Pico Aspe (2645 m) desde Aísa

El Pico Aspe, también conocido como Pico de la Garganta de Aísa o Punta Esper es otro de esos montes que, pese a tener una altitud modesta, posee un fuerte carisma y goza de renombre entre los pirineístas. Alzándose hasta los 2645 metros de altitud, el Aspe es la cumbre principal que corona el hermoso y poco transitado Valle de Aísa. No obstante, su cara más imponente es la norte, que se eleva de manera altiva más de mil metros sobre la estación de esquí de Candanchú, siendo la cima que cierra el homónimo valle francés (Vallée d’Aspe).
Hoy os presentamos la ruta que asciende al Pico Aspe por su vertiente sur, partiendo del Valle de Aísa. Se trata de una ruta sin grandes complicaciones, que atraviesa parajes insólitos y que nos permite alcanzar esta cima de vistas superlativas. ¿Nos acompañáis?

Celebrando los 35 en las alturas.

Datos técnicos

Fecha: 3 de agosto de 2019
Inicio y fin de la ruta: final de la carretera del valle de Aísa. Desde la localidad de Jaca debemos tomar la carretera comarcal A-2605 en dirección noroeste hasta llegar a Aísa. Una vez en dicho lugar debemos continuar por la propia carretera unos 8 km más, en dirección norte, hasta donde la propia carretera se topa con una valla verde que cierra el paso. Junto a la valla existe hueco para dejar varios coches.
Itinerario: Aparcamiento de la Cleta – Cruce GR11 – Abrevadero – El embudo – Las Llanas – Brecha del Aspe – Cima del Aspe – Brecha del Aspe – Las Llanas – El embudo – Abrevadero – Cruce GR11 – Aparcamiento de la Cleta.
Distancia: 10,2 km.
Desnivel acumulado: 1177 metros, tanto de desnivel positivo como de negativo.
Altitud:
– Mínima: 1488 metros (aparcamiento).
– Máxima: 2645 metros (cima Pico Aspe)
Duración sin paradas: 5 horas y 50 minutos.
Duración total, por partes:
– 35 minutos al cruce con el GR11 (1,7 km; 1720 m).
– 1 hora al embudo (2,5 km; 1912 m).
– 1 hora y 30 minutos al inicio de la zona kárstica (3,2 km; 2186 m; 10 minutos de descanso).
– 2 horas y 30 minutos a las proximidades de la Brecha del Aspe (4,36 km; 2385 m).
– 3 horas y 10 minutos a la cima del Pico Aspe (5,15 km; 2645 m; 30 minutos de descanso).
– 4 horas y 25 minutos a las proximidades de la Brecha del Aspe (6,12 km; 2407 m).
– 5 horas y 15 minutos al inicio (ahora final) de la zona kárstica (7,21 km; 2186 m; 10 minutos de descanso).
– 6 horas y 40 minutos al coche.
Dificultad:
– Imprescindible prestar mucha atención en la zona del karst, repleta de simas y profundas fisuras. Cuando queda poca nieve (la cual puede ocultar las grietas) o con niebla resulta sumamente peligrosa esta zona.
– A pocos minutos de comenzar la zona kárstica encontraremos un punto del que parecen surgir dos caminos. El de la derecha transita por un costado del karst mientras que el de la izquierda lo hace por su parte superior. El primero está menos señalizado y en algunos puntos hay que «improvisar»; el segundo está mejor indicado pero tiene un paso de pocos metros con algo de patio a la derecha. Hicimos el de la derecha a la ida y el otro para la vuelta, recomendamos el segundo de ellos.
– La ruta transcurre completamente por cara sur y sin sombras. Conveniente madrugar y llevar agua abundante.
– En el último collado, entre la antecima y la cima, hay un paso de un par de metros que requiere ayudarse con las manos. No obstante, hay buenos agarres y apoyos para los pies; se supera sin dificultad alguna.

Descarga el track GPS aquí.

*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Ruta realizada, de manera aproximada. En rojo el ascenso y en verde el descenso.
Ruta realizada, según el reloj GPS.
Ruta en 3D, según el reloj GPS.
Perfil de la ruta.
Escala MIDE de dificultad.
Ruta, aproximada, al Aspe.
Entrada por el embudo, uno de los pasos clave de la ruta.

