Safari por libre en el Parque Nacional de Etosha, Namibia

Un órix mira a la cámara, rodeado de centenares de cebras.

Hablar del Parque Nacional de Etosha, en Namibia, es hablar de una de las grandes maravillas de África. Nos encontramos ante uno de los parques más grandes del mundo, caracterizado por una biodiversidad extraordinaria. La posibilidad de visitarlo por libre, en un safari conduciendo el coche propio, garantiza una mezcla perfecta de aventura, exploración, aprendizaje y pasión por los animales.
Creado originalmente en el año 1907, los sucesivos reordenamientos territoriales en el sur de África redujeron Etosha hasta los 22000 km2 actuales, mermando la población de algunos animales y dificultando sus migraciones. A pesar de ello, sigue teniendo unas fastuosas dimensiones y alberga una exuberante fauna, con más de 100 especies de mamíferos, 300 de aves y 100 de reptiles y anfibios.
Etosha («gran lugar blanco») debe su nombre a la gigantesca planicie blanquecina, antigua laguna salada, que era alimentada por el Río Kunene y que, en la actualidad, sólo se rellena cuando las lluvias son más abundantes de lo habitual.

Tuvimos la fortuna de poder contemplar un solitario rinoceronte negro de día.

En torno a esta gran planicie se encuentra la zona de matorral bajo y sabana, en la cual habitan la mayor parte de los animales. Salpicando el parque se pueden encontrar numerosas charcas en las que los animales, en época seca, se arremolinan para poder beber, siendo las proximidades de dichas charcas los lugares ideales para poder avistarlos.
El Parque Nacional de Etosha puede ser visitado «por libre», conduciendo nuestro propio coche de alquiler por las diferentes pistas que atraviesan el parque. Aunque quizá pueda parecer demasiado intrépido o incluso peligroso, lo cierto es que con unas sencillas medidas de seguridad (y sentido común) realizar un safari por libre en Etosha es una de esas aventuras inolvidables. ¿Nos acompañáis a conocer un poco más?

Hermoso atardecer mientras contemplamos la charla de Namutoni.

¿Cuándo visitar el Parque Nacional de Etosha?

Etosha está abierto todo el año, si bien las condiciones del parque van a variar mucho entre la temporada de lluvias y la temporada seca.
Las lluvias comienzan habitualmente en el mes de noviembre o diciembre y finalizan a finales de marzo o principios de abril. En esta época Etosha muestra su cara más verde, aunque las lluvias (a veces torrenciales) pueden causar inundaciones o anegar algunos tramos de pista. Sin embargo, es la época en que los animales tienen sus crías y en que llegan las aves migratorias desde Europa, por lo que la vida fluye a raudales en el parque. Se considera temporada baja, aunque para los amantes de las aves puede ser una buena opción.

En la temporada de lluvias abundan las aves, como este precioso azor lagartijero claro.

La temporada alta coincide con la época seca (de mayo a noviembre o diciembre). Sol radiante y prácticamente nulas probabilidades de lluvia; los animales se concentran alrededor de las charcas en busca de agua, por lo que resulta más fácil contemplarlos. Es la época de más afluencia en el parque, de manera que es aconsejable reservar los alojamientos con antelación (varios meses).
Las temperaturas son cálidas durante todo el año (durante el día se superan los 30º y por la noche entre 15º y 20º); aunque suavizan en los meses de junio a agosto (máximas en torno a 25º y mínimas de 7 – 10º).
Nosotros estuvimos en el mes de mayo e hizo un tiempo ideal (no lluvias, no calor excesivo), y pudimos ver las charcas llenas de animales en muchas ocasiones.

Sol radiante y ausencia de precipitaciones en temporada seca. Hay que dirigirse a las charcas para encontrar a los animales.

¿Cómo llegar a Etosha?

