Kyaiktiyo pagoda: la mística belleza de la Golden Rock

Si hay un lugar que conjuga a la perfección la esencia budista de Myanmar, su autenticidad y su belleza, ese es sin duda la Kyaiktiyo Pagoda, más fácilmente conocida como Golden Rock. Y es que la gran roca dorada, que se mantiene en un grácil equilibrio en la cima de la montaña, es uno de los tres lugares sagrados más importantes de todo Myanmar.
Decenas de miles de peregrinos se acercan a visitarla cada año, aunque son pocos los turistas extranjeros que deciden incluirla en su ruta por el país. Para nosotros fue, probablemente, la experiencia más profunda y distinta del viaje, por lo que guardamos un recuerdo muy grato. ¿Quieres saber un poco más? ¡Acompáñanos a conocerla!

El recinto es enorme, y los viajeros llamamos la atención (¡muy pocos extranjeros se acercan a visitarla!).

Algunos datos interesantes y un poco de historia

En pleno corazón del Estado Mon, en el sudeste de Myanmar, la Kyaiktiyo Pagoda es uno de los principales lugares sagrados para los budistas del país.
Situada a unos 1100 metros de altitud, en la cima del Monte Kyaiktiyo, y con unas excelentes vistas en todas direcciones, el enorme complejo religioso alberga una gran roca granítica recubierta de pan de oro. Con una altura de 7,6 metros y casi 15 metros de circunferencia, la gran roca se encuentra manteniendo el equilibrio sobre una superficie plana, con casi la mitad de su volumen colgando sobre el vacío.

La roca se sitúa en lo alto de una montaña, en un frágil equilibrio.

Cuenta la leyenda que Buda, en una de sus numerosas visitas a Myanmar, entregó uno de sus cabellos a un ermitaño, quien a su vez se lo dio al rey. Dicho rey, quien poseía poderes sobrenaturales, encontró una gran roca en el fondo del mar y la colocó en la cima del monte Kyaiktiyo, siendo el pelo de Buda el que la mantiene en ese frágil equilibrio.
Lo cierto es que hoy en día la Golden Rock es un centro de peregrinación de primer orden en Myanmar. Sobre todo en la época que transcurre de noviembre a marzo, miles de devotos ascienden hasta la cima de la montaña para meditar y realizar ofrendas a la roca sagrada. Sin embargo, sólo los varones pueden aproximarse y colocar pan de oro en ella.
Aunque existen furgonetas que ascienden con frecuencia desde la localidad de Kin Pun, quienes llegan a la Golden Rock caminando tres veces en el mismo año se aseguran, según dice la leyenda, riqueza y reconocimiento.

Nuestra visita a Golden Rock.

¿Cómo llegar a la Golden Rock?

Del mismo modo que comentábamos en la anterior entrada sobre Hpa An, la Kyaiktiyo Pagoda no entra en los circuitos turísticos más habituales, siendo todavía menos quienes se acercan a visitar la Golden Rock que quienes recorren la región de Hpa An.
Así, y como fue en nuestro caso, es relativamente sencillo no encontrar apenas extranjeros en la visita a la Golden Rock (nosotros vimos a cuatro o cinco en todo el día, mientras que había miles de ciudadanos de Myanmar).
El medio de transporte habitual será el autobús, vengamos de donde vengamos. Si lo hacemos desde Hpa An, Mawlamyine o Bago existen rutas directas. Desde el resto del país lo más habitual y sencillo es pasando por Yangon. Sea cual sea nuestro origen, el autobús hace parada en la localidad de Kyiaik Hto, y desde allí hay que tomar unas furgonetas (esperando a que se llenen, 500 MMK/0,3€ por persona) o un taxi (más rápido pero caro) hasta Kin Pun.

Estas son las furgonetas que tenemos que coger en Kyaik Hto para ir hasta Kin Pun.

Esta pequeña población es el “campo base” del Monte Kyaikto, y desde su plaza principal parten las furgonetas que ascienden vertiginosamente por sus laderas hasta llegar a la cima (2000 MMK/1,2€ por persona).
Se puede, también, ascender (o descender) a la cima del Monte Kyaiktiyo realizando una ruta senderista. Lo más cómodo es subir en furgoneta, visitar la Golden Rock y realizar la ruta en descenso, lo cual lleva aproximadamente unas dos horas y media o tres. Se ve esa “cara B” de Myanmar, la menos agraciada, pero que también existe y que hace reflexionar. A nosotros nos pareció una manera diferente y enriquecedora de completar la visita.

Así subimos en las furgonetas hasta la Golden Rock. Vertiginoso, ¿verdad?

¿Dónde alojarse para visitar la Golden Rock?

No cabe duda de que la localidad de Kin Pun es el lugar ideal; aunque, dado que no es todavía un lugar muy abierto al turismo, las opciones de alojamiento para extranjeros son bastante escasas.
Se pueden contar con la mano, casi literalmente, los modestos hoteles de la población, todos asentados en la carretera principal que la atraviesa y, finalmente, asciende hasta la cima del monte.
En nuestro caso optamos por el Golden Sunrise Hotel, con habitaciones amplias y cómodas, pero algo anticuado. No obstante, el resto de hoteles tenían peor aspecto y, por otro lado, eran todos de precios más caros que en otros lugares de Myanmar.

