Chicago en dos días: la verdadera ciudad de los rascacielos

julio 01, 2018

Sí, teníamos muy buenas referencias de Chicago. Una impresionante ciudad repleta de interesantes edificios, buena gastronomía, arte y entretenimiento. Una urbe norteamericana con ambiente europeo; la fría ciudad del viento que nos recibió con sol y temperaturas tórridas. ¿Qué ver en Chicago en 2 días? Os lo contamos en las siguientes líneas.
La ciudad de Chicago, con más de 2,5 millones de habitantes, es la tercera más poblada de los Estados Unidos. Se encuentra en el estado de Illinois, a orillas del Lago Michigan. Debido a su localización geográfica, presenta un clima continental caracterizado por veranos calurosos e inviernos extremadamente fríos, con temperaturas que descienden claramente de los -10ºC y abundantes nevadas. Las precipitaciones, fundamentalmente en primavera y otoño, son frecuentes y acompañadas habitualmente de viento. Por todo ello, la mejor época para viajar a esta ciudad suele ser entre abril y octubre.
Preciosos rascacielos en el centro de la ciudad.
Chicago fue fundada en el año 1833, y tuvo un rápido crecimiento a mediados del siglo XIX, debido a la llegada del ferrocarril y el Canal de Illinois y Michigan. Sin embargo, esta ciudad próspera fue destruida en su práctica totalidad en el gran incendio de 1871, originado en el distrito maderero y que calcinó casi todo el centro de Chicago.
A pesar de tamaño desastre, Chicago y sus gentes supieron reponerse y lograron reconstruir la ciudad de la mano de arquitectos de fama internacional. Así, el Home Insurance Building, finalizado en el año 1885, es considerado por muchos como el primer rascacielos de acero del mundo (42 metros de altura). Posteriormente, en las décadas de 1920-1930, se construyeron numerosos edificios de gran altura; aunque fue a partir de los 60 en que el boom urbanístico se disparó. Así, la Torre Willis (442 metros, 527 si contamos la antena) fue el edificio más alto del mundo desde su construcción en 1974 hasta 1998.
En la actualidad Chicago es una ciudad cosmopolita y abierta, con incontables atractivos que la hacen ser un destino turístico de primer orden. Los intentamos desgranar en el siguiente apartado. 
Paseando en bicicleta por el Parque Grant.

¿QUÉ VER EN CHICAGO?

