Viajar a Ibiza en abril: la versión más amable de la isla

abril 29, 2018

Habitualmente, cuando uno piensa en viajar a Ibiza, le vienen a la mente largas noches de discotecas, playas abarrotadas y ambientes selectos. Sin embargo, fuera de la temporada alta esta pequeña isla del mediterráneo nos muestra su versión más amable; la que disfrutaremos con pausa, recreándonos en los matices azules de sus aguas, la tranquilidad de sus calles y la belleza de sus impecables atardeceres. ¿Viajar a Ibiza en abril? Para nosotros, un éxito asegurado. Enseguida os contamos por qué.
Ibiza es la tercera isla más grande de las Baleares, con unos 570 km2 de extensión, lo que implica que es una isla muy manejable y que las distancias son cortas. Sin embargo, dispone de 210 km de costas, en las que podemos encontrar numerosas playas y calas de belleza extraordinaria.
El Dalt Vila, de Eivissa, visto desde su parte inferior.
El turismo es, desde la década de los 70, el principal motor económico de la isla. Miles de personas procedentes de todo el planeta se acercan a este rincón del Mediterráneo en busca de sol, playas y una ajetreada vida nocturna. No en vano, en Ibiza se encuentran numerosas discotecas mundialmente conocidas. La diversión está, sin duda, asegurada. El contrapunto, quizá, es que la isla puede parecer algo “abarrotada” en temporada alta, con precios más elevados y pocos lugares en los que hallar un momento de tranquilidad.
Sin embargo, la isla tiene mucho más que ofrecer. Fuera de temporada alta, Ibiza nos muestra su cara más amable, en la que podemos disfrutar igualmente de la belleza de sus calas de aguas límpidas, probar su gastronomía, pasear plácidamente por sus calles y descubrir algunos de sus rincones más genuinos.
Estuvimos tres días en Ibiza a finales de abril, y nos pareció una isla encantadora. ¿Nos acompañas a descubrirla?
El bullit de peix, uno de los platos típicos de la gastronomía ibicenca.

DATOS PRÁCTICOS

¿Dónde alojarse?
La cantidad y variedad de alojamientos en la isla es tremenda. Tendremos desde modestos guesthouses  a impresionantes hoteles de lujo. Basta con echar un vistazo por internet y decidir en función de nuestro deseo y bolsillo. La zona de Ibiza/Eivissa es más bulliciosa y está más próxima a las grandes discotecas, por lo que será la ideal para quien quiera disfrutar de la vida nocturna. Más al norte, de Santa Eulalia del Río hacia arriba, encontraremos lugares más tranquilos, perfectos para unas vacaciones sosegadas. La zona de San Antonio de Portimany es un poquito mezcla de ambas.
¿Cómo moverse?
Para poder disfrutar de la isla al 100% va a ser necesario moverse mucho para descubrir sus múltiples calas y pueblecitos, alejados de vías principales. En el aeropuerto y las principales ciudades existen numerosas agencias de alquiler de coches. Recomendamos uno pequeñito para poder moverse (y aparcar) con mayor facilidad. En verano, mucha gente opta por las motos; puede ser una opción interesante.
Nuestra ruta. Imprescindible coche o moto para recorrer todos sus rincones.
¿Qué tal de precio?
Como todos los lugares muy turísticos, los precios están algo inflados. Sin embargo, buscando un poco, podremos encontrar lugares donde tomar algo o comer a un precio adecuado. En temporada alta los precios, sobre todo del alojamiento, se disparan. ¡Otra ventaja para conocer la isla en abril!
¿Qué ver?
Evidentemente, las calas de aguas turquesa son uno de los principales atractivos de Ibiza. Sin embargo, podemos hacer una visita algo más cultural, o, simplemente, disfrutar de la vida sosegada de los pueblos de interior. 
Un rincón del Dalt Vila.
Aunque tres días no da, evidentemente, para conocerlo todo, nuestros imprescindibles son:
-    Pasear por las calles de Dalt Vila, en Ibiza.
-    Buscar alguna cala recóndita donde bañarnos (prácticamente) en soledad. Algunas de las que más nos gustaron fueron la de Punta Galera, Cala Mastella y la Playa Comte.
-    Probar su gastronomía, basada en productos del mar: el bullit de peix y arroz a banda son una auténtica delicia; de postre no debemos perdernos el flaó. En cualquier momento, para picar, un pan con alioli y olivas nos sentará de maravilla.
-    Visitar algún mercadillo: el más famoso es el de las Dalias (todos los sábados a partir de las 10:00 h en la localidad de San Carlos), un mercadillo hippy en el que comprar algo de ropa o bisutería. Para nosotros demasiado turístico y poco auténtico, pero hay que verlo.
-    Contemplar el atardecer: existen muchos lugares que se disputan el título de “mejor atardecer de Ibiza”. Uno bellísimo, pero también curioso, por la cantidad de gente que se concentra y por la fiesta de los tambores (los domingos), es el de Benirràs.
Para picar a cualquier hora: pan con alioli y olivas. ¡Delicioso!
La fiesta de los tambores, los domingos en Benirràs. Curiosa e interesante.