Pico Aspe. Nuestra experiencia

Han sido unos meses de breve (aunque se ha hecho largo) parón montañero, por lo que las ansias de Pirineo nos desbordan. Y la idea no es otra que hollar una de esas cumbres míticas, con peso, que cualquier amante de estas montañas sueña con conquistar. Nuestra idea es subir al Aspe, pero no por su fiera y vertical cara norte, sino por su más amable, aunque ciertamente inhóspita, vertiente sur.
Una vez llegamos a la localidad de Aísa, en coche, continuamos por la carretera que se adentra hacia el fondo del valle, hasta toparnos con la valla verde que nos cierra el paso, junto a la cual varias furgonetas han pasado la noche.

Está claro que, a partir de aquí, no podemos circular con el coche.

Aparcamos, nos calzamos las botas, nos embadurnamos de crema solar y comenzamos a caminar. Son las 07:50 de la mañana y nos hallamos a unos 1490 metros de altitud; aunque el cielo se encuentra despejado la temperatura es fresca.
Nuestros primeros pasos transcurren por una cómoda pista, que enseguida se torna vertical y asfaltada (por unos metros) para luego volver a suavizar, justo en el momento en el que ya vislumbramos, en toda su magnitud, el fabuloso circo que cierra el valle de Aísa. El sol madrugador comienza a acariciar las esbeltas cimas, entre las que destacan el Pico Llena del Bozo, el Pico Llena de la Garganta y, algo más oculto, nuestro destino de hoy: el Aspe.
Enseguida damos con un cartel indicador en el que se nos muestran las principales rutas que existen en la zona. Junto a él, un poste señala el desvío que debemos tomar, pues lleva a la Surgencia del Chorrotal, al Collado de Rigüelo (por el GR 11.1) y hacia el Pico Aspe.

El sol comienza a acariciar las cimas. Debemos prestar atención a este cartel, puesto que nos indica el desvío que tenemos que seguir.

Abandonamos, en este punto, la pista principal para tomar la clara senda que, tras atravesar el pequeño río, comienza a ganar altura, primero suavemente y después con más decisión.
Caminamos por un bello terreno de prados, empleado por los ganaderos de la zona para dejar a sus vacas, las cuales pastan plácidamente en esta mañana de verano. Su vida sosegada se ve interrumpida, fugazmente, por nuestros pasos; algunas nos miran e incluso una amaga con correr hacia nosotros. Mejor abandonar la senda temporalmente y alejarnos unos metros.
Cuando llevamos unos 30 minutos de caminata debemos prestar atención, puesto que en un determinado punto la senda parece virar a la derecha, siendo el camino que asciende a la izquierda, entre los árboles, el adecuado. No obstante, ambos confluyen más arriba en el cruce con el GR11.1, por lo que si nos equivocamos únicamente tendremos que caminar unos metros extra.

Caminos bien señalizados; nosotros debemos continuar siempre en línea recta.

Llegamos al cruce del GR 11.1, en el cual debemos continuar recto, en claro ascenso. A nuestra derecha destaca la piramidal Punta de la Magdalena, de verdes y lisas laderas, únicamente interrumpidas por la «herida» conferida por la pista que lleva al Refugio López Huici. Frente a nosotros contemplamos las murallas casi inexpugnables que suponen el paso previo a las cumbres del valle.

El astro rey comienza a calentar las laderas de la Punta Magdalena.

Superado un abrevadero, apenas nos quedan diez minutos de suave ascenso, bajo una lisa pared rocosa, hasta llegar al embudo (2,5 km; 1912 m). Este característico paso, en el que debemos superar un pequeño resalte rocoso carente de cualquier dificultad, nos abre al acceso ya a terreno de alta montaña. A partir de aquí la pendiente gana dureza y, progresivamente, el pasto va cediendo paso a la roca.

Caminando, en ascenso, hacia la muralla rocosa.
Pasos horizontales en busca del embudo.
A pesar de lo acrobático de la imagen, el pequeño escarpe rocoso se supera con suma facilidad.

Ganamos altitud rápidamente, a paso ligero, realizando un constante zigzag en la ladera. Arriba vemos un pequeño collado, nuestro siguiente destino.

