Un día en Sossusvlei, Namibia: donde la desolación se vuelve arte

Si hay un lugar conocido en Namibia, que fluye viral por redes sociales y que casi todo el mundo recuerda haber oído nombrar alguna vez, ese es Sossusvlei. O, más en concreto, la zona de Deadvlei, con sus negruzcos árboles que crecen, fantasmagóricos, sobre una desértica llanura rodeada de dunas enormes y un cielo de azul radiante por encima. ¿Verdad que os suena?

No hay lugar más onírico en el mundo.

Conviene saber que el nombre de Sossusvlei (que se podría traducir como «pantano sin salida») se refiere a una antigua laguna salada, ahora seca, aunque habitualmente esta denominación se hace extensible a la propia laguna y todos sus alrededores, incluyendo el fotogénico Deadvlei. En realidad Sossusvlei es, simplemente, la parte más famosa del enorme Parque Nacional del Namib-Naukluft.
Esta es una de las paradas imprescindibles en cualquier viaje a Namibia y puede ser visitado, en su totalidad, en un solo día. ¿Nos acompañáis a conocerlo?

¿Cómo llegar a Sossusvlei?

La entrada al Parque Nacional de Namib-Naukluft por el área de Sossusvlei se realiza por la puerta de Sesriem, denominada así por el pequeño asentamiento situado en la zona, en el que se hallan algunos alojamientos y numerosos campings, así como unos pocos lugares donde comprar provisiones.
Las rutas más frecuentes para llegar a Sesriem son las siguientes:
Desde Windhoek (333 km, 4 horas y 21 minutos): tomar la B1 (asfaltada) en dirección sur hasta sobrepasar la localidad de Rehoboth, en que debemos coger un desvío hacia el oeste para conducir por la C24 (pista) durante 36 km. Tomar un nuevo desvío hacia el oeste por la D1261 (pista) y, después, por la D1275 (pista) hasta desembocar en la C14 (pista), que enseguida nos deja en Solitaire. Desde esta localidad continuar por la C19 (pista) durante 71 km hasta encontrar la D826 (pista), que en unos 11 km más nos deja en Sesriem.

Desde Swakopmund (343 km, 4 horas y 27 minutos): dirigirse hacia el sur por la D1984 (asfaltada) hasta las afueras de Walvis Bay, en que hay que tomar la M36/C14 durante 222 km hasta llegar a Solitaire. Desde allí tomar la C19 (pista) por 71 km hasta encontrar el desvío a la D826 (pista), que nos deja enseguida en Sesriem.

¿Dónde alojarse en Sossusvlei?

Estamos en el, probablemente, lugar más turístico de toda Namibia, por lo que la oferta de alojamiento es amplia.
Es recomendable dormir en las proximidades de Sesriem, puesto que conviene madrugar mucho y entrar al parque con las primeras luces del día para poder disfrutar de sus momentos más mágicos.
En el propio Sesriem y alrededores hay algunos alojamientos de bastante lujo y precios elevados, como el Sossusvlei Lodge (unos 105€ por persona y noche), el Desert Quiver Camp (unos 53€ por persona y noche) o el Dead Valley Lodge (a partir de 180€ la habitación); este último se encuentra ya en el interior del parque.

Nuestro camping en Sesriem. Uno de los mejores de todo el viaje. ¡Nos encantó!

También hay bastantes campings por la zona, de precios más asequibles. Los más cercanos a la entrada del parque son el Sesriem Campsite NWE (unos 20€ la noche) y el Sossus Oasis Campsite (12,5€ por persona y noche).
En nuestro caso optamos por este último, el Sossus Oasis Campsite y, sin lugar a dudas, fue uno de los alojamientos que más nos gustó de todo el viaje. Aunque la zona de acampada era de tierra dura y algunas piedras, tenía un pequeño cobertizo individual, pavimentado con baño, ducha de agua caliente, electricidad y zona para cocinar. Además, en la zona común había una pequeña piscina ideal para reposar tras un largo día en el desierto. Muy recomendable.

Así es como nos fuimos de acampada a Namibia. ¡La manera más aventurera, barata y divertida de conocer este fascinante país!

