Qué ver en Bolonia y Módena: el corazón de la Emilia-Romagna

En pleno centro de la región de la Emilia-Romagna, en la Italia nororiental, se encuentran las ciudades de Módena y Bolonia, siendo esta última su capital. Se trata de una región densamente poblada, próspera y con una interesante historia.
Con una economía basada en la agricultura y la industria, el turismo se va abriendo paso y comienza a ganar peso en el desarrollo de la región. No en vano, ofrece un buen puñado de ciudades interesantes (Bolonia, Módena, Rávena, Ferrara, Rimini, Parma…), castillos, idílicas zonas rurales, variada naturaleza (desde los Apeninos a la Costa Adriática, pasando por las llanuras del Río Po) y una excelente gastronomía. ¿Quién no ha probado su famosa salsa boloñesa o el aceto balsámico de Módena?
¡Estamos en Bolonia!
Como veis, esta zona tiene bastante que ofrecer. Aunque nosotros no la conocimos en profundidad, allí hicimos un alto en el camino en nuestra ruta entre Venecia y Roma. Tras dos días en Venecia queríamos conocer algo nuevo, y un día en Bolonia y medio en Módena fueron un recurso perfecto. ¿Nos acompañáis a conocerlas?

¿CÓMO LLEGAR?¿CÓMO MOVERSE?

El principal aeropuerto de la región, el G. Marconi de Bolonia, se encuentra a 6 kilómetros del centro de la ciudad, con frecuentes conexiones desde un gran número de ciudades europeas. Para llegar del aeropuerto al centro podemos tomar el Aerobus (desde las 05:00 hasta las 23:35 horas, 6€) o un taxi (precio fijo 16€).
Sin embargo, la mayor parte de los viajeros que llegan a la Emilia-Romagna lo hacen en tren. La conexión entre las principales localidades de la región y con otras ciudades es frecuente y a precios razonables. De este modo, Bolonia y Módena se hallan separadas por apenas 20-30 minutos (billetes desde 3,85€), con salidas cada 15-30 minutos.
Otros destinos bien comunicados con Bolonia en tren son Milán (desde 1 h y 2 minutos a 2 h y 50 minutos, en función del tren; de 16,8 a 48 €), Venecia (desde 1 h y 27 minutos a 2 h y 3 minutos; de 12,6 a 25,2 €), Florencia (entre 35 minutos y 1 h y 30 minutos; de 8,8 a 24,9 €) o Roma (en torno a 2 horas, de 43 a 52 €).
Catedral y Torre della Ghirlandina, en Módena.
Para moverse por las ciudades lo ideal es caminar. La mayor parte de los lugares interesantes de ambas ciudades se articulan en torno al centro histórico de la ciudad, por lo que son muy accesibles a pie. Únicamente tomamos autobús urbano para ascender al Santuario de San Luca, situado en lo alto de una colina a unos pocos kilómetros de Bolonia (el regreso, como podéis ver más adelante, es muy chulo hacerlo caminando).
Curiosos detalles.

¿QUÉ VISITAR EN BOLONIA?