3 DÍAS EN IBIZA. NUESTRA EXPERIENCIA

Tenemos un puente cortito (de viernes a lunes) para planear una escapada. Ha pasado ya este mes de lluvias constantes y dan bueno, así que optamos por Ibiza. No conocemos la isla, pero tenemos muy buenas referencias y sabemos que no habrá demasiada gente. Perfecto, lo que nos gusta.
Llegamos al aeropuerto de Ibiza sobre las 23:00 horas y, a la salida encontramos enseguida la parada de autobús. La línea L10 (3,5€) nos lleva al centro de Ibiza, donde nos alojamos esta noche.
* Habíamos pensado en alquilar coche ya en el aeropuerto. Sin embargo, según ponía en internet, a la hora que llegábamos nos cobraban un extra de 40-60€ por recogerlo a esas horas. Dado que aparcar en Ibiza es una misión casi imposible, decidimos que era mejor alquilar el coche tras haber visitado dicha ciudad.
Dormimos en La Bartola Guesthouse, modesto (y barato), aunque bien situado. Enseguida nos dormimos, que mañana tocará descubrir la isla.

Nos levantamos temprano, con la intención de exprimir el día al máximo.
En primer lugar decidimos ascender por las estrechas y sinuosas calles del Dalt Vila, la parte alta de la ciudad. Desde la parte superior se tienen unas vistas fastuosas del puerto e, incluso, en días despejados, de la isla de Formentera. Al descender salimos de la ciudad antigua por el impresionante Portal de Ses Taules, la puerta principal, flanqueada por dos estatuas romanas. 
Entramos a la ciudad antigua, el Dalt Vila.

Caminando con las luces de la mañana.

Puerta con interesantes detalles.

Magnífica vista del puerto desde lo alto de la ciudad.

Salimos de la ciudad antigua a través del Portal de Ses Taules.
Aprovechamos nuestra visita a la isla para quedar con unos amigos a tomar algo (¡gracias por los consejos!); lo hacemos en la zona del puerto, con unas bellas vistas de la zona de Dalt Vila. 
Desayunamos con vistas.
Tras ello, recogemos nuestro coche de alquiler, con el que tendremos absoluta libertad y facilidad para movernos por la isla.
La primera parada es en la Playa de Ses Salines; aparcamos algo lejos puesto que el aparcamiento habilitado es de pago (y no pensamos pagar los 6€…). Se trata de una amplia lengua de arena en la que hay dos chiringuitos, con bastante gente para ser esta época del año. El día está  gris, por lo que no invita al baño. Vemos a lo lejos, a nuestra izquierda una torre. Decidimos ir caminando hasta allí, bordeando la costa, para descubrir el paisaje en su totalidad. De camino vemos una curiosa piedra tallada, que emerge de las aguas y llama poderosamente nuestra atención.
Tardamos unos 45 minutos en llegar a la Torre de Ses Portes, el extremo sur de la isla de Ibiza. La antigua torre de defensa, construida en el siglo XVI, tiene una localización privilegiada y unas vistas magníficas.
Curiosa piedra tallada.