El Parque Nacional de Etosha se encuentra en el norte de Namibia, y es uno de los destinos imprescindibles para cualquiera que visite dicho país.
Una gran parte de quienes viajan por Namibia lo hacen en sus propios vehículos, viniendo desde el sur (desde la capital, Windhoek, o desde el aeropuerto). A pesar de que el parque es inmenso y posee numerosas puertas de entrada, la mayor parte de los visitantes recorren únicamente la zona este (justo al sur de la gran llanura o pan), y acceden a Etosha por la puerta Anderson o por la puerta Von Lindequist:
Anderson Gate: se sitúa en la parte más occidental de la gran llanura, a unos 415 km de Windhoek (4 horas), por la carretera B1 y, posteriormente, por la C38, ambas asfaltadas. Desde la puerta hasta el campamento más próximo, Okaukuejo, hay apenas 20 kilómetros.
Von Lindequist Gate: a 528 kilómetros de Windhoek (unas 5 horas), es la entrada más oriental del parque. Para llegar a ella desde la capital debemos tomar la B1 hasta pasar la localidad de Tsumeb y, posteriormente, desviarnos por la C38 hacia el oeste. El campamento más próximo es el de Namutoni, a unos 12 kilómetros de la entrada.

De Windhoek a la entrada por Namutoni (Von Lindequist Gate), que es la que hicimos nosotros.
La entrada por Okaukuejo es la más cercana si venimos desde Windhoek o el aeropuerto.

Lo habitual es entrar por una puerta, visitar el parque (se recomiendan, al menos, dos noches), y salir por la otra puerta. En nuestro caso entramos por Von Lindequist Gate, pasamos la primera noche en Namutoni y dos noches más en Halali, y salimos por Anderson Gate rumbo al oeste.

Tarifas y horarios de entrada a Etosha

El precio de entrada a los Parques Nacionales de Namibia es, ciertamente, económico. A fecha de 2019, la entrada por adulto son 80 NAD (menos de 5 euros) por día, a lo que debemos sumar 10 NAD (0,60 euros) diarios por el coche. En total, visitar Etosha en nuestro coche durante tres días enteros nos costó poco más de 30 euros.
Con respecto a los horarios, van variando en función del amanecer y el atardecer. Cabe destacar que con el atardecer no solo cierran las puertas de entrada al parque, sino también las puertas de entrada a los diferentes campamentos donde dormir, así que hay que estar atentos.

Precios más que asequibles para poder contemplar un espectáculo como este.

¿Dónde alojarse?

Regla número 1: reserva tus alojamientos en Etosha con meses de antelación y, posteriormente, configura tu viaje para adaptarlo a esas fechas.
– ¿En serio?¿Así de claro? – os preguntaréis.
Rotundamente sí. Los principales campamentos de Etosha (Namutoni, Halali y, sobre todo, Okaukuejo) están muy solicitados en temporada alta y, si se intentan reservar a última hora, pueden estar completos. En nuestro caso lo hicimos con algo más de dos meses de antelación y Okaukuejo ya estaba lleno; por lo que tuvimos que dormir en Namutoni y Halali.

Posando junto a nuestro coche y nuestra suite. ¡Acampar en Namibia es lo más!

Otra opción importante a considerar es si alojarse dentro del propio parque o en las proximidades. Los alojamientos en el interior del parque son, quizá, algo más caros pero tienen la ventaja de que son mucho más cómodos al ahorrarnos kilómetros y tiempo de viaje. Y, todavía más importante es el hecho de que cada uno de los principales campamentos (Okaukuejo, Halali y Namutoni) tiene una charca en la cual se pueden contemplar los animales al atardecer y de noche, cuando están más activos…Nuestro consejo es que, a menos que estén llenos, durmáis en los campamentos del interior del parque.
Como podéis ver en esta página los precios aumentan considerablemente en temporada alta.

Los campamentos del interior del parque cuentan, incluso, con piscina.

Pasamos a describirlos brevemente:
Namutoni: situado en el interior de un antiguo fuerte alemán, el campamento de Namutoni se encuentra junto a la charca del King Nehale, a pocos kilómetros de la entrada por la puerta Von Lindequist. Ofrece 24 habitaciones dobles, 20 chalets y 25 plazas para acampar; en las zonas comunes hay piscina, museo, supermercado, bar, dos restaurantes y gasolinera. La charca regala unas bellas vistas del atardecer. Los precios parten desde los 300 NAD (18,9 euros) en los puestos de acampada y los 1200 NAD (75 euros) en habitación doble hasta los 1900 NAD (110 euros) en chalet en temporada alta; siendo todos los precios por persona y noche. Hay WIFI, de pago, únicamente en la zona de recepción.