Horarios y tarifas de Sossusvlei

Los horarios de apertura y cierre de la entrada al parque por Sesriem coinciden con el amanecer y el atardecer. Se suelen formar pequeñas colas en la puerta de entrada ya un buen rato antes de que salga el sol, puesto que todo el mundo quiere entrar cuanto antes para poder disfrutar del parque con las cálidas luces del amanecer. Recomendamos madrugar y estar allí antes de que salga el sol, merece la pena aunque toque esperar un buen rato en el coche.
Con respecto a las tarifas, son 80 NAD (unos 4,8 €) por persona más 10 NAD (0,6 €) adicionales por el vehículo. La entrada se paga en la propia puerta del parque.

Preparados para acceder al parque, antes del amanecer.

Un poco más sobre el PN de Namib-Naukluft y Sossusvlei

El Parque nacional de Namib-Naukluft es el más grande de África, ocupando una extensión de más de 49000 km2, e incluyendo gran parte del desierto del Namib (el más antiguo del planeta) y la cordillera del Naukluft. Para que os hagáis una idea de su tamaño, es más grande que Suiza. Impresionante, ¿verdad?
Creado en el año 1907, los límites actuales del parque se establecieron en 1978.
El clima seco de la región, con unas precipitaciones que rondan los 100 mm anuales, no es problema alguno para que una variada fauna habite sus llanuras, dunas y regiones rocosas. Órices, chacales, avestruces e infinidad de pequeños mamíferos e invertebrados pueblan la totalidad de esta maravilla natural.

Mar de dunas.

La parte más visitada de todo el parque es, sin duda, Sossusvlei. Con este nombre se conoce a una antigua laguna, ahora seca, situada en la parte sur del desierto del Namib y rodeada de grandes dunas de arena rojiza (tiene esa tonalidad debido a su alta concentración de hierro). En la actualidad, mucha gente emplea Sossusvlei para referirse a una zona más amplia, que incluye dicha antigua laguna y todos los alrededores.
Las dunas del parque son unas de las más altas del mundo, y superan con facilidad los 200 metros de altura. La más conocida, denominada Big Daddy se erige hasta los 325 metros, mientras que la más grande, Dune 7, alcanza los 388 metros. Se estima que las arenas que las forman pueden tener una antigüedad de hasta 5 millones de años.

¡Fijaos en el tamaño de la Big Daddy!

Pero, sin embargo, el paraje más popular, celebérrimo en redes sociales, es Deadvlei. Se trata de otra llanura de arena blanquecina, donde antaño hubo una laguna, ahora seca. Sobre su superficie se alzan, de manera tétrica y artística a la vez, restos de árboles de color negruzco, conformando una estampa irreal.
El proceso de creación de este lugar es, ciertamente, fabuloso. Hace cientos de años, el cercano Río Tsauchab aumentó notablemente su caudal en temporada de lluvias e inundó la región, creando una zona húmeda e incluso una laguna. Con el paso del tiempo el clima cambió y las dunas cercaron por completo la laguna que, finalmente, se secó. Los árboles presentes (un tipo de acacia conocida como «espina de camello», Vachellia erioloba), cuya edad se estima entre 600 y 900 años, se secaron y chamuscaron debido al intenso sol que impera en esta zona de África. Como podéis comprobar, lo de que son árboles petrificados es tan solo una leyenda que circula por internet.

¿Qué hacer en Sossusvlei?

La región de Sossusvlei es extensa, por lo que es necesario moverse en coche. Dado que lo habitual en Namibia es alquilar uno, podemos recorrer el parque y ver todos sus lugares más relevantes en un solo día. Eso sí, aprovechándolo desde el amanecer hasta el atardecer.

