Midi-Pyrénées en 4 días (III): Cordes-sur-ciel, Najac y Belcastel

Estamos en el lugar más fotogénico de Belcastel.

Segundo día de nuestra ruta en coche por los Midi-Pyrénées. Tras una primera de contacto en la ciudad de Albi, toca comenzar a descubrir algunos de los pueblos medievales más bonitos de la zona. Hoy visitaremos tres de ellos: Cordes-sur-ciel, Najac y Belcastel. Aunque son los tres del mismo estilo, con estrechas callejuelas, rincones pintorescos y casas medievales, cada uno de ellos sorprende con sus propios detalles, a cual más interesante.
Con un día es suficiente para conocerlos los tres, sin prisa. Sin embargo, conviene saber que entre Cordes-sur-ciel y Najac hay una media hora en coche, y que entre Najac y Belcastel hay casi una hora. Así que, ya sabéis: tocará madrugar para disfrutar de un precioso día en los Midi-Pyrénées.
¿Nos acompañáis a visitarlos?

Paseando por Cordes-sur-ciel.

Cordes-sur-ciel: el pueblo que emerge entre las nubes

¡Vaya vistas tenemos desde aquí!

Allá por el año 1222, Ramón VII de Tolosa fundó la localidad de Cordes en lo alto de un colina, la cual posteriormente se amuralló para convertirla en una auténtica villa albigense fortificada. Pronto comenzó a destacarse como una floreciente ciudad, en la que los artesanos, comerciantes y burgueses edificaron notables casas, aumentando su población hasta los más de 5500 habitantes en los siglos XIV a XVI. En los siglos posteriores Cordes fue, progresivamente, perdiendo su prosperidad hasta que, en la primera mitad del siglo XX vivió un nuevo resurgir, de la mano de artistas que la redescubrieron al público en general.

Una de las muchas calles preciosas de la localidad.

En el año 1947 la periodista y poeta Jeanne Ramel-Cals le puso el sobrenombre de Cordes-sur-ciel (Cordes sobre el cielo), por la imagen de la localidad emergiendo sobre la frecuente niebla otoñal de la zona. Tan acertada fue dicha denominación que en el año 1993 Cordes cambió su denominación oficial a la actual Cordes-sur-ciel.
Más tarde, en 2014, fue votado «pueblo favorito de los franceses»; motivos no le faltan.
En la actualidad, Cordes-sur-ciel es uno de los destinos de miles de visitantes cada año, que recorren sus empinadas calles en busca de tranquilidad y rincones fotogénicos.

Normal que fuera el pueblo preferido de muchos franceses, ¿no?

Datos prácticos para la visita a Cordes-sur-ciel

Aparcar: el centro de la localidad es peatonal, por lo que debemos dejar el coche en la parte baja. Si bien en la carretera principal hay algunas plazas de aparcamiento (todas ellas de pago), lo mejor es seguir las indicaciones que llevan a los parkings públicos, situados en una calle parte desde la carretera principal, en descenso. Los dos primeros aparcamientos son de pago; debemos continuar más abajo, siguiendo los carteles, hasta llegar al último de ellos, gratuito (a menos de 5 minutos andando del pueblo).
Oficina de turismo: hay una en la parte baja del pueblo, justo en la entrada de la Grand Rue de l’horloge (cerrada cuando fuimos) y otra en la parte superior, en la calle principal (Grand Rue Raimond VII). Buena información y folletos turísticos.
¿Cuánto tiempo dedicar?: unas tres o cuatro horas suelen ser suficientes para callejear con calma y recorrer todos los rincones del pueblo. Si nos gusta el arte o queremos visitar alguno de los museos, el tiempo necesario se alarga.
¿Qué visitar?: aunque existen algunos museos (Museo del Arte Moderno y Contemporáneo, Museo de los Artes de Azúcar y del Chocolate, Museo Charles Portal…) la verdadera belleza de Cordes-sur-ciel radica en ascender por su calle principal (Grand Rue de l’horloge) y contemplar las diversas puertas de la ciudad (Porte des Ormeaux, Porte de la Jane, Porte du Vainqueur, Porte de l’horloge…casi todas ellas del siglo XIII) y las casas señoriales que pueblan las calles próximas a la Iglesia de Saint Michel (siglo XIII a XV). En dichas calles encontramos también pequeños atéliers de arte en el que artistas y artesanos locales exponen su obra.
Truco: si cogemos el coche y ascendemos por la carretera, junto a la gendarmería, llegamos (a los pocos kilómetros) a una explanada de la que parte una pista, señalizada con un cartel. Ese tramo de pista se puede hacer en coche o caminando (algo más de 1 kilómetro); al finalizar se convierte en una senda desde la que obtenemos vistas excelentes de Cordes-sur-ciel en su totalidad.