En el interior de Namutoni encontramos el antiguo fuerte alemán.
Zona de acampada de hierba. Incluye mesa, asientos, luz y enchufes. Ideal.

Halali: situado en una zona de colinas y arbustos altos, en pleno centro de Etosha. Componen el campamento 40 habitaciones dobles, más de 20 chalets y algunas habitaciones de lujo (tipo suite), así como 58 plazas para acampar. En las zonas comunes hay piscina, bar, tienda, gasolinera, restaurante… La charca, situada a unos 5 minutos caminando de la zona de acampada, es perfecta para contemplar rinocerontes, elefantes e incluso los escurridizos leopardos. Acampada a partir de 300 NAD (18,9 €) y habitaciones desde 900 NAD (57 €), todo ello por persona y noche. WIFI de pago, cara y que no funciona demasiado bien.

La zona de acampada de Halali es de tierra, bastante dura. El resto de comodidades son similares a las de otros campamentos.
La charca de Halali es una maravilla, sobre todo de noche.

Okaukuejo: próximo a la entrada de Etosha por la Anderson Gate, Okaukuejo es el centro administrativo del parque, y su campamento más grande y completo. Consta de 45 habitaciones dobles, 50 chalets y 5 casas de lujo con vistas a la charca, además de 37 puestos de acampada. Las zonas comunes son similares al resto de campamentos, con piscina, tienda, bar, restaurantes, gasolinera… 300 NAD (18,9 €) el puesto de acampada y las habitaciones desde 1200 NAD (75 €) por persona y noche. La charca es preciosa y congrega, a todas horas, a numerosos animales.

En Okaukuejo no pudimos dormir. Sin embargo, visitamos su charca en dos ocasiones y siempre estaba llena de vida.

Otros campamentos: menos populares, al encontrarse fuera de la pista principal de Etosha, los campamentos de Olifantsrus, Dolomite y Onkoshi son otras opciones donde pernoctar. Estos dos últimos se consideran alojamientos ecológicos y tienen precios más elevados; Olifantsrus es de nueva construcción y ofrece únicamente puestos de acampada.

En nuestro caso dormimos la primera noche en Namutoni, acampando en la bonita zona de césped que ofrece, con bastantes comodidades. Las siguientes dos noches dormimos en Halali, en que el suelo de la zona de acampada es de tierra y resulta algo menos cómodo. Queríamos dormir una noche en cada campamento, pero Okaukuejo estaba ya completo cuando intentamos reservar. Aunque las zonas de acampada no fueron las mejores de nuestro viaje por Namibia, fue una experiencia única y repetiríamos sin duda. Si queréis más información sobre nuestros alojamientos en Namibia podéis echar un vistazo aquí.

A la derecha de la valla, el campamento; a la izquierda, los animales. Vaya experiencia dormir aquí. (Foto tomada en Namutoni).

Conducir por Etosha: consejos y recomendaciones

Realizar un safari conduciendo libremente en busca de elefantes, leones o rinocerontes es una aventura única, aunque no exenta de ciertos riesgos. A pesar de que pueda parecer temerario, lo cierto es que tras haber vivido este sueño, pensamos que no es para tanto. Prudencia, sentido común y cumplir las normas del parque serán suficientes para hacer de esta experiencia algo inolvidable.
Aunque ya lo contábamos hace un tiempo en nuestra entrada sobre «Conducir en Namibia», creemos conveniente especificar, brevemente, algunas recomendaciones basadas en nuestra experiencia sobre la conducción en el interior del parque.
¿Cómo son las pistas en Etosha?: Etosha es atravesado, de este a oeste, por la C38, que constituye el eje principal del parque, yendo desde el campamento de Namutoni al de Okaukuejo (Halali queda un poco fuera de esta ruta principal). Se trata de una pista amplia y con un firme bastante decente, similar al de cualquier carretera tipo C en Namibia. Las pistas secundarias suelen ser parecidas, aunque algunas de ellas se estrechan en algunos puntos y pueden tener baches considerables. Conviene moderar la velocidad en todas ellas.

