Estiba Freda (2697 m) y Roques Trencades (2755 m) desde la Cabaña de Ardonés

agosto 07, 2018


A veces decimos que el hecho de subir a la cima más alta o más bonita quizá no sea siempre la mejor opción. Porque, precisamente, estar en dicha cima nos impedirá verla desde fuera, disfrutando de cada una de sus paredes, de su perfil, de su rocosa geometría; y nos impedirá maravillarnos con su fotogénica figura, vista con perspectiva.Y debemos tener en cuenta, por otro lado, que las cimas «con renombre» suelen estar muy concurridas en pleno verano.
Así, aunque nos encanta hollar algún tresmil o montañas más populares (¡como a todos!), en muchas ocasiones intentamos encontrar algún valle recóndito y menos transitado, apartado de las rutas masificadas, pero que a su vez nos ofrezca parajes bucólicos y bellas estampas.
Caminando por la Sierra Negra, en absoluta soledad.
De este modo, tras dar varias vueltas a algunos mapas y consultar con algunos amigos (¡gracias!), surgió la idea de ascender al Pico de Estiba Freda (2697 m) y la Tuca de Roques Trencades (2755 m), próximos a la localidad de Cerler, en el Valle de Benasque, y con unas vistas grandiosas de la mayor concentración de tresmiles del Pirineo.

Datos técnicos

Fecha: 5 de agosto de 2018
Itinerario: Cabaña de Ardonés - Cuello Gordo - Pico d’Estiba Freda - Tuca de Roques Trencades - Pico d’Estiba freda - Cuello Gordo - Cabaña de Ardonés.
Distancia: 8,98 km, ida y vuelta.
Desnivel acumulado: 808 m de desnivel tanto positivo como negativo.
Altitud:
- Máxima: 2755 m (cima de la Tuca de Roques Trencades)
- Mínima: 2080 m (Cabaña de Ardonés).
Duración (contando paradas):
- 1 hora y 20 minutos a la cima del Estiba Freda (15 minutos de descanso).
- 2 horas a la cima de Roques Trencades (50 minutos de descanso).
- 3 horas y 15 minutos a la cima del Estiba Freda (5 minutos de descanso).
- 4 horas y 15 minutos hasta el coche.
Dificultad: ruta que se realiza completamente caminando, sin ningún paso complicado o aéreo.
Climatología: sol radiante y mucho calor.
Atención:
- La senda, al inicio de la ruta, no se encuentra muy marcada, por lo que caminaremos por prados ascendiendo una empinada loma. A partir de ahí vemos algunos mojones y, posteriormente, la pisoteada senda que asciende ya por terreno rocoso. 
- Ruta en la que no encontraremos ni sombras ni agua; imprescindible madrugar y llevar abundante líquido.
Ruta realizada, aproximadamente.
Perfil de la ruta.
Ruta realizada, según el reloj GPS.