Es preciso destacar que la carretera principal está asfaltada y en buen estado; sin embargo, el tramo final que lleva a Deadvlei y a Sossusvlei (a la laguna de ese nombre en concreto) se realiza por terreno de arenas finas, por lo que resulta imprescindible el 4×4 y cierta pericia al volante. Para quien no disponga de 4×4 (o prefiera evitar conducir por las arenas) hay un servicio de lanzaderas gratuitas que realiza con frecuencia los, aproximadamente, 5 kilómetros arenosos. Para superar sin problemas este tramo si optamos por conducir, lo ideal es rebajar ligeramente la presión de los neumáticos y madrugar, puesto que la arena con el fresco y la humedad de la mañana está algo más compacta y, por tanto, transitable.
En los siguientes mapas intentamos señalar los principales puntos de Sossusvlei y su acceso.

Mapa esquemático con las carreteras y los aparcamientos de Sossusvlei.
Detalle de la zona final del valle, donde se encuentra Deadvlei y la mayor parte de puntos de interés.

Los principales puntos de interés son los siguientes:
Deadvlei: se encuentra a unos 65 kilómetros de la entrada del parque, siendo su rincón más fotografiado. El contraste de las acacias negras con el suelo blanco, las arenas rojizas de las dunas y el intenso azul del cielo es inolvidable. Para llegar, además de recorrer los 5 kilómetros de arenas en 4×4 o lanzadera, es preciso caminar algo más de 1 kilómetro por dunas. Imprescindible llevar, al menos, 1 litro de agua por persona. Si se madruga (en nuestro caso fue lo primero que vimos) hay menos gente y las tonalidades de luz son más suaves. Preparaos para disparar cientos de fotografías, puesto que es impresionante.

Así es el famoso Deadvlei.

Sossusvlei: la antigua laguna que da nombre a toda la zona es menos impresionante que Deadvlei, aunque presenta las mismas características: una amplia planicie de forma elíptica y arenas blanquecinas, rodeada de altas dunas de arena rojiza. Se puede acceder hasta su comienzo en coche (4×4).
Big Daddy: una gigantesca duna de 325 metros de altura, de arena rojiza, desde la cual contemplar unas extensísimas vistas del desierto del Namib y tener una imagen global de Deadvlei. Sólo apta para los más intrépidos, puesto que caminar por la arena del desierto se hace muy pesado y nos puede llevar más de una hora llegar a su cumbre desde el propio Deadvlei. Conviene acometer su ascenso temprano, para evitar el periodo de mayor insolación, y no olvidar llevar gran cantidad de agua. El descenso se puede hacer corriendo por su pendiente más vertical, es divertido y mucho más rápido.

Inmensa panorámica desde lo alto de la duna Big Daddy.

Big Mamma: es el nombre de otra gran duna, situada rodeando a la llanura de Sossusvlei, y que también se puede ascender.
Hiddenvlei: el vlei menos visitado del parque, similar pero mucho más tranquilo. Ideal si se tienen ganas de caminar (está más alejado que los otros) y se busca tranquilidad.
Dune 45: denominada así por encontrarse en el kilómetro 45 de la carretera que parte desde Sesriem. Sus arenas, de 5 millones de años de antigüedad, alcanzan los 80 metros de altura. Subir a su parte superior lleva unos 20 minutos y permite obtener unas vistas excelsas del gran valle.

En la cima de la Duna 45.

Elim Dune: gran duna, situada en otra zona del parque, que nos permite contemplar un punto de vista diferente. Para llegar hay que desviarse, a unos 5 km de la entrada, por una pista. Es un bonito lugar donde contemplar las últimas luces del día. (* Hay que tener en cuenta que cierran el parque con el anochecer, así que olvidaos de un atardecer en Deadvlei).
Sesriem Canyon: el Río Tsauchab, seco la mayor parte del año, ha ido erosionando las paredes durante millones de años para formar un curioso cañón. En la actualidad se puede visitar y realizar un paseo por su interior de 1 hora ida y vuelta.
Paseos en globo: se pueden contratar en Sesriem vuelos al amanecer, donde contemplar una vista global del parque. El precio, eso sí, es muy elevado (en torno a 6900 NAD, unos 418 € por persona).

Interior del Cañón de Sesriem.

