Visitar Okonjima Nature Reserve: una historia de grandes felinos

Leopardo comiendo en el centro de rehabilitación.

Como bien sabéis, Namibia es un país de fauna exuberante. Elefantes, leones, jirafas, leopardos, guepardos y cientos de especies de aves (entre otros) pueblan sus tierras y cielos, siendo uno de los grandes atractivos turísticos del país. No en vano, Namibia posee la mayor población mundial de guepardos (un 25% del total mundial), así como notables poblaciones de leopardos, leones (1000 ejemplares) y otros mamíferos. Resulta idílico pensar en un atardecer en Namibia mientras se divisan algunos de ellos, ¿no os parece?
Sin embargo, la relación entre el ser humano y algunos de estos animales ha sido, históricamente, complicada. La expansión humana en busca de terrenos donde establecer sus campos o donde pastorear sus rebaños ha supuesto la invasión de territorios dominados por los grandes felinos, por lo que se ha generado un inevitable conflicto. Los grandes felinos atacan y devoran el ganado produciendo importantes pérdidas económicas y mermando la ya de por sí complicada vida de los ganaderos namibios; estos, por su parte, han perseguido y matado leopardos y guepardos en defensa de sus tierras, rebaños y familias.

Una pareja de guepardos de Okonjima.

En la década de 1970 la familia Hanssen compró una granja en medio de las montañas Omboroko, denominada Okonjima (que en lengua herero significa «tierra de los babuínos»). Del mismo modo que los ganaderos locales, enseguida comenzaron a vivir de cerca el conflicto humano – grandes felinos. Pero el hecho de crecer entre estos hermosos animales les permitió observarlos, entenderlos y, posteriormente, les llevó a replantearse esta situación de conflicto, buscando soluciones beneficiosas tanto para los habitantes de esas tierras como para los grandes felinos.
Así, crearon en 1993 la reserva natural de Okonjima, de más de 200 km2. Para ayudar a cubrir los gastos de la misma, comenzaron a alojar a visitantes que realizaban la ruta entre Windhoek y Etosha, mostrándoles algunos de estos animales y comenzando una labor de educación.

Instalaciones de la AfriCat foundation, en el interior de Okonjima.

Dicha labor se potenció gracias a la creación de la ONG AfriCat Foundation, cuyo trabajo de conservación y protección de los grandes felinos se centra en la educación a jóvenes granjeros y en las escuelas, el apoyo a las comunidades locales y la recuperación de ejemplares huérfanos y/o heridos.
En la actualidad, la Okonjima Nature Reserve se ha establecido como uno de los principales destinos turísticos de Namibia, ofreciendo alojamiento en el interior del parque, la posibilidad de contemplar a algunos de estos grandes felinos y, finalmente, facilitando una labor educativa y de concienciación tanto a turistas como a locales.

Además de grandes felinos, en Okonjima también hay todo tipo de animales, como este curioso impala.

¿Cómo llegar a Okonjima Nature Reserve?

Mapa de situación de Okonjima, obtenido de www.okonjima.com

Okonjima es un punto de paso «natural» para aquellos que llegan a Namibia por el aeropuerto de Windhoek y se desplazan hacia el norte (Etosha).
El desvío hacia Okonjima se toma en la carretera principal B1, a unos 200 kilómetros (2 horas) de Windhoek o a unos 270 km de la entrada de Etosha por Outjo (350 km de su entrada este por Namutoni).
Una vez tomamos el desvío transitamos por una pista de tierra en muy buenas condiciones, por la que debemos conducir con precaución puesto que podemos toparnos con fauna salvaje (guepardos, cebras, etc…). A los 10 km de pista llegamos a la entrada principal de la reserva, donde un guarda tomará nota del vehículo y sus ocupantes. Desde allí quedan otros 15 km de pista hasta llegar a la zona de recepción y campamentos, separada por una valla del resto de la reserva.
En temporada de lluvias las pistas pueden presentar charcos o incluso algún riachuelo estacional puede anegarlas, por lo que conviene informarse previamente.

Mapa de la reserva de Okonjima.

¿Dónde dormir en Okonjima?

Nuestra parcela del Omboroko Campsite.

Dentro del propio parque existe una amplia y variada oferta de alojamiento, desde zonas de acampada a lujosas casas con todo tipo de comodidades. Todas ellas, salvo el «The Villa», se encuentran en el interior del vallado que separa la zona de huéspedes de la de los grandes felinos.
Las diferentes opciones de alojamiento son:
Omboroko Campsite: cuatro zonas de acampada privadas (para grupos o familias), alejadas unas de las otras. Con luz eléctrica, baño y duchas con agua caliente, así como un pequeño cobertizo donde poder guarecerse, cocinar y lavar. Cada una de ellas cuenta con un mirador desde el cual contemplar el atardecer; existe la posibilidad de acercarse a la piscina comunitaria situada entre todas ellas. Necesario llevar tienda de campaña, comida y utensilios para cocinar (hay una zona habilitada para hacer fuego). Están bastante alejadas de la zona de recepción (hay que ir en coche). Desde 440 NAD (26,5€) por persona y noche.
The Plains camp: formado por 10 habitaciones «View Rooms», 14 habitaciones estándar y 6 «Garden Rooms», estas últimas más sencillas y económicas. Todas las habitaciones están en una zona próxima a la piscina, al bar/restaurante y a la tienda, disponiendo de WIFI y otras facilidades. Desde 119€ a 229€ por persona y noche.
The Luxury Bush Camp: construidos en estilo africano, estos lujosos apartamentos ofrecen vistas panorámicas en una situación privilegiada, cuidando todos los detalles de su interior (camas de gran tamaño, sillones de piel, WIFI, mini bar, terraza al aire libre… Desde 291€ por persona y noche.

Cada parcela del Omboroko Campsite cuenta con un mirador para contemplar el atardecer.

Private Bush Suites: situadas en una bella zona de acacias, con vistas a la sabana, estos apartamentos de 275 m2 tienen una decoración moderna y cuidada, incluyendo grandes cristaleras para contemplar la fauna que nos rodea e incluso ofrecen una piscina privada. A partir de 686€.
The Villa: el único alojamiento que se encuentra en plena reserva, sin separación física con la fauna salvaje del parque. Consta de dos grandes suites en la casa principal, más aparte otras dos habitaciones situadas en edificios contiguos; completan la villa una amplia y moderna cocina, una gran piscina y una terraza con vistas. En el precio van incluidos las visitas con guía privado, el coche e incluso un chef. Sin duda, para los más exigentes (y pudientes): precios desde 500€ por persona y noche.

Más información, actualizada, aquí.

En nuestro caso, puesto que habíamos comprado tienda de campaña, optamos por el Omboroko Campsite. Mucho más económico que el resto de opciones, estaba bastante bien preparado y nos pareció ideal para grandes grupos o familias. La única pega es que está muy alejado del resto de gente y puede dar un poco de respeto estar en medio de la sabana tan solos.

¿Qué hacer en Okonjima?

Sí, está claro. Ver de cerca a los grandes felinos es una de las actividades imprescindibles en Okonjima.

La oferta de actividades en Okonjima es bastante amplia, combinando opciones más didácticas y educativas con otras más similares a un safari en toda regla. Poder ver los leopardos o guepardos que están rehabilitándose en la reserva es una experiencia única, aunque tiene su precio.
Algunas de estas actividades son:
Senderismo (por libre): existen tres rutas que recorren la zona libre de grandes felinos y que se pueden realizar por libre; son ideales para disfrutar del paisaje y contemplar la fauna de la zona (sobre todo aves). El Chacma Trail (4 km) recorre una zona rocosa y más abrupta, el Giraffe Trail (5 km) atraviesa una zona boscosa y el Dik-Dik Trail (6 km) transita por el lecho seco de un río y luego por una zona de sabana. Nosotros hicimos el Dik-Dik y, aunque no tuvimos suerte con el avistamiento de animales, fue entretenido pasear una hora por un paisaje así.

Por aquí por la sabana…

Senderismo (guiado): el Bushman Trail (Off the beaten track) es un recorrido realizado parte en coche y parte caminando, en el cual aprender algo más sobre el paisaje y la fauna y flora de la zona. Dura unas dos horas y cuesta 550 NAD (33,12€) por persona.
AfriCat Carnivore Centre: una de las actividades estrella de Okonjima. Esta ruta guiada lleva, en primer lugar, a visitar el centro AfriCat, donde se dispone de clínica veterinaria, pequeño museo y aulas con material didáctico para colegios o visitantes. Es el verdadero centro operacional de AfriCat, donde comienza el proceso de rehabilitación de los carnívoros huérfanos o heridos. Se puede ver, si es la hora, el proceso de alimentación de los leopardos y, posteriormente, a los mejores embajadores de la reserva: los guepardos. Cuesta 550 NAD (33,12€) por persona, son unas tres horas de visita y a nosotros nos pareció muy interesante.
Seguimiento de guepardos a pie: una gran parte de los felinos que habitan la reserva llevan collares de radio para seguir sus movimientos y poder estudiar su comportamiento. Es posible realizar un recorrido, guiado, para poder observarlos. A partir de 700 NAD (42,16€) por persona.
Seguimiento de leopardos y safari por la reserva: Okonjima tiene una amplísima extensión y, además de los leopardos y guepardos que se han liberado tras el proceso de rehabilitación, se pueden contemplar numerosas especies de mamíferos y aves. A pesar de que los leopardos tienen más actividad nocturna y se suelen mostrar esquivos a la mirada del visitante, nosotros tuvimos suerte y vimos un par de ellos muy de cerca. Cuesta 750 NAD (45,17€) por persona.

¡Qué hermosos son los leopardos!

Cabe destacar que, si bien las actividades están pensadas para quienes se alojan en la propia reserva, es posible llegar en el día y participar en alguna de ellas, bien sea en las de por la mañana o en las vespertinas. Conviene llegar temprano, aunque ello no garantiza que haya plazas disponibles. Para más información, echad un vistazo aquí

Nuestra experiencia en la reserva de Okonjima

Hemos llegado la tarde anterior al aeropuerto de Windhoek, con la única intención de conducir dirección norte y alojarnos en Okahandja, en un bonito hotel de esa tranquila ciudad. Tras una merecida noche de descanso, toca comenzar a descubrir Namibia.
Desayunamos y tomamos la carretera B1 en dirección norte. Guiados por nuestra aplicación de GPS, encontramos fácilmente el desvío que se dirige a Okonjima (también señalizado por un cartel en la carretera).

¡Ya casi estamos!

Comenzamos a conducir por una pista de tierra, con precaución, durante unos diez kilómetros, hasta llegar a la entrada principal de la reserva. Allí un guarda toma nuestros datos, comprueba nuestra reserva, y nos abre la valla para acceder al enorme parque de 200 km2.
Si antes ya íbamos con precaución, ahora todavía más, puesto que las señales de la pista nos indican que nos podemos topar con guepardos o antílopes.
Unos cuantos kilómetros más adelante superamos una nueva valla, que nos permite entrar en el recinto libre de carnívoros (aunque, como nos enteraríamos más tarde, a veces hay un leopardo que entra y sale…).

Circulemos con precaución.

Llegamos al Day Center, que hace las veces de recepción. Allí, además de mostrarnos dónde se encuentra nuestro campamento, podemos contratar las actividades a realizar en la reserva. Nos decantamos por el AfriCat Carnivore Care y por el seguimiento de leopardos para el día siguiente.
En primer lugar vamos a nuestra zona de acampada, amplia y con relativas facilidades (lugar para hacer hoguera, cobertizo con luz eléctrica y agua, baño, ducha con agua caliente…). La verdad es que nos da una excelente impresión. Montamos la tienda y dejamos todo preparado antes de comenzar las actividades.
Nos han recomendado realizar una pequeña ruta caminando, el Dik-Dik trail, así que allá vamos. Se trata de un camino de unos seis kilómetros que transcurre parcialmente por el cauce de un río seco y que, más adelante, nos lleva por la sabana. Aunque la gracia de realizar la ruta es poder contemplar parte de la fauna de la reserva (los carnívoros no, puesto que estamos en «la zona de exclusión»), lo cierto es que no tenemos suerte y apenas vemos un par de grandes termiteros y algún pájaro despistado. El paisaje, sin embargo, nos asombra por ser «el típico paisaje africano».

El inicio del camino es paralelo a un río seco.
Pedazo de termitero.
Paisaje típico africano.

Son las 14:45 horas cuando nos vienen a recoger a la zona de acampada para hacer la actividad programada para hoy: el AfriCat Carnivore Care.
Montados en un todoterreno junto al guía, atravesamos la reserva en dirección a la sede de la AfriCat Foundation. Primero nos muestran el museo y el centro educacional para, después, enseñarnos la clínica. Anima saber que, en el terreno, hay iniciativas que luchan por la convivencia entre el ser humano y los grandes felinos, lo cual no resulta siempre sencillo.

Sede del AfriCat.

Tras ello nos llevan a la zona de rehabilitación de los leopardos donde podemos ver, de cerca, a uno de ellos alimentándose. Qué animal más majestuoso, cuánta belleza, qué impresionante nos resulta estar aquí.

Belleza y potencia puras.

Más tarde nos acercamos a la zona donde se hallan los guepardos. Comienza a descender el sol en el horizonte y, aunque nos cuesta un buen rato encontrarlos, los descubrimos dormitando en una zona de sombra. Un privilegio estar a tan pocos metros de estos animales tan espectaculares. Según nos cuenta el guía, los ejemplares que vemos están finalizando su proceso de rehabilitación y en las próximas fechas podrán liberarlos a la reserva para que lleven su vida normal.

Descansando al atardecer.
Mirada curiosa.
Me voy a dar un paseo.

Finalizada la ruta regresamos al campamento, donde preparamos la cena y nos disponemos a dormir. Sin embargo, el hecho de estar acampados solos y tan alejados de los demás hace que nos cueste bastante descansar esta noche. Si al pequeño miedo de estar en medio de la nada, rodeados de animales, le sumamos que a mitad de noche escuchamos unos gruñidos a pocos metros de la tienda de campaña, ¡como para pegar ojo estamos!

Nuestra suite para esta noche.

Suena el despertador a las 05:20 horas, tras una larga (¿o más bien corta?) noche, en la que apenas habremos conciliado el sueño un par de horas. Quizá somos un poco «miedicas», sí, pero había gruñidos a pocos metros de la tienda y ¡no teníamos ni idea de qué era!
Es todavía de noche, pero debemos desmontar la tienda y desayunar algo, puesto que a las seis en punto debemos estar en la recepción para la actividad matutina.
Abrigados, puesto que hace mucho frío a estas horas, montamos nuevamente en el todoterreno (esta vez acompañados por unos alemanes) para realizar un safari por la reserva, con la intención de ver algún leopardo. Algunos de ellos llevan collares de radio, por lo que el guía, provisto de una antena, los puede localizar sin tanta dificultad (aunque, como veremos posteriormente, no resulta ni mucho menos fácil; según nos dice el guía en el 50% de las ocasiones no hay éxito).

Buscando la señal.

Pronto comenzamos a disfrutar de la fauna que nos regala Namibia. Ñus, cebras, avestruces y algunos cervatillos cuyo nombre preciso desconocemos.

Bonito ejemplar de cebra.
Un nervioso chacal.
La población de aves en Okonjima también es relevante.
Una manada de avestruces.

El guía, con la antena, se muestra concentrado y nos comenta que hay algún leopardo no muy lejos de aquí. Enseguida lo atisbamos, caminando hacia nosotros con parsimonia pero desprendiendo una elegancia inigualable. Su piel moteada se funde con las espigas de hierba amarillenta, camuflándolo eficazmente. Su mirada, penetrante, nos sobrecoge. Es magnífico y precioso.
Sin apenas prestar atención al gran vehículo desde el cual lo contemplamos, el leopardo camina a escasos metros de nosotros, lenta pero decididamente. Las cámaras de fotos no dan abasto ante nuestra insistencia en tomar cientos de imágenes. Un momento especial y único, sin duda.

¡Te hemos encontrado!
El amo y señor de todas estas tierras.

A media mañana finalizamos el safari, muy satisfechos y alucinados con todo lo que hemos visto. ¡Bonita experiencia!
Pero todavía queda mucha Namibia que descubrir y el siguiente destino, Etosha, es uno de los puntos álgidos de la visita. ¡Lo contaremos en la próxima entrada!

¿Quién es toda esta gente que nos contempla al otro lado de la pantalla?

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