Dejamos el coche en el P1. En morado el recorrido sugerido.
Pasear por las calles vacías de Cordes-sur-ciel es una delicia.
Entrando a la población por una de sus antiguas puertas fortificadas.

Najac: un pueblo colgado en medio del bosque

Vistas de Najac desde lo alto del castillo.

Encaramado a una cresta rocosa, que se alza sobre un bosque frondoso, y rodeado casi por completo por un hermoso meandro del Río Aveyron, Najac es otro de esos pueblos considerados los «más bonitos de Francia».
Aunque existen vestigios de ocupación humana mucho más antiguos, el auge de Najac se produjo en la época medieval, allá por el siglo XIII. Fue entonces cuando fue construido el Castillo de Najac, por orden de Alfonso de Poitiers, y también la Iglesia de San Juan Evangelista, la Fuente de los Cónsules o la Puerta de la Pica. El resto de la localidad se articula en torno a una única calle principal, manteniendo el equilibrio sobre los cortados que rodean el pueblo. Sus coquetas casas porticadas, con fachadas de roca y madera, balcones de forja, son otro de sus atractivos; seguro que nos detenemos, boquiabiertos, a contemplar más de una.

Casas porticadas, características de la Place du Faubourg de Najac.

Datos prácticos para la visita a Najac

Aparcar: el centro de la localidad es peatonal; sin embargo junto a la plaza principal (y en la propia plaza) existen bastantes plazas de aparcamiento, gratuitas. En temporada alta quizá haya que aparcar en la parte baja del pueblo y caminar hasta el centro.
¿Cuánto tiempo dedicar?: dos o tres horas pueden ser suficientes para visitar Najac, incluyendo la visita al castillo.
Oficina de turismo: en la plaza principal (Place du Faubourg).
¿Qué visitar?: lo habitual es comenzar la ruta por Najac en la Plaza du Faubourg, con sus características casas porticadas. Descendemos por la calle principal, pasando por la Fuente de los Cónsules y, posteriormente, toca ascender al castillo-fortaleza (entrada adulto 6€, merece la pena sobre todo por las vistas de la localidad desde lo alto). Continuar descendiendo hasta el otro extremo de la localidad, pasando por la Puerta de la Pique, hasta llegar a la Iglesia de San Juan Evangelista, la cual no se puede visitar por dentro. De regreso a la plaza principal debemos detenernos a ver algunas de las grandes casas señoriales, como la Casa del Gobernador (siglos XIII a XV) o la Casa del Sénéchal (s XV a XVI).
Truco: como la mayor parte de las localidades que conforman esta ruta, Najac presenta numerosas calles adoquinadas, con fuerte pendiente. Imprescindible calzado cómodo.

En la oficina de turismo nos facilitan este mapa. En morado el recorrido que nos recomiendan para conocer el pueblo.
Contemplando la majestuosa Iglesia de San Juan Evangelista.
Calles que invitan al paseo.

Belcastel: mucho más que un bonito castillo

En el puente medieval, con el Castillo de Belcastel al fondo.

Belcastel es otro de esos pueblos que se ha ganado a pulso estar en la lista de «los más bonitos de Francia». Pero, además de su indudable belleza, tiene una curiosa historia.
La localidad, prácticamente aislada hasta el siglo XX por lo difícil de sus accesos, contaba con un imponente castillo de torreón cuadrado construido en el siglo XI. Dicho castillo fue deteriorándose con el paso de los siglos, quedando apenas unos pocos restos al llegar el siglo XX. En el año 1974 el célebre arquitecto francés Fernand Pouillon conoció la localidad y su castillo, lo compró y emprendió un proceso de meticulosa y cuidada restauración que llevó siete años.

El castillo es visible desde cualquier punto de la localidad.

Desde entonces Belcastel y su castillo lucen espléndidos, siendo uno de los pueblos más bonitos del Valle del Aveyron y de toda la región de Midi-Pyrénées. Si a ello le sumamos la espléndida localización del pueblo (en lo alto de un promontorio, junto a un precioso tramo del Río Aveyron) y la excelente conservación de sus calles medievales, no cabe duda de que Belcastel es uno de los puntos fuertes de cualquier visita a la zona.

Belcastel desde lo alto del castillo.

Datos prácticos para la visita a Belcastel

Aparcar: hay varios aparcamientos en la parte baja del pueblo y uno en la parte alta, junto al castillo (que es el que recomendamos); todos ellos cuestan 3,5€, independientemente del tiempo que estemos.
¿Cuánto tiempo dedicar?: la visita al castillo son entre 45 y 60 minutos (con audioguía). Un total de tres horas son suficientes para visitar Belcastel, aunque las mesas de picnic a orillas del río son ideales para hacer un alto en el camino y comer algo, alargando la visita.
Oficina de turismo: en el castillo dan información sobre el pueblo.
¿Qué visitar?: sin duda, el Castillo de Belcastel es su principal atracción. La audioguía es muy interesante y en unos 45-60 minutos nos descubre todos los secretos del castillo y de Fernand Pouillon, su restaurador. Interesante atravesar el Puente Medieval para llegar hasta la Iglesia de Santa Magdalena (siglo XV). Pasear por las estrechas calles es también una delicia.
Truco: junto al puente hay un pequeño prado con mesas de picnic y excelentes vistas de Belcastel. Es un lugar ideal para parar a comer algo (si llevamos comida preparada) o, simplemente, sentarse un rato a descansar.