Bolonia es una ciudad súper agradable para visitar. De tamaño manejable, con un gran ambiente universitario, turística pero no en exceso (olvidaos de las colas y los apretones para tomar una foto) y con una gastronomía envidiable, se trata de una ciudad que rezuma un encanto especial.
La mayor parte de los lugares a visitar se encuentran próximos a la Piazza Maggiore, el centro de la ciudad. Por todo ello, pensamos que es una ciudad ideal para hacer una breve visita, siendo suficientes uno o dos días para conocerla en profundidad.
Aquí os resumimos algunos de sus lugares más interesantes:
Piazza Maggiore: epicentro de la vida boloñesa, su lugar más turístico y fotografiado. De origen medieval, este enorme rectángulo de 115 por 60 metros está formado por antiguos e interesantes edificios, entre los que destacan el Palazzo della Podestá, el Palazzo Re Enzo, el Palazzo Comunale y la Basílica de San Petronio. En ella se llevan a cabo las principales celebraciones de la ciudad, como la Nochevieja e incluso un festival de cine al aire libre, en el que se proyectan películas para más de 3000 asistentes.
Inmensa fachada de la Basílica de San Petronio.
Basílica de San Petronio: de grandiosas dimensiones (132 por 60 metros, con una cúpula que alcanza los 45 metros de altura), es una de las más grandes del mundo. De hecho, cuando comenzó a construirse en el año 1390, estaba previsto que fuera mucho más grande, aunque el Papa de la época no permitió la construcción puesto que iba a ser más grande que la Basílica de San Pedro en Roma.  Su construcción se fue prolongando (intermitentemente) durante siglos, y en la actualidad ni siquiera está finalizada del todo su fachada. En su interior destacan el ciborio del altar mayor, el coro de madera, sus órganos y algunos frescos y esculturas de los siglos XIV y XV. Curioso resulta también la Meridiana de Giovanni Domenico Cassini, que con sus 66,8 metros de longitud es la más grande del mundo (para más información sobre esta meridiana, recomendamos que leáis este interesante blog).
Fuente de Neptuno: anexa a la Piazza Maggiore está la Piazza Nettuno, donde se encuentra esta fabulosa fuente construida a mediados del siglo XVI. Se trata de una escultura con fuerte contenido erótico, con unas ninfas que expulsan el agua desde sus propios senos, y con un Neptuno cuyo dedo índice, visto desde el ángulo adecuado, semeja un pene erecto. En su época causó tanto revuelo que se decidió «vestir» a la estatua con unos pantalones de bronce.
Fuente di Nettuno.
Archiginnasio: construido en el siglo XVI, inicialmente fue sede de la Universidad de Bolonia y prueba de ello son los siete mil escudos heráldicos de estudiantes que en la actualidad pueblan sus paredes y techos.  En su interior se halla la enorme Biblioteca Comunal del Archiginnasio y el Teatro Anatómico, un precioso anfiteatro de madera donde se impartían clases de anatomía entres los siglos XVII y XIX. Otra sala llamativa y profusamente decorada es el Aula Magna, conocida como Sala dello Stabat Mater. La entrada al palacio es gratuita, aunque para visitar el Teatro Anatómico y la Sala dello Stabat Mater tendremos que pagar 3 €.
Quadrilatero: junto a la Piazza Maggiore, el Quadrilatero son una serie de calles peatonales, estrechas, repletas de tiendas de comida, bares y restaurantes. El lugar ideal para tomar algo durante nuestra visita a la ciudad. Mucho ambiente en cualquier época y a cualquier hora.
Locales y turistas se agolpan para contemplar el pescado.
Piazza Santo Stefano: para nosotros la más coqueta de la ciudad. Se le conoce también con el nombre de «Plaza de las siete iglesias», puesto que a lo largo de la historia se construyeron 7 iglesias que actualmente conforman la Basílica de Santo Stefano. Rodeada de bellos palacios porticados, es una zona animada de día y de noche.
Las Dos Torres: en la época medieval se alzaban en Bolonia gran cantidad de torres, muchas de las cuales fueron derruidas con el paso del tiempo. De las que se conservan en la actualidad, las torres de Garisenda (48 metros) y Asinelli (97,6 metros) son las más famosas. Ambas presentan cierta inclinación, que se hace muy marcada cuando son observadas desde su base. Se puede ascender a la Torre Asinelli (498 escalones); el precio son 5 € y conviene comprar la entrada previamente por internet puesto que se suelen agotar las plazas con algún día de antelación.
Torres de Garisenda y Asinelli, que marcan el perfil de la ciudad de Bolonia.
Santuario della Maddona di San Luca: situado en una colina a unos cuantos kilómetros del centro de la ciudad, ofrece unas bellas panorámicas de la ciudad (el ascenso al mirador de la cúpula son 5 €). Con forma de cruz griega, el santuario presenta en su interior algunas obras pictóricas de cierta relevancia. Una opción interesante es ascender al santuario en transporte público (autobús urbano línea 20 y después línea 58, desde el centro, 1,5 €) y descender caminando los casi 4 kilómetros de su larguísimo pórtico, que con 666 arcos y 15 capillas ostenta el título de pórtico más largo del mundo.
Basílica de San Domenico: quizá la que más nos gustó. En ella reposan los restos de Santo Domingo; a destacar su impresionante coro de madera y la Capilla de San Domenico, en la que se pueden observar unas esculturas de ángeles creadas por el mismísimo Miguel Ángel.
El ángel de la parte inferior derecha fue esculpido por Miguel Ángel.

¿QUÉ VISITAR EN MÓDENA?