Nuestra experiencia en Sossusvlei

Abandonamos la costa para dirigirnos hacia lo más recóndito de Namibia, atravesando el desierto del Namib. Conducimos por vastas llanuras desérticas, atravesamos una pequeña cordillera con excelentes vistas y nos detenemos en uno de los puntos geográficos más característicos de esta ruta: el cartel que indica que atravesamos el Trópico de Capricornio. Las fotos en este lugar, perdido en medio de la nada, son imprescindibles.

Posando en un lugar mítico de la ruta.

Tras más de cuatro horas de ruta llegamos a la solitaria (nunca mejor dicho) Solitaire. Esta antigua gasolinera, junto a la cual han proliferado algunos edificios más (bar-restaurante, tienda, garaje, hotel…) es una parada relevante para todos los que se adentran en el inhóspito desierto del Namib. Imprescindible parar a repostar aquí (las siguientes gasolineras están muy lejos) y recomendable probar la tarta de manzana que nos sirven. Por un ínfimo precio degustamos el dulce con voracidad.

Welcome to Solitaire. El nombre está más que bien puesto.

Nos tomamos unas fotos junto a los curiosos y vetustos coches que decoran el lugar, recuerdos de una época pasada.
Nada más montar en el coche un niño se acerca corriendo a decirnos que tenemos una rueda pinchada. Efectivamente, comprobamos que se halla en lo cierto. Pronto nos indica que a escasos 100 metros de allí hay un pequeño garaje donde nos pueden reparar la rueda.
– Qué casualidad – pensamos – haber pinchado justo al lado del garaje. ¿Nos habrán deshinchado la rueda a propósito?
Sea casualidad o una hábil estratagema de los dueños para conseguir un dinero extra, lo cierto es que nos reparan el neumático en pocos minutos y por un módico precio; mientras tanto aprovechamos para tomar alguna foto e interactuar con alguno de los lugareños que se ha acercado a vernos.

¡Sin rueda pero con sonrisa!

Una vez reparado el neumático seguimos la ruta, por una buena pista, hasta llegar a Sesriem.
Junto a la entrada del parque enseguida adivinamos nuestro alojamiento esta noche: el Sossus Oasis Campsite. Desde un primer momento nos sorprende, puesto que ofrece todo tipo de comodidades. Gasolinera, tienda, bar, piscina…y una zona de acampada más que decente. ¡Qué bien!
Montamos la tienda de campaña y nos acercamos a la tienda (a la de comprar) a adquirir unas cervezas bien fresquitas, que degustamos mientras nos damos un baño en la piscina. Sientan bien estos momentos de sosiego.
Tras el anochecer cenamos, vemos una película en la tablet y nos vamos a dormir.

Momentos de relax en la piscina del camping.

Suena el despertador, tras una noche fría en la que hemos tenido que hacer uso de toda la ropa de abrigo. Son las 06:00 y todavía es noche oscura. Ducha rápida, desayuno y al coche, que nos tenemos que acercar a la entrada del parque.
Queda más de media hora para que abran las puertas (a las 07:30 h) y media docena de coches y un par de autobuses ya hacen fila en la puerta. Nos ponemos los últimos y nos tomamos con filosofía la espera, que se nos hace eterna.
En cuanto la puerta se abre, conducimos unos pocos centenares de metros hasta llegar al pequeño puesto donde pagar la entrada.
Decidimos dirigirnos, en primer lugar, a Deadvlei, situado en la otra punta del valle. Son unos 60 km de conducción, que algunos conductores realizan a toda velocidad puesto que la carretera, asfaltada, es muy buena. Preferimos adherirnos a las normas de velocidad y disfrutar de la ruta.

Es mejor no correr, puesto que así podemos contemplar imágenes tan espectaculares como la de la Duna 45 con las luces del amanecer.

Llegamos al aparcamiento donde se dejan los turismos normales y sólo se puede continuar en 4×4, puesto que la carretera asfaltada se convierte en pista de tierra cubierta parcialmente por las arenas de las dunas colindantes. Si no se dispone de vehículo 4×4 hay que tomar aquí una lanzadera; si tenemos un vehículo todoterreno lo ideal es reducir la presión de los neumáticos y conducir con cuidado y mucha pericia. Aunque nosotros no tenemos ningún problema, nos han explicado que casi todos los días algún coche se queda atascado en la arena y tienen que remolcarlo.

