Ruta 66, día 1: Chicago (Illinois) - Fairmont City (Illinois), 505 km

julio 05, 2018


¡Comenzamos la aventura, comenzamos la Ruta 66!
Ya hemos comentado anteriormente que, en la actualidad, es imposible recorrer la Ruta 66 original en toda su extensión. En muchos tramos la carretera se ha sustituido por la interestatal, o está totalmente abandonada.
Nosotros nos movimos con la aplicación Sygic, ayudados también por Google Maps e intentamos ser lo más fieles que pudimos a la ruta original. Sin embargo, a pesar de todo, en algunas ocasiones no lo logramos. Nos fue de mucha ayuda el libro de Víctor Muntané “Route 66. Mi sueño y pasión” para poder orientarnos y no olvidar la visita a ningún lugar interesante de la ruta.
Con nuestro colega Elvis, en algún lugar de Illinois.
Nuestra primera jornada transcurre íntegramente por Illinois, el estado de las praderas, entre Chicago y Fairmont City. Hoy circulamos por amplias llanuras, dejamos atrás la influencia de la gran ciudad y nos adentramos en la Ruta 66 más pura, la que serpentea por zonas rurales y nos descubre, cada pocos kilómetros, sus antiguos secretos.
Nos esperaban 505 kilómetros de camino, un objetivo quizá demasiado audaz para el primer día, teniendo en cuenta que en primer lugar teníamos que recoger el coche de alquiler en el aeropuerto. Pagamos la novatada y, realmente, un par de horas más de sol nos hubieran venido perfectas para ver todo con tranquilidad. Aun así, disfrutamos mucho de este día, que fue una perfecta introducción a la Ruta 66 más genuina.


Pasamos a detallar este primer día de la Ruta 66, con todos los lugares que visitamos.

CHICAGO

Ya lo hemos explicado en la entrada anterior del blog. La fastuosa ciudad de los rascacielos nos enamoró; la visitamos en sólo 2 días pero sabemos que algún día volveremos para exprimirla al máximo.
La mañana del tercer día nos levantamos temprano, tomamos un buen desayuno y nos desplazamos, en metro, hasta el aeropuerto de Midway. Hemos decidido alquilar el coche allí para ahorrarnos conducir por el medio de la ciudad, lo cual nos impone un poco.
Aunque cogemos el coche en el Aeropuerto de Midway, la Ruta 66 realmente comienza en el centro de Chicago.
Una vez en posesión de nuestro flamante vehículo, abrimos nuestras aplicaciones de GPS y nos lanzamos a la aventura. Un par de frenazos bruscos nada más salir del aeropuerto, por confundirnos e intentar pisar “el embrague” en el coche automático nos hacen circular los primeros kilómetros con calma.
Atravesamos las afueras de Chicago y, en aproximadamente una hora, llegamos a nuestra primera parada.

ROMEOVILLE

La primera parada de nuestra ruta es en The white fence farm, un restaurante abierto a comienzos de la década de 1920 por Stuyvesant “Jack” Peabody. Presume de cocinar el mejor pollo de la Ruta 66 en Illinois.
Si bien en nuestro caso únicamente nos conformamos con tomarnos fotografías con las gigantescas estatuas de animales que tienen en la entrada (tras el copioso desayuno no apetecía comer a media mañana), el restaurante tiene una fama considerable y merece la pena entrar a picar algo.
Hemos comenzado la Ruta 66, y este es nuestro primer amigo en el camino.

JOLIET

Llegamos a una localidad de más de cien mil habitantes, con varios puntos de interés:
- Route 66 park: un parque situado a orillas del río Des Plaines; en él destaca la heladería Rich and creamy, en cuyo tejado se encuentra un gran helado referente a la Ruta 66 y las figuras de Jake y Elwood, los Blues Brothers.
- Dick’s towing service: aunque esta empresa de grúas es de reciente creación, merece la pena detenerse a contemplar los coches antiguos que tienen en su edificio principal.
- Joliet area historical museum: con un luminoso cartel de neón de la Ruta 66 en su entrada, se trata de un museo que explica la historia de Joliet y el Condado de Will. Cuesta 8$ la entrada y, aunque haya a quien le pueda parecer interesante, nosotros decidimos obviarlo.
- Teatro Rialto: sin lugar a dudas, el edificio más bonito e interesante de Joliet. Este elegante teatro, inaugurado en 1926, desprende lujo a raudales. Se dice que algunas de sus salas están inspiradas en el Palacio de Versalles y en el Arco del Triunfo de París. Sea como fuere, asomarse al esplendoroso hall merece la pena. Los martes realizan tours guiados por 5$.
Dejamos atrás Joliet para llegar, en unos 25 minutos, a la localidad de Wilmington.
Nótese a los Blues Brothers en el tejado de la heladería.

Vestigios de una antigua gasolinera.

Aunque la empresa es de reciente creación, los coches que la decoran tienen años de historia.

El majestuoso Teatro Rialto.

WILMINGTON

Una de las visitas imprescindibles de la Ruta 66 era el Launching Pad, una hamburguesería fundada en 1960. Por desgracia, tras varios cambios de dueño, cerró hace unos pocos años (actualizado julio 2018: ¡lo han vuelto a abrir recientemente!)
No obstante, junto al abandonado edificio se halla una de las estatuas más populares de la ruta: el Gemini Giant. Denominado así en honor a uno de los programas espaciales de la NASA en la década de los 60, resulta muy fotogénica y curiosa. Nosotros, evidentemente, nos tomamos unas cuantas fotos bajo la gran estatua.
El Gemini Giant, una de las estatuas más singulares de la ruta.

