Dos días en San Francisco, la ciudad que nunca defrauda

Impresionante panorámica del Golden Gate Bridge desde Battery Spencer. Al fondo, la ciudad de San Francisco.

Ciertamente, eso es lo que pensamos: que San Francisco nunca defrauda. Será por su mítico puente, por los románticos tranvías, por su ambiente desenfadado o por los pequeños pero incontables detalles que regala al visitante. Será por lo que sea, pero es una de esas ciudades que marcan y que siempre apetece volver a visitar.
Esta formidable ciudad se sitúa a orillas del Océano Pacífico, en la Bahía de San Francisco, en la costa oeste de los EEUU. Establecida en una península con más de 50 colinas, se asienta sobre la falla de San Andrés, una de las zonas con más actividad sísmica de todo el planeta.
Si bien es cierto que en la zona ya habitaban los indios ohlone desde hacía varios siglos, la fundación de la actual ciudad se produjo en el año 1776. En ese año, una expedición comandada por Juan Bautista de Anza recorrió la bahía y erigió el Presidio Real de San Francisco; poco más tarde un misionero fundó la Misión de San Francisco de Asís, verdadero origen de esta ciudad.
Tras haberse independizado de España y haber pertenecido durante unos años a México, la ciudad pasó a formar parte de los EEUU. Con la llegada de la fiebre del oro San Francisco comenzó a aumentar su población, pasando a ser una ciudad cosmopolita que generaba riqueza, con un importante puerto y ferrocarril. Las clases pudientes, muy ostentosas, disfrutaban de la excelente oferta cultural e inmobiliaria del San Francisco de finales del siglo XIX.

Inconfundible el skyline de San Francisco.

Sin embargo, en el año 1906, un tremendo suceso cambiaría el devenir de la ciudad. El terremoto del 18 de abril, de 7,8 grados en la escala de Richter, hizo que más de la mitad de las casas quedaran derruidas o fueran pasto del fuego. Más de 3000 ciudadanos fallecieron en ese trágico desastre.
En los años posteriores San Francisco resurgió con fuerza gracias, entre otros, a la Exposición Universal de 1915. La crisis financiera de 1929 apenas golpeó a la ciudad, que continuó creciendo urbanísticamente con grandes proyectos como el Golden Gate o el Puente de la Bahía.
Quizá fue en las décadas de 1960 y 1970 en que San Francisco vivió su época de mayor esplendor y relevancia internacionales, debido al surgimiento del movimiento hippie, el verano del amor en 1967 y la lucha por los derechos de los homosexuales en el barrio de Castro.
Desde finales de los años 90 hasta la fecha actual, San Francisco y sus alrededores (toda la zona de Silicon Valley) se han erigido como la referencia mundial de la tecnología.

San Francisco, la ciudad del amor, del movimiento hippie y del activismo LGTB.

En la actualidad, esta urbe de casi 900000 habitantes (unos cuatro millones si contamos el área metropolitana), es una ciudad cosmopolita y con un punto extravagante, de agradable e interesante visita y, para nosotros, parada obligatoria en un viaje por los EEUU. No en vano, más de 25 millones de visitantes se acercaron a la ciudad en 2016. ¿Nos acompañáis a conocerla?

¿Dónde alojarse en San Francisco?

El alojamiento en San Francisco, sin lugar a dudas, se va a llevar una gran parte de nuestro presupuesto, dado que estamos en una ciudad que podríamos considerar cara en este sentido. Es difícil encontrar alojamiento decente por menos de 150 o 200$ la noche, aunque buscando minuciosamente y con tiempo quizá surja alguna ganga.
Puesto que la mayor parte de lugares «visitables» se concentran en el cuadrante noreste de la ciudad, la mayor parte de los viajeros se alojan por esa zona. En concreto, las zonas más recomendadas son:
Union Square: en pleno downtown de San Francisco, se trata de una animada zona repleta de tiendas, restaurantes y hoteles, a pocos minutos a pie o en transporte público de algunos de los lugares más representativos de la ciudad y, probablemente, en el barrio más seguro. Cuanto más próximos a la plaza más caros los precios, evidentemente. Conviene evitar, no obstante, la zona del Tenderloin, justo al sur/sureste de Union Square, por ser el barrio más conflictivo de la ciudad.
Alrededores de Fishermans’s Wharf y North Beach: otra de las zonas más turísticas de la ciudad, con gran oferta de restaurantes y hoteles, muy animada en temporada estival. Precios no tan caros como en los alrededores de Union Square, aunque también elevados.