Conduciendo el tramo de arena.
Hay tramos con arena más profunda: es necesaria cierta pericia al volante.
Conducir por aquí es un poco tenso, puesto que el coche puede derrapar un poco al girar o, en el peor de los casos, quedarse encallado en la arena.

Superamos los 5 kilómetros de pista con la mezcla justa de precaución, tensión, algún pequeño derrape y un punto de diversión (¿o podríamos llamarlo risa nerviosa?).
Una vez llegamos al aparcamiento de Deadvlei, dejamos el coche junto a otros que han llegado antes. Desde allí el camino es evidente: sólo hay que seguir las múltiples huellas que se dirigen hacia las dunas del fondo.

Aparcamiento de Deadvlei. Debemos dirigirnos hacia la izquierda.

Es casi un kilómetro, que nos cuesta unos 25 minutos.
Superada una pequeña duna Deadvlei se presenta ante nosotros. Todavía medio a la sombra, visto desde arriba y a lo lejos, lo cierto es que únicamente nos llama la atención el tamaño de las dunas.
Descendemos unos pocos metros y caminamos, ahora sí, por la seca llanura blanquecina. A estas horas de la mañana somos pocos los que nos encontramos en este punto, por lo que podemos disfrutarlo casi en soledad.

Caminando por el desierto. Llevad la mochila bien cargada de agua, que es totalmente necesaria.
Así es la primera impresión de Deadvlei.

Y, ciertamente, una vez nos encontramos allí, disfrutamos de este paisaje onírico en toda su magnitud. En cada dirección los contrastes de colores son mayores; el negro del árbol con el blanco del suelo, el marrón rojizo de las dunas con el cielo azul intenso…Líneas rectas se entrecruzan con figuras curvilíneas, en un espectáculo de colores sin parangón, como en la mente de un lunático pintor que dibuja trazos llamativos.
Tomamos fotos una y otra vez, en todas las direcciones. La luz baja de primeras horas de la mañana aumenta el misticismo del lugar, silencioso e irreal. Uno de los lugares más mágicos, si no el que más, que hemos visitado.
Reparamos en la gigantesca duna que se yergue, inmensa, al fondo de Deadvlei. Se trata de la Big Daddy que, con sus 325 metros de altura, se encuentra entre las más altas de todo el desierto del Namib.

– ¡Qué curiosos estos árboles!
Marcados contrastes.
Contemplando.
Otra vista de Deadvlei, desde los pies de la Big Daddy.

A nuestra izquierda parte un trazo de huellas que asciende progresivamente por ella. Tomamos dicha senda y ganamos altura lentamente, hasta alcanzar la cresta superior. Desde aquí vemos el camino que nos falta, que transcurre por el filo de la duna y que nos lleva hasta su cumbre. Inverosímil, impresionante.
Caminar por la arena del desierto es sumamente pesado. Nuestras zapatillas se encuentran repletas de arena (¡se desaconseja subir con chanclas o zapatillas abiertas porque la arena quema y puede haber escorpiones u otros animales!), cada dos pasos para arriba resbalamos uno para abajo…es duro el ascenso, para el cual empleamos casi una hora.

Por ahí se asciende a la Big Daddy. Nos costará casi una hora…
Duro ascenso a la duna.
Caminamos por el filo de la duna.
Vistazo atrás. Por ahí venimos caminando.

Sin embargo, el esfuerzo ha merecido muchísimo la pena. Desde lo alto la panorámica es infinita. Dunas y más dunas de tonalidades rojizas; a nuestros pies Deadvlei, cuyos árboles parecen diminutos desde aquí.
Durante más de media hora nos sentamos a contemplar el paisaje, sin articular palabra, sólo disfrutando.

¡Estamos en la cumbre de la duna!
Vistas espléndidas.

Decidimos descender «en línea recta», por la parte más pendiente de la duna. Casi todo el mundo lo ha hecho y parece más rápido y cómodo. No resulta peligroso a pesar de la pronunciada pendiente, ¡resulta divertidísimo!

