Nuestra carta al 2020

Querido 2020,
Ahora que apenas quedan unos días para que te despidamos, permítenos que te escribamos unas palabras, tal y como hicimos con tus hermanos mayores (2019, 2018, 2017 y 2016).
Te conocimos en la nieve, en aquella ruta tan bonita al Ibón de Acherito, en un día de sol radiante que vaticinaba un gran año montañero.

Día de nieve en el Ibón de Acherito.

Sin abandonar enero emprendimos una gran aventura, viajando de nuevo al sudeste asiático para explorar durante un mes y medio un país que nos dejó fascinados: Filipinas. Descubrir sus playas de arena blanquecina y sus palmeras infinitas, compartir momentos con sus amables habitantes y poder colaborar en una pequeña misión son recuerdos tan gratificantes como inolvidables.

Pero entonces, 2020, trajiste a un invitado que nadie esperaba y que puso a todo el mundo patas arriba. Meses duros, de confinamiento, repletos de inquietud, preocupación y malas noticias. Meses que, con toda seguridad, nos han cambiado para siempre y que, esperemos, lo hagan para bien y nos llevan a valorar todo lo bueno que tenemos.
Así, tras esos meses de incertidumbre, nos pareció que la mejor opción era salir a disfrutar del aire libre y quisimos explorar, a lo largo y ancho, todo el Pirineo y prepirineo aragonés.
Comenzamos por una ruta sencilla e interesante muy cerca de casa: la Senda de los Azudes de Pozán de Vero. Un paseo apto para toda la familia, con unos apuntes de cultura e historia que la hacen muy completa.

Salto de Pozán.

Nuestra primera opción montañera fue la ruta al hermoso Ibón de Ip, en una jornada en que la naturaleza, más salvaje que nunca tras el confinamiento, nos mostró su mejor versión.

Salimos del confinamiento y nos escapamos al Pirineo.

Llegó el verano y dedicamos el mes de julio a recorrer toda la Comarca del Sobrarbe. Así, comenzamos con una ruta por el Valle de Otal, a la que se unieron más tarde el ascenso al Comodoto (2354 m) y Punta Suelza (2972 m), así como las rutas al Ibón y Pico de Bernatuara y la circular por los valles de Ordiso y Otal. ¡Qué mes más montañero!

Contemplando el Puerto de Bujaruelo desde el Valle de Otal.
Grandioso, como siempre, el Valle de Pineta.
Cima de Punta Suelza, rozando los 3000 metros.
Qué bonito es el Ibón de Bernatuara.
Solitaria ruta la circular a los Valles de Ordiso y Otal.

Tras todo ello necesitábamos un poco de descanso y visitas más sosegadas, como el excelente fin de semana que pasamos en la preciosa Comarca del Matarraña. Otro de los grandes tesoros que esconde la provincia de Teruel.

Rincones del Matarraña.

Pero el gran hito montañero del año, anhelado desde hacía años, estaba todavía por llegar. El 16 de agosto hicimos cumbre en el Monte Perdido (3355 m), cumbre soñada y que por fin se hizo realidad.

¡Sueño hecho realidad!

Llegaron los días de vacaciones y, pensando en un destino que nos permitiera disfrutar de las actividades al aire libre, nos decantamos por ir a los Dolomitas con nuestro propio coche. Una excelente opción, puesto que recorrimos algunos de los parajes más bonitos que hemos visto nunca.

Paisajes de postal en los Dolomitas.

Los colores otoñales hicieron acto de presencia en el Pirineo, por lo que aprovechamos para descubrir los valles de Ansó y Echo, con varias rutas en las que el otoño muestra sus mejores galas. Además, conocimos (¡por fin!) uno de los mejores y más sencillos miradores de la cordillera: el Pico Pacino.

Gran mirador el Pico Pacino.

También queríamos descubrir las joyas que tenemos al lado de casa, por lo que planificamos alguna ruta por la Sierra de Guara. Sin duda