Nosotros nos alejamos en North Beach y fue una excelente opción.

Marina District: quizá un poco más alejado del centro, aunque cerca de algunos de los atractivos turísticos. Precios más razonables en esta zona.
Richmond District: situado al noroeste de la ciudad, se halla más alejado del centro pero es un barrio residencial donde encontrar alojamiento barato.

En nuestro caso, tras una ardua búsqueda por internet encontramos el San Remo Hotel, un antiguo y acogedor hotel con habitaciones muy pequeñas pero súper bien situado (en North Beach, a 10 minutos de Fisherman’s Wharf y de Lombard Street) y a un precio más que razonable. Ofrecía aparcamiento por 20$ las 24 h, una ganga para ser San Francisco, y nos pareció encantador.

Hay gente que se plantea, como fue nuestro caso, el alojarse en la contigua ciudad de Oakland para ahorrar dinero en el alojamiento y tomar el BART todos los días para llegar a San Francisco. Esta opción parece desaconsejable a tenor de los comentarios de internet (y algunos familiares nuestros) sobre la inseguridad en gran parte de Oakland.

Nuestro hotel, con historia y habitaciones pequeñas, era coqueto y repleto de detalles. ¡Muy recomendable!

¿Cómo moverse por San Francisco?

San Francisco, como la mayor parte de las ciudades norteamericanas, tiene una gran extensión. Ello implica que, a pesar de que podremos recorrer una buena parte de la ciudad caminando, habrá lugares de interés a los que tendremos que desplazarnos en transporte público o con nuestro propio vehículo.
Conducir por San Francisco nos resultó, sin duda, más complicado que en cualquier otra ciudad de las que visitamos en nuestro periplo por la Ruta 66 y Costa Oeste. Subidas, bajadas, múltiples carriles y conductores californianos de nervios a flor de piel y claxon fácil.

Las famosas pendientes de San Francisco son duras de subir.

La red de transporte público de la ciudad es magnífica, con diferentes medios de transporte que nos pueden acercar a, prácticamente, cualquier rincón de la ciudad.
La web oficial de transporte de San Francisco tiene una excelente sección orientada al visitante; conviene echarle un vistazo. Nosotros vamos a intentar resumirlo un poco en las siguientes líneas:
Caminar: pasear por San Francisco es bastante agradable, aunque el hecho de que esté asentada sobre más de 50 colinas hace que, en función del trayecto, caminar se haga pesado. No obstante, si nos alojamos en la zona noreste de la ciudad, podemos ir caminando a algunos de sus sitios más relevantes (Fisherman’s Wharf, Lombard Street, Coit Tower, Chinatown, distrito financiero, Union Square…).
Cable Car: los famosos tranvías son uno de los elementos más característicos de San Francisco. A pesar de no ser el medio de transporte más eficiente, cómodo ni barato, parece casi imprescindible hacer, al menos, un trayecto en uno de ellos. Existen tres líneas: California, Powell/Hyde y Powell/Mason; las dos últimas son más prácticas para visitar lugares de interés. El billete sencillo cuesta 7$, si tenemos un «Visitor Passport» o hemos contratado el City Pass®, tendremos viajes ilimitados tanto en tranvía como en autobús por un precio razonable.

¿Hay algo más característico de San Francisco que sus tranvías?

