Ruta circular a los Mallos de Riglos: el Camino del Cielo.

Los Mallos de Riglos son, sin lugar a dudas, la gran joya del prepirineo aragonés. Estos gigantes de roca, que forman una muralla de hasta 275 metros de altitud, suponen una puerta natural que separa el llano (al sur) de las grandes cumbres pirenaicas (al norte). Mítico enclave para los escaladores, quienes se acercan desde todos los rincones del mundo a ascender sus verticales paredes, es además una zona muy interesante para realizar rutas de senderismo. La más popular es la Ruta circular a los Mallos de Riglos, conocida también como el Camino del Cielo; un agradable paseo de media jornada que nos descubre los secretos de estos gigantes. Con unas excelentes vistas de los Mallos y Peña Rueba, y siendo hogar de una gran colonia de buitres leonados, puede ser una ruta ideal para iniciar a los más pequeños en el senderismo. No en vano, la incluiríamos perfectamente en nuestra lista de las 10 excursiones para (casi) todos por el Pirineo aragonés.
Magníficas vistas desde el Mirador de Espinabla.

FICHA TÉCNICA

Fecha: 19 de enero de 2019
Itinerario: Riglos – Mirador de Espinabla – Mirador central de los Mallos – Cruce PR-HU 98 – Riglos
Distancia: 5,22 km.
Desnivel acumulado: 401 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: Riglos (640 metros).
– Máxima: Mirador de Espinabla (1035 metros).
Duración sin paradas: 2 horas y 35 minutos (ritmo tranquilo).
Duración total, por partes:
– 1 horas y 20 minutos al Mirador de Espinabla (30 minutos de descanso).
– 2 horas y 5 minutos al Mirador central de los Mallos (10 minutos de descanso).
– 3 horas a la entrada del pueblo  (10 minutos de descanso).
– 3 horas y 20 minutos para finalizar la ruta..
Dificultad:
– Se trata de una ruta que, a pesar de ser corta, supera cierto desnivel. Apta para (casi) todos los públicos.
– En la senda de descenso hay algo de piedra suelta, lo que puede conllevar algún pequeño resbalón.
Ruta realizada, en sentido contrario a las agujas del reloj.
Ruta realizada según el reloj GPS.
Perfil de la ruta. Suave y cómodo.
Escala MIDE de dificultad.