Pistas principales bastante decentes, aunque pueden tener algún «pequeño» obstáculo.

¿Se puede recorrer con cualquier coche?: las pistas principales son suficientemente buenas como para que pueda circular cualquier vehículo (vimos de todo tipo, incluyendo utilitarios normales). No obstante, un vehículo todoterreno y con tracción a las cuatro ruedas nos permite ir más cómodos, no sufrir en cada bache y disminuye las posibilidades de pinchazo. Por otro lado los 4×4, al ser más altos, ofrecen una vista algo más elevada y que permite contemplar mejor los animales. Algunos caminos secundarios los vimos quizá un poco justos para turismos normales, por presentar rocas grandes o baches profundos. En resumen, con un utilitario normal se puede ir, pero más cómodo y seguro con un 4×4.
Límites de velocidad: la velocidad máxima permitida en el interior de Etosha es de 60 km por hora. Evidentemente, entre el estado de las pistas y nuestro cometido (que es, nada más y nada menos, intentar encontrar animales), lo lógico es ir mucho más lento. Precaución porque en cualquier momento puede aparecer algún animal justo en medio de nuestro camino.

Mejor no correr, que a veces se cruza algún animalito por la carretera.

Gasolina: existen gasolineras en los campamentos de Okaukuejo, Halali y Namutoni. Conviene llevar siempre, al menos, medio depósito de gasolina, puesto que puntualmente alguno de estos lugares agota el combustible.
Bajar del coche: mientras circulamos por Etosha está rigurosamente prohibido descender del vehículo, salvo en las áreas habilitadas a tal efecto (los campamentos y las seis áreas con baños, alguna de ellas también con zona de picnic). Aunque estas áreas están valladas y, se supone, a salvo de los animales, conviene no relajarse puesto que sus alambradas están más que deterioradas.

Una de las zonas habilitadas para comer e ir al baño.
Otro de los (apestosos) baños. Nótese la vallita semi derruida que nos separa de leones, leopardos, elefantes y rinocerontes.

Distancias: las distancias entre los diferentes campamentos y entre estos y las charcas son bastante grandes, por lo que debemos calcular bien el tiempo para llegar a nuestro alojamiento antes de la puesta de sol.

¿Cómo orientarse?: en gran parte de los cruces de caminos encontramos carteles indicadores con la distancia a los campamentos. No obstante, se puede descargar el mapa de las carreteras de Etosha en la página web oficial , e imprimirlo. Nosotros nos movimos con él y no tuvimos ningún tipo de problema.

En casi todos los desvíos encontraremos algún panel indicativo.
Mapa oficial con los caminos y las distancias aproximadas. Muy útil. Se puede descargar en https://www.etoshanationalpark.org/map

Conducción y animales: en el Parque Nacional de Etosha hay una variedad de animales impresionante. La mayor parte de ellos dormirán o continuarán su paseo plácidamente mientras los contemplamos desde el interior de nuestro vehículo. Sin embargo, conviene recordar que jamás debemos interponernos en el camino de los elefantes y rinocerontes, puesto que pueden embestir a nuestro vehículo; es preciso guardar una distancia de seguridad y ver hacia dónde se dirigen, moviéndonos lentamente si es preciso. Por otro lado, ciertos animales (cebras, chacales, impalas…) pueden aparecer súbitamente en la carretera, por lo que tenemos otro motivo para moderar nuestra velocidad.

Unas cebras pelean junto a la pista. Precaución con los animales que se pueden cruzar en cualquier momento.

¿Y si pinchamos?: tranquilos, es relativamente frecuente (¡a nosotros nos pasó!). En nuestro caso, condujimos lentamente hasta el campamento más cercano, donde nos cambiaron la rueda por la de repuesto. Recordad que no se debe bajar del coche y que nunca (¡nunca!) se debe ir por Namibia sin rueda de repuesto.

¡Oh, oh, problemitas!

¿Cómo se visita Etosha?¿Qué hacer en el interior del parque?