Como podéis suponer, una ciudad tan importante como Chicago ofrece una cantidad ingente de parques, paseos, museos, restaurantes y actividades de todo tipo. Para quien quiera exprimir la ciudad al máximo, existe el Chicago City Pass, que permite la entrada a numerosos puntos de interés (museos, etc…) ahorrando dinero con respecto a las entradas individuales. En nuestro caso, dado que no disponíamos más que de dos días para conocer la ciudad, no nos pareció la mejor opción.
Creemos que dos días, tal y como hicimos nosotros, no son suficientes para conocer la ciudad. Puede valer para una aproximación somera, pero nos queda esa impresión de que tendríamos que haberla conocido un poquito más. Así que ya tenemos la excusa, ¡habrá que volver a Chicago!
Aunque la lista de lugares a visitar es prácticamente interminable, vamos a intentar comentar brevemente los más destacados:
- Millenium Park: se trata de un parque de unas 10 hectáreas situado en pleno corazón de Chicago; más que un parque se podría considerar como una exposición al aire libre. En él destacan, por encima de todo, el Pabellón de Conciertos Jay Pritzker (diseñado por Frank Gehry), la Crown Fountain y la escultura Cloud Gate, conocida popularmente como “The Bean” (la alubia) y mundialmente conocida. Esta última, construida entre los años 2004 y 2006, y con un peso de 98 toneladas, es uno de los emblemas de la ciudad.
La Cloud Gate, conocida popularmente como The Bean. El auténtico emblema de Chicago.
- Torre Willis: esta torre, anteriormente conocida como Torre Sears, fue durante 20 años el edificio más alto del mundo merced a sus 442 metros de altura. Se trata de uno de los lugares más visitados de la ciudad, puesto que es posible ascender al impresionante Skydeck, un vertiginoso mirador de cristal situado en la planta 103 desde el cual se contempla toda la ciudad. La entrada cuesta 24$ y se puede comprar por internet aquí; también se puede comprar en taquilla pero suele haber algo de cola.
- Navy Pier: este antiguo muelle, construido en el año 1916, es la atracción turística más visitada de toda la ciudad. Además de numerosos restaurantes y bares, la noria, el carrusel y el Children’s Museum llaman la atención de los más pequeños. Una pista de patinaje sobre hielo,  el jardín botánico y el Teatro Shakespeare son otros de los atractivos del muelle.
El Navy Pier es perfecto para pasear con los peques.
- Magnificent Mile: este tramo de la Michigan Avenue es una de las principales arterias de la ciudad. De paso obligado para el viajero, el cual se sentirá pequeño ante los altos rascacielos que la conforman mientras camina admirando las lujosas tiendas, hoteles y restaurantes que la llenan de vida. No en vano, en esta calle se encuentran los mejores establecimientos de toda la ciudad.
- Grant Park: otro de los grandes parques de la ciudad. Además de jardines tiene amplias avenidas y lugares para la práctica deportiva. De entre los diferentes atractivos del parque cabe destacar, sin lugar a dudas, el Instituto de Arte de Chicago, la Fuente de Buckingham y el Museum Campus, donde se encuentra el Acuario y varios museos.
- Planetario Adler: situado en el extremo sur de Grants Park, fue el primer planetario del continente americano, inaugurado en 1930. Las entradas cuestan a partir de 12$ y permiten visitar el museo y las exposiciones. Desde los exteriores del planetario se tiene una preciosa vista del skyline de Chicago, por lo que acercarse hasta este lugar es prácticamente obligado para cualquier viajero.
Espectacular skyline de Chicago.
- Chicago Riverwalk: en pleno centro de la ciudad, rodeado de gigantescos edificios, encontramos un paseo perfectamente acondicionado a orillas del Río Chicago. Perfecto para caminar con la brisa de la tarde, hacer algo de deporte o, simplemente, sentarse a tomar una cerveza. Una de las zonas más modernas e interesantes de la ciudad.
- The Loop: así es como se conoce al centro financiero de la ciudad. Un enjambre de rascacielos, bancos y grandes empresas en la zona más bulliciosa de la ciudad.
Detalle de los magníficos edificios.
- Lincoln Park: el parque público más grande de toda la ciudad, se encuentra en su parte norte. Inaugurado en 1843, cuenta con numerosas canchas para practicar deportes (voleibol, béisbol, etc…) y en su interior hay un gran zoo.
- Lakefront Trail: se trata de un “camino” de 29 kilómetros que recorre Chicago de norte a sur a orillas del Lago Michigan. Pensado para caminar, ir en bicicleta o patines, conecta los principales parques y playas de la ciudad. Perfecto para movernos en las bicicletas Divvy entre los diversos lugares de interés de Chicago.
- Museos: Chicago posee una amplia variedad de museos. Resulta imposible detallar todos y cada uno de ellos, aunque algunos de los que destacan son el Instituto de Arte de Chicago, el Museo Field de Historia Natural, el Acuario Shedd, el Museo de Ciencia e Industria, el Museo de los Niños y el Planetario Adler.
- Arquitectura: nos encontramos, sin lugar a duda, en una de las mecas mundiales de la arquitectura. Tras el gran incendio de 1871, la ciudad fue reconstruida por arquitectos de talla internacional. Pasear por el centro de la ciudad nos permitirá reconocer algunos de sus rascacielos más famosos: Willis Tower, John Hancock Center, Trump International Hotel and Tower,  Tribune Tower, Old Chicago Water Tower… Existen rutas por los canales de Chicago en barco, especializadas en explicar la arquitectura de esta impresionante ciudad. Nosotros hicimos uno y nos encantó.
Chicago: arquitectura en su máxima expresión.

 ¿CÓMO MOVERSE POR CHICAGO?

Tengamos claro que estamos en una ciudad norteamericana, de una extensión enorme. Sin embargo, los lugares visitables en Chicago están relativamente cerca. Aunque cuenta con una buena red de metro y autobús público, nuestra opción ideal es la bicicleta (siempre y cuando la climatología acompañe). Existen bastantes zonas con carril bici y no nos pareció demasiado complicado movernos de esta manera por la ciudad.
En Chicago tienen un excelente servicio de bicicletas públicas, conocidas como Divvy. Por 3$ el trayecto, o 15$ por día podemos utilizar estas cómodas bicicletas. Basta con acercarse a uno de los múltiples aparcamientos de bicicletas y pagar con la tarjeta de crédito; tras ello nos darán un código que tendremos que teclear para desbloquear nuestra bicicleta. La red de bicicletas es muy amplia y nos permite aproximarnos a todos los lugares de interés. Como único punto negativo, los aparcamientos de bicicletas en ocasiones no son muy visibles y nos costará encontrarlos. Recomendable descargar la aplicación para el móvil o consultar el mapa en la web de Divvy (en este enlace encontraréis toda la información sobre este servicio de alquiler de bicicletas).
Nosotros también usamos en un par de ocasiones el metro. Buenas conexiones, buenas frecuencias y todo perfectamente indicado. Ideal para grandes distancias.
Lo pone en el texto: la bici nos parece la mejor opción para descubrir Chicago.