NUESTRA EXPERIENCIA

Fin de semana con amigos, a los que planteamos realizar alguna excursión de media jornada, intentando escapar de la niebla que lo invade todo por nuestra zona. Enseguida nos viene a la mente una ruta que llevábamos tiempo planeando pero que, finalmente, siempre posponíamos. La Ruta Circular a los Mallos de Riglos, el Camino al Cielo según dicen algunos, hoy por fin vamos a conocerte.
Para llegar a la locadidad de Riglos, situada justo a los pies de los mallos, debemos salir de Huesca en dirección noroeste por la carretera A-132, en dirección a Ayerbe. Pasada esta población, unos kilómetros más adelante, vemos el desvío hacia la derecha que indica con claridad nuestro destino: los Mallos de Riglos.
Dejamos el coche en uno de los aparcamientos de la entrada del pueblo y caminamos hasta un cruce de calles en el que unos carteles nos dan la bienvenida y otros nos indican el comienzo de la senda.
¡Bienvenidos a Riglos! Si queréis caminar, iniciad la ruta hacia la derecha.
Vamos a realizar la ruta circular a los Mallos de Riglos, la cual se realiza, habitualmente, en el sentido contrario a las agujas del reloj. Por dicho motivo, comenzamos a caminar en dirección este por algunas de las empinadas calles de Riglos.
En pocos minutos salimos de la localidad, ya con unas bonitas vistas de los Mallos de Riglos y, al fondo, la imponente Peña Rueba.
Vertiginosas paredes.
Mallos de Riglos y Peña Rueba.
Nuestros pasos avanzan por una cómoda pista hasta que, a los 300 metros de haber comenzado a caminar, debemos tomar un desvío a la izquierda (ver imagen). Hay que prestar atención en este punto puesto que es fácil confundirse.
Seguimos por un camino cómodo durante medio kilómetro más, hasta llegar a un nuevo cruce en el que vemos, perfectamente indicado en un cartel, que debemos girar a la izquierda.
Es necesario prestar atención en este desvío. Debemos tomar la pista de la izquierda (hay indicadores unos metros más adelante).
A partir de este punto el camino se torna algo más estrecho y comienza a ganar altitud, sin demasiada dureza pero de manera constante. La ruta no tiene pérdida en ningún momento, estando señalizado por unas trazas de pintura de color azul.
La senda ahora realiza un zig zag en busca del Mallo Colorao, al norte, el cual rodearemos por su derecha. Caminamos por un terreno de arbustos, por lo que en temporada estival no encontraremos ni un ápice de sombra.
Aquí comenzamos el ascenso, en busca del gran mallo de la izquierda de la imagen.
Pronto avistamos, volando sobre nuestras cabezas, los primeros ejemplares de buitre. Sobrevuelan la zona de manera majestuosa, dejándonos impresionados con la envergadura de sus alas. Estamos en un lugar idóneo para el avistamiento de estas rapaces.
Cuando llevamos unos 45 minutos de camino llegamos a la parte trasera del Mallo Colorao, donde encontramos un pequeño mirador con buenas vistas. Estamos a 920 metros de altitud y ya hemos superado la mayor parte del desnivel del día.
Hermosos buitres sobrevuelan nuestras cabezas.
Ya hemos ganado altura; ahora rodeamos el Mallo Colorao.
Allí abajo hemos dejado Riglos, con el Río Gállego al fondo.
Tomamos alguna fotografía y seguimos la marcha, llaneando a media ladera, a ritmo tranquilo.
Tras un pequeño tramo que vuelve a ganar pendiente, alcanzamos un prado herboso conocido como Campo Roseta. A nuestra derecha, en lo alto, vemos una cabaña; se trata del Refugio Roseta.
Tramo llano, cómodo.
Vistazo hacia atrás.
Llegamos al Campo Roseta. La senda vira a la derecha; nosotros debemos asomarnos a un mirador situado a la izquierda.
En este punto debemos abandonar la senda y asomarnos al punto más espectacular de la ruta: el Mirador de la Espinabla, situado a la izquierda en el sentido de la marcha.
Nos encontramos en la cara norte de los mallos, su parte trasera. Podemos distinguir, perfectamente, la figura del gigantesco Mallo Pisón, el más grande de todos ellos. Un poco más a la derecha se alza también el Mallo Firé, vertical e imponente. Más al oeste destaca la enorme figura de Peña Rueba, otra mole de roca cuyas paredes parecen desafiar a la gravedad. Serpenteando entre todos estos colosos, el Río Gállego fluye surcando la llanura, llenando de vida la zona.
Merece la pena detenerse aquí un buen rato, y aprovechar para comer algo con unas vistas de escándalo.
Grandioso panorama.
– ¡Pero qué bien estamos aquí!
Colosal Peña Rueba.
Tirando de zoom al Mallo Firé.
– ¡Menudas vistas!
Nosotros estamos, aproximadamente, media hora. Comemos, charlamos o, simplemente, contemplamos el paisaje. Agreste, salvaje, abrumador. Qué ganas teníamos de llegar a este punto para disfrutarlo con calma.
Seguimos la marcha desde el Campo Roseta, siguiendo el sendero perfectamente marcado. A partir de ahora comenzamos a descender, realizando varias lazadas por una ladera de arbustos.
La senda, bien delimitada, comienza el descenso.
Aunque el camino no muestra una pendiente excesiva ni tiene pasos complicados, en este tramo sí que hay algo de piedra suelta, lo que nos causa algún pequeño resbalón sin mayores consecuencias. Conviene extremar la precaución para poder regresar a casa sin incidencias.
En pocos minutos llegamos a otro de los puntos clave de la ruta, el Mirador central de los Mallos, situado en un pequeño promontorio de arena desde el cual tenemos una perspectiva diferente de los colosos de roca. Si queremos tomar una fotografía espectacular, la persona que quiera ser «modelo» debe situarse en lo alto de este promontorio y el fotógrafo tomará la foto desde el camino, unos metros más arriba. Así, lograremos captar la grandiosidad del paisaje, utilizando la persona como referencia. ¿Qué os parece?
¿Veis a Paula en la foto?
Imponentes formas.
Tras varias fotos en este punto seguimos el descenso, contemplando de vez en cuando algún buitre que realiza vuelos no muy lejos de nosotros.
Descendemos progresivamente hasta llegar justo a la base del Mallo Pisón, donde la senda gana amplitud y se convierte en una pista ancha que nos lleva a la entrada del pueblo. Alzamos la mirada para observar a varios escaladores en plena faena. Aunque estamos en temporada baja, algunos valientes echan un pulso a las paredes verticales de Riglos.
Descendemos tranquilamente.
En este punto nos unimos al PR-HU 98. Sólo nos quedan unos 20 minutos para llegar.
Senda con piedra suelta, ¡cuidado con los resbalones!
¡Qué pequeños somos al lado del Mallo Pisón!
Vista atrás en los últimos metros de camino antes de llegar a Riglos.
Escaladores.
Una vez entramos al pueblo apenas nos quedan unas pocas decenas de metros para llegar, nuevamente, al punto de partida.
Los mallos parecen inclinarse sobre las casas del pueblo.
– ¡Ya hemos llegado!
En total, unas 3 horas y 20 minutos de ruta (2 horas y 35 minutos sin contar paradas) para rodear a estos gigantes de piedra, descubriendo su cara oculta, en una bonita excursión de media jornada. Recomendable al 100%.
Gran jornada en grandísima compañía.

2 Comentarios

  1. ¡Hala! Pues, venga, a conocerlo, ¡que es un sitio increíble! Se puede combinar la pequeña ruta que ponemos en el blog con una visita al impresionante Castillo de Loarre y acercarse también a Bolea para ver la Colegiata. Seguro que te encantará!

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