Llegando a la Torre de Ses Portes.
Regresamos por el mismo camino y tomamos de nuevo el coche para ir a la Playa de Es Cavallet, situada muy cerca de allí. Se trata de una playa nudista, aunque en esta época del año (y con el día nublado de hoy) se encuentra totalmente desértica.
Nos encontramos en una zona de salinas, lo que da nombre a la playa visitada.
Tras la visita a las playas ponemos rumbo al norte, a la ciudad de Santa Eulalia del Río, donde nos alojaremos las dos siguientes noches. Lo hacemos en los Apartamentos Ebusus, una buena opción a precio adecuado. Además, nos ofrecen un parking (pagando un suplemento), opción que aceptamos gustosamente puesto que aparcar en la ciudad es misión totalmente imposible.
Dejamos las mochilas en el apartamento y nos acercamos al Mercado de Las Dalias, ya que hoy es sábado, el día en que abre. Dicho mercado, cuyo origen data de 1985, es el mercadillo hippy por antonomasia de Ibiza. En él podemos encontrar artesanías, ropa, bisutería… Sin embargo, nos da la impresión de que es un lugar muy poco genuino y demasiado turístico. Los precios son, en general, caros, e incluso hay que pagar para aparcar (nosotros llegamos ya a última hora y no tuvimos que pagar nada).
Echando un vistazo en el Mercado de Las Dalias.
Con las últimas luces del día nos acercamos al pueblo de San Carlos, donde se halla el popular bar Can n’Anneta (Bar Anita), que antaño fue el punto de encuentro hippy de la isla. Imprescindible acercarse a probar su celebérrimo licor de hierbas; el pan con alioli y olivas que pedimos fue el que más nos gustó de toda la isla.
Ya de noche, regresamos a los apartamentos, cenamos algo y nos vamos a dormir.

La previsión meteorológica para hoy es muy buena, sol y temperatura agradable, así que hoy aprovecharemos para recorrer varias calas y, si nos atrevemos, nos daremos un chapuzón.
Para comenzar nos dirigimos al este, hasta llegar a la hermosa Cala de Mastella. Es primera hora de la mañana y estamos absolutamente solos. La cala, pequeña, no ha sido limpiada todavía y en su arena encontramos gran cantidad de algas acumuladas. Sin embargo, su situación es preciosa. Nos percatamos de que desde su parte izquierda parte un senderito que nos lleva a un rincón más escondido, en el que hay un restaurante y casitas de pescadores. Un rincón idílico, de aguas turquesas. Directa a nuestro top de calas en Ibiza.
La cala para nosotros solitos.
Aguas transparentes, de tonalidades hermosas.
La segunda parada es la Playa de Aigües Blanques, otra de las playas nudistas de Ibiza, famosa por los baños de barro que nos podemos dar allí. El sol brilla con fuerza hoy, y algunos valientes se dan un baño en sus aguas. Al fondo vemos la isla de Tagomago, que añade su punto de belleza al lugar.
Saludando desde la Playa de Aigües Blanques.
Proseguimos la ruta hacia el norte, hasta la Cala de Sant Vicent. Urbanizada, con una línea de hoteles y restaurantes, la lámina de arenas doradas invita al baño en esta mañana de abril. Algunos no lo dudan. Nosotros nos sentamos un buen rato a contemplar sus aguas tranquilas, y aprovechamos para comer algo. También reservamos, aconsejados por nuestros amigos, para comer (al día siguiente) en el restaurante Can Gat, situado a pie de playa.
La Cala de Sant Vicent, casi vacía.
Tomamos de nuevo el coche hacia el interior de la isla, hasta la localidad de San Juan de Labritja, con sus características casas blancas encaladas. Allí, como todos los domingos, se celebra un mercadillo hippy. Música en directo, pintura de un coche en directo y gente variopinta. Curioso, cuando menos. 
El mercadillo está abarrotado de gente.

Música en directo.
Desde allí, en un breve trayecto de coche, llegamos a Portinatx. Como hace buen día hay bastante gente tomando el sol y bañándose en la Cala Portinatx. Nosotros, sin embargo, aparcamos el coche y nos acercamos caminando a Punta Galera (un paseo de unos 10 minutos). Allí hay una pequeña cala en la que estamos prácticamente solos. El sol aprieta, así que nos atrevemos con un baño. El agua está muy fresquita, pero limpia y bonita como no habíamos visto en mucho tiempo. Precioso.
Cerca de allí hay un faro, el faro de Moscarter, al que se puede ir caminando por un sendero de 1,2 km. La excursión tiene pinta de ser bonita, pero la dejamos para otra ocasión.
Llegando a Punta Galera, tenemos la playa para nosotros solos.