Autobuses: sin duda el método más eficiente para moverse por la ciudad. Recorren todos los rincones de la ciudad con bastante frecuencia, sobre todo en las zonas más turísticas. El precio del billete sencillo es 2,75$ (2,5$ si utilizamos el Muni Mobile); incluye posibilidad de transbordo en los primeros 120 minutos. Dentro del Visitor Passport o el City Pass® van incluidos viajes ilimitados en autobús. La red de autobús funciona desde antes del amanecer a, aproximadamente, las 01:00 (en dependencia de la línea y el día de la semana).
Historic streetcars: únicamente existe una línea (la F), que recorre la costa noreste de la ciudad, desde Fisherman’s Wharf al barrio de Castro. Puede ser útil para visitar, además de estos dos lugares, el distrito financiero, Union Square, Market Street y el Civic Center. Con respecto a la tarifa, exactamente igual que el autobús.
Metro ligero (pertenece a la red Muni): tiene paradas tanto en la superficie como en el subsuelo. Consta de 6 líneas y una extra que funciona únicamente en hora punta. Las tarifas son las mismas que toda la red Muni: 2,75$ el billete sencillo (2,5$ si utilizamos el Muni Mobile). No es demasiado útil para moverse entre la mayor parte de los sitios turísticos.
Taxi: identificados con un cartel («San Francisco Taxi Cab»), son un método cómodo aunque caro para moverse por San Francisco. Conviene recordar que es habitual dejar propina al taxista.

Tranvías que suben, tranvías que bajan.

BART (Bay Area Rapid Transit): más que un metro, es similar a una red de cercanías, puesto que conecta San Francisco con otras poblaciones de la bahía. El precio depende de la longitud del recorrido. No pertenece a la red Muni, por lo que los billetes se pagan aparte.
Bicicleta: la extensión del carril bici en San Francisco es amplia, aunque resulta un poco complicado moverse en la zona más céntrica debido al tráfico. Sin embargo, es una excelente opción para recorrer algunas zonas más alejadas del mismo. Existen bicicletas de alquiler (las Fordgobike) que, por 2$ el trayecto (máximo 30 minutos) o 10$ el día permiten coger una bicicleta y devolverla en otro lugar. Más info aquí
Coche propio: no es la mejor opción para moverse por el centro pero quizá puede ser útil para las zonas periféricas de San Francisco. Las constantes subidas y bajadas, el tráfico congestionado y la escasa paciencia de los conductores de la ciudad pondrán a prueba nuestros nervios de acero. Por otro lado, aparcar en las zonas céntricas es una auténtica misión imposible. Lo ideal es encontrar algún aparcamiento para todo el día (lo que suele ser caro) y olvidarse. Nosotros únicamente lo cogimos para ir a los barrios más alejados de nuestro alojamiento (Twin Peaks, Castro, Mission y para visitar el Golden Gate Bridge); en algunos sitios nos costó un buen rato aparcar.

¿Os imagináis recorrer San Francisco en una furgoneta como esta?

¿Qué hacer y qué visitar en San Francisco?

San Francisco es otra de esas ciudades casi interminables. Además de sus monumentos más reconocibles, como el Golden Gate Bridge y la prisión de Alcatraz, existen gran cantidad de barrios, rincones con historia, numerosos museos y escapadas cercanas. Sin más dilación, vamos a resumir brevemente las que consideramos imprescindibles:
Golden Gate Bridge: el símbolo de la ciudad. Cuando la niebla no cubre la bahía de San Francisco, es obligatorio recorrer algunos de los miradores desde donde contemplar este mítico puente colgante construido entre 1933 y 1937. ¿Queréis algunos datos? Ahí van: sus dos torres, separadas 1280 metros entre sí, miden 227 metros de altura; los cables que lo sostienen miden 1 metro de diámetro y pesan 12000 toneladas cada uno; cada día circulan por él unos 100000 vehículos.

Es imprescindible, si la niebla lo permite, posar con el Golden Gate Bridge detrás.