Aunque no tan popular ni interesante como su vecina, la ciudad de Módena es perfecta para una escapada de medio día o un día desde Bolonia. Más pequeña y manejable, cuenta con algunos edificios y museos de interés; su catedral, la Torre Cívica y la Piazza Grande fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo que asegura que su visita sea recomendable.
En la siguiente imagen tenéis un mapa del centro de la ciudad, en la que se destacan sus principales puntos de interés:
Imagen tomada de: http://www.visitmodena.it/english/tourist-service/nuovamappaCentroMo1118.pdf
Catedral de Módena: su construcción fue iniciada en el año 1099, y en la actualidad es uno de los ejemplos más relevantes del románico en Europa. En su exterior destacan algunos relieves de historias bíblicas; también son interesantes algunas de sus puertas de acceso, decoradas de manera profusa.
Torre Cívica: se le conoce popularmente como la Torre Ghirlandina, y con sus más de 89 metros destaca en el perfil de la ciudad.  Se puede visitar (3€) y ascender a su parte superior, aunque las rejas de sus ventanas no permiten tomar buenas fotografías. En su interior hay una pequeña exposición sobre su historia.
Esbelta torre.
Piazza Grande: centro histórico de la ciudad, en ella se encuentran la Catedral, la Torre Ghirlandina y el Ayuntamiento. Buen lugar para tomar bonitas fotos.
Con niebla y frío, pocos visitantes en Módena.
Palazzo Ducale: construido en el siglo XVII y de estilo barroco, actualmente  alberga la Academia Militar italiana, el Museo Militar y una biblioteca.
Teatro Comunale Luciano Pavarotti: toma el nombre de uno de los ciudadanos más ilustres de Módena, y oferta un buen número de actuaciones de teatro, ópera y musicales.
Museo Enzo Ferrari: Módena también fue el lugar de nacimiento del fundador de la famosa y exclusiva empresa automovilística. En el museo, además de exponerse algunos de los coches, se detalla la vida y trabajo de Enzo Ferrari.
Piazza Roma y Palazzo Ducale.