Una bonita opción puede ser ir caminando hacia el faro. Nosotros lo dejamos para otra ocasión.
Aún visitamos dos calas más (Cala de s’Illot des Rencli y Cala Xarraca) antes de dirigirnos a nuestro siguiente destino: Santa Gertrudis. Se trata de una localidad articulada en torno a dos grandes plazas, donde paramos a tomar algo. La tarde, agradable, invita al paseo sosegado, disfrutando de cada detalle.
Cala Xarraca, vista desde lo alto.

Tarde agradable en Santa Gertrudis. Aprovechamos para tomar algo.
Hacemos una breve parada en San Miguel de Balansat antes de llegar a nuestro último destino del día: la Playa de Benirràs. Es domingo y podremos disfrutar del espectáculo de los tambores, así que vamos temprano en previsión de que pueda haber mucha gente.
Efectivamente, no nos equivocamos. Centenares de coches aparcados a ambos lados de la carretera, y varios aparcamientos casi llenos del todo…¡y eso que quedan casi dos horas para el atardecer!
Dejamos el coche y caminamos un poco hasta llegar a la playa, abarrotada de gente. ¡Qué diferencia con las calas que habíamos visto por la mañana! El ambiente, desde luego, es interesante. Un par de chiringuitos muy cool llenos de gente muy arreglada, mientras que al fondo de la playa se escucha el tronar de los tambores.
Nos acercamos. Decenas de personas, de todas las razas y edades, hacen sonar sus tambores acompasadamente, como por arte de magia. Nos detenemos un buen rato a contemplar el espectáculo. Viejos hippys, niños que corretean desnudos y algún turista que se anima a unirse a la fiesta. Toda una experiencia.
Tras un rato observándolo, decidimos extender nuestras toallas en primera línea para poder disfrutar del atardecer. Sin duda, la playa tiene un atardecer bellísimo, y el día acompaña. Las fotos son muestra de ello.
La fiesta de los tambores en todo su esplendor.

Bonito atardecer en la Playa de Benirràs.
Multitud de personas se acercan a la playa para ver atardecer.
Una vez se pone el sol, decidimos salir rápidamente para evitar el atasco a la vuelta; sin embargo, mucha gente ha pensado lo mismo y tenemos dificultades para conducir el coche entre los estrechos espacios que ha dejado la gente. No nos extraña que la gente ralle sus coches, ¡parece inevitable!
Ya de noche, regresamos a Santa Eulalia, donde damos un pequeño paseo por su puerto marítimo, tranquilo a estas horas.

Otro día que toca madrugar, puesto que es nuestra última mañana en Ibiza. ¡Habrá que aprovecharla!
Nos dirigimos hacia el este, hasta llegar a Playa Comte. Al llegar temprano, estamos prácticamente solos en la playa. Hace un poco de viento y algo de fresquito, así que no nos podemos bañar. Sin embargo, el paisaje es precioso, con varias islas al fondo y unas aguas azul turquesa increíbles; por ese motivo, no podemos parar de tomar fotografías. ¡Una playa encantadora!
Así nos recibe Playa Comte.

Paisaje hermosísimo.

Azules.
Tras algo más de una hora por allí, nos dirigimos a la cercana Cala Bassa. Se trata de una bonita lengua de arena bastante más turística, llena de tumbonas y con bares y restaurante. No nos gusta tanto como la anterior, así que nos vamos pronto.
Cala Bassa, mucho menos salvaje que la anterior.
Aprovechando que estamos cerca, nos acercamos a San Antonio  de Portimany, otra de las ciudades principales de la isla. Recorremos brevemente el paseo marítimo, tranquilo a estas horas a diferencia de su ambiente nocturno.
Decenas de embarcaciones esperan, pacientes, que llegue el verano.
Por último, y antes de recoger nuestras mochilas en el apartamento, nos acercamos al Puig de Missa de Santa Eulalia. Allí vemos la iglesia pero, sobre todo, disfrutamos de las amplias vistas que hay desde lo alto.
Esencia mediterránea.

Amplias vistas desde lo alto del Puig de Missa.
Ya sólo nos queda devolver el coche de alquiler y tomar el avión de vuelta a casa, aunque no nos apetece demasiado…
En resumen, una visita a Ibiza de 3 o 4 días en abril, aunque no permite explorarla a fondo, es una opción perfecta para descubrirla, con tranquilidad, viendo su cara más amable. Nosotros tenemos claro que volveremos. 
Disfrutando de la tranquilidad del Dalt Vila.

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