con el refectorio (más tarde se abrió una puerta).
  • Sala capitular (s XIII): donde se reunían los monjes y se enterraban los abades. Se pueden apreciar algunas lápidas tanto en el suelo con en los muros.
Sentado en la Sala capitular.
  • Iglesia abacial de Santa María de Veruela (s XII y XIII): estructurada en tres naves, muestra un carácter sobrio y carece de la mayor parte de los bienes muebles (se perdieron tras la desamortización). Es llamativa la entrada a la sacristía, de estilo barroco; tras atravesarla podemos contemplar un techo detallado y colorido. 
El interior de la iglesia es bastante austero.

Colorida techumbre de la sacristía.
Nuestra visita guiada dura unos 50 minutos, que se pasan bastante rápido. Tras finalizarla, paseamos un poco a nuestro ritmo para tomar algunas fotografías.
¡Hasta la próxima, Monasterio de Veruela!
Una vez terminada nuestra estancia en el Monasterio de Veruela, tomamos el coche de nuevo y vamos a la capital de la comarca: Tarazona.
Tarazona ha sido, desde tiempos inmemoriales, un enclave de referencia para el comercio y para las órdenes militares y religiosas. Así, ya la antigua Turiaso de la época romana fue una próspera ciudad que llegó incluso a acuñar su propia moneda.
Con el paso de los siglos, Tarazona fue atacada y ocupada en numerosas ocasiones, de manera que hoy en día se pueden todavía observar las diferentes fortificaciones y murallas construidas para protegerla de las invasiones.
Tras la conquista de la ciudad en 1119 por Alfonso I El Batallador, la ciudad fue repoblada y vivió una época de importante cambio político y social. La convivencia de judíos y cristianos, así como la antigua población musulmana imprimieron su marca en las calles y edificios de Tarazona. La Judería o la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta son perfectos ejemplos de ello.
Paseando por el barrio de La Judería.
En la actualidad Tarazona es una ciudad cuya economía se basa en la industria, aunque son numerosos los turistas que se acercan a conocer sus estrechas calles repletas de historia.
Nosotros llegamos sobre la una del mediodía, y aparcamos en las proximidades de la Plaza San Francisco, donde se encuentra la Oficina de Turismo. Allí nos entregan un detallado mapa y nos sugieren una ruta para visitar la ciudad en lo que nos queda de día. 
Ruta realizada, aproximadamente, por Tarazona. El punto de partida es el nº1.
En primer lugar paseamos por el Paseo de la Constitución, a orillas del Río Queiles, con la fantástica estampa de la parte alta de la ciudad de fondo. Buena presentación de la ciudad, sí señor. 
El río Queiles a su paso por Tarazona.
Echamos un breve vistazo a la Ermita de la Virgen del Río y entramos a la Plaza de Toros Vieja. Quizá sea la edificación más curiosa de la ciudad. Su construcción se inició en 1790, desconociéndose el arquitecto que llevó a cabo su diseño. De planta octogonal, el espacio central está rodeado de 32 viviendas que, a día de hoy, todavía conservan su función; en la parte central se celebrar conciertos y otros eventos. La plaza se restauró en 1998, y fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 2001.
Tras las fotos de rigor, hacemos una pequeña parada para comer.
Una de las entradas a la Plaza de Toros Vieja.

Interior de la plaza.

Con energías renovadas nos disponemos a descubrir el resto de la ciudad. Caminamos hasta la plaza donde se sitúa el Ayuntamiento, construido entre los años 1557 y 1563. Inicialmente su función era la de ser la Lonja, utilizándose como casa consistorial desde mediados del siglo XVII. El edificio, imponente, tiene en su planta superior una galería de arcos con una decoración profusa. El resto de tallas de la fachada, también muy detallada, representan la marcha de Carlos V tras su coronación, así como figuras alegóricas de la Sabiduría o la Justicia, entre otras. 
Impresionante la fachada del Ayuntamiento de Tarazona.

Repleta de detalles.

Tirando de zoom.
Merece la pena detenerse durante un buen rato a contemplar el Ayuntamiento, digno de reseña. En la misma plaza podemos ver un monumento al Cipotegato y una placa de recuerdo a Gustavo Adolfo Bécquer.
Monumento al famoso Cipotegato.

Gustavo Adolfo Bécquer vivió en la zona durante aproximadamente un año, y así se le recuerda.
Recorremos las estrechas calles del barrio de la Judería, en las que destacan las impresionantes Casas Colgadas, donde residían familias de la nobleza en la época medieval.
Una de las estrechas y sinuosas calles de la Judería.

Las Casas Colgadas de Tarazona.
Siguiendo por la zona alta de la ciudad llegamos hasta la zona donde se situaban las murallas, de las que todavía se conservan pequeños tramos e incluso una puerta. Entrando por dicha puerta, y callejeando un poco llegamos al Mirador de San Prudencio, desde el que tenemos una espectacular vista de la Plaza de Toros Vieja y la Catedral.
Vistas desde el mirador.
Descendemos de nuevo a la orilla del Queiles, el cual cruzamos para llegar a la Catedral de Santa María de la Huerta. De estilo gótico temprano, destaca por su esbelta nave central y su luminosidad, debido a sus amplios ventanales.
Con el paso del tiempo, nuevos estilos arquitectónicos se plasmaron en la catedral. Así, podemos observar detalles mudéjares, renacentistas y barrocos.
Las capillas de la catedral, cuya apertura se inició en el siglo XIV, poseen retablos de gran importancia, como el de la Capilla Mayor. Asimismo, la sillería del coro, es también relevante.
Pagamos la entrada (4€ por persona) y visitamos la catedral tranquilamente, intentando empaparnos de todos los detalles.
Vista de la catedral.

Esbeltas formas en el interior.

Magnífico púlpito.

La catedral es muy luminosa debido a sus amplios ventanales, como este, magistralmente pintado.

En la parte posterior del altar encontramos muchas más obras de arte.
Una vez finalizada la visita decidimos poner punto y final a nuestra estancia en Tarazona y regresar a casa.
Ha sido apenas un día de acercamiento a esta comarca, que nos ha parecido muy interesante y nos ha dejado ganas de más. Así que, evidentemente, ¡volveremos!
¡Nos vemos!

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