El Parque Nacional de Etosha va a ser, sin duda, la mayor atracción en tu viaje a Namibia. Que sí, que Spitzkoppe es impresionante y los árboles de Deadvlei parecen de otro planeta pero, ciertamente, Etosha es el destino principal de este país africano.
Porque, claro, hacer un safari conduciendo tu propio vehículo, por libre, es una verdadera aventura, algo inolvidable.
– Vale, pero… y una vez esté dentro del parque…¿cómo organizo mi visita?¿Qué hago?
Vamos a intentar aclarártelo en las siguientes líneas.
A Etosha se va a ver animales. Leones, leopardos, rinocerontes, jirafas, elefantes… la lista es prácticamente interminable. ¡Y buscarlos por el parque es divertidísimo!

El objetivo es encontrar animales. ¡Mola un montón!

Dado que la temporada alta de visitas coincide con la época seca, el agua en el parque es escasa y los animales se concentran en las diversas charcas que se hallan diseminadas por toda la reserva. Las pistas de Etosha nos llevan a dichas charcas, desde cuyas proximidades podremos contemplar la magnífica fauna del parque, bebiendo e interactuando entre ellos.
Se recomienda pasar en el interior del parque, al menos, dos o tres noches; de esta manera se tiene tiempo suficiente para recorrer gran parte del mismo. Dormir cada noche en un campamento distinto nos permitirá ver sus respectivas charcas de noche, en que los animales están más activos.
En muchas páginas de internet (y guías en papel) se indica qué charcas son más propicias para ver según qué tipos de animales. Así, en Okaukuejo se ven con frecuencia rinocerontes negros (por la noche), en Okondeka leones, en Halali leopardos o en Sueda se puede tener la fortuna de observar algún guepardo.
Sin embargo, los animales están en continuo movimiento y su presencia en una charca u otra cambia, por lo que resulta imposible de predecir. Será necesaria una combinación perfecta de suerte y paciencia. En el siguiente apartado de esta entrada os indicamos qué charcas visitamos y algunos de los animales que vimos en ellas.

Nos acercamos a las charcas donde se congregan los animales. En este caso, una gran manada de elefantes.

Aunque no es necesario, ni mucho menos, recorrer todas y cada una de las charcas, sí que es cierto que los paisajes varían bastante entre unas y otras, por lo que animamos a visitar un buen puñado de ellas. No obstante, esperar pacientemente en el coche, con el motor apagado, en las proximidades de alguna de estas charcas es como ver un documental en la televisión; los animales van desfilando, a su ritmo, delante de nosotros. Por dicho motivo, tampoco es obligatorio realizar largas distancias en coche, basta con relajarse y esperar.
Por otro lado, hay que prestar atención mientras se va conduciendo (despacio y con precaución), puesto que en cualquier momento podemos atisbar un león bajo un árbol o una manada de elefantes a lo lejos. Ya sabes: ¡los ojos bien abiertos! Estar provisto de unos buenos prismáticos es una excelente idea, puesto que facilita mucho la labor.
Conviene llevar agua abundante y comida, puesto que lo habitual es abandonar el campamento al amanecer y ya no volver hasta el atardecer (aunque hay gente que, al mediodía, descansa un rato ya que los animales están menos activos por el calor). Nosotros llevábamos un poco más de dos litros de agua por persona y algunos alimentos (bocadillos, galletas, etc…); comíamos en el coche mientras contemplábamos el espectáculo de las charcas.

Contemplando otra manada de elefantes.

Nuestra experiencia en Etosha

Entramos al Parque Nacional de Etosha por su parte este, atravesando la puerta Von Lindequist. Pagamos las tasas y recorremos los escasos kilómetros que nos separan del campamento de Namutoni.
Es media tarde, por lo que nos dedicamos únicamente a montar la tienda, dar un paseo por el fuerte y acercarnos a contemplar el atardecer en el mirador de la charca mientras degustamos una fresquita cerveza Windhoek.
Pronto a dormir, que mañana será un día largo.

Llegamos a Namutoni, Montamos la tienda, vemos el atardecer y a dormir.

