En ruta por la Costa Oeste: de San Francisco a Los Ángeles

Quizá la panorámica más impresionante de todo este tramo de la Costa Oeste.

Tras un par de días la mar de entretenidos en San Francisco, toca continuar con nuestra ruta en coche. Atrás quedó la Ruta 66 aunque, como podréis comprobar, volveremos a encontrarnos con ella justo en el punto donde finaliza. Las siguientes tres jornadas del roadtrip nos llevan por toda la costa de California en la que, a pesar de que su parte más escénica (el Big Sur) estaba cerrada por desprendimientos, pudimos visitar algunos lugares y ciudades de interés.
Siendo sinceros, no fueron los días más impresionantes de la ruta (quizá nos decepcionaron un poco), pero aún con todo tampoco estuvieron mal.
Los describimos en las siguientes líneas.

Aquí, al sol, con mi nueva amiga.

DÍA 1. DE SAN FRANCISCO A SANTA CRUZ

Hemos empleado la mañana en exprimir los últimos rincones de San Francisco y visitar los mejores miradores de su célebre Golden Gate Bridge, por lo que ponemos rumbo al sur sobre el mediodía.
Recorremos la Highway 1, también conocida aquí con el curioso nombre de Cabrillo Highway, que transcurre paralela a la costa.
Conducimos, aproximadamente, una hora hasta llegar a Pescadero State Beach, una de las más conocidas de la zona. Aunque no está el día como para bañarse, el paraje es bastante bonito; sin embargo, tampoco nada del otro mundo. Quizá en un día soleado de verano…

Quizá en un día soleado los paisajes sean más bonitos.

Todavía nos detenemos, más adelante, en alguno de los múltiples miradores situados junto a las diversas playas. Cada pocos kilómetros vemos un aparcamiento, junto a la carretera, donde dejar el coche y caminar los metros que nos separan del Océano Pacífico. En uno de ellos contemplamos un hermoso atardecer.

Tonos dorados al atardecer.

Llegamos a Santa Cruz de noche. Dejamos las cosas en el motel y salimos a pasear y cenar. Tomamos algo en la zona del puerto, algo alicaída; sin embargo, nosotros nos lo pasamos pipa jugando un rato al mini golf. Tras ello caminamos hasta el centro de la ciudad, donde hay algo más de ambiente en la «zona de bares», aunque vemos bastante gente rara que no nos inspira demasiada confianza. Quizá sea hora de ir a dormir.

El paseo marítimo es bastante entretenido, aunque hoy no hay mucha gente.
Tiembla, Tiger Woods.
El centro de la ciudad está más animado, aunque el ambiente no es el mejor…

DÍA 2. DE SANTA CRUZ A LOMPOC

Desayunamos, preparamos mochilas y seguimos la ruta en dirección sur.
Sin siquiera haber salido de la ciudad, llegamos a un parque natural poco conocido pero que puede resultar interesante: Natural Bridges Park. Además de sus curiosas formaciones rocosas con forma de arco (de ahí el nombre), es una bonita reserva de fauna en la que poder contemplar varias especies de aves, nutrias, focas y, si tenemos la fortuna, alguna ballena que pase brevemente en su periodo de migración. Si disponemos de tiempo y coincide la época (de finales de octubre a febrero), podemos animarnos a realizar un sendero caminando para contemplar a las mariposas monarca que pasan el invierno en este parque. En nuestro caso, ante la falta de tiempo y la necesidad de continuar la ruta, únicamente nos detenemos en el mirador (Natural Bridges State Beach vista point) para contemplar los arcos de piedra sobre los que revolotean aves marinas.

Así son las vistas desde el mirador. Estamos en un lugar de fauna exuberante.

Seguimos la ruta y nos desviamos brevemente de la costa para llegar a Castroville. Y, os preguntaréis, ¿para qué? Bueno, Castroville es conocido básicamente por su enorme producción de alcachofa, de ahí el sobrenombre de «The artichoke center of the world». Habíamos visitado la ciudad en otra ocasión y nos llamó la atención una gran figura de una alcachofa; nos apetecía repetir.

Sí. Por sólo esta alcachofa nos desviamos a Castroville.

El siguiente destino es Monterey, una idílica y turística ciudad de 30000 habitantes que recibe casi cuatro millones de turistas al año. ¿El motivo? Campos de golf, playas, gastronomía, festivales… Paseamos un rato por el animadísimo muelle (Fisherman’s wharf), repleto de restaurantes, bares y actividades de entretenimiento. También nos acercamos a Cannery Row, una calle en la cual se asentaban antiguamente numerosas fábricas de latas de sardinas. Aunque es muy visitado, puesto que es uno de los más completos y populares de todo el mundo, decidimos no entrar al Acuario de Monterey (ya lo conocíamos de otro viaje, y merece muchísimo la pena).

Aquí sí que hay buen ambiente.
Ciudad marítima.
Escultura en homenaje a los pescadores, en el muelle de Monterey.

En la propia península de Monterey resulta obligatorio realizar la 17 mile drive. Se trata de una ruta en coche de 17 millas (27 km) que nos lleva por frondosos bosques, nos acerca a playas de arena blanquecina e imponentes acantilados y nos permite contemplar un buen puñado de paisajes pintorescos. En la ruta destaca el Lone Cypress (ciprés solitario), encaramado en lo alto de una ruta. La entrada nos cuesta 10,50$; aunque es cara, vale la pena emplear un par de horas en recorrer esta ruta con calma.

Contemplando el oleaje en esta playa de arena blanquecina.
El famoso Lone Cypress.

A la salida de la 17 mile drive nos topamos con un tranquilo y elegante pueblo, Carmel-by-the-sea. Habitado por gente de alto poder adquisitivo, resulta muy agradable pasear por su centro lleno de galerías de arte y buenos restaurantes de comida local. Quizá, con suerte, nos podamos topar con su vecino más célebre, Clint Eastwood, quien fue el alcalde de Carmel hace unos años. En nuestro caso, no nos lo cruzamos, pero nos pareció una localidad muy agradable y cuidada por la que paseamos durante un buen rato.

Viendo algunos de los coches, parece que por aquí hay dinero.

Seguimos la ruta por la Big Sur, como se conoce también a la Highway 1, que serpentea por la costa californiana entre playas y acantilados. Pronto llegamos a uno de sus puntos más pintorescos y fotografiados: el Bixby Creek Bridge. Justo antes de la entrada del puente hay un pequeño aparcamiento donde dejar el vehículo y tomar las fotos perfectas. Nos encontramos ante un puente construido en 1932, de 230 metros de largo y una altura de 110 metros sobre el río que desemboca en el mar justo bajo su arco. Si bien es cierto que el lugar es precioso (y con las luces del atardecer todavía más), su popularidad en redes sociales ha hecho que en los últimos dos años sus alrededores se hayan llenado de todo tipo de basura y desechos humanos.

Nos detenemos en alguno de los múltiples miradores de la Big Sur.
¡Vaya día bueno nos ha salido!

Nuestra intención es continuar por la Big Sur; sin embargo, pronto vemos carteles de que la carretera está cerrada por desprendimientos y no se puede continuar desde un poco más adelante. Así que nos toca retroceder para desviarnos por la Interestatal 101, por la que las millas transcurren mucho más rápido.
Ya al atardecer llegamos a San Luis Obispo, una de las ciudades más antiguas de California, puesto que fue fundada en 1772 por el franciscano Junípero Serra. Aunque ya es tarde para visitarla, vemos por fuera la Misión San Luis Obispo de Tolosa, a partir de la cual se comenzó a construir la ciudad. Un paseo por el centro nos descubre una localidad agradable y, a diferencia de la mayor parte de las ciudades de EEUU, muy «paseable» y con cierto aire europeo.

Misión San Luis Obispo de Tolosa.
El centro de San Luis Obispo es muy animado.

Aunque nos apetecería quedarnos un rato más por aquí, debemos continuar la ruta hasta Lompoc, donde nos alojamos. Otro típico motel de carretera en el que descansar tras una larga jornada en coche.

DÍA 3. DE LOMPOC A LOS ÁNGELES

A pesar de encontrarnos ya bastante de cerca de nuestro destino final, Los Ángeles, lo cierto es que todavía nos quedan un par de lugares interesantes que visitar antes de llegar a la ciudad de las estrellas.
El primero de ellos es Solvang, un pueblecito fundado en 1911 por maestros daneses. Y, precisamente por ello, pasear por sus calles es como pasear por la mismísima Dinamarca. Nosotros llegamos muy temprano, casi con las primeras luces del sol, y nos recibe un frío helador digno del mismísimo país escandinavo. Sus calles, vacías a estas horas, están rodeadas de edificios con entramados de madera, molinos e incluso una pequeña réplica de la sirenita de Copenhague. Resulta muy curioso visitarlo.

¿A que se hace raro ver un molino como este por aquí?
Definitivamente no parece que estemos en la Costa Oeste de los EEUU.

Pero la gran visita del día está todavía por llegar, algunos kilómetros más al sudeste: Santa Bárbara.
Se trata de otra gran ciudad, de más de 80000 habitantes, fundada por el misionero Junípero Serra en 1782 con el nombre de Misión y Presidio de Santa Bárbara. Situada en las estribaciones de la sierra de Santa Ynez y a orillas del Pacífico, estamos ante un gran destino turístico, que ofrece historia, excelentes playas y una cuidada gastronomía.
En primer lugar paseamos por su muelle de madera, en el que nos mezclamos visitantes con pescadores locales que disfrutan del hermoso día soleado. Tras ello nos acercamos al distrito de Pueblo Viejo, donde se hallan los edificios históricos más relevantes.
Entramos a visitar el Santa Barbara County Courthouse; es decir, el juzgado del condado. Se trata de un edificio construido en 1929 en estilo colonial, que puede visitarse libremente. Los murales de su interior son un auténtico relato histórico. Se puede visitar, asimismo, la torre del reloj, desde la cual se tienen unas buenas vistas de la ciudad.

Marítima rotonda.
Otro día de sol estupendo.
Llegamos al Santa Barbara County Courthouse.
Eso es lo que queremos: ¡salud y pesetas!
Bonita decoración en el interior.
Así es Santa Bárbara vista desde lo alto. Al fondo, el mar.

Aunque, sin duda, lo imprescindible es visitar Old Mission Santa Barbara, la histórica misión donde se fundó la ciudad. De una belleza relevante, todavía es en la actualidad un importante centro religioso y cultural. La entrada, que cuesta 9$, permite visitar el museo, la iglesia, el jardín y el cementerio. Sin duda, hay que visitarlo.

Esta es la Misión Santa Bárbara.
Y estos los jardines de su interior.

Finalizamos la visita a Santa Bárbara y tomamos nuevamente el coche en dirección sur. Conforme pasan los kilómetros el tráfico se va haciendo más denso. Nos acercamos a Los Ángeles, el destino final de nuestro inolvidable roadtrip por la Ruta 66 y la Costa Oeste de los EEUU. Pero lo que hicimos en esta ciudad, ya sabéis: lo contaremos en la próxima entrada del blog.

¡Acompañadnos en este viaje, marineros!

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