Ordesa en otoño: Cola de Caballo por la Senda de los Cazadores

octubre 28, 2018


Ordesa en otoño. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que es uno de los paisajes más hermosos del mundo. Un impresionante valle glaciar, con su característica forma de «U», delimitado por verticales paredes, tapizado de un bosque de hayas y otros árboles que en época otoñal nos regalan una infinita gama de colores. Una insuperable obra de arte geológica, esculpida durante millones de años por el Río Arazas. Hogar de una variada fauna y flora, está considerada como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Y, sí, también se le considera Patrimonio de la Humanidad por ese mismo organismo.
No nos extraña, porque Ordesa en otoño es una auténtica delicia visual. Una excelente manera de conocerlo es realizar una ruta circular ascendiendo por la Senda de los Cazadores, recorriendo la Faja de Pelay hasta la Cola de Caballo y regresando por el fondo del valle. ¿Nos acompañáis a conocerla?

En el camino de regreso, entrando a la zona del bosque de hayas.

FICHA TÉCNICA

Fecha: 26 de octubre de 2018
Itinerario: aparcamiento pradera de Ordesa - Senda de los Cazadores - Mirador de Calcilarruego - Faja de Pelay - Cola de Caballo - Gradas de Soaso - aparcamiento pradera de Ordesa   
Aparcamiento de Espigantosa.
Distancia: 22,46 km.
Desnivel acumulado: 829 metros tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
- Mínima: aparcamiento pradera de Ordesa (1321 m).
- Máxima: en algún punto de la Faja de Pelay (1988 m).
Duración: 
- 1 hora y 30 minutos al Mirador de Calcilarruego (20 minutos de descanso).
- 4 horas y 10 minutos a la Cola de Caballo (15 minutos de descanso).
- 4 horas y 55 minutos a las Gradas de Soaso (10 minutos de descanso).
- 6 horas y 40 minutos al aparcamiento de la pradera de Ordesa.
(nota: el regreso desde la Cola de Caballo hasta el aparcamiento está hecho a muy buen ritmo).
Dificultad:
- Aunque la ruta transcurre por caminos muy bien indicados, el tramo de la Senda de los Cazadores supera un fuerte desnivel y, en algunos tramos, es estrecho y con barrancos a los lados. Evitarlo en caso de lluvia, nieve o hielo. No la consideramos una ruta para todos los públicos.
- Se trata de una ruta muy larga, conviene tener buena forma física.
Ruta realizada, según el reloj GPS.

Ruta realizada, sobre el mapa de Iberpix.

Perfil de la ruta realizada.


NUESTRA EXPERIENCIA

Para llegar al inicio de la ruta conducimos hasta la localidad de Torla-Ordesa, una bella localidad del Pirineo Aragonés. La carretera continúa hacia el norte, hasta llegar al Puente de los Navarros, en que se divide en dos: tomando el desvío hacia la derecha nos dirigimos al Valle de Ordesa y, en unos 10 minutos, llegamos al aparcamiento de la Pradera de Ordesa. Aunque no hemos madrugado demasiado, todavía no hay demasiados coches en el aparcamiento. (Nota: en Semana Santa, verano y algunos festivos el acceso a la Pradera de Ordesa sólo se puede realizar en autobús, el cual se coge en la propia localidad de Torla).
El día ha amanecido bastante frío; algunas nubes finas cubren el sol parcialmente. Nos ponemos las camisetas térmicas, los guantes y las botas, e iniciamos la marcha.
En el mismo aparcamiento vemos ya el primer cartel que indica el desvío: hacia la izquierda vamos a la Cola de Caballo y hacia la derecha a la Senda de los Cazadores, Faja de Pelay y Refugio de Góriz. Nosotros tomamos esta última opción; para la vuelta volveremos por el otro camino.
Inicio del camino. Nosotros hacia la derecha; regresaremos por el camino de la izquierda.

