Diez excursiones para (casi) todos en el Pirineo Aragonés

agosto 02, 2018


Todos sabéis que somos unos enamorados del Pirineo Aragonés, y que muchos de los días que tenemos libres los dedicamos a salir al monte para descubrir valles, ibones y montañas nuevos. Aunque en ocasiones realizamos largas caminatas por zonas recónditas o ascendemos montañas que pueden alcanzar los tres mil metros de altitud, también visitamos lugares más accesibles y sencillos que esconden una enorme belleza.
Hoy hemos decidido recopilar diez excursiones que no revisten gran dificultad y que pueden ser realizadas por personas no tan habituadas a caminar por el monte. En todas ellas vamos a indicar la distancia, el desnivel y el tiempo aproximado en realizar la ruta completa.
Preciosas vistas subiendo al Castillo de Samitier.
Con la expresión “baja dificultad” nos referimos a que carecen de pasos complicados o expuestos, no son excesivamente largas ni superan grandes desniveles; sin embargo, y como siempre, debemos utilizar material adecuado (botas de montaña, ropa de abrigo e impermeable), llevaremos agua y comida suficiente, consultaremos mapas y la previsión meteorológica, iremos en grupo y partiremos temprano. 
Si desconocemos la zona, siempre es buena idea contar con un guía profesional que nos haga disfrutar más aún del camino y nos proporcione mayor seguridad. Y, siempre, teniendo en cuenta todas las recomendaciones que nos indican desde Montaña Segura.
Grandiosas vistas llegando a Aguas Tuertas.
Evidentemente, lo de “accesibles” y “sencillos” depende de muchos factores (preparación física, equipación, experiencia, meteorología…), pero no cabe ninguna duda de que obtendremos una grata recompensa al contemplar los bellísimos paisajes que nos regala el Pirineo.
Varios ibones (término empleado para denominar a los lagos de origen glaciar, en aragonés), tres recorridos por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, la curiosa sima del Forau d’Aiguallut, el idílico valle de Aguas Tuertas y dos excursiones prepirenaicas sencillas pero preciosas (Ermitas y Castillo de Samitier y las Pasarelas del Vero) han sido nuestra elección. No están todas las que son, porque serían cientos, pero nos parece una selección muy representativa de las excursiones que podemos realizar por nuestro Pirineo.



Así, pues, para niños, para jóvenes, para mayores y para más mayores, aquí va nuestra lista de las diez excursiones para (casi) todos por el Pirineo Aragonés.

1. Aguas Tuertas

El dolmen del achar de Aguas Tuertas, con la Sierra de Secús al fondo.
Nos encontramos en la zona más occidental del Pirineo Aragonés, en el término municipal de Ansó. Con nuestro coche pasamos las localidades de Echo y Siresa en dirección norte, y más allá de la Selva de Oza llegamos a la zona de Guarrinza, donde finaliza la carretera. Sin embargo, podemos continuar por pista unos kilómetros más hasta un pequeño aparcamiento que se encuentra a nuestra izquierda.
Mapa de la ruta realizada.
Dejamos el coche en ese punto y seguimos caminando por la pista principal (es el GR-11) durante un par de kilómetros, en cómodo ascenso. En una pronunciada curva de la pista vemos un sendero que se desvía, ganando pendiente, para llevarnos en aproximadamente una hora (desde el inicio) a un precario refugio desde el que tenemos una gran vista del idílico valle de Aguas Tuertas. Allí, el Río Aragón Subordán se retuerce por las verdes praderas, finalizando bajo las paredes de la Sierra de Secús. A nuestra izquierda tenemos el Dolmen del Achar de Aguas Tuertas, una construcción de finales del neolítico en torno a la cual giran varias leyendas.
Vistazo atrás, con magníficas vistas. La pista, como se puede comprobar, es ancha y cómoda para caminar.
Podemos pasear por el sendero que transcurre por la margen izquierda del río, cruzándonos probablemente con algunas vacas o caballos que pasten por la zona, o simplemente sentarnos a comer algo en un paraje idílico.
El regreso lo emprendemos por el mismo camino, con comodidad, para finalizar una ruta de 2 o 3 horas (en total), descubriendo un rincón precioso del Pirineo Aragonés.
Mejor época para visitarlo: finales de primavera y verano.