Croquis de Belcastel. En morado el itinerario sugerido para visitar el pueblo.
Imponente torre.
Rincones de otros tiempos.

Nuestra experiencia en Cordes-sur-ciel, Najac y Belcastel

Salimos de la ciudad de Albi en dirección noroeste para llegar, en una media hora, a Cordes-sur-ciel. La carretera, que circunvala la población por su parte baja, está repleta de visitantes ya a estas horas. Nosotros seguimos los carteles que indican los aparcamientos, tomando un desvío que desciende hacia la derecha. Dejamos el coche en el último aparcamiento, gratuito, situado a menos de cinco minutos andando de la carretera principal.
Desde allí, con origen en una plaza triangular en la que nos recibe un cartel de «Bienvenidos a Cordes-sur-ciel», parte una calle peatonal, adoquinada, que asciende hacia el centro de la localidad. Se trata de su arteria principal, la Rue de l’horloge, que más adelante, tras superar la Porte de l’horloge, se denomina Grand Rue de la Barbacane.

La famosa Porte de l’horloge.

Subimos con calma puesto que la pendiente es notable, deteniéndonos cada pocos metros a contemplar los escaparates de las tiendas de artesanía o talleres de artistas locales. Con cada giro de la calle encontramos nuevos rincones, con casas de piedra decoradas con abundantes plantas y flores.

Cordes-sur-ciel ofrece unas vistas espectaculares de todo el valle.

Una vez superamos la Porte de Rous finaliza el ascenso y llegamos a la Grand Rue Raimond VII, donde se sitúan la mayor parte de hoteles y restaurantes de Cordes-sur-ciel. Además de contemplar algunas de las casas señoriales, nos llama mucho la atención el Mercado Cubierto, situado en la plaza principal de la población.

Reposando a la sombra, en el mercado cubierto.

Recorremos la Grand Rue Raimond VII hasta al final, para atravesar la Porte des Ormeaux. Un poco más allá de la puerta hay un mirador desde donde contemplamos las vastas llanuras que rodean a Cordes-sur-ciel. El regreso al centro lo hacemos por la Rue Saint Michel y, posteriormente, decidimos explorar algunas de las calles menos visitadas de la localidad.

Estudiando el mapa.

En la oficina de información nos han contado un pequeño «secreto» que queremos compartir. Tras la vista al pueblo tomamos el coche y conducimos por la calle que asciende junto a la gendarmería. A los pocos minutos, siempre ascendiendo, la carretera hace una curva junto a una pequeña explanada con un cartel informativo. De allí parte una pista por la que conducimos, aproximadamente, un kilómetro. Es desde ese punto donde parte una senda que nos llevaría, finalmente, a Cordes-sur-ciel. No obstante, con caminar apenas cien o doscientos metros la senda se abre un poco y nos regala una magnífica panorámica de la población, en su totalidad, vista desde lo alto. Imprescindible para los amantes de la fotografía.

Es en esta curva donde parte la pista hacia el mirador.
¡Fijaos lo que tengo a mis espaldas!

Con ello ponemos punto y final a nuestra visita a Cordes-sur-ciel. Ahora nos dirigimos a Najac, lo cual nos cuesta alrededor de media hora.
La propia carretera nos lleva, siguiendo las indicaciones del GPS, hasta la parte alta de la localidad, donde aparcamos junto a la Place du Faubourg (aparcamiento gratuito).
Dicha plaza nos otorga una excelente primera impresión de Najac. A la izquierda, varias casas porticadas, con sus características fachadas de roca y madera y con tejados de laja negra. A nuestra derecha, casas del mismo estilo, aunque cada una con peculiaridades que las hacen únicas.

¡Bienvenidos a Najac!

Recorremos la plaza y entramos a la oficina de turismo para conseguir un útil mapa del pueblo. Como podemos comprobar, debido a su situación (en lo alto de una cresta rocosa), Najac tiene una morfología alargada, situándose la plaza en un extremo y el castillo y la Iglesia de San Juan Evangelista en el otro.
Nos disponemos, pues, a recorrer la localidad. La calle principal desciende con decisión, con vistas al fondo del impresionante castillo. En esta calle es parada obligatoria la Fuente de los Cónsules, con relevancia histórica (es del siglo XIV) pero no muy bonita, la verdad.