Empezamos a caminar ya con estas vistas. ¿Qué nos deparará el día?
Enseguida cruzamos un puente sobre el río Arazas. Echamos un vistazo a nuestro alrededor, contemplando la capa multicolor del bosque de Ordesa y la altiva figura del Tozal del Mallo. ¡Qué bien pinta el día!
Cruzamos el Río Arazas. Ascenderemos por las paredes de ahí enfrente.
En menos de cinco minutos el camino se torna cuesta arriba, ya que iniciamos la Senda de los Cazadores. Un cartel nos indica que se trata de una senda peligrosa, puesto que en algunos tramos es estrecha y puede resultar peligrosa en condiciones de agua, hielo o nieve. Por supuesto, no está abierta todo el año, siendo especialmente bonita en época otoñal antes de las primeras nevadas.
Comenzamos a ganar altitud rápidamente, realizando lazadas por un sendero bien marcado, entre el bosque multicolor. De vez en cuando, el bosque frondoso nos da un respiro y nos permite contemplar las vistas del valle. Aprovechamos cada uno de esos momentos para tomar fotografías y reposar brevemente.
El camino asciende con firmeza, sin tregua.

¡Qué hermoso colorido!
La senda es estrecha, con bastante caída hacia el lado en algunos puntos. Precaución.
Paso a paso, giro a la izquierda tras giro a la derecha, conseguimos vencer la verticalidad de Ordesa, superar sus infranqueables paredes. En algún tramo el camino es estrecho y tiene bastante caída hacia el valle; en otros encontramos escaleras labradas en la piedra o creadas con madera. En todo momento, eso sí, no tiene pérdida y nos sorprende con bellísimos rincones.
Ganamos altura y, a la par, ganamos estas espléndidas vistas.

Tenemos que ascender, rápidamente, más de 600 metros de desnivel.
Cuando llevamos 1 hora y 20 minutos de camino llegamos al desvío hacía Punta Acuta, que parte a la derecha. Nosotros seguimos las indicaciones hacia el Refugio de Góriz y Faja Pelay, hacia la izquierda.
Nos restan apenas 10 minutos más para llegar al Mirador de Calcilarruego (1h 30 min, 1950m), situado junto a un pequeño refugio de madera. Las vistas desde este punto son inconmensurables.
Tenemos el fondo del valle más de seiscientos metros bajo nuestros pies, forrado de un hermoso bosque multicolor, en tonos ocres, verdes, amarillos y rojos. Frente a nosotros destaca el Circo y la Cascada de Cotatuero, flanqueado por las cumbres de la Punta Tobacor y Gallinero. Más al fondo, la esbelta silueta del Casco y la más aplanada de la Torre. 
Hacia el oeste intuimos la entrada al Circo de Carriata, bajo la cima de Mondarruego y junto al Tozal del Mallo, menos imponente desde aquí. Más al fondo, la entrada al Valle de Bujaruelo y la característica cumbre grisácea y marrón del Pico Otal.
A nuestra derecha podemos contemplar la gran magnitud del Valle de Ordesa, labrado durante milenios por el Río Arazas. Intuimos, también, por dónde va la senda que recorreremos más adelante. ¡Impresionante!
Posando con el Circo de Cotatuero de fondo.

Y más al fondo el Casco y la Torre. ¡Vaya alfombra multicolor ahí abajo!

¡Guau, qué vistas!

Amplia panorámica de esta zona del valle. ¡Impresionante!
Descansamos durante unos minutos, y tomamos decenas de fotos en todas las direcciones. Queremos inmortalizar este momento y compartirlo con todo el mundo, puesto que nos enamora.
Decidimos seguir la ruta que, a partir de este punto, será mucho más cómoda. Desde aquí caminamos por la Faja de Pelay, que recorre el valle a media altura por terreno a ratos boscoso a ratos de pradera.
Faja de Pelay, cómoda y con estupendas vistas.
La senda, muy cómoda y sin presentar dificultad en ningún momento, permite caminar a buen ritmo. Sin embargo, nos detenemos (¡literalmente!) cada pocos metros para tomar fotografías. El paisaje es tan sobrecogedor que nos da la impresión de que no conseguiremos plasmarlo de manera fidedigna con nuestra cámara. Y estamos en lo cierto: por muy bellas que resulten las fotografías, contemplarlo en primera persona es emocionante.
Me quedo sin palabras.

Infinita paleta de colores.

Caminando con vistas.
Llaneamos durante un buen rato, aunque de vez en cuando hay pequeños tramos de suave ascenso o descenso. Al fondo vemos la Brecha de Roldán, aunque mientras seguimos la ruta poco a poco irá apareciendo la Punta Bazillac y, finalmente, el Taillón. 
De izda a dcha: falsa brecha, Punta Bazillac, Brecha de Roland, El Casco.