 NUESTROS DOS DÍAS EN CHICAGO




Llegamos pronto por la mañana al aeropuerto Chicago O’Hare y tomamos la línea azul de metro con transbordo en la roja, tras lo cual nos encontramos a tan solo 10 minutos de nuestro alojamiento, el Chicago Getaway Hostel. El billete nos cuesta 5$ por persona.
Dejamos nuestras pesadas mochilas, nos damos una ducha rápida y nos acercamos caminando hasta el Lincoln Park, atravesando un barrio universitario lleno de vida.
El Lincoln Park nos parece, en un primer momento, algo insulso. Zonas verdes sin más, “soso” es la palabra adecuada. Sin embargo, cuando llegamos a las orillas del Lago Michigan la cosa cambia sustancialmente. Nos encontramos ante un lago inmenso, en cuya orilla decenas de personas aprovechan el día soleado para tomar el sol, practicar deporte o, simplemente, pasear. Algunos, incluso, se dan un baño para refrescarse. De fondo, el magnífico skyline de Chicago. ¡Ahora sí que nos gusta esto!
Los lugareños (y turistas) aprovechan al máximo este día caluroso y soleado en Chicago.
Nos acercamos a una estación de bicicletas Divvy, y contratamos el servicio para 24 horas. Ya montados en nuestras flamantes bicicletas, nos dirigimos hacia el sur en busca del centro de la ciudad. El recorrido, por el paseo del Lakefront Trail, es muy cómodo y entretenido.
El servicio de bicicletas Divvy es cómodo y sencillo de usar.
Paseando por el Lakefront Trail, de camino al centro.
Ya en el centro de la ciudad decidimos realizar un recorrido en barco por el Río Chicago, que atraviesa la ciudad. Optamos por realizar un tour arquitectónico, en el que explican la historia y características de las edificaciones más emblemáticas de Chicago. El paseo en barca, bajo un sol de justicia, dura 75 minutos y cuesta 41$ por persona. Existen varias compañías que lo realizan, nosotros elegimos la Shoreline Sightseeing y nos pareció sumamente interesante. Una introducción perfecta a la ciudad.
Navegando entre impresionantes edificios.
El más alto, sin duda: la Torre Willis.
Grandes moles de acero y cristal.
Una vez finalizado el paseo en barco, caminamos hasta el cercano Navy Pier, uno de los lugares más animados de Chicago. En él hay decenas de bares, restaurantes, cines, teatros… Aprovechamos para comer algo y descansar, puesto que el largo viaje y el jetlag han hecho mella en nuestros cuerpos. 
Disfrutando del Navy Pier.
Con energías renovadas seguimos el recorrido por Chicago. Nos apetece, simplemente, pasear bajo las inmensas moles de acero y cristal, cuyas formas geométricas parecen una verdadera exposición de arte al aire libre. Con las luces del atardecer el espectáculo es más bello si cabe.
Evidentemente, tomamos decenas de fotos. Uno de los rincones que más nos gusta para fotografiar los edificios es el puente que atraviesa el río por Michigan Avenue (el DuSable Bridge), justo debajo de la Torre Trump.
Continuamos el paseo a pie.
Algunos edificios son realmente bonitos.
Cruzamos por el DuSable Bridge, con estas magníficas vistas.
Los edificios adquieren unas tonalidades preciosas con las luces del atardecer.
Desde allí caminamos por la Magnificent Mile, en dirección norte, deteniéndonos en los escaparates de tiendas carísimas y ojeando la entrada de los lujosos hoteles y restaurantes.
Regresamos a la orilla del Lago Michigan para coger de nuevo una bicicleta y regresar a nuestro barrio. Allí encontramos un pequeño restaurante japonés, justo al lado del alojamiento, muy agradable y con buenos precios. ¡Nos gusta el ambiente de este barrio!
Queda claro dónde nos encontramos.
De regreso a casa, a orillas del Lago Michigan.