Por aquí descendemos, en línea recta. A pesar de la gran pendiente, no entraña mayor peligro.

De nuevo en la parte baja, continuamos tomando fotografías en este magnífico estudio de colores vivos. Deadvlei es fascinante, sobrecogedor, nos tiene enamorados.

Luces, sombras y contrastes.
¡Paula, que no son petrificadas! ¡Que se han secado y han adquirido su color por el sol radiante del lugar!

Pero no podemos estar todo el día aquí, así que regresamos al coche. Conducimos un par de minutos por una pista bastante decente hasta llegar al aparcamiento de Sossusvlei.
Comprobamos que la laguna seca que da nombre a la región es mucho menos llamativa que Deadvlei, por lo que damos un breve paseo por las dunas y decidimos regresar.

Dejamos el coche en el aparcamiento de Sossusvlei y damos un breve paseo. Comparado con Deadvlei, es mucho menos llamativo.

El tramo de pista es más complicado ahora, en que el sol ha calentado la arena y esta se vuelve más resbaladiza y menos compacta. Afortunadamente no nos quedamos encallados en la arena, pero hemos tenido que demostrar toda nuestra destreza al volante (y, posiblemente, también toda nuestra fortuna).
Una vez llegamos a la zona de carretera asfaltada nos detenemos a comer algo, en unas mesas a la sombra que se encuentran junto al aparcamiento de las lanzaderas.
Nuestro siguiente destino es la Duna 45, que por la mañana presentaba una silueta formidable. Detenemos el coche en la zona habilitada y bien señalizada y emprendemos el ascenso por el filo de la duna, a paso tranquilo. En unos 25 minutos nos encontramos en su parte superior, disfrutando de la inmensa panorámica de todo el valle. Hace un calor intenso a estas horas, por lo que no aguantamos demasiado bajo el sol implacable y regresamos a nuestro vehículo.

Ascendiendo a la Duna 45.
Equilibrios en la fina arista.

Tomamos la carretera asfaltada en dirección a la salida y, justo antes de llegar a la puerta, nos desviamos por una pista hasta llegar al aparcamiento del Sesriem Canyon. Realizamos una ruta por el interior del cañón de 30 metros de profundidad y casi 3 kilómetros de largo, y que se encuentra parcialmente a la sombra. ¡Aquí se está bastante más fresco! No obstante, tampoco tiene mucha miga y nos parece, quizá, prescindible.

En el tramo más estrecho y profundo del cañón.

Desde allí nos dirigimos a la Elim Dune, lugar en el que, según dicen, se contempla el mejor atardecer del parque. Subimos por la duna, en la que crecen algunas hierbas, durante más de 45 minutos, sin poder atisbar siquiera su cima. Esta zona de dunas es más complicada y menos transitada, por lo que desistimos de seguir subiendo.
Aunque lo cierto es que ya hemos ganado bastante altura, y tenemos una amplia panorámica del valle. Queda todavía bastante para el atardecer y estamos bastante cansados, así que decidimos salir del parque, regresar al alojamiento y descansar un rato. Cerveza mediante, escribimos postales a algunos amigos.
Cenamos pronto y nos vamos a dormir, tras un largo e inolvidable día.

La última visita del día es a la duna Elim, que ofrece una buena panorámica.

Hoy no tenemos ninguna prisa, así que nos levantamos, desayunamos con calma y recogemos todo el material de acampada. Ha sido nuestra última noche durmiendo en la tienda, por lo que tenemos que dejar todo bien ordenado.
El único objetivo en este día es llegar a la capital de Namibia, Windhoek, donde pasaremos la noche antes de dirigirnos al aeropuerto para volar a nuestro siguiente destino: las Cataratas Victoria. Pero eso, ya sabéis…¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

¡Hasta siempre, Deadvlei!

2 Comentarios

    1. Conbotasymochila

      ¡Muchas gracias, Marina!
      Creo que se nota en la manera de escribir el blog que este fue un sitio de los que realmente nos marcó. Es inolvidable, nunca hemos visto nada tan distinto a todo lo demás.
      Un besico!

      Paula y Pedro.

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