Así era nuestro hotel.

¿Cómo organizar la visita a la Golden Rock?

Partimos de la base de que nos alojamos en la localidad de Kin Pun, que es lo más habitual. Con dedicar un día completo es más que suficiente, puesto que no hay mucho más que hacer en Kin Pun que acercarse a visitar la Golden Rock.
Hay que dirigirse al centro de la población, donde hay un cruce de carreteras que ejerce de “plaza del pueblo”, donde destaca (llamativo no, lo siguiente), un local de una conocida franquicia estadounidense de pollo frito. Junto a ella se encuentra la estación de furgonetas que parten hacia el Monte Kyaiktiyo, muy ajetreada y repleta de gente a todas horas.
Una vez dentro de la estación hay que dejarse llevar, puesto que todo ocurre muy rápido y sin apenas explicaciones.

La localidad de Kin Pun es pequeña pero cuenta con numerosas tiendecitas y puestos varios. Hemos de caminar por la carretera hasta llegar a un cruce que hace las veces de plaza; allí encontraremos las furgonetas que parten hacia la Golden Rock.

Nos ponemos en la fila y en un periquete estaremos subidos a una de las furgonetas abarrotadas (¡abarrotadísimas!) de gente. Pagaremos la furgoneta en alguna de las momentáneas paradas del trayecto, por lo que conviene llevar el dinero preparado aparte (2000 MMK/1,2 € por persona, sólo el trayecto de ida).
Tras un recorrido vertiginoso, a toda velocidad, llegaremos a la cima del Monte Kyaiktiyo.

Llegamos a la cima.

Hay que pagar (sólo los extranjeros) 10000 MMK (6 €) por persona, y ya podemos recorrer el enorme recinto. Debemos recordar que sólo pueden acceder los varones a las proximidades de la roca.
Existen otras dos posibilidades para acceder a la Golden Rock:
Caminando: hay un sendero que parte de la población de Kin Pun y llega hasta la cima del monte, recorriendo zonas rurales y pasando por la otra realidad de Myanmar (más humilde y nada turística). Lo ideal es hacerlo de bajada; más cómodo y que nos llevará unas dos horas y media.
Funicular: desde diciembre de 2017 se puede acceder a la cima en un moderno funicular, por un precio de 10000 MMK (6 euros) la ida o 14000 MMK (8,4 euros) ida y vuelta. Funciona desde las seis de la mañana a las seis de la tarde y permite llegar desde la base de la montaña Ya Thae hasta la cima (hay que llegar hasta el inicio del funicular, no obstante, en furgoneta o taxi).

Regresar caminando es una excelente opción.

Nosotros recomendaríamos, sin duda, el subir en furgoneta (como podéis ver en el vídeo es una experiencia) y bajar caminando por el sendero, si se tiene ganas de senderismo. El funicular, aunque no lo probamos, probablemente regale unas vistas extraordinarias.

Nuestra experiencia en Golden Rock

Salimos de Hpa An a primera hora de la tarde, en autobús bastante moderno en cuya televisión una comedia birmana suena a todo volumen. Dos horas y cuarto de camino disfrutando del séptimo arte local.
Llegamos a la localidad de Kyaitko y, nada más descender del autobús (somos los únicos extranjeros) varios jóvenes se apresuran en ofrecernos taxi o moto taxi hasta Kin Pun. El precio, aunque asumible, es notablemente más elevado que el de las furgonetas, por lo que nos dirigimos a una de ellas y el dueño enseguida se acerca y nos hace subir. 500 MMK (0,3 €) por persona el trayecto, aunque tenemos que esperar a que la furgoneta se llene o, por lo menos, suban algunos viajeros más.
Esperamos unos 20 minutos y partimos hacia Kin Pun, en un trayecto de unos 15-20 minutos.
Nos deja en el centro de la localidad, por lo que caminamos unos 500 metros hasta nuestro hotel, el Golden Sunrise Hotel.

La furgoneta nos deja en la calle principal. ¡Ya estamos en Kin Pun!

Dejamos las mochilas, compramos los billetes de autobús para el día siguiente (con destino a Yangon, 8000 MMK/4,7 € por persona) y nos ponemos a escribir el diario. Tras una cena poco destacable, nos vamos temprano a dormir porque, para variar, toca madrugar.

Momentos de descanso en el hotel.


Suena el despertador a las 05:30 y a las 06:00 ya estamos desayunando. Sobre las 07:00 salimos, caminando, hacia el centro del pueblo. Al llegar a un cruce de carreteras, donde destaca el edificio de una franquicia de pollo frito, notamos que el ambiente está más inquieto, se ve mucha gente y parece todo algo ajetreado. ¿El motivo? Estamos junto a la estación de las furgonetas que suben a la Golden Rock, y muchos fieles se encuentran ya a estas horas haciendo fila para subir. Extranjeros, ni uno.
Nos unimos a la fila, algo desorientados, y en pocos minutos subimos a una de las furgonetas, en la que nos incrustamos cual sardinas en lata. En total, más de 40 (¡cuarenta!) pasajeros en una pequeña furgoneta. En cuanto se llena sale, así que no hay que esperar demasiado.

