Visita al Parque Cultural del Río Vero: patrimonio en mayúsculas

El Parque Cultural del Río Vero es otra de esas joyas que nos regala la provincia de Huesca. Quizá para muchos no sea tan conocido como el Valle de Tena o la Estación de Canfranc, o tan grandioso como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, pero lo cierto es que es un lugar de una riqueza patrimonial incalculable. Articulado en torno al río del que toma su nombre, el Parque Cultural del Río Vero es una combinación perfecta de naturaleza, arqueología, geología, etnología e historia.

Detalle de una escena encontrada en el Abrigo de Mallata B (foto de la web del Parque Cultural del Río Vero).

Este paisaje calizo, delicadamente modelado por la acción del agua, ha sido testigo de la presencia humana en los últimos 30000 años. Prueba de ello son las pinturas rupestres encontradas en los más de 60 abrigos que cuelgan en las paredes del cañón, y en los que aparecen los tres estilos clásicos del arte rupestre peninsular: Paleolítico, Levantino y Esquemático.
Precisamente por conservar este legado excepcional, el arte rupestre del Río Vero fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1998, junto con otras manifestaciones del Arco Mediterráneo en la Península Ibérica.
El Parque Cultural del Río Vero es patrimonio en su sentido más amplio, patrimonio en mayúsculas. ¿Nos acompañáis a conocerlo?

Un poco de historia

Retrocedamos en el tiempo unos 20000 o 30000 años e imaginemos que nos encontramos en plena última glaciación cuaternaria. El clima es frío y el entorno del Cañón del Río Vero es hogar de osos cavernarios, lobos, renos y caballos, entre otros.
A estos paisajes tan diferentes de los actuales, y durante parte de la primavera y el verano, acudían grupos humanos que vivían de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Prueba de su presencia son las pinturas rupestres de la Cueva de la Fuente del Trucho, ejemplo único de Arte Paleolítico en todo Aragón; algunas de sus pinturas alcanzan los 30000 años de antigüedad. Se trata de un abrigo profundo en el que, además de las pinturas de color rojo y negro, también se han hallado grabados, restos óseos y líticos. Las pinturas representan manos en negativo, numerosas figuras de animales y diversos símbolos. El número total de pinturas catalogadas supera el centenar.

Esta zona del cañón fue habitada hace miles de años.

Tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente 12000 años, los grupos humanos tuvieron que adaptarse a los cambios que experimentó el medio natural. Nació una nueva cultura, aunque seguía basándose en la caza y la recolección. El arte rupestre también cambió: si antes eran escogidas cuevas profundas, a partir de este momento se pinta en abrigos rocosos poco profundos, iluminados por la luz del sol. Pero la modificación más profunda consiste en el protagonismo que adquieren las figuras humanas, representándose complejas y detalladas escenas de caza, recolección de miel, etc…. Estas pinturas corresponden al Arte Levantino. En el Río Vero existen magníficos ejemplos en el Abrigo de Arpán (visitable con guías del Parque Cultural), el Abrigo de Muriecho o el impresionante ciervo del Abrigo de Chimiachas.

Un claro ejemplo de Arte Levantino.

Más tarde, entre el 5000 y el 1500 a.C. se asentaron en el territorio nuevos pobladores pertenecientes al Neolítico y comienzos de la Edad de los Metales. Esta nueva sociedad sedentaria habitaba en poblados, desde los cuales iba transformando el paisaje con el fin de practicar la agricultura y la ganadería. Esta sociedad compleja y avanzada se siguió viendo atraída por la difícil geografía del Cañón del Vero. Llegaron hasta los abrigos de más difícil acceso para realizar unas pinturas de sencilla ejecución pero de enorme abstracción y simbolización: se trata del Arte Esquemático. Las figuras se simplifican, convirtiéndose en sencillos esbozos que, en algunos casos, permiten identificar aquello que representan. Este estilo es el más habitual en el Parque Cultural del Río Vero, suponiendo un 85% de sus pinturas rupestres. Los ejemplos más representativos se encuentran en los abrigos del Tozal de Mallata, Barfaluy, Lecina Superior, Gallinero o Quizans, entre otros.

Hombre agarrando a un cérvido por el hocico (foto de la web del Parque Cultural del Río Vero).

Todas estas pinturas permanecieron durante miles de años en las paredes del Cañón del Río Vero, pasando inadvertidas por los lugareños y pastores, quienes encontraban en las cuevas cobijo para pasar las noches mientras vigilaban al ganado. También los apicultores las utilizaron para colocar sus colmenas, de las que obtenían miel y cera de abeja.
No fue hasta el año 1969 cuando el escritor francés Pierre Minvielle, especializado en montaña y espeleología, descubrió el primer abrigo con representaciones de arte esquemático. Tras él, los estudios llevados a cabo el catedrático Antonio Beltrán y, sobre todo, por Vicente Baldellou, pusieron de manifiesto todo el esplendor del arte rupestre en el Cañón del Río Vero.
En 1998 la UNESCO incorporó las representaciones rupestres del Río Vero a la lista de Patrimonio Mundial; por otro lado, la zona fue declarada Parque Cultural en el año 2001, no sólo por su arte rupestre sino por su importante patrimonio cultural y natural.

El Parque Cultural del Río Vero no son sólo pinturas rupestres; su naturaleza es asombrosa.

En la actualidad el Parque Cultural del Río Vero se articula en torno a dicho río, conectando el Prepirineo con el llano del Somontano de Barbastro. En este territorio de más de 245 km2 se encuentran nueve localidades, que dotan de vida y dinamismo a la zona; destacan los conjuntos arquitectónicos de Barbastro y Alquézar, así como diversos bienes de interés cultural en los pueblos del parque.
Las rutas de senderismo y BTT, el avistamiento de aves o el descenso de barrancos son otras de las actividades que se pueden realizar en el propio parque o sus alrededores.
Por todo ello, en los últimos años se ha convertido en uno de los principales focos turísticos de la provincia de Huesca, dada la gran cantidad de alternativas culturales, naturales, deportivas y gastronómicas que ofrece.

Vista de Alquézar, en lo alto, mientras recorremos la ruta de las Pasarelas del Vero.

¿Cómo llegar al Parque Cultural del Río Vero?

El Parque se encuentra en el centro de la provincia de Huesca, siendo un territorio compartido por las comarcas de Sobrarbe al norte y Somontano de Barbastro al sur. El sector correspondiente al Cañón del Río Vero forma parte del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara.
Tiene dos puntos de acceso: por el norte, en la localidad de Bárcabo; por el sur, en Barbastro.
Para quienes accedan desde el sur, la localidad a tomar como referencia debe ser Barbastro, cabecera de la Comarca del Somontano de Barbastro y su principal ciudad. Desde allí parten las diversas carreteras que nos llevan al corazón del Parque por el sur.
El acceso al Parque desde el norte se realiza por la A-2205 (que nos lleva a Arcusa y Bárcabo); debemos coger el desvío a dicha carretera entre las localidades de Aínsa y Boltaña.

Río Vero a su paso por Barbastro, la principal localidad y capital de la Comarca del Somontano.

Alojamiento y gastronomía

La oferta de alojamiento en el propio parque y sus alrededores es amplia y variada. Aunque muchos visitantes, amantes del contacto con la naturaleza, optan por los diversos campings de la zona, existen también numerosas casas rurales, pequeños hoteles con encanto y algunos otros de más lujo. Queda claro que cada cual puede encontrar lo que más se ajuste a sus deseos y necesidades.
Respecto a la gastronomía, ésta se fundamenta en los productos locales, de las huertas y campos de los alrededores. Entre los productos que gozan de mayor fama se encuentran el tomate rosa de Barbastro, los quesos de Radiquero o el anís de Colungo. De entre todos los platos tradicionales se puede destacar la chireta (confeccionada a base de tripas de cordero y arroz); para acompañar todos ellos es imprescindible un buen vino de la Denominación de Origen Somontano.

Somontano, tierra de buen vino.

¿Qué hacer en el Parque Cultural del Río Vero?

Como ya hemos comentado previamente, la oferta de actividades en el parque es amplia y muy variada. Desde centros culturales a contacto con la naturaleza, pasando por pinturas rupestres e impresionantes edificios civiles o religiosos, todo el mundo puede disfrutar aquí.

Las principales actividades en el parque son las siguientes:
Pinturas rupestres: el arte rupestre del parque se encuentra en el interior de abrigos y cuevas, algunas de muy difícil acceso. Sin embargo, para facilitar su acceso se han acondicionado senderos y se han instalado paneles interpretativos, de manera que también se pueden visitar por libre. Por otro lado, existen visitas guiadas a los abrigos del Tozal de Mallata, Arpán, Barfaluy y Lecina Superior. La pasión y el buen hacer de los guías del parque hacen que la experiencia sea mucho más fructífera, amena y didáctica. Se puede consultar el calendario de visitas guiadas a través de su página web.

Signos ramiformes en Mallata B (foto de la web del Parque Cultural del Río Vero).

Museos y centros de interpretación: el Centro del Arte Rupestre del Río Vero, en Colungo (horarios aquí) nos acerca a la época prehistórica en el entorno del Río Vero, siendo el lugar donde comienzan las visitas guiadas por el parque. También recomendamos la visita del Torno de Buera (antigua almazara), el Museo Diocesano de Barbastro o el Museo etnológico Casa Fabián de Alquézar, entre otros.

Alquézar es, sin duda, muy pintoresco.

Rutas senderistas: el paisaje kárstico modelado por las aguas del Río Vero y el encontrarnos en un entorno prepirenaico dan lugar a una naturaleza variada y rica, con paisajes abruptos, recónditos y fascinantes. En el parque hay una extensa red de senderos bien señalizados, con diversas opciones en función del tiempo y la forma física del visitante. Además de las que llevan a los abrigos del arte rupestre, algunas de las rutas más interesantes son la de las Pasarelas del Vero, en Alquézar, y la Senda de los azudes, que parte de Pozán de Vero. Más información sobre las rutas aquí.
Rutas en BTT: una buena parte de los senderos del parque son ciclables, por lo que podemos recorrerlos en nuestra bicicleta de montaña. Algunas de ellas atraviesan magníficos viñedos, otras nos acercan a ermitas o pequeñas poblaciones y otras son largas rutas circulares que nos muestran una buena porción del parque. Toda la información aquí.

La Ruta de las Pasarelas, en Alquézar, es la más popular del parque.

Patrimonio cultural: en la práctica totalidad de las localidades que integran el parque podemos encontrar edificios civiles o religiosos de un especial interés patrimonial. Entre ellos destacan el conjunto urbano de Alquézar, la ermita románica de Treviño en Adahuesca, el Monasterio de El Pueyo o la Catedral y casco histórico de Barbastro.
Descenso de barrancos: el Cañón del Río Vero, igual que otros del entorno de la Sierra de Guara, es un lugar mundialmente conocido donde practicar barranquismo.

Puente de Fuendebaños, en Alquézar.

Ornitología: debido a su orografía, el cañón es un lugar ideal para el avistamiento de algunas grandes rapaces, entre las que destacan el buitre (Gyps fulvus), el águila real (Aquila chrysaetos) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus).
Para niños: el Parque Cultural del Río Vero es un lugar muy interesante para los más pequeños. Aparte de poder disfrutar del paisaje y de la fauna que en él habita, existe un programa de visitas guiadas y actividades didácticas orientado a centros educativos y familias. Además, en el Centro de Arte Rupestre de Colungo se realizan, periódicamente, talleres experimentales y otras actividades en las que poder aprender algo más sobre la prehistoria y aquellos que crearon el arte rupestre en la zona.

Territorio de rapaces.

Para más información, recomendamos echar un vistazo en las excelentes páginas del Parque cultural del Río Vero y de Turismo del Somontano.

Nuestra experiencia en el Parque Cultural del Río Vero

Aunque sería más preciso hablar de nuestra primera experiencia, porque está claro que tenemos mucho que descubrir en este precioso rincón oscense y repetiremos en próximas fechas.
Hemos quedado en la localidad de Colungo, una bonita tarde de finales de agosto, con Nacho Pardinilla, uno de los guías del Parque Cultural del Río Vero. Llegamos con antelación, por lo que nos da tiempo a leer un interesante cartel que explica las riquezas y patrimonio de la localidad y alrededores.
Una vez estamos todos, debemos conducir por una serpenteante carretera en dirección norte (hacia Arcusa y Aínsa), rodeando el Barranco de Fornocal y cruzando el espectacular Puente de las Gargantas que lo atraviesa suspendido en las alturas. Son apenas 12 kilómetros de carretera, pero estrecha y revirada, por lo que nos cuesta casi 20 minutos llegar al aparcamiento del Barranco de Portiacha, bien señalizado a mano izquierda, con suficiente espacio para dejar una veintena de coches.
Bajamos del coche y, perpetrados con ropa cómoda, zapatillas de montaña, una mochila con agua y crema de protección solar, estamos preparados para comenzar la visita guiada. Un gran cartel detalla las visitas guiadas por el parque: Tozal de Mallata, Abrigo de Arpán y Abrigos de Barfaluy. Es, precisamente, el primero de ellos el que visitaremos hoy.
Al mismo tiempo que un nutrido grupo de barranquistas franceses emprende el camino de descenso al Barranco de Portiacha, afluente del Río Vero, nosotros tomamos un camino bien señalizado que enseguida comienza a ascender decididamente, entre arbustos de boj (Buxus sempervirens), carrascas (Quercus ilex), quejicos (Quercus faginea) y pinos (Pinus sylvestris).

Comenzamos la breve caminata.

En unos 10 minutos llegamos a una explanada, bien indicada y acompañada de dos paneles explicativos, donde viramos a la derecha. Desde aquí ya hemos ganado buenas vistas del abrupto cañón que divide en dos el terreno calizo del parque, cubierto de una frondosa capa boscosa.

Camino bien señalizado e indicado.
Magníficos paisajes.

Nos detenemos, brevemente, en un mirador desde el que atisbamos ya algunos de los abrigos y cuevas del cañón. Nacho, nuestro guía, nos muestra restos de los fósiles más característicos de la zona, denominados nummulites, y otros que se encuentran bajo nuestros pies, incrustados en la roca. Ninguno habíamos reparado en ello, ¡empieza bien la cosa!

¡Hay que fijarse en los detalles de la roca! Sí, eso son nummulites.

Ahora debemos descender a los abrigos del Tozal de Mallata. Para ello hay habilitado un tramo de escaleras metálicas y barandillas que, aunque tienen gran pendiente, se superan sin dificultad. Los abrigos se encuentran en un paraje recóndito. Impresiona imaginar cómo llegarían allí los habitantes de la zona hace varios miles de años, sin escaleras ni barandillas.

Tramo de escaleras.
Llegamos al primero de los abrigos.

Entramos al primer abrigo, conocido como Mallata I, protegido del acceso no autorizado por unas rejas metálicas. Pero, antes de empezar, debemos conocer un poco qué vamos a ver, quiénes habitaron esta zona, cómo realizaron las pinturas, etc… Nacho nos explica, de una manera detallada y apasionada, todo el contexto geológico, geográfico, climatológico y antropológico del lugar. Aunque uno sea totalmente profano en la materia, las explicaciones, entretenidas y rigurosas (y con un punto divertido) hacen que la experiencia sea sumamente interesante. Así, enseguida tenemos unas fundamentadas nociones de estas sociedades, sus distintos estilos pictóricos (Paleolítico, Levantino y Esquemático), las técnicas que empleaban e incluso los instrumentos que utilizaban para hacer música.

Con instrumentos muy similares a estos, los antiguos habitantes del cañón hicieron las pinturas.
Pues te ha quedado estupendo, Nacho.
¿Os imagináis cómo sonaría esta flauta?

Ya estamos preparados para poder apreciar, en todo su esplendor, estas pinturas rupestres. Tres de ellas representan a sendos hombres agarrando a cérvidos por el hocico, destacando sus cornamentas finamente representadas. Otra de las pinturas reproduce la figura de un cérvido de gran cornamenta, mientras que las últimas son símbolos más abstractos cuyo significado se desconoce.

Representación de un cérvido de gran cornamenta (foto de la web del Parque Cultural del Río Vero).

Dejamos el primero de los abrigos y, tras ascender las escaleras metálicas nos detenemos a contemplar nuevamente el paisaje, sorprendente.
Nuestra siguiente parada es el abrigo de Mallata B, donde recibimos también unas interesantes explicaciones por parte de Nacho antes de entrar a contemplar las pinturas.

Atentos a las interesantes explicaciones.

En este caso, destaca un gran número de figuras humanas. Unas parecen estar cogidas de la mano, otros llevan un posible gorro o máscara y el último de ellos lleva, amarrado del hocico, a un animal. En otra zona del abrigo vemos una buena cantidad de símbolos ramiformes que, aunque podrían representar un bosque, este dato no es posible confirmarlo.

Dos figuras humanas (foto de la web del Parque Cultural del Río Vero).

Tras la visita al segundo de los abrigos toca emprender el camino de regreso, no sin antes echar un último vistazo al cañón desde este punto. Tenemos la fortuna de poder divisar varios buitres y algún alimoche sobrevolando la zona.
Emprendemos el camino de regreso a ritmo tranquilo, conversando sobre diversos temas, con el precioso telón de fondo de las montañas del Pirineo aragonés (macizo de Monte Perdido, Cotiella, macizo de las Maladetas…)
Una vez llegamos al aparcamiento caminamos 50 metros para acercarnos al Mirador del Río Vero, y así disfrutar de las vistas con las últimas luces del día. Asistimos a la puesta del astro rey desde este punto y, tras una fructífera y entretenida tarde, ponemos punto final a la visita.

Impresionantes vistas.
Nos encanta estar aquí.
Qué buena pinta tiene ese sendero, tendremos que volver para conocerlo.

Ha sido una auténtica delicia descubrir estos rincones cercanos a casa, aprendiendo y disfrutando de un grandioso patrimonio cultural y natural. Evidentemente, volveremos para descubrirlo en su totalidad.

¡Hemos pasado una tarde súper interesante! ¡Volveremos!

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