Alcatraz: la prisión federal de Alcatraz, construida entre 1910 y 1912 sobre la isla del mismo nombre, fue una cárcel de máxima seguridad entre 1934 y 1963. En ella fueron recluidos algunos de los presos más peligrosos de todos los EEUU, incluyendo al mismísimo Al Capone. Desde un primer momento la cárcel tuvo mala fama por sus terribles condiciones, se dice que hubo 14 intentos de fuga y que ningún preso lo consiguió. En la actualidad, la prisión es una de las principales atracciones turísticas de San Francisco; se toma un ferry desde el Pier 33 y, ya en la isla, se realiza una interesantísima y sobrecogedora visita con audioguía. Aunque el precio es elevado (39,90$), merece mucho la pena. Más info y reservas aquí.
Union Square: las calles más animadas y ajetreadas de todo San Francisco son las que rodean a esta plaza, repleta de lujosos comercios, hoteles y restaurantes. Bulliciosa y entretenida, merece la pena recorrerla sin prisa.

Descansando un rato en Union Square.

Lombard Street: la definen como «The crookedest street in the world» (la calle más sinuosa del mundo), refiriéndose a su tramo más famoso, en el que la calle se retuerce como una serpiente para salvar el fuerte desnivel (nada más y nada menos que 27º). Sus ocho virajes han sido popularizados en series, películas e incluso videojuegos. Un lugar bien fotogénico.
Fisherman’s Wharf: se trata de uno de los barrios más turísticos de San Francisco, en el que se encuentra el Pier 39 (muelle reconvertido en centro comercial, acuario, etc… y donde ver leones marinos en plena costa), varios museos y multitud de restaurantes y atracciones de ocio. Imprescindible entrar en algún restaurante a probar marisco, cangrejo o la popular sopa de almejas. Una visita ideal para toda la familia.
Coit Tower: una torre construida en estilo art decó, de 64 metros de altura, edificada en el año 1933. La torre se sitúa en lo alto de la colina Telegraph, por lo que es un excelente mirador de toda la ciudad (aunque la entrada es un poco cara: 10$). En la parte inferior de la torre se pueden contemplar pintorescos murales de distintos artistas de la ciudad.

Llegamos a la Coit Tower.

Mission Dolores: la también conocida como Misión de San Francisco de Asís es el emplazamiento histórico más relevante de la ciudad. Erigida en el año 1776 por frailes franciscanos, es un hito crucial en la creación de la ciudad de San Francisco. En la actualidad se puede visitar la capilla, la basílica, el cementerio y los jardines.
Painted Ladies: son una serie de coquetas casas de estilo victoriano y eduardiano pintadas en tonos pastel. A pesar de que en toda la ciudad de San Francisco se construyeron unas 48000 casas de este estilo, en la actualidad el término se refiere habitualmente a las situadas en los números 710 – 720 de la calle Steiner, junto al parque de Alamo Square. Un buen lugar para relajarse y contemplar el paisaje de la ciudad.
Barrio de Castro: tras el verano del amor, en el año 1967, el Barrio de Castro ha sido considerado como el símbolo del activismo LGTBI en todo el mundo. Situado en torno al teatro Castro, del que toma su nombre, se trata de un turístico barrio con gran cantidad de bares, restaurantes y ambiente nocturno. Decorado con incontables banderas multicolor (¡algunos pasos de cebra son también así!), en el barrio también merece la pena visitar los homenajes al activista y político Harvey Milk y el museo de la historia LGTB.

El barrio de Castro, eternamente multicolor.