Nuestra experiencia

Es domingo, a comienzos de agosto, y el Pirineo Aragonés bulle de actividad. Madrugamos, aunque no demasiado, para acercarnos al Valle de Benasque. Desde Benasque tomamos la carretera que asciende hasta la localidad de Cerler, la cual dejamos atrás mientras seguimos ascendiendo en dirección a las pistas de esquí. A la altura, aproximadamente, del kilómetro 11 de la carretera encontramos una pista que se desvía hacia la izquierda, y que no está señalizada por ningún cartel.
La pista, en estado aceptable para turismos, asciende unos tres kilómetros hasta llegar a la Cabaña de Ardonés, donde aparcamos nuestro coche sin problema. Nos encontramos a unos 2080 metros de altitud.
Atentos al desvío de la pista, no señalizado.
El sol comienza a asomar tras las montañas, presagiando otro día caluroso, por lo que nos calzamos las botas y nos disponemos a iniciar la marcha lo antes posible.
Al lado de la cabaña vemos el inicio de una senda, sin cartel indicador, que asciende entre prados en dirección noreste, la cual debemos tomar. Sin embargo, en pocos minutos la senda se pierde y se difumina entre los prados, por lo que lo más sencillo es que nos dirijamos a la loma que se encuentra a nuestra derecha, realizando lazadas para hacer más cómoda la pendiente (ver foto).
Inicio de la senda, bien visible. Aunque a los pocos minutos se pierde...
Lo ideal es ascender a la loma de la derecha, en cuya parte superior ya veremos trazas de camino.
Una vez superamos esos duros metros, encontramos algún hito de piedras que se asoma, tímido, entre el pasto. Pronto, dicha señalización se torna más frecuente y nos invita a seguir un camino vagamente establecido en el terreno herboso.
Ganamos altitud rápidamente, obteniendo unas vistas fabulosas del Valle de Benasque y los macizos de Posets y Perdiguero, con bastantes restos de nieve para la época del año en que nos encontramos.
Ascenso constante y exigente, en busca de los escasos hitos que señalan el camino.
Vista atrás, hacia la zona de Posets, con el Valle de Benasque mil metros más abajo.
Superada otra loma herbosa, en la que nos encontramos decenas de vacas y algunos caballos pastando, observamos la redondeada cima del Estiba Freda, que asoma tras las verdes praderas.
Vacas pastando. Al fondo a la derecha, las pistas de esquí de Cerler.
Nos encontramos ahora en la zona conocida como Cuello Gordo, donde se produce una marcada transición entre el prado verde y la zona de tierra y roca negras que forman el pico de Estiba Freda y toda la sierra colindante (conocida, no en vano, con el nombre de Sierra Negra). Estamos en la cota 2500, aproximadamente.
Tras unos pocos metros de llano, que nos vienen bien para refrescar un poco las piernas, debemos ascender el collado situado justo en frente, trazando una diagonal en dirección norte, siguiendo la senda (ahora sí) perfectamente visible. 
Llegamos a Cuello Gordo. Aquí giramos a la izquierda para ascender al collado, desde el cual la senda al pico es evidente.
Al llegar al collado cambiamos completamente de dirección, debiendo dirigirnos ahora hacia el sudeste, hacia la ya cercana cima. Los últimos metros, también algo duros, se hacen mucho más llevaderos al poder contemplar ya la otra vertiente del valle, desde la que gozamos de unas vistas privilegiadas.
Ya tenemos la cima justo ahí, al alcance de las manos.

Aparece, poco a poco, el Macizo de las Maladetas.
Hollamos la cima del Estiba Freda, a 2697 metros de altitud, tras una hora y veinte minutos de camino. La panorámica desde la cima es inmensa. Desde Cotiella hasta el Aneto y Macizo de las Maladetas, pasando por Posets, Espadas, Eristes, Perdiguero...Hacia el este, irrumpiendo hacia el cielo de manera sobrecogedora, Culebres y Vallibierna forman una mole de roca gigantesca. 
Qué gran recompensa para el esfuerzo realizado, qué bonito es llegar a la cima y disfrutar del silencio y la paz que nos proporciona la montaña.
¡Cima!

Majestuoso el Perdiguero.

Fastuosas vistas hacia el Aneto.
Tomamos unas cuantas fotos y, atraídos por la proximidad de la siguiente cima en la cresta, optamos por continuar caminando un rato más en dirección sur, siguiendo la cómoda senda. 
La Tuca de Roques Trencades, en primer plano. Al fondo, la Tuca de Castanesa.
Descendemos unos pocos metros y luego ascendemos algo más, hasta alcanzar los 2755 metros de altitud en que se encuentra la cima de la Tuca de Roques Trencades. Nos lleva unos 20 o 25 minutos adicionales, sin gran esfuerzo.
Últimos metros de ascenso.
Allí, en la amplia cumbre, nos detenemos durante casi una hora a comer, conversar y tomar decenas de fotografías. El día ha salido espléndido, y hay que inmortalizarlo.
Bellísima panorámica.

¿Cuál será la próxima?

Estampa de postal.

¡La cima del Aneto está a tope! Y nosotros aquí solitos...
Emprendemos el regreso por la misma senda por donde habíamos venido, a ritmo tranquilo, disfrutando del entorno. El descenso, cómodo, nos cuesta una hora y veinte minutos desde la cima del Roques Trencades, pasando por la de Estiba Freda.
Sin incidencias reseñables llegamos de nuevo a la Cabaña de Ardonés, donde tomamos el coche de regreso a casa.
Descendiendo del Roques Trencades; Estiba Freda a la sombra.

Parajes agrestes.
En resumen, una ruta sencilla aunque no exenta de dureza, a unos miradores privilegiados de los tresmiles del Valle de Benasque. Muy recomendable para jornadas de medio día.
¡Hasta la próxima!

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