Midi-Pyrénées en 4 días (V): Saint-Cirq Lapopie y Cahors

Saint-Cirq Lapopie a nuestras espaldas.

Último día de nuestra ruta por los Midi-Pyrénées; no por ello menos interesante, puesto que nos toca descubrir dos localidades sumamente diferentes entre sí. Por un lado Saint-Cirq Lapopie, un minúsculo pueblo medieval situado en un promontorio sobre el Valle del Lot. Por otro, Cahors, una próspera ciudad marcada por una historia interesante y convulsa que queda reflejada en sus calles y monumentos.
El «Pueblo preferido de los franceses» en el año 2012 y la ciudad con uno de los puentes más bonitos del mundo. Parecen buenas cartas de presentación, así que…¿nos acompañáis a conocerlos un poco más?

Atravesando el Pont Valentré, en Cahors.

Saint-Cirq Lapopie: preferido por muchas razones

Así de contentos nos pone Saint-Cirq Lapopie.

Situado en pleno corazón del Parc Naturel Régionel des Causses du Quercy, en lo alto de una colina desde la cual se tiene una panorámica inmensa del Valle del Lot, Saint-Cirq Lapopie es uno de esos lugares que destacan por su conjunto, no por ningún monumento en concreto.
Su historia se remonta, al menos, al siglo X, en que Oldoric, vizconde de Saint Cirq, mandó construir allí su castillo. En siglos posteriores, los señores feudales de la zona construyeron allí otros castillos y fortalezas para protegerlo, las calles y casas que fueron construyéndose a su alrededor datan de los siglos XII a XV.

Tejados de Saint-Cirq Lapopie.

A partir del siglo XVI los castillos fueron abandonados por sus señores y la localidad entró en un periodo de declive. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, la llegada de varios artistas en busca de inspiración (entre los que destaca André Breton) volvió a popularizar a Saint-Cirq Lapopie.
En el año 2012, la localidad recibió una nueva dosis de fama al ser elegida como «Pueblo preferido de los franceses» en un concurso de televisión. Desde entonces, se cuentan por miles los turistas que se acercan a conocer este bello pueblo de tejados naranjas, calles adoquinadas y miles de detalles. La visita, sin duda, no defrauda.

Una de las hermosas calles de la localidad.

Datos prácticos para la visita a Saint-Cirq Lapopie

Aparcar: existen seis aparcamientos; todos ellos de pago (4€). Probablemente el más cómodo sea el número 4, situado en la parte alta de la localidad.
¿Cuánto tiempo dedicar?: con un par de horas puede ser suficiente para saborear la localidad; algo más si nos detenemos a visitar el Museo Rignault.
Oficina de turismo: se encuentra en la plaza principal, la Place du Sombral. Ofrece un folleto bastante completo, en el que suelen indicar un recorrido orientativo para no perderse nada en la visita.
¿Qué visitar en Saint-Cirq Lapopie?: nos encontramos en una localidad cuya belleza radica en el conjunto urbano, más que en algunos edificios en concreto. Sin embargo, la iglesia (del siglo XVI y dedicada a Saint Cyr), la roca de la Popie y los restos del Castillo de los Cardillac son parada obligatoria. De entre las diferentes casas señoriales de Saint-Cirq Lapopie merece destacar la Casa Daura, la Casa de la Fourdonne (actual ayuntamiento) y la Casa de André Breton. El Museo Rignault ofrece exposiciones permanentes y temporales, así como un jardín con excelentes vistas del valle.
Truco: conviene recorrer la Rue de la Pélissaria hasta su parte final, donde se encuentra la Puerta de la Pelissaria y desde la que hay unas excelentes vistas del conjunto urbano.

Mapa de la población (perdón por la calidad).
Posando junto a las ruinas de una antigua fortaleza.
Vistas del Valle del Lot, desde lo alto de Saint-Cirq Lapopie.

Cahors: un puente único en una ciudad inspiradora

El Pont Valentré, emblema de la ciudad.