Tranvías: otro de los símbolos de la ciudad. Aunque quizás no sean el medio de transporte más cómodo ni práctico en la ciudad, merece la pena realizar algún trayecto en ellos. Las líneas Powell/Hyde y Powell/Mason nos pueden acercar a aglunso de los lugares turísticos. Es sumamente curioso ver el cambio de dirección de los tranvías, realizado de manera manual, en el cruce de la calle Powell con Market o en Taylor con Bay.
Chinatown: el barrio chino de San Francisco, creado en 1840, es uno de los más grandes y poblados de todo el mundo. Presentó un repunte poblacional en la década de 1960 debido a la llegada de numerosas familias de Hong Kong. Merece la pena entrar al barrio por su puerta sur (Grant Avenue cerca de Bush Street), ver a los locales haciendo tai chi en la plaza de Portsmouth o comer en alguno de sus más de 300 restaurantes.
Golden Gate park: de una gigantesca extensión, este parque guarda en su interior numerosos rincones interesantes. Aunque quizá los más populares sean el jardín japonés o el gran molino holandés, en el Golden Gate park también podemos encontrar varios museos (California Academy of Sciences, Young’s Museum), otros exuberantes jardines y hasta un parque con una manada de búfalos americanos.
Twin Peaks: estas dos colinas gemelas de 282 metros de altitud sobre el nivel del mar son, probablemente, el mejor mirador de la ciudad (con permiso de la Coit Tower). Se sitúan al oeste del San Francisco más turístico, permitiendo una vista global de la ciudad. Para llegar a lo alto se puede tomar autobús o, si vamos en coche, encontraremos aparcamientos habilitados justo al lado del mirador (aconsejan no dejar nada de valor en el coche, por si acaso).
Otros: el barrio de Little Italy, el distrito financiero, el City Hall (ayuntamiento), Grace Cathedral, el acuario, Sausalito…¡la lista es interminable!

Es fácil adivinarlo: estamos en Chinatown.

San Francisco en dos días: nuestra experiencia

Tras nuestras aventuras por Yosemite y pasar la noche en Mariposa, ponemos rumbo al oeste para llegar a San Francisco, no sin antes detenernos brevemente en la localidad de Pleasanton para visitar a la familia.
Entramos, en nuestro coche, por el Puente de la Bahía (peaje 4$ cuando fuimos nosotros; ahora de 5 a 7$ en función del día y la hora) a la flamante ciudad de San Francisco. Nos recibe un sol radiante, lo cual contrarresta parcialmente el habitual frío húmedo de la ciudad. Porque, sí, a pesar de estar en la costa en San Francisco la sensación térmica siempre es mucho más fría de lo que podríamos imaginar.
Dejamos las cosas en nuestro hotel y aparcamos el coche en un parking situado justo al lado, el cual tiene un convenio con el hotel y cuesta «sólo» 20$ al día (en el resto de SF suele ser más).
Salimos a caminar por la ciudad, en dirección al Pier 33. Hemos reservado, previamente, la visita a Alcatraz, y es allí donde tomamos el ferry que nos lleva a la isla.

Llegando a la isla de Alcatraz.

Al llegar a «La Roca» nos dan unas breves instrucciones y nos entregan los auriculares para las audioguías. La visita, que nos lleva por las diferentes estancias de la prisión, es sumamente interesante y, a la par, sobrecogedora. La audioguía está narrada en primera persona, y relata de manera detallada el día a día de los presos. Lo cierto es que impresiona y merece mucho lo pena la visita.

Entramos a la lúgubre prisión.
Pasillos llenos de celdas.

Regresamos a la ciudad y paseamos por el cercano Pier 39, muy animado a última hora de la tarde. Mientras se pone el sol recorremos todo el muelle, y entramos a cenar en uno de sus múltiples restaurantes. Evidentemente, probamos la deliciosa sopa de almejas (servida en pan) y cangrejo rebozado.
Tras ello regresamos caminando, en poco más de diez minutos, a nuestro hotel. Mañana será otro día.

Una de las principales zonas de ocio y entretenimiento de San Francisco es el Pier 39.
Sopa de almejas. ¡Ñam, ñam!

Nos levantamos temprano para intentar exprimir el día al máximo. Nuestro primer destino es la zona más revirada de Lombard Street, decorada con gran cantidad de flores. Subimos a su parte superior, mientras vemos cómo los coches fuerzan su dirección para poder adaptarse a las curvas de la calle. Curioso sí, pero nada excepcional.

Parece casi imposible que los coches circulen por ahí.
¡Fijaos qué pendiente tiene esta calle!

Desde este punto vemos, a lo lejos y situada sobre una colina, la Coit Tower. Hacía allí ponemos rumbo, subiendo y bajando por las empinadas calles de San Francisco.
La torre, sencilla por fuera, contiene en su interior unos curiosos murales. Pagamos los 8$ (en la actualidad son 10$) y ascendemos a su parte superior, desde la que obtenemos unas espectaculares vistas de la ciudad. La bruma matutina, sin embargo, nos impide contemplar la urbe en su totalidad.