Suena el despertador mientras todavía reina la oscuridad nocturna, nos levantamos y desayunamos algo. Con los primeros rayos de sol comenzamos a recoger la tienda, algo húmeda por el rocío de la noche.
Salimos del campamento de Namutoni en dirección oeste, siguiendo las indicaciones hacia Halali.
A los pocos metros de salir de allí nos topamos, a pocos metros del camino, con un pequeño grupo de jirafas. ¡Empieza lo bueno!

Nos encantan las jirafas.

El primer waterhole (charca) que visitamos es la de Chudob. Allí nos recibe un buen puñado de kudus, ñus, cebras y algún facóquero y chacal. Una auténtica eclosión de vida emerge en las cercanías de la tan preciada agua.
Decidimos realizar la vuelta que realiza la pista pasando por la charca de Ngobib. Según el mapa son 19 kilómetros, en los que la carretera está regular y la charca se encuentra medio seca. Sin embargo, más adelante llegamos a una amplia pradera con decenas de cebras y gacelas saltarinas de El Cabo (springboks, Antidorcas marsupialis). Las cebras macho, en celo, pelean violentamente entre ellas. Impresionante.

Un par de cebras en pleno combate.

Seguimos la ruta hacia el oeste, deteniéndonos en la zona de baños próxima a Springbokfontein. La valla está medio rota y los baños están muy sucios y apestan, pero si hay que hacer un pis tiene que ser en estas zonas, así que no nos queda otra.
Llegamos a la charca de Goas, la más bonita que hemos visto hasta el momento, en un entorno típico africano. Si bien en la charca hay gran cantidad de impalas de cara negra (black-faced impala, Aepyceros melampus petersi) y algunos enormes kudus (Tragelaphus strepsiceros), nos llama la atención que varios coches se han detenido junto al camino y están oteando entre los arbustos. Nos acercamos y vemos el motivo: un león macho descansa apaciblemente en la sombra. Entre que está lejos y agazapado tras los arbustos, apenas intuimos parte de su melena. Como decide echarse la siesta, perdiéndose definitivamente de vista, decidimos continuar la ruta.

El león se halla escondido en la maleza, tirando de zoom con la cámara apenas podemos verlo parcialmente.

Pasamos por delante de la charca de Noniams (seca) y tomamos la Rhino Drive hasta llegar al campamento de Halali. Tras pasar por recepción montamos nuestra tienda, comemos algo y nos acercamos a la charca del campamento. Apenas hay un par de impalas bebiendo agua, por lo que decidimos continuar la ruta en coche por el parque.
Nos dirigimos ahora a la charca de Naumses. De camino nos topamos con algunas avestruces y vemos que en un lado de la pista hay una gran cantidad de excrementos gigantes. ¡Los elefantes andan cerca!
Llegamos a la charca y, casi con lágrimas en los ojos, nos encontramos ante un espectáculo sin parangón: una manada de unos 30 o 40 elefantes. Algunos ejemplares son de un tamaño considerable; siempre cerca de sus madres también observamos varias crías. Los elefantes beben, se bañan y se embadurnan en barro para refrescarse. A una distancia prudencial, boquiabiertos, los observamos durante casi una hora. ¡Qué maravilla!

Una de las imágenes más fascinantes de nuestros días en Etosha.

Una vez se retiran los elefantes decidimos acercarnos al mirador del Etosha Pan, la gigantesca llanura blanquecina, seca en esta época del año. Ni rastro de animales por allí, pero el paisaje es realmente hermoso.
Decidimos visitar la charca de Rietfontein, un poco más al oeste. De camino nos encontramos alguna jirafa y, nuevamente, con la gran manada de elefantes. En esta ocasión atraviesan la pista a unos 50 metros de donde nos encontramos. Nos detenemos dejándoles vía libre, sin apagar al motor, y contemplamos el paso de los paquidermos.
Rietfontein es una charca muy bonita, sobre todo con las luces del atardecer. Aunque esperamos un buen rato, apenas aparecen por la zona unos cuantos impalas de cara negra, un hermoso animal cuyo hábitat se restringe al norte de Namibia y sur de Angola.

Un curioso Alcéfalo caama.