2. Ibón de Estanés

Desmontando tras una noche de acampada.
Existen varias rutas para llegar a este bonito ibón situado en territorio aragonés, aunque quizá la más fácil sea la que parte desde el aparcamiento de Sansanet, unos kilómetros más allá de la frontera francesa si cruzamos por el Puerto del Somport (ojo, cruzando por el puerto, no por el túnel).
Ruta realizada.
Iniciamos la ruta desde dicho aparcamiento por un hermoso hayedo, en moderado ascenso, durante unos 20 minutos. Desde este punto el camino suaviza ligeramente alternando tramos de bosque y prado, hasta alcanzar el lugar en que nuestra senda se une al GR-11. Estamos ya en territorio aragonés y nos quedan sólo unos 20 minutos de terreno más cómodo, con unas preciosas vistas a la cara norte de la Sierra de Secús y el Aspe, entre otros.
Tras, aproximadamente, 1 hora y medio de camino llegamos al Ibón de Estanés, a 1777 metros de altitud. Tiene una superficie de algo más de 27 hectáreas y es una auténtica delicia para la vista, ¡un imprescindible para cualquiera que conozca el Pirineo!
Otra vista del ibón, con un telón de montañas rojizas al fondo.
Excelente lugar para comer y disfrutar del paisaje, antes de reemprender el regreso por el mismo camino que a la ida.
Mejor época para visitarlo: finales de primavera y verano.


3. Ibón de Piedrafita

Contemplando, en soledad, las aguas del ibón.
En pleno corazón del Valle de Tena se encuentra un rincón precioso y muy accesible, por lo que suele estar muy concurrido. Bajo los más de 1000 metros de paredes verticales que nos separan de la cima de Peña Telera encontramos el hermoso Ibón de Piedrafita.
Tenemos que ir en coche hasta la localidad de Piedrafita de Jaca y continuar unos pocos kilómetros más por la carretera hasta llegar al Parque Faunístico de Lacuniacha, en cuyo aparcamiento dejamos nuestro vehículo.
Ruta realizada.
Tomamos la ancha pista que asciende suavemente en dirección oeste, formando amplias lazadas (algunas de las cuales podremos evitar mediante sendas que atajan). Dicha pista pasa junto al Refugio de las Planas (a los 40-50 minutos); es en este punto donde cogemos el desvío por un sendero que se dirige hacia el sur, por la margen izquierda de un riachuelo hasta dejarnos en las orillas del ibón en poco menos de una hora tras el inicio de la ruta.
De camino al Ibón de Piedrafita, por cómoda pista.
Contemplamos una panorámica sobrecogedora: las aguas del coqueto ibón se encuentran bajo una formidable muralla rocosa que se alza más de mil metros sobre nuestras cabezas. Fotogénico, pintoresco y accesible, un imprescindible.
Mejor época para visitarlo: finales de primavera a otoño.

4. Cola de Caballo


Quizá nos encontramos ante la excursión más célebre de todas las que se puedan proponer en el Pirineo Aragonés. ¿Quién no ha oído hablar del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido? ¿Quién no ha soñado con recorrer el fondo del valle hasta llegar a esta vistosa cascada?
Para llegar debemos ir hasta la localidad de Torla y conducir unos kilómetros más hasta aparcar nuestro coche en la pradera de Ordesa (ojo, en temporada alta hay que ir en autobús desde Torla puesto que no está permitido el paso en vehículos particulares).
Ruta realizada.
Caminamos por el GR-11 recorriendo el fondo del valle de Ordesa, paralelos al Río Arazas. La senda asciende primero por un hermoso bosque de hayas (en otoño es, sencillamente, increíble) mientras gana altitud, para posteriormente pasar a recorrer un tramo más abierto, de prados verdes y llanos. A nuestro alrededor, paredes de más de mil metros de altura cierran el valle, pintadas de mil colores en época otoñal.
Posando unos metros antes de llega a la cascada, con las paredes de Ordesa de fondo.
Al final del circo encontramos uno de los enclaves más fotografiados de todo el Pirineo Aragonés: la Cola de Caballo. Contemplar esta impresionante cascada de cerca es una de las cosas que todo aficionado a la montaña y la naturaleza debería hacer.
En el camino de vuelta podemos tomar un desvío que nos lleva a la margen izquierda del río, para así disfrutar de las también bonitas Cascada del Estrecho y Cascada de la Cueva.