NUESTRA EXPERIENCIA EN BOLONIA Y MÓDENA

Llegamos a Bolonia, en tren desde Venecia, ya a la hora de cenar. Una buena pizza y a dormir, que mañana será un día largo.
Madrugamos y nos disponemos a visitar el centro de la ciudad.
Comenzamos caminando por una de las calles principales de la ciudad, la Via dell’Independenza, semipeatonal en estas fechas festivas (estamos en Nochevieja). Nos detenemos brevemente a echar un vistazo a la gran Catedral Metropolitana de San Pietro, grandiosa aunque tampoco demasiado llamativa.
Pocos metros más allá llegamos a la Piazza Nettuno, donde nos recibe la Fontana di Nettuno y el Palazzo Re Enzo. Contemplamos un rato la estatua, fijándonos en sus múltiples detalles, que nos resultan bastante curiosos.
Llegando a la Piazza Nettuno.
La mañana ha comenzado fresquita, lo que no quita para que un buen número de turistas (en su mayor parte italianos), pasee por la Piazza Magiore. Tomamos algunas fotos a la fachada inacabada de la Basílica de San Petronio y entramos brevemente a la oficina de turismo, con la intención de comprar billetes para ascender a la Torre Asinelli. Por desgracia, debido a la gran afluencia de visitantes en estas fechas, ya no tenemos billetes hasta el día siguiente. Quizá sea una excusa para volver.
Con un mapa de la ciudad salimos, ahora sí, a conocer en profundidad Bolonia.
Entramos a la Basílica de San Petronio, la cual llama la atención por su gran tamaño. No en vano, es una de las más grandes del mundo. De su interior, aparte de los frescos y esculturas, nos llama la atención la gran meridiana construida por Cassini.
Grandiosa basílica.
Detalle de la Meridiana de Casini, en el suelo de la Basílica de San Petronio.
Muy cerca de la basílica se hallan las estrechas y concurridas calles del Quadrilatero, que a media mañana se encuentran repletas de gente ultimando las compras para la cena de nochevieja. Junto a locales comprando, los viajeros se sientan en los bares a tomar algún capuccino y entrar en calor.
Regresamos a la Piazza Maggiore y continuamos tomando fotografías, aunque enseguida caminamos los pocos metros que nos separan de la Piazza Galvani, donde se encuentra la Biblioteca Comunale dell’Archiginnasio.
Incontables escudos decoran los techos del Archiginnasio.
Más y más escudos.
Inicialmente nos asomamos, curiosos, a ver el patio porticado decorado con innumerables escudos heráldicos. Ascendemos a la planta superior y hacemos cola unos 10 minutos para entrar a visitar el Teatro Anatómico y la Sala dello Stabat Mater (3 € por persona la entrada). Ambas salas, cargadas de historia, nos parecen bien interesantes. Su decoración, profusa, tiene incontables detalles y es de gran belleza. Una de las visitas que más nos gustó en la ciudad.
Detalle del techo.
Sala dello Stabat Mater.
Biblioteca Comunale. ¡No tiene fin!
Seguimos la ruta en dirección a la Piazza Santo Stefano, quizá la más coqueta de la ciudad. Está rodeada de varios palacios porticados y de la Basílica de Santo Stefano. Uno de los palacios, el Palazzo Isolani, posee en su interior una curiosísima y algo irregular escalera helicoidal, muy fotogénica.
Piazza Santo Stefano. Bonita, ¿verdad?
Escalera helicoidal del Palazzo Isolani.
Aunque en la plaza hay algunos bares con terrazas y apetece descansar un rato, decidimos esperar y entrar antes a la Basílica de Santo Stefano. Realmente se trata de un grupo de cuatro iglesias, de distintas épocas; la más antigua se comenzó a construir en el siglo VIII. La entrada es gratuita, aunque sugieren una donación para visitar el claustro y alguna de las iglesias más pequeñas.
Entrada a la Basílica de Santo Stefano.
Formas geométricas.
Una de las cuatro iglesias que forman el complejo religioso.
Posando en el interior del claustro.
Muy cerca de esta plaza se yergue, visible desde lejos, la Torre Asinelli, uno de los emblemas de la ciudad. Conforme nos acercamos a su base nos percatamos de que su inclinación es mayor de lo que pensábamos. A su lado la Torre de Garisenda que, aunque de menor tamaño, también presenta una notable inclinación. Según el punto desde que las miramos, el ángulo de inclinación parece mucho mayor. Nos hubiera gustado subir para contemplar las vistas, pero volvemos a comprobar que es imposible en estas fechas (la fila, sólo para los que ya tenían billetes comprados, era bastante larga…).
– ¡Mirad lo que tengo detrás!
Hacemos un alto en el camino para tomar un chocolate caliente y un capuccino, para después dirigirnos, por la Via Zamboni, a la zona universitaria. Si bien durante el curso académico será una zona interesante y llena de vida, en las vacaciones navideñas sus bares se encuentran cerrados y apenas hay gente en sus calles.
Aprovechamos para entrar a la Iglesia de San Giacomo Maggiore, de gran tamaño pero más sobria que las que habíamos visitado anteriormente.
Zona universitaria, casi desierta en periodo vacacional.
Nuestro siguiente destino es la Basílica de San Domenico.  Nada más entrar nos impresiona bastante. Su cúpula, alta y con una decoración exquisita, nos recibe en un primer momento. Paseamos un buen rato por su interior, aunque nos detenemos fundamentalmente a contemplar la Capilla de San Domenico, en la que hay algunas esculturas de Miguel Ángel. Merece la pena entrar también a visitar el coro (donación voluntaria, sugieren 1 €), hecho de madera y con unos grabados hermosos.
Impresionante cúpula.
Contemplando los infinitos detalles del coro de madera.