Comienza el ambiente de alta montaña.
Se intuye un collado ahí arriba, hacia el cual nos dirigimos.

Nos detenemos unos 10 minutos en el inicio de la zona conocida como Las Llanas. Frente a nosotros tenemos un desolador terreno de roca kárstica, que nos regala tonalidades blanquecinas al ser golpeada por la luz del sol, semejando la lengua de un glaciar. Una miríada de rocas dispuestas de forma caótica, con fisuras profundas y paredes ásperas, muestra un aspecto desolador pero singularmente hermoso. Merece la pena detenerse brevemente a contemplar este orden incomprensible, auténtica obra de arte natural de roca caliza.

Descansando en el collado, a la sombra.
Frente a nosotros un enorme y caótico karst, que semeja la lengua de un glaciar.

A partir de aquí la senda se ha difuminado totalmente, por lo que debemos guiarnos por los hitos de piedra situados cada pocos metros, aunque en ocasiones, fácilmente desapercibidos. Comenzamos a caminar, saltando de roca en roca y evitando, con sumo cuidado, las traicioneras fisuras que podrían causarnos un irreparable disgusto.

Caminando por terreno rocoso.
¡Cuidado con las fisuras! La de la foto tenía varios metros de profundidad.
Mirando bien dónde pisamos.

Pronto llegamos a un punto en el que, ante nosotros, surgen dos posibles caminos. Hacia la izquierda parte un escarpado ascenso coronado por un gran hito de piedras; sin embargo, hacia la derecha el camino llanea en dirección a otro hito de similar tamaño. Tal y como habíamos leído, en este punto hay diversas rutas y toca elegir.

Vemos los hitos (rodeados en rojo). Ambas opciones son válidas; nosotros fuimos por la de la derecha y volvimos por la de la izquierda. Una vez conocidas las dos, la que vemos en la imagen a la izquierda nos resultó más cómoda.

Optamos por la opción que, a priori, parece más sencilla: llanear hacia la derecha. Una vez superado el gran hito antes visualizado, podemos contemplar la zona kárstica en toda su extensión. Un auténtico enjambre de rocas colocadas caprichosamente, sobre las cuales tenemos que caminar.
Prestando atención, a partes iguales, a los hitos del camino y a las fisuras de la roca (algunas de ellas tan profundas que no vemos su fondo), vamos avanzando incómodamente. Si bien no hay pasos complejos o que exijan destreza especial, sí que es cierto que en algunos puntos la zona de paso se estrecha y conviene extremar las precauciones.

Vistazo atrás. Venimos de aquella pequeña brecha. Si hubiéramos elegido la otra opción en el anterior desvío estaríamos caminando por la parte superior del karst (en esta imagen, en la parte superior derecha).
Nos sentimos minúsculos ante semejante caos de roca.

Fatigosamente, y tras una hora de pesado caminar por la zona kárstica, llegamos a su fin, en las proximidades de la Brecha del Aspe (4,36 km; 2385 m; 2 horas y 30 minutos). Con este nombre se conoce al evidente collado que separa el Aspe del Pico Llena de la Garganta, y por el que llegan los montañeros que ascienden desde la zona de Candanchú.

Llegamos a las proximidades del collado (el cual estaría a la izquierda de la imagen). Ascenso en dirección evidente.

Bajo la atenta mirada de la gran mole rocosa del Pico Llena de la Garganta, comenzamos el último tramo de la ascensión, por terreno que alterna prado con incómodas rocas, buscando una senda que aparece y desaparece por momentos. A pesar de ello, la dirección es evidente, puesto que tenemos la cima del Aspe ahí enfrente, a unos pocos centenares de metros.

El pico Llena de la Garganta se muestra desafiante desde este punto.

Superada la antecima debemos descender ligeramente, realizando un sencillo destrepe de un par de metros con muy buenos apoyos.

Pequeño destrepe tras llegar a la antecima. Buenos agarres y apoyos, no reviste gran dificultad. (Foto tomada a la vuelta).

Tras este punto no nos queda más que remontar los últimos metros, bien señalizados y de fuerte pendiente, hasta llegar a la cima del Pico Aspe (5,15 km; 2645 m; 3 horas y 10 minutos).
Algunos montañeros, más madrugadores o que han ascendido por otras vías, nos esperan en la cima. Buen ambiente y excelentes panorámicas.