Ponemos rumbo al campamento de Halali, puesto que ya no queda demasiado para la puesta de sol. Pero un movimiento en los arbustos, a nuestra izquierda, nos hace detenernos bruscamente. ¡Es un rinoceronte negro!
Si ya son animales difíciles de ver, el poder contemplarlos de día es muy infrecuente. Pero que el propio rinoceronte atraviese la pista por la que conducimos a tan solo unos metros de nuestro coche es algo inimaginable. Aunque estamos algo tensos por la proximidad del animal, lo cierto es que hace caso omiso de nuestra presencia y continúa su marcha, impasible, hacia la charca.

Rinoceronte negro, próximo a la charca de Rietfontein.

Es hora de regresar a Halali, donde descansamos un poco y preparamos la cena. Tras ello, y provistos de una cerveza, damos un paseo de cinco minutos caminando hasta llegar a la charca del campamento. Sentados en unos cómodos bancos en lo alto, y separados de la fauna salvaje por una robusta valla, tenemos la fortuna de contemplar varios rinocerontes (¡hasta cinco juntos!) y un par de elefantes. Durante casi dos horas nos sentamos allí, pacientes y entusiasmados, disfrutando de este espectáculo de la naturaleza.
Tocar dormir, que mañana será otro largo día.

Ya de noche vemos otros cinco rinocerontes más en la charca de Halali.

¡Qué bien hemos dormido esta noche! Ahora vamos a desayunar y salir a conocer otra parte de Etosha, así que ¡manos a la obra!
Salimos rumbo oeste pasando por alguna de las charcas más próximas al campamento. Nada interesante en ninguna de ellas, destacando el mal estado de la pista que acerca a Homob. Pasamos brevemente por la charca de Aus antes de llegar a una charca famosa por la habitual presencia de elefantes: Olifantsbad. Y, por lo menos en este momento, la fama es merecida: una gran manada de elefantes se refresca en sus aguas.
Los más pequeños chapotean y corren bajo las enormes patas de los más grandes, que utilizan su trompa a modo de ducha.
Si ellos no tienen prisa, nosotros tampoco; estamos más de una hora contemplándolos. De vez en cuando algún impala de cara negra corretea por la zona, no sabemos si jugueteando o huyendo de algún feroz depredador.

Familia de elefantes.

En las proximidades de Olifantsbad hay una zona de baño y picnic, por lo que nos acercamos brevemente. Es más amplia que la visitada el día anterior, pero igual de sucia y con unas vallas no del todo fiables. Mejor hacemos un pis rápido y seguimos la marcha.

De vez en cuando hay que parar para ir al baño.

De camino a Okaukuejo nos detenemos en las proximidades de la charca de Gemsbokvlakte. Nos recibe una gran manada de cebras, algunos ñus y gacelas saltarinas de El Cabo y un par de órices (Oryx gazella), con su majestuosa cornamenta.
Entramos en el campamento de Okaukuejo a «cotillear» un poco, aprovechando para estirar las piernas y comer algo.
La charca de Okaukuejo es alucinante, con gran cantidad de vida a todas horas del día. En primera línea hay unos chalets desde cuya terraza se puede contemplar, todavía mejor, dicha charca (a partir de 160€ por persona y noche…).
En este momento hay incontables cebras, que tiñen el lugar con sus características franjas blancas y negras. Más alejados vemos una pareja de kudus, así como numerosos órices y unos cuantos impalas. Muchas de las cebras van junto a sus pequeñas crías, por lo que podemos ver tiernas escenas de lactancia.

Gran cantidad de herbívoros en Okaukuejo.

Decidimos seguir la ruta hacia el norte para llegar a Okondeka. Esta charca es famosa por la presencia de leones, así que no nos la podemos perder. Sin embargo, a pesar de estar un largo rato por allí, no contemplamos ningún mamífero de interés. Sí que observamos, a lo largo del camino, algunas aves cuyo nombre desconocemos pero cuya belleza es evidente.