 …
Son poco más de las 06:00 cuando suena el despertador. Tras un desayuno típico, con gofres y cereales de mil colores, salimos a recorrer la ciudad.
Pronto tomamos una bicicleta de Divvy y recorremos el Lakefront Trail en dirección sur hasta llegar al Millenium Park. En primer lugar vemos la Crown Fountain, una peculiar fuente formada por dos pantallas gigantes desde las que sale el agua. Resulta curioso y divertido ver las imágenes; algunos aprovechan para refrescarse en la fuente puesto que el sol aprieta desde primera hora de la mañana.
¡Cómo mola!
Desde allí caminamos, paseando por el interior del parque, hasta la imagen más famosa de Chicago: la Cloud Gate. Esta escultura metálica, con forma de haba, está a todas horas abarrotada de turistas, por lo que madrugar es una buena opción. A pesar de llegar más bien temprano, decenas de personas intentan tomarse (como nosotros) una fotografía con la escultura. Tras probar desde múltiples ángulos, conseguimos la fotografía que nos gusta, así que nos damos por satisfechos.
Después de incontables intentos, podemos tomar una foto sin (demasiada) gente detrás.
Muy próximo al Millenium Park, en Jackson Boulevard, se encuentra el cartel que indica el inicio de la popularísima Ruta 66. Dado que nuestro viaje consiste, precisamente, en atravesar EEUU recorriendo dicha carretera, no podíamos dejar de visitar este lugar.
Aquí empieza nuestra aventura.
Chicago es el inicio (o final) de la Ruta 66.
La siguiente parada es el Parque Grant, otro de los pulmones de la ciudad. Lo recorremos durante un rato en bicicleta hasta que llegamos a la Buckingham Fountain, una fuente enorme y bonita, muy fotogénica. 
La cámara, apoyada en la bici, ha quedado un pelín inclinada. No se nota, ¿verdad? ;)
Buckingham Fountain, en el Parque Grant.
Continuamos la ruta, también en bicicleta, hacia el Planetario Adler, en el extremo sur del Parque Grant. Allí nos recibe una estatua de Nicolás Copérnico. Aunque no entramos al planetario por falta de tiempo (¡pero volveremos en otro viaje, seguro!), merece la pena acercarse hasta el lugar aunque sea sólo por contemplar la preciosa estampa del skyline de Chicago desde allí. En primer plano tenemos las aguas del Lago Michigan y al fondo somos capaces de distinguir algunos de los edificios más relevantes de la ciudad, entre los que destaca, por su altura, la esbelta Torre Willis.
Aquí, con mi amigo Nicolás Copérnico.
- ¿Os molan nuestras vistas?  - Yeeeeahhhhh
Precisamente ese es nuestro siguiente destino. Habíamos comprado las entradas previamente por internet (24$), por lo que nos ahorramos la fila para comprarlas y accedemos rápidamente al edificio. Tomamos el ascensor que, con una velocidad vertiginosa, asciende los 103 pisos que nos separan del mirador.
Una vez llegamos a la parte superior, comienza el espectáculo. En todas las direcciones las vistas son inmensas, el día soleado acompaña. El inmenso Lago Michigan ocupa toda la parte este, más allá del Millenium Park. En el resto de direcciones, una auténtica maraña de edificios de acero y cristal, que se yerguen hacia el cielo creando formas geométricas. Sobrecogedor.
Si os fijáis bien, en el extremo superior hay unos cubículos que sobresalen hacia el vacío. Más de 400 metros...
Fastuosas vistas hacia el nordeste.
Grandes y pequeños, a la vez.
Pero el momento que más va a disparar nuestra adrenalina está todavía por llegar. Nos queda asomarnos a uno de los cuatro cubículos de cristal que penden al vacío desde la propia torre, dejando bajo nuestros pies más de 400 metros de caída. Aunque sabemos que el cristal es muy grueso y seguro, la sensación vertiginosa es inevitable. 
Sonrisa nerviosa.
Justo a la salida de la torre encontramos un pequeño parque con unas sillas/hamacas donde poder reposar un rato, antes de proseguir la ruta.
El día está siendo largo, echemos una siesta.
Muy cerca de allí se encuentra el bar Lou Mitchell’s, un lugar emblemático de la Ruta 66 donde tomar un abundante desayuno. Por desgracia, cuando llegamos el bar ya está cerrado (son más de las cuatro de la tarde…).
Picoteamos algo en otro bar cercano y decidimos acercarnos al centro financiero, The Loop, para callejear, sin destino predeterminado, entre los edificios de bancos y grandes empresas.
Desde allí caminamos por la zona conocida como Riverwalk, donde centenares de personas pasean, hacen deporte o, simplemente, se sientan a contemplar cómo el sol desciende en el horizonte coloreando los edificios de tonalidades rojizas. Nosotros decidimos unirnos al espectáculo y nos sentamos un rato a presenciar la entretenida vida de esta zona de Chicago. 
Ese gigantesco "cervatillo" nos contempla mientras caminamos por el Riverwalk.
Sentados con una cerveza y estas vistas. ¡Planazo!
Cuando comienza a anochecer decidimos regresar a nuestro alojamiento; esta noche tenemos que dormir bien que mañana empieza la aventura, ¡mañana empezamos la Ruta 66!
Pero eso, claro, lo contaremos en la próxima entrada en el blog ;)
¡Estad atentos!
Con esta magnífica panorámica nos despedimos de Chicago.
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