¡Pico Aspe conseguido!
El buzón de la cima del Aspe.

Todo el mundo desenfunda su cámara de fotos o teléfono móvil con la idea de intentar captar la belleza del entorno.
Impresionantes vistas en 360 grados, que nos permiten divisar una enorme lista de cumbres, unas pocas ya conquistadas, algunas anheladas y otras que se antojan imposibles. Al oeste reconocemos, además del antes mencionado Pico Llena de la Garganta, al Bisaurín, Castillo de Acher y Anie, entre otros. Al norte, bajo nuestros pies, la estación de Candanchú y el Bosque de Sansanet (punto de partida para el Ibón de Estanés, el cual contemplamos parcialmente). Más al fondo la estación de esquí de Astún, el Arriel, Palas, Balaitús, Frondiellas y, destacando entre todos, el siempre magnífico Midi d’Ossau.
Un poco más al este atisbamos las cimas de la Canal Roya, supervisadas por al Anayet y el Vértice de Anayet; en la lejanía, algo difuminados, la Gran Facha, los Infiernos y el Garmo Negro.
Algo más cerca y ya en dirección este, la inconfundible cima de Collarada; en primer plano, el Pico y los Mallos de Lecherín.

Contemplando las magníficas panorámicas, entre las que destaca el Midi d’Ossau.
Palas, Arriel, Balaitús, Frondiellas, Anayet, Vértice de Anayet, Gran Facha, Infiernos, Gramo Negro…
Tirando de zoom al Midi d’Ossau.
Mar de montañas hacia la zona de Echo y Ansó.

Tras la primera ráfaga de fotos decidimos sentarnos a comer algo y descansar, contemplando el panorama, anhelando nuevas rutas y soñando con nuevas cimas. ¡Qué sensación más agradable el estar aquí arriba!
Nos quedamos en la cima, aproximadamente, 30 minutos. Lo suficiente para asimilar la magia del lugar y el entorno. Pero toca descender, no queda otra.
El primer tramo de descenso se hace cómodo, buscando las trazas de senda que nos llevan hasta las proximidades de la Brecha del Aspe.

Comienza el descenso, cómodo.

Desde la cima hemos contemplado como otros montañeros accedían a este collado atravesando la zona kárstica por dos rutas distintas: una transcurre por la parte superior y otra algo más al este (por donde hemos venido nosotros). Aunque ambas parecen similares, nos percatamos de que la que transcurre por la parte superior está mucho más señalizada por grandes hitos de piedra. Tras preguntar a un par de montañeros, nos confirman que la ruta es sencilla, así que nos decantamos esta opción.
Y lo cierto es que la parte superior del karst, a pesar de exigir atención por las grandes fisuras y simas, está mejor señalizada y nos parece más cómoda.

Ahora regresamos por la parte superior del karst.
Precaución, mucha precaución, que hay fisuras muy profundas.

Como único paso con miga, hay que atravesar un par o tres de metros por un paso estrecho con una gran sima a nuestra derecha; sin embargo, el firme en ese tramo es bueno y se realiza sin problemas.

A la derecha una sima profundísima. A la izquierda nuestro paso, en la sombra. Con cuidado se pasa bien.

Llegamos nuevamente al collado donde nos habíamos detenido en el ascenso, sin mayor problema. Descansamos unos minutos y aprovechamos para hidratarnos y comer algo.

Buscad a Paula en la foto 😉

El resto del descenso lo realizamos a buen ritmo, aunque deteniéndonos periódicamente a fotografiar el entorno, todavía verde para la época del año en que estamos, y con unas tonalidades muy distintas a las de primera hora de la mañana.

Descendiendo a buen ritmo.
Espectaculares el Pico y los Mallos de Lecherín.

Finalmente, tras algo más de 6 horas y media de excursión, incluyendo paradas, llegamos nuevamente al coche. ¡Una manera perfecta de celebrar el cumpleaños!
En conclusión, el Pico Aspe es un monte con carácter, que carece de grandes dificultades técnicas aunque exige gran concentración en el tramo del karst, y que nos ofrece unas vistas majestuosas de la porción más occidental del Pirineo Aragonés.

Con estas vistas nos despedimos del Aspe. ¡Hasta otra!

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