Tras esta visita regresamos a la Piazza Maggiore, dispuestos a recorrerla con calma nuevamente. Sin embargo pensamos: ¿y si vamos a visitar la Basílica de San Luca? Sabemos que se encuentra fuera de la ciudad y apenas quedarán unos 45 minutos de sol, pero nos parece una buena opción.
Tomamos el autobús urbano número 20 y, posteriormente, el 58. Este último es el que, desde la zona baja de la ciudad, realiza el trayecto hasta lo alto de la colina en que se sitúa la Basílica. El trayecto, en total, nos cuesta unos 40 minutos. Vemos el atardecer desde el autobús, mientras ascendemos, qué lástima no haber subido un rato antes.
Basílica de San Luca, mientras anochece.
Entramos en la Basílica y visitamos su interior, pero no subimos a la cúpula (5 €) porque no tenemos muy claro que las vistas nocturnas sean buenas. En el interior de la basílica llama la atención un altar con un pequeño cuadro muy venerado por los fieles.
Al salir, a pesar de que ya es noche cerrada, decidimos unirnos a algunos visitantes que emprenden el camino de vuelta caminando por el larguísimo pórtico que lleva al centro de la ciudad. Aunque caminar por la periferia de una gran ciudad de noche no parece la mejor opción, a lo largo del camino nos cruzamos con frecuentes grupos de gente que pasea o incluso sube corriendo hasta la basílica, por lo que en ningún momento nos sentimos atemorizados.
Regresando a la ciudad por el larguísimo pórtico. ¡Una experiencia que nos encantó!
Una vez llegamos al centro buscamos un sitio para cenar. Estamos en Nochevieja y, por dicho motivo, los restaurantes ofertan grandes menús a también grandes precios. Tras buscar un buen rato nos convence el restaurante Clavature, donde degustamos algunos platos típicos de la zona (lasagna boloñesa, filetto all’aceto…).
En Bolonia la celebración de la Nochevieja se lleva a cabo en la Piazza Maggiore, donde se reúnen unas diez mil personas para presenciar conciertos y ver cómo se lleva a cabo el Rogo del Vecchione (la quema del viejo), donde se quema un gran muñeco de madera para simbolizar el dejar atrás todo lo malo del año que finaliza.
El Vecchione, preparado para ser quemado en Nochevieja.
Comenzamos el 2019 madrugando.
En lugar de ir directamente a Roma, nuestro siguiente destino en el viaje, hemos pensado en hacer una pequeña visita a Módena, muy cercana a Bolonia.
Tomamos un tren (3,85€, apenas media hora) y llegamos a Módena, que nos recibe sumida en una densa niebla.
Ya en la propia estación nos percatamos de que hay unos carteles explicativos que nos dirigen, en cada cruce, hasta el centro de la ciudad (unos 15 minutos caminando), donde se hallan sus monumentos más significativos.
En primer lugar atravesamos la gran Piazza Roma, donde se encuentra el Palazzo Ducale, con su fachada en obras. Dado que estamos a 1 de enero, resulta imposible visitarlo.
Nos gusta el ambiente de Módena, muchas de cuyas calles son peatonales o semipeatonales. Ciudades caminables o paseables, como las queráis llamar, nos encanta ese concepto.
– ¡Nos encanta caminar por estas calles!
Enseguida llegamos a la Piazza Grande, muy bonita aunque prácticamente vacía puesto que el frío matutino es helador. Aprovechamos, antes de recorrerla, a tomar un capuccino para entrar en calor.
Ya recuperados salimos a la plaza para conocerla. Entramos a la Catedral de Módena, no sin antes tomar unas cuantas fotografías de los múltiples relieves de su exterior. El interior también nos gusta, sobre todo la representación de la Última Cena en mármol y la cripta con la tumba de San Giacomo.
Interior de la Catedral de Módena.
Escenas del exterior.
Detalles milimétricos, perfectos.
Aprovechando la tranquilidad de la plaza nos ponemos un rato a jugar con el trípode y la cámara, intentando tomarnos un autorretrato con la Catedral y la Torre Ghirlandina, cuya parte superior se esconde a ratos en la niebla. Más o menos lo conseguimos, que manejar la cámara a 0ºC y con guantes no es tarea fácil.
Tras un buen rato conseguimos tomar una foto decente.
Reloj en el Ayuntamiento de Módena. ¡Muy original!
Desgraciadamente, por la fecha en que nos encontramos, las visitas a la Torre Ghirnaldina no se realizan hasta por la tarde, por lo que no podremos subir a su parte superior. No obstante, sabemos que no nos perdemos gran cosa, a tenor de las críticas que hemos leído en internet.
En un edificio próximo a la puerta oeste de la catedral, en el Corso Duomo, encontramos una pequeña escultura de un futbolista. Bajo ella, una pequeña placa recuerda a Giuseppe Panini. No, no es un futbolista, es el creador de los legendarios cromos Panini. ¡Qué recuerdos!
– ¡Que levante la mano quien coleccionaba estos cromos!
Bajo el gran reloj del Ayuntamiento de Módena vemos una gran losa de mármol, de más de 3 metros de longitud. Se trata de la Preda Ringadora, que perteneció antiguamente a un templo romano y sobre la cual se situaban los oradores en la Edad Media para emitir sus proclamas.
La podemos llamar gran piedra, sin duda.
Ya que otros lugares que podríamos visitar se encuentran cerrados, optamos por pasear un buen rato por las calles próximas, comprobando que Módena parece una ciudad muy tranquila y cómoda para vivir, sin apenas tráfico en su zona central.
Tras comer algo en uno de los pocos restaurantes abiertos, regresamos a la estación de tren, desde donde nos dirigimos a Bolonia y, tras una pequeña escala, partimos hacia Roma. Pero eso, ya sabéis, será en la próxima entrada del blog 😉
Posando junto a una de las entradas de la Catedral de Módena.

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