Buenas vistas desde la Coit Tower.

Tras ello, regresamos al hotel, para tomar el coche y visitar los puntos interesantes más alejados del barrio de North Beach, donde nos alojamos.
Conducimos hacia el sur, hacia Mission District, donde se halla la Misión Dolores. Este histórico enclave, fundado por frailes franciscanos en 1776, puede visitarse realizando un donativo (sugerido) de 7$. Entramos y recorremos la capilla y la basílica, bastante interesantes.

Enclave histórico, sin duda.
Fastuoso interior de la basílica.

Paseamos brevemente por el barrio, en el que destacan los murales del callejón Clarion Alley, situado entre las calles 17th y 18th y Valencia Street. Aunque hay murales por todo el barrio, es quizá en este callejón donde el arte al aire libre cobra su mayor esplendor. A pesar de ser un lugar turístico, es fácil encontrar en la zona personas sin hogar y gente consumiendo drogas; en nuestro caso no tuvimos ningún problema.

Uno de los callejones con murales reivindicativos.

De allí nos trasladamos a otro interesante barrio: Castro. La calle principal, presidida por el Teatro Castro y una gran bandera multicolor, es un constante ir y venir de personas variopintas, muchas de ellas con vestimentas escuetas y atrevidas. Los pasos de cebra, también multicolor, son súper curiosos.
En una de las aceras se instaló, en el año 2014, el Paseo de la Fama LGTB. Así, podemos ver en el suelo unas placas de bronce recordando a distintas personalidades como Harvey Milk, Oscar Wilde, Virginia Woolf, Frida Kahlo o el mismísimo Federico García Lorca.
Resulta un barrio muy agradable para pasear, aunque también para comer o tomar algo. Nosotros, hambrientos, encontramos un local de sushi realmente delicioso.

Entramos al barrio de Castro.
Placa homenaje a Federico García Lorca.
Aquí los pasos de cebra son así.

Apenas diez minutos en coche nos separan de Twin Peaks, otra de las visitas importantes del día. Ascendemos por la carretera que lleva a lo alto de las colinas y dejamos el coche en el aparcamiento habilitado a tal efecto. Varios carteles indican que no dejemos nada de valor en el coche; nosotros, evidentemente, hacemos caso, aunque no vemos nada mínimamente sospechoso.
Lo que sí vemos, y estupendamente, es la excelente panorámica de San Francisco que se tiene desde este punto. Aunque el sol se esconde tras la típica neblina de la ciudad, la vista es fantástica.

San Francisco bajo mis pies.

Regresamos al hotel y dejamos nuestro coche para seguir la ruta a pie.
Nos acercamos al cruce de las calles Taylor con Bay para ver el cambio de sentido, realizado de forma manual, de los tranvías. Gran cantidad de gente se agolpa para ver el inusual espectáculo.

El cambio de sentido de los tranvías se realiza de manera manual.

Toca ir ahora a la zona más bulliciosa y animada de la ciudad: Union Square. Paseando por la plaza contemplamos las lujosas tiendas, en cuyo interior la gente adinerada pasa la tarde mientras algunas miradas, más humildes, los observan a través del escaparate. Contrastes de San Francisco. Unos metros más al suroeste, en el barrio de Tenderloin (repleto de personas en riesgo de exclusión, sin techo y con problemas de adicción), el contraste es, si cabe, mayor. La cara más amarga de la ciudad.

Vistas de Union Square desde lo alto del centro comercial Macy’s.

Nuestros pasos nos llevan, posteriormente, a recorrer las calles del distrito financiero, bajo imponentes edificios de hormigón y cristal. Nuestro caminar pausado y sin rumbo fijo difiere del andar decidido y estresado de la marabunta trajeada; hora punta de salida del trabajo.

Gigantes de hormigón en el distrito financiero.