Tras visitar esta tranquila y agradable ciudad hay una imagen que jamás se borrará de nuestra mente: el Puente Valentré, con sus tres torres, cruzando el cauce del Río Lot.
Aunque lo cierto es que, además del puente, Cahors tiene una interesante historia que le proporciona los ingredientes necesarios para ser una parada más de cualquier ruta por los Midi-Pyrénées.
Aunque nació en tiempos de la Antigua Roma, Cahors tuvo su época de mayor esplendor en la Edad Media, siendo una de las ciudades más vibrantes y populares de la Europa de aquella época. Fue entonces cuando se construyeron algunos de sus edificios más relevantes, como la Catedral de Saint-Étienne (siglos XI-XII), la Iglesia de San Bartolomé (siglo XII), o la Barbacana (siglo XVI).

La catedral es visita obligada. Su interior, magnífico.

Sin embargo, la obra arquitectónica más notable de Cahors es el Puente Valentré, un puente fortificado del siglo XVI de seis arcos y tres torres. Con 138 metros de longitud y unos arcos de 16,5 metros de altura, es una preciosa obra considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998. También se le conoce como Puente del Diablo, por una curiosa leyenda sobre su construcción (clic aquí para leer más sobre dicha leyenda).
En la actualidad Cahors es una ciudad moderna y atractiva, visitada por numerosos turistas que se acercan a fotografiar su hermoso puente, peregrinos que recorren el Camino de Santiago (el cual atraviesa la ciudad) o, simplemente, gente de la región que se acerca a su popular mercado los miércoles y los sábados.

Estamos ante un puente majestuoso.

Datos prácticos para la visita a Cahors

Aparcar: hay numerosos aparcamientos en la ciudad, algunos de ellos gratuitos (pintados en verde en el mapa de más abajo).
¿Cuánto tiempo dedicar?: Cahors es algo más grande que el resto de las localidades visitadas previamente, aunque todos sus atractivos turísticos (salvo el Pont Valentré) se hallan en el mismo barrio. Con medio día es más que suficiente para conocerla en profundidad.
Oficina de turismo: se encuentra en la céntrica Plaza François Mitterrand. Entregan un mapa detallado pero en el que apenas constan explicaciones de los lugares más interesantes a visitar.
¿Qué visitar en Cahors?: la mayor parte de las edificaciones notorias se encuentran en los tres barrios antiguos (Quartier des Soubirous, Quartier de la Cathédrale y Quartier des Badernes). La Catedral de Saint-Étienne, de estilo románico, comenzó a construirse a finales del siglo XI. En su amplio interior destacan dos cúpulas de estilo bizantino, una de las cuales está decorada con frescos del siglo XVI. Pasear por los barrios medievales sorprende a cada paso, puesto que encontramos incontables casas señoriales de los siglos XII a XV. Algunas de las más interesantes se hallan en las calles Nationale, Dourade y Château du Roi. El Puente Valentré, del siglo XVI es la obra más fotogénica de la ciudad; se encuentra en la parte oeste de la ciudad (a unos 15 minutos caminando de la zona antigua) y es totalmente peatonal.

Así es el completo mapa que nos entregan en la oficina de turismo. En amarillo los barrios antiguos; a la izquierda del todo (número 1) el Pont Valentré.
Paseando por las estrechas calles de Cahors.
«L’horloge a billes» (el reloj de canicas). Seguro que os quedáis contemplándolo un buen rato.

Nuestra experiencia en Saint-Cirq Lapopie y Cahors

Amanece nublado en los Midi-Pyrénées, con bastante fresco a primera hora de la mañana. Tras un copioso desayuno emprendemos la ruta.
Nuestra primera parada es en la localidad de Saint-Cirq Lapopie, considerado uno de los pueblos más bonitos de la ruta.
Dejamos el coche en el aparcamiento 4, en la parte alta de la ciudad (precio fijo 4 euros, se paga en unas máquinas situadas en la entrada peatonal del aparcamiento).
Comenzamos a recorrer las calles semi desiertas, a estas horas de la mañana, de la idílica población. Mientras esperamos a que abran la oficina de turismo, decidimos ascender a la roca de la Popie. Son, apenas, cinco minutos de ascenso por escaleras y sendero. Desde allí tenemos una estupenda panorámica del verde Valle del Lot, majestuoso. A nuestros pies, unos cuantos metros más abajo, la Place du Sombral y un buen puñado de antiguas casas, con techos de lajas rojas y fachadas de piedra, que otorgan a Saint-Cirq Lapopie un aire de cuento.