Pues este era un toco piquigualdo sureño (Tockus leucomelas)

Paramos nuevamente en Okaukuejo, dado que su charca ha sido la que nos ha parecido más interesante. Igual que antes, está atestada de animales.
Toca regresar a Halali, aunque antes pasamos por alguna pequeña charca en la que no vemos ni un solo animal. ¿Dónde se habrán escondido?
Cuando nos quedan unos 15 kilómetros para llegar a Halali un vehículo nos adelanta y nos hace unos gestos con la mano. Nos detenemos y nos explican el problema: llevamos una rueda trasera pinchada. ¡Horror! ¿Y ahora que hacemos?
Nos encontramos en pleno Etosha, con leones, leopardos y demás animalitos rondando por ahí, y llevamos una rueda pinchada. Finalmente, tras unos minutos de crisis y valorando diferentes opciones (bajar del coche a cambiar la rueda NO es una opción), decidimos ir hasta Halali lentamente y con precaución.
Aún nos da tiempo de contemplar a un grupo de seis o siete chacales devorando los restos de una gacela saltarina, a pocos metros de la entrada del campamento.
Aliviados, atravesamos la puerta de Halali y nos dirigimos a la gasolinera. Allí enseguida se dan cuenta de nuestro percance y nos cambian la rueda por la de repuesto; la que llevábamos puesta está destrozada (¿cuánto rato llevaríamos conduciendo con la rueda pinchada hasta que nos lo dijeron?).

Los amables trabajadores de la gasolinera de Halali nos cambiaron la rueda. ¡Gracias!

Una vez solventado el problema, y agradeciendo enormemente a los trabajadores de la gasolinera su ayuda, vamos a la tienda de campaña. Cenamos y nos vamos a la charca con un par de refrescantes cervezas.
El show de hoy es de lo más completo. Aunque en un primer momento no hay animales por allí, pronto llegan un par de rinocerontes, dos hienas y, finalmente, un leopardo. Este último se enfrenta fugazmente a uno de los rinocerontes, aunque acaba huyendo asustado ante el tamaño y la gallardía del gran mamífero.
Otro día fantástico en Etosha, pero toca ir a dormir.

Nos quedan pocas horas en Etosha y queremos aprovecharlas, de modo que hoy también hemos madrugado.
Damos un paseo, caminando, hasta la charca de Halali donde, a diferencia de ayer noche, no hay movimiento.
Recogemos la tienda y demás bártulos, los cargamos en el coche y salimos del campamento.
Para despedirnos de Etosha optamos por pasar un buen rato en la charca de Rietfontein, donde dos tardes atrás tuvimos la oportunidad de ver un rinoceronte de cerca.
Hoy no tenemos tanta suerte y, a pesar de esperar con paciencia, los animales están más tímidos o perezosos y no quieren venir a saludarnos.
Tomamos rumbo oeste hacia Okaukuejo para salir por la puerta Anderson. Aunque hemos sido muy afortunados pudiendo contemplar una variedad de fauna impresionante (incluyendo algunos difíciles, como los rinocerontes o las hiernas), nos quedamos con la espinita de no haber podido ver leones.
Cuando apenas quedan dos o tres kilómetros para llegar a Okaukuejo vemos una gran cantidad de coches parados en la pista. No nos lo podemos creer, ¡hay una pareja de leones a tan solo unos metros de allí!
Están en celo, y alternan el apareamiento con escalofriantes rugidos y breves periodos de siesta.

El célebre «rey de la selva».
Pareja de leones apareándose.

La hora y media en que los contemplamos se pasa volando, pero es hora de continuar la ruta.
Salimos de Etosha y en la primera localidad, Outjo, cambiamos la rueda pinchada el día anterior por una nueva. Estamos preparados para continuar nuestra aventura en Namibia, y el próximo destino es Twifelfontein.
Pero eso, ya sabéis, ¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

¡Hasta siempre, Etosha!

2 Comentarios

    1. Conbotasymochila

      Ains ¡gracias por tus palabras!
      A nosotros Namibia nos fascinó, y recomendamos a todo el mundo que vaya a conocerlo. ¡Es impresionante!
      Si finalmente os decidís a visitarlo, ¡no dudéis en preguntar cualquier duda!
      Un besico,

      Paula y Pedro.

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