La ida nos cuesta entre 3 horas y 3 horas y media; bajar supone unas 2 horas y media; hemos de recordar que esta ruta, a pesar de ser muy famosa, requiere caminar 18 kilómetros, lo cual exige cierta condición física.
Mejor época para visitarla: de finales de primavera a otoño.

5. Cañón de Añisclo

Fascinados con la coloración otoñal de Añisclo.
Otra de las joyas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El Río Bellós, a lo largo de miles de años, ha excavado pacientemente las paredes kársticas de la zona, formando una honda cicatriz en la tierra de 10 kilómetros de longitud y más de 1000 metros de profundidad.
El acceso al aparcamiento, en las proximidades del puente y la ermita de San Úrbez, se halla cerrado al tráfico en temporada alta, debiendo dejar el coche en la zona habilitada a tal efecto en las afueras de Vio, y tomando un autobús gratuito. El resto del año se permite el acceso en coche hasta el aparcamiento cercano al puente.
Ruta realizada.
Recorrer la totalidad del cañón resulta una formidable tarea, debido al importante desnivel y distancia que se deben superar. Sin embargo, adentrarse dando un agradable paseo hasta llegar a la zona conocida como “Cumaz” está al alcance de cualquiera y permite contemplar la magnitud de esta impresionante belleza natural.
Una vez bajamos del coche descendemos por el sendero bien señalizado y cruzamos el puente de San Úrbez, elevado vertiginosamente sobre el cauce del río. Enseguida, a nuestra derecha, la curiosa Ermita de San Úrbez, situada bajo un abrigo de roca.
En un primer momento la pista es ancha y cómoda, con poco desnivel, en la zona más abierta del cañón. Tras cambiar a la margen derecha del Río Bellós atravesando el Puente de Sangons, el camino se estrecha (al igual que el valle) y comenzamos a caminar por una senda que se retuerce entre bojes y hayas.
En aproximadamente 1 hora llegamos a una zona donde se el río se ensancha, mostrando sus tonalidades turquesas en zonas de menor corriente. Hemos llegado al paraje conocido como Cumaz. Perfecto para reposar y reponer energías.
Bucólica imagen la del Río Bellós.
El trayecto de vuelta se realiza por el mismo camino.
Nota: si estamos con fuerzas y tiempo, se puede prolongar algo más la excursión en dirección al fondo del valle, descubriendo nuevos rincones y saltos de agua.
Mejor época para visitarlo: de primavera a otoño, aunque en esta última estación las hayas tiñen el paisaje con su preciosa paleta de colores, otorgándole una belleza inusitada.

6. Llanos de Lalarri


El Valle de Pineta es otro de los lugares que se impregnan en la memoria del visitante desde el primer momento en que lo ve. Un amplio valle glaciar que culmina en las paredes del Balcón de Pineta, vigilado por las grandes moles calizas del Macizo de Monte Perdido. Casi dos mil metros de desnivel desde el fondo del valle hasta sus cimas más altas, flanqueadas por nieves perpetuas.
A pesar de que las rutas que parten hasta las más altas cumbres sólo están al alcance de unos pocos, en la margen izquierda del valle se halla, a su vez, un pequeño valle colgado conocido como los Llanos de Lalarri.
El punto de partida se encuentra en el gran aparcamiento situado cerca del parador, justo al final de la carretera que nos deja en el fondo del valle.
Ruta realizada.
Iniciamos la senda por una pista forestal que asciende suavemente, realizando alguna lazada, hacia el impresionante hayedo (conocido como Felqueral) que tapiza las paredes del Circo de Pineta en su parte baja. Pronto la pista gira en dirección norte, pasando al lado de impresionantes cascadas, para ascender, ya con un poco más de desnivel hasta el coqueto valle de Lalarri.
Al llegar tenemos una gran vista de los enormes llanos, en cuya parte final hay una pequeña cascada. Sin embargo, nuestra mirada se desvía hacia los colosos que se encuentran al otro lado del valle, inmensas moles que sobrepasan los tres mil metros de altitud, destacando el Monte Perdido (3355 metros). Descienden por las paredes del valle, con un rugido atronador, los churros (cascadas) del Cinca.
Caminando hacia el final de los Llanos de Lalarri podemos encontrar esta bonita cascada.
El camino de regreso puede realizarse por la misma pista (más cómodo), o mediante un sendero que desciende, más directamente, al parador (aunque quizá algo incómodo para quien no esté habituado a caminar por el monte).
Mejor época para visitarlo: de primavera a otoño; en invierno y comienzos de primavera puede ser ideal para hacer un paseo en raquetas.