El sol va perdiendo fuerza en el horizonte mientras nos acercamos a Chinatown. En pocos pasos parecemos haber caminado miles de kilómetros. Farolillos rojos, dragones, tiendas con miles de artículos y exóticas fragancias, una perla oriental en el oeste de los EEUU.
Cenamos en uno de los animados restaurantes, el cual resulta una estupenda elección.

Con el estómago lleno emprendemos el camino de vuelta a casa, en un agradable paseo, atravesando el barrio de Little Italy. Pizzerías y cafés dominan sus calles, en las que infinidad de locales y turistas buscan un lugar para cenar o tomar algo.

Curiosidades en Chinatown.

Otro día en el que toca madrugar, y esta vez por una golosa razón. Casi con las legañas en los ojos nos desplazamos al cruce entre las calles Stockton y Filbert, en una de las esquinas de Washington Square. ¿El motivo? Desayunar los populares huevos Benedict en Mama’s, un clásico de los desayunos abundantes en la ciudad. Llegamos antes de su apertura, a las ocho de la mañana, y tenemos que hacer algo de cola para entrar. La espera, sin embargo, merece la pena y tanto los vegetarian benedicts como el sandwich Montecristo que elegimos son extraordinarios.

Haciendo fila desde temprano.
Tenemos faena aquí, ¿eh?

Regresamos al hotel para preparar las mochilas y tomar el coche para visitar lo que nos queda de la ciudad.
En primer lugar nos dirigimos a Alamo Square, para visitar las célebres Painted Ladies. Aunque en la ciudad hay miles de casas de estilo victoriano similares, estas en concreto son sumamente fotogénicas y, al estar situadas en lo alto, tienen el magnífico skyline de la ciudad a sus espaldas. Nos sentamos un buen rato en un banco, contemplando el animado ambiente de esa mañana en el parque.

Contemplando las Painted Ladies.

Tras ello nos dirigimos al barrio de Haight Ashbury, uno de los más alternativos de la ciudad. Origen del movimiento hippie, en sus calles todavía se pueden encontrar coloridos murales, exóticas tiendas y viandantes de espíritu libre.
Cerca de allí se encuentra el grandioso Golden Gate Park, en cuyo interior se puede visitar el Japanese Tea Garden (entrada 9$; gratuita lunes, miércoles y viernes antes de las 10:00 h). El más antiguo jardín japonés de los EEUU, a pesar de ser muy visitado, continúa siendo un remanso de paz y tranquilidad en medio de la ciudad. En poco más de media hora solventamos la visita, entre bonsais, puentes de madera y riachuelos.

Diferentes tonalidades de verde.
Cruzando un empinado puente en los Japanese Tea Gardens.

Dejamos para el final de la visita a San Francisco a su mayor emblema: el Golden Gate Bridge. Dado que hoy el sol brilla con fuerza en la ciudad, algo tampoco demasiado frecuente, nos disponemos a recorrer todos los miradores de esta auténtica joya arquitectónica.
Conducimos por el puente hasta su otra punta, llegando a la localidad de Sausalito, famosa por sus casas flotantes. El camino de regreso lo hacemos por el mismo puente, que en este sentido requiere peaje (8$; el pago es automático si el coche está registrado, en caso contrario hay que entrar en esta web  y realizar el pago online como máximo 48 horas tras el cruce del puente. Si llevamos coche de alquiler debemos llevar a cabo esta segunda opción).

Contemplamos el puente desde

En el siguiente mapa detallamos los diversos miradores desde donde contemplar el Golden Gate Bridge. Especialmente bonitos son el del Fort Point y el de Battery Spencer.

Después de haber visitado todos los miradores y haber tomado decenas de fotos (¡no es fácil encontrar un día tan soleado en San Francisco!) toca despedirnos de esta increíble ciudad para continuar la ruta.
Hemos llegado a la Costa Oeste, y ahora toca poner rumbo al sur. Pero eso, ya sabéis, lo contaremos en la próxima entrada del blog.

¡Hasta la próxima, San Francisco!

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