BRAIDWOOD

La carretera se dirige hacia el suroeste, para llevarnos a Braidwood en apenas diez minutos.
Allí se encuentra el Polk-a-dot drive-in, una hamburguesería creada en 1962 por Chester “Chet” Fife. En el exterior encontramos unas estatuas a tamaño real de Elvis Presley, Betty Boop, James Dean, Marilyn Monroe y los Blues Brothers.
Merece muchísimo la pena entrar a su interior, parece que nos hayamos transportado en el tiempo. Las sillas, mesas, menús, gramolas e incluso el cuarto de baño permanecen todavía en los años 60.
Hambrientos, ahora sí, pedimos unas típicas hamburguesas con patatas fritas que nos sientan de maravilla. Como curiosidad, en cada mesa hay un pequeño aparato que, por sólo 0,25$, hará sonar música de los 60s a través de los altavoces. Elvis Presley o Chuck Berry pueden ser la perfecta banda sonora para comer hamburguesas en este pintoresco lugar.
El cartel, gigantesco, se ve desde lejos.

En el interior del Polk-a-dot drive-in.

Detalles cuidados.


Hemos comido de maravilla en este lugar.

DWIGHT

Apenas media hora más de coche nos separa de nuestra siguiente parada, Dwight. Allí se encuentra la gasolinera Ambler-Becker, visita obligada en esta localidad. Durante 66 años fue una gasolinera (hasta 1999); en el año 2004 fue donada a los habitantes de Dwight y desde entonces se ha convertido en una pequeña tienda-museo.
Está regentada por una señora la mar de simpática, que nos regaló una conversación agradable e interesante sobre la historia del lugar.
¡Bienvenidos a Dwight!

Otra gasolinera histórica.

ODELL

Salimos de Dwight hacia el suroeste, y en unos 10 minutos nos plantamos en esta pequeña localidad. A pesar de su reducido tamaño, ofrece al viajero un pequeño tesoro de la Ruta 66: la Standard Oil Gas Station.
Esta gasolinera se construyó en 1930 y tuvo varios nombres hasta que se cerró, en la década de los 70. Posteriormente se reconvirtió a taller de reparación de automóviles y en 1997 fue catalogada como lugar histórico de la Ruta 66, pasando a manos del pueblo de Odell.
A la salida de Odell, y antes de llegar a la siguiente localidad, tenemos la posibilidad de ver uno de los tramos originales de la Ruta 66, cerrado al tráfico pero por el que es posible caminar. Merece la pena detenerse y sentir bajo nuestros pies ese asfalto repleto de historia y aventuras. 
El edificio de la Standard Oil Gas Station es realmente bonito.

Por aquí transcurría la Ruta 66 original. A la derecha, la carretera por donde fuimos nosotros.

PONTIAC

Pontiac es una de las ciudades de la Ruta 66 que más nos gustó. De ambiente tranquilo, es una auténtica delicia pasear por el centro de la ciudad, decorado con impresionantes murales de la Ruta 66. Asimismo existen unos curiosos coches de pequeño tamaño, desperdigados por el centro, donde tomar fotografías bien graciosas.
En las afueras de la ciudad, en la entrada según venimos de Odell, encontramos el Old Log Cabin Restaurant. Se trata de un antiguo restaurante, construido en 1926; aunque en la década de los 50 se desmontó y se volvió a construir girado en otra dirección, para adecuarse al nuevo trazado de la Ruta 66 y no perder su abundante clientela. Sigue abierto en la actualidad, por lo que puede ser un buen lugar para tomar algo.
Old Log Cabin Restaurant. ¿Apetece tomar algo?

Un mural espectacular en Pontiac.

¡Mira qué coche tengo, Paula!

¡El mío es mucho mejor!

Murales con todo tipo de detalles.

Este otro, de 66 pies de largo, nos resume toda la Ruta 66.

ATLANTA

Salimos de Pontiac y tenemos una hora de camino hasta Atlanta, nuestra siguiente parada. Allí destaca, por su tamaño e historia, el Bunyon Giant. Este célebre gigante, utilizado inicialmente para promocionar silenciadores de coches, fue reconvertido a anuncio de perritos calientes en 1965 y trasladado a la cercana localidad de Cicero. En 2003 fue ubicado en su localización original, en Atlanta, siendo una de las visitas obligatorias en este tramo de la Ruta 66.
¡Nos pareció muy fotogénico!
La palabra gigante no resulta exagerada. ¡Es enorme!

Atlanta es un pueblecito tranquilo.

SPRINGFIELD

Otra de las grandes ciudades de la Ruta 66 en Illinois, que merece ser explorada con más detenimiento. Nosotros íbamos mal de tiempo (comenzaba a anochecer), así que sólo visitamos el Shea’s Gas Station Museum.
Aunque actualmente se encuentra en una ubicación distinta a la original, junto a una pizzería, es un verdadero lujo acercarse a ver los surtidores antiguos y las piezas de museo, coleccionadas durante más de 50 años.
Museos al aire libre.

MOUNT OLIVE

La noche se nos echa encima, tras una larga jornada conduciendo y realizando numerosas paradas para tomar fotografías. Así, llegamos a la localidad de Mount Olive a oscuras, por lo que no podemos disfrutar como se merece de la Soulsby Service Station, una gasolinera que prestó servicio desde 1926 hasta 1933.
A la última parada del día llegamos de noche.
Desde Mount Olive hasta nuestro alojamiento, en Fairmont City, nos separa casi otra hora de camino. Mañana tendremos que madrugar más para poder aprovechar al máximo las horas de luz.
¡Seguiremos contando!
Con ayuda de nuestros amigos, nos despedimos hasta la próxima entrada del blog.

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