Buenas vistas hacia adelante, buenas vistas hacia detrás.
El valle va virando, progresivamente, en dirección norte, y nuestra senda también. Así, tras superar un tramo de bosque, aparecen ante nosotros las cimas del Pico Añisclo (Soum de Ramond), Monte Perdido y, finalmente, Cilindro de Marboré. Todos ellos conservan una fina capa de nieve, que les da un punto extra de belleza.
El valle ha virado, y aparecen ante nosotros los grandes colosos.

Majestuoso.

Con este paisaje caminar no cansa.

Tirando de zoom, allí abajo vemos las Gradas de Soaso. Por ahí pasaremos más adelante.


¡Moooooooooooola!

Treserols (o Tres Sorores): Cilindro de Marboré, Monte Perdido y Pico Añisclo (Soum de Ramond).
Pronto vemos el fin del valle, en el Circo de Soaso, donde destaca la celebérrima cascada de la Cola de Caballo. Tirando del zoom de la cámara comprobamos que, a pesar de que el otoño no es la mejor época para contemplarla, en esta ocasión el caudal es bastante aceptable. 
El último tramo de la Faja de Pelay desciende suavemente hasta el fondo del valle, muy cerca de dicha cascada.
Ya nos queda poco para llegar al final del valle.
Llevamos 4 horas y 10 minutos cuando llegamos, finalmente, a la Cola de Caballo. Unas pocas decenas de personas descansan por allí; la mayoría han llegado por el camino que viene por el fondo del valle.
Nos detenemos durante un rato a comer algo y a tomar alguna fotografía. Cuesta, sin embargo, hacerse alguna sin que salgan otras personas de fondo. Finalmente, y gracias a la ayuda de un amable montañero, tomamos varias de nuestro agrado.
La Cola de Caballo. No baja a tope de caudal, como en primavera, pero tampoco está tan mal.
Comenzamos el camino de regreso a buen ritmo, por un camino de perfecto empedrado, cómodo, que nos permite ir a buen ritmo. Estamos en una zona de prados, agradable, en que unas cuantas vacas pastan ajenas a la vorágine de gente que las rodea. De fondo observamos las paredes verticales bajo las cuales hemos caminado, parece increíble que por allí pueda discurrir un camino. Pero sí, por allí va, y es impresionante.
Regresamos por el fondo del valle. Camino sencillo y cómodo.

Vistazo hacia atrás. ¡Enorme!

Llegamos a la zona de bosque más frondoso.
En poco más de media hora desde la salida de la Cola de Caballo llegamos a las Gradas de Soaso. Se trata de una sucesión de pequeños saltos de agua, a modo de escalones, mediante los cuales el Río Arazas salva el desnivel del valle. En este punto el camino, notablemente más concurrido que el de la Senda de los Cazadores, tiene unos miradores desde los cuales contemplar a la perfección el río. Otro de los puntos fotogénicos del día, sin lugar a dudas.
Contemplando los colores otoñales.

Posando en las Gradas de Soaso.

¡Guau!

El agua baja salvando el desnivel mediante pequeños escalones.
Continuamos caminando, ya en suave pero continuo descenso, para entrar al bosque de hayas. Desde lo alto de la Faja de Pelay habíamos contemplado esta impresionante alfombra multicolor; ahora nos toca verla desde dentro. Y, evidentemente, no decepciona. Un camino alfombrado con hojas marrones surca un laberinto de árboles, vestidos con galas de mil colores, cuyas hojas se mecen con la brisa suave y juegan con los rayos del sol tenue de octubre. Onírico, irreal, perfecto.
Disfruten, señores y señoras.

La esencia del otoño más puro.

Caminando por el bosque de hayas.

Colores.
Estos últimos kilómetros se pasan rápidamente, no sólo por el buen ritmo sino también porque los disfrutamos enormemente. 
Cuando llevamos 6 horas y 45 minutos de ruta llegamos, de nuevo, al aparcamiento. Hemos completado una ruta larga, bastante exigente al inicio, pero inmensamente bella.
Este árbol lleva años por aquí, extendiendo sus raíces.

Camino al paraíso.
En conclusión, visitar Ordesa en otoño es una experiencia insuperable, recomendable al 100% y que repetiremos muchas veces en el futuro.
¡Hasta la próxima, Ordesa!

Te puede gustar...

0 comentarios