Calles prácticamente desiertas a primera hora de la mañana.
La Place du Sombral desde lo alto.

Tras obtener un folleto en la oficina de turismo, nos disponemos a recorrer la localidad, siguiendo un itinerario que nos han sugerido.
Así, pasamos por la Iglesia de Saint-Cyr, el Museo Rignault y el Albergue de los Marineros antes de llegar a la Puerta de la Pelissaria, en uno de los extremos de la población. Justo en el punto en el que parte el camino hacia uno de los aparcamientos, hay un pequeño rellano desde donde la panorámica de Saint-Cirq Lapopie es estupenda, con su iglesia destacando en lo alto.

Curiosos recursos arquitectónicos.
Magnífica panorámica de Saint-Cirq Lapopie desde la parte baja de la población.

El regreso lo hacemos por la Rue Droite, también conocida como Grand Rue, en la que destaca la Casa Daura (del siglo XIII, reconvertida en residencia internacional de artistas).
Paseamos después, sin rumbo fijo, para descubrir algunos callejones interesantes y bucólicos. Tras unas dos horas de visita, y cuando comienzan a caer unas pocas gotas de lluvia, decidimos continuar nuestra ruta.

Descubriendo Saint-Cirq Lapopie.
Detalle de la Casa Daura.
Callejeando sin rumbo se encuentran los rincones más bonitos.

Tomamos el coche y conducimos en dirección oeste durante media hora hasta llegar a la ciudad de Cahors.
Es día festivo, así que los aparcamientos de la ciudad están medio vacíos y, además, son gratuitos, por lo que dejamos nuestro coche muy cerca de la catedral.
Caminamos hasta llegar a la oficina de turismo, situada en la Place François Mitterrand, con bastante ambiente a pesar del día gris.
Provistos de un mapa en papel que, a decir verdad, no proporciona demasiadas explicaciones, comenzamos a recorrer la ciudad.

Arquitectura tradicional de la zona.

Nuestra primera parada es la Catedral de Saint-Étienne. Si bien por fuera ya nos resulta impresionante por su tamaño y formas, el interior nos deja fascinados. Su claustro, sobrio, que invita a la reflexión y el sosiego contrasta con las vidrieras repletas de detalles y las fascinantes cúpulas de estilo bizantino, una de ellas profusamente decorada.

La catedral es grandiosa.
La magnífica cúpula, decorada con frescos del siglo XVI.
¡Por estas puertas entramos unos cuantos!

Dado que el día no acompaña, con lluvia intermitente, recorremos únicamente las calles principales de Cahors, agazapados bajo nuestro paraguas. De este modo, paseamos por la Rue de la Dourade y, posteriormente, por la Rue du Château du Roi, dos de las calles que presentan una arquitectura más interesantes. Llegamos hasta la Torre Jean XXIII, punto en el que nos damos la vuelta para regresar hasta el coche.

Cahors nos enamoró.
Torre Jean XXIII.

Anticipando el hecho de que no vamos a tener ningún problema para aparcar, nos dirigimos en nuestro propio vehículo a la principal visita de Cahors: el Puente Valentré. Aparcamos a apenas cien metros del mismo, por lo que disfrutamos de su elegante estampa mientras nos dirigimos a su entrada este.
Como nosotros, decenas de personas intentan retratar este curioso puente-fortaleza que cruza el Río Lot. Finalmente, y tras varios intentos, logramos alguna instantánea en la que aparecer solos.

Otro ángulo distinto del Pont Valentré.

Con ello ponemos punto y final a esta bonita ruta de cuatro días por los Midi-Pyrénées, que nos ha descubierto unos cuantos pueblos de ensueño, plagados de castillos, casas señoriales y rincones encantadores.
¡Hasta siempre, Midi-Pyrénées! O, quizá…¿hasta pronto?

¡Hasta la próxima, Midi-Pyrénées!

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