7. Ibón de Plan/Basa la Mora

Reflejos en un ibón de leyenda.
Ibón de leyenda e incontestable belleza, quizá el ibón más famoso de todo el Pirineo, probablemente el más bonito, en ocasiones bastante masificado.
Cuenta la leyenda que, en la noche de San Juan, una reina mora danza sobre las aguas del ibón pero sólo pueden verla aquellos de corazón puro y sin pecado. Sea como fuere, acercarse a las aguas del ibón para contemplar el majestuoso paisaje es algo que todo el mundo debería hacer, al menos, una vez en la vida.
Llaneando para llegar a orillas del ibón.
Aunque existen dos rutas para ascender al ibón, la más cómoda y asequible para todos parte de la localidad de Saravillo, en el Valle de Chistau. Allí se pagan los 3€ que permiten entrar con el vehículo para recorrer los 14 kilómetros de pista que nos separan del Refugio de Lavasar.
Ruta realizada.
Aparcamos el coche y recorremos un tramo de suave ascenso, primero por bosque y pronto por cómodos prados, en dirección a la visible cubeta del ibón. Una vez superamos la última barrera arbórea nos plantaremos en las orillas del precioso lago que, en días sin viento, refleja cual espejo las paredes de las montañas que lo rodean. Apenas media hora de paseo tranquilo para llegar a uno de los puntos más relevantes del Pirineo.
Mejor época para visitarlo: finales de primavera y verano.
Para leer nuestra excursión al Ibón de Plan (desde Plan), podéis leer nuestra entrada en el blog haciendo clic aquí.

8. Forau d’Aiguallut

La fotogénica cascada, con el Aneto al fondo.
Curioso fenómeno geológico situado en la parte alta del Valle de Benasque. Se trata de una sima en la cual desembocan las aguas provenientes del glaciar del Aneto, para sumergirse bajo tierra y aparecer a unos kilómetros de allí, en el Valle de Arán. La estampa de la cascada con el pico más alto del Pirineo de fondo es una fotografía imprescindible en nuestra cámara viajera.
Para llegar debemos tomar el coche hasta los Llanos del Hospital, en el Valle de Benasque. En verano tenemos que acercarnos hasta el punto de partida de la ruta (La Besurta) en autobús, mientras que fuera de temporada alta (y siempre y cuando no haya nieve en el camino) podemos acceder con nuestro coche hasta dicho punto.
Ruta realizada.
Una vez bajamos del coche, comenzamos a caminar atravesando un pequeño torrente y seguimos los carteles que nos indican claramente la ruta. Aunque en los primeros momentos la senda tiene algo de pendiente, posteriormente suaviza, para llevarnos al Forau d'Aiguallut en unos 40-45 minutos.
Un poco más lejos veremos la hermosa cascada, con el Aneto (3404 metros) de fondo. Más allá de la cascada nos encotramos con el Plan d'Aiguallut, unos enormes llanos herbosos por donde serpentea el río formado por el deshielo de los glaciares, y que pueden ser un lugar perfecto para tomar un bocadillo.
El Plan d'Aiguallut se transforma, a finales de primavera, en un hermoso prado donde poder reposar y comer tranquilamente.
La ruta de regreso es por el mismo camino, pudiéndose ampliar un poco si queremos conocer los idílicos Ibones de Villamuerta.
Mejor época para visitarlo: finales de primavera y verano. Puede ser una excelente ruta para iniciarse con las raquetas de nieve (en invierno y primavera).

9. Ermitas y Castillo de Samitier

Mirando al Entremón desde el Castillo de Samitier.
Un poco apartada de las principales cumbres pirenaicas y, quizá por ello, un excelente mirador de las mismas, la ruta que nos lleva a las Ermitas y Castillo de Samitier es uno de los grandes descubrimientos que podemos hacer en el prepirineo.
Con mil años de historia, el Castillo de Samitier se yergue sobre las verticales paredes del Entremón, desde donde podemos contemplar toda la Comarca del Sobrarbe.
Para comenzar la ruta debemos aparcar el coche en la localidad de Samitier.
Ruta realizada.
Iniciamos el camino junto a una fuente, por una pista amplia que asciende suavemente en dirección este. El camino realiza varias lazadas ganando altitud y, por otro lado, unas vistas impresionantes.
Tras una media hora de camino, cómodo, llegamos a la Ermita de Nuestra Señora de Waldesca, la cual merece que nos detengamos a contemplarla unos minutos (se puede visitar su interior). Una vez reemprendemos la marcha, apenas restan 15 minutos hasta llegar a la Iglesia de San Emeterio y San Celedonio, siendo los últimos metros de camino una senda con algo más de pendiente.
Ya vemos, en lo alto, nuestro destino final de la ruta.
Grandiosas vistas desde la cima.
Para llegar al castillo únicamente nos queda cruzar la iglesia, por su interior, hasta situarnos bajo las ruinas de la antiquísima fortificación. Desde allí, las vistas, son inmensas. Recomendado ir en invierno o primavera para disfrutar de la panorámica del Pirineo repleto de nieve.
Mejor época para visitarlo: todo el año, aunque en invierno y primavera las vistas suelen ser mejores.
Para leer nuestra entrada en el blog donde tenemos detallada la ruta, podéis hacer clic aquí.

10. Pasarelas del Vero

Tramo de pasarelas metálicas, sobre el Río Vero.
Quizá una de las rutas más populares y “de moda” en los últimos años es la de las Pasarelas del Vero, en la pintoresca localidad de Alquézar. La ruta consiste en recorrer las orillas del Río Vero, a su paso por las proximidades del pueblo, caminando sobre unas pasarelas metálicas elevadas unos metros por encima del cauce del río.
Además de realizar la caminata, es imprescindible pasear relajadamente por Alquézar, descubriendo su bien conservado centro urbano. Tras la ruta, una excelente opción puede ser disfrutar de la gastronomía que nos ofrece esta localidad del Somontano.
Debemos dejar el coche en los aparcamientos habilitados antes de llegar a Alquézar, y caminar hasta el centro de la localidad. Muy cerca de la Plaza Mayor encontraremos, con facilidad, el inicio de la ruta, indicado con un cartel. 
Ruta realizada, circular.
El camino comienza descendiendo por unas pasarelas de madera hasta el fondo del Cañón del Río Vero. Una vez en el fondo del cañón, caminaremos a ratos por senda y a ratos por las pasarelas metálicas. Estas últimas se elevan unos metros por encima del río, contando con una robusta barandilla que anula cualquier posibilidad de vértigo.
Los puntos más interesantes de la ruta son la Cueva de Picamartillo, el Salto de la Central de Alquézar, el Mirador del Vero y el Puente de Fuendebaños.
Cueva de Picamartillo.
Cerca del final de la ruta se halla el Puente de Fuendebaños.


La ruta completa, de cuatro kilómetros aproximadamente, se realiza en unas dos horas. En verano, cuando es más visitada, puede haber gran cantidad de gente en el camino. Imprescindible protegerse del sol y llevar agua abundante, suele hacer calor intenso en el periodo estival.
Mejor época para visitarlo: todo al año, aunque el río baja con más agua en primavera.

Pues hasta aquí nuestras 10 rutas para (casi) todos por el Pirineo Aragonés. Seguro que conocéis alguna ruta que os gustaría añadir a la lista; contádnoslo aquí abajo, en los comentarios ;)
Y recordad, siempre que salgamos a la montaña debemos hacerlo de una manera segura. Antes de poneros la mochila y calzaros las botas, echad un vistazo a las recomendaciones de Montaña Segura.
Pronto, en el blog, una excursión muy interesante a la “Reina de la Jacetania”. ¡Estad al tanto!
Amplia panorámica la que tenemos desde el Castillo de Samitier.

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