Ahí nos montaremos.

Abandonamos el pueblo y pronto la enclenque y repleta furgoneta alcanza velocidades supersónicas ascendiendo por la carretera serpenteante. Bueno, quizá supersónicas no, pero lo cierto es que la sensación de velocidad es impresionante. Los pasajeros exhiben una pequeña sonrisa, fruto de una combinación de nervios, diversión y pavor. Nosotros flipamos en colores, vamos.
Cada pocos minutos nos detenemos brevemente a un lado de la carretera, para que los fieles puedan hacer donaciones. Jóvenes cargados con unos jarrones plateados se acercan a las furgonetas y estos les entregan dinero. En una de las paradas tenemos que pagar el transporte, 2000 MMK por persona (mejor llevarlo justo).
El trayecto se pasa rápido y muy entretenido, por lo que casi sin darnos cuenta llegamos a la cima.

A ver qué hay aquí arriba.

Bajamos de la furgoneta y seguimos a los fieles que se dirigen hacia la pagoda. Nos llama la atención la existencia de porteadores cargados con enormes cestas para llevar equipajes (hay un hotel allí) y otros con camillas para llevar a personas de edad avanzada o dificultad para caminar.
Caminamos entre puestos de recuerdos, comida, ropa y regalos, hasta topar con un guarda que nos hace entrar en una oficina a pagar los 10000 MMK (6€) de la entrada (los birmanos no pagan).

Cargados hasta arriba.

Por fin entramos al gran recinto, en el que se congregan centenares (por no decir miles) de personas, muchos de ellos sentados o tumbados, descansando. Otros tantos se hallan orando bajo la gran roca, mientras que unos pocos se acercan a ella para añadir una capa más de pan de oro.

El recinto está repleto de gente.
Los fieles colocan láminas de pan de oro sobre la roca.

La Golden Rock realmente impresiona por su tamaño, así como por su situación, en un equilibrio que parece frágil pero no lo es en absoluto.
El día ha amanecido algo nublado, por lo que aprovechamos para tomar fotografías en los momentos en que los rayos de sol golpean la roca y esta emite su brillo característico.

Es impresionante, ¿verdad Pedro?
¡Es una auténtica pasadda!

Entre tanta multitud apenas vemos un par de extranjeros; realmente aquí llamamos la atención. Fruto de ello, son numerosos los grupos de jóvenes que, simpáticos y curiosos, nos piden tomarse fotos con nosotros. Accedemos de buena gana y les pedimos que la foto sea también con nuestra cámara. Conversamos brevemente con aquellos que hablan algo de inglés, que no son muchos.

Nos piden tomarnos fotos cada cinco minutos.

Recorremos el recinto paseando tranquilamente, notando cómo somos partícipes de la realidad religiosa de Myanmar, en que la gran parte de los ciudadanos son fervientes budistas. A ratos nos sentamos, simplemente a contemplar la situación durante un rato.
Estamos algo más de dos horas visitando el recinto, sin prisa.

Nos sentamos a contemplar. Muy interesante todo.
¡Mirad qué bonita cuando sale el sol!

El camino de vuelta se puede realizar en las mismas furgonetas o caminando; nosotros preferimos la segunda opción. Sabemos que existe un sendero bien habilitado que desciende hasta Kin Pun, por lo que nos parece lo ideal.
El inicio del sendero parte desde algo más debajo de la estación del funicular; no está señalizado, pero tampoco cuesta mucho dar con él.

– Atento, que por aquí empieza el sendero.

Iniciamos el descenso, cómodo, y en pocos minutos vemos a un grupo de chicos jugando al chinlone, el deporte tradicional de Myanmar. Los observamos, curiosos, durante unos minutos. Uno de ellos, al vernos, nos dice que nos unamos. Pedro, evidentemente, se apunta y juega con ellos unos cuantos puntos. Tan divertido como difícil, aunque algún punto decente sí que jugamos.

El momento en el que Pedro descubrió su verdadera pasión.

El camino desciende poco a poco, a tramos con cómodas escaleras, en todo momento muy evidente. Cada pocas centenas de metros hay pequeñas tiendas, donde poder comprar algo de comer y o beber. También pasamos por diminutas poblaciones, en las que la vida parece resultar muy dura. Las casas son muy humildes y vemos pasar a varios lugareños caminando con grandes sacos de arroz u otros productos. Aquí no llegan los coches ni las comodidades. Esto es también Myanmar, el Myanmar real alejado del foco turístico, el que nos hace reflexionar profundamente mientras recorremos el resto del camino.

Zonas rurales y humildes.
Así es el camino de descenso.
Aquí no llegan los coches ni las comodidades.

Llegamos a Kin Pun sobre las dos de la tarde, y vamos al hotel a recoger las mochilas. Allí mismo nos recoge el autobús, que nos llevará a la gran ciudad de Yangon. Pero eso, ya sabes…¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

¡Hasta siempre, Golden Rock!

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