De camino hacia el castillo.
Muy bonita…la verdad es que no.

En lugar de tomar el ascenso directo al castillo decidimos, en el único desvío de calles que hay, girar hacia la izquierda para llegar al otro extremo de Najac, donde se halla la Iglesia de San Juan Evangelista. Aunque no se puede visitar por dentro, su impresionante fachada de estilo gótico languedociano nos parece espectacular, dadas sus grandes dimensiones.

¡Estoy aquí arriba!

Desde allí, regresando por otra calle y atravesando la Porte de la Pique (construida en el siglo XV y que formaba parte de la antigua muralla de la ciudad), ascendemos los últimos metros que nos separan de la entrada del castillo.
Pagamos la entrada (8€, merece la pena) y entramos a esta fortaleza construida en los siglos XII y XIII, aunque posteriormente remodelada. Junto con la entrada entregan una breve guía en papel plastificado, donde se detallan las diferentes estancias del castillo y las circunstancias históricas de su construcción. Subimos, por una estrecha escalera, a lo alto de la torre, desde donde contemplamos unas excepcionales vistas de Najac, rodeada de un inmenso manto boscoso verde.

Interior del castillo. Desde lo alto de esa torres las vistas son fabulosas.

Tras la visita al castillo, que nos lleva una media hora, seguimos paseando por Najac disfrutando de todos sus callejuelas y rincones.

Casas de cuento, en Najac.

Debemos continuar la ruta, ahora en dirección nordeste, para llegar al último destino del día: Belcastel (aproximadamente una hora en coche).
A pesar de que justo en la entrada de la población hay un par de aparcamientos, preferimos ir en coche hasta la parte alta, junto al castillo, y aparcar allí. El aparcamiento es de pago (3,5€); no obstante nos percatamos de que si continuamos la carretera unos cien metros hay un pequeño ensanchamiento donde hay un coche aparcado y hueco para uno más; gratuito, evidentemente.
Caminamos los escasos metros que nos separan de la principal atracción de Belcastel: su castillo. Tras pagar la entrada, 6€, atravesamos un puente levadizo que nos lleva a su interior. Mediante una muy completa audioguía, recorremos las diversas estancias del castillo, aprendiendo un buen puñado de lecciones históricas sobre la región y el propio Belcastel. Desde lo alto del castillo tenemos unas buenas vistas de la población, destacando el puente medieval sobre el Río Aveyron y la iglesia, un centenar de metros más abajo.

Cuidado interior del castillo.

Al finalizar la visita comenzamos a callejear, descendiendo, por las estrechas y perfectamente conservadas calles de Belcastel. Nos llama la atención un antiguo horno de pan de la localidad, así como un par de casas de aspecto más señorial.

Antiguo horno para el pan, en una de las calles de Belcastel.

Pero, sin duda, lo que más nos enamora de Belcastel es la panorámica que hay desde la otra orilla del río, bajo el puente medieval. Un pequeño prado herboso equipado con mesas de picnic, desde donde contemplar el puente, la localidad y, en su parte más alta, el bonito castillo. ¡Qué bien se está aquí!
Tras las fotos de rigor, que son muchas, entramos a la Iglesia de Santa Magdalena, del siglo XV. Aunque por fuera es coqueta y está en un entorno precioso, por dentro es sencilla y no muy llamativa.
Nos queda recorrer de nuevo las calles de Belcastel, esta vez en sentido ascendente, hasta llegar al coche y finalizar la visita por hoy.

Desde este idílico prado podemos tomar las mejores fotos de Belcastel.

Mañana visitaremos los que, probablemente, sean los pueblos más turísticos de los Midi-Pyrénées. Pero eso, ya sabéis, lo contaremos en la próxima entrada del blog.

¡Mañana más…y mejor!

2 Comentarios

  1. María P Ruiz

    Hola chicos.

    Me están encantando estas entradas. Me van a venir muy bien porque hace tiempo que quería conocer esta zona y lo explicáis todo al detalle. Muchísimas gracias.
    Una pregunta. Algunas personas incluyen en la ruta otros pueblos como Saint Antonin Noble Val o Saller la Source. ¿Vosotros los descartasteis por algún motivo?
    Un beso y gracias.

    1. Conbotasymochila

      Hola, María, ¡gracias por tus palabras!
      Evidentemente, en la zona de los Midi-Pyrénées hay muchísimos pueblos bonitos que visitar, no sólo los que conocimos nosotros, como por ejemplo los que tú nombras. Sin embargo, en nuestro viaje preferimos visitar tranquilamente los más importantes y bonitos, exprimiéndolos al máximo, y así poder disfrutarlos con calma. Ese fue el único motivo, que tuvimos que elegir entre todos ellos.
      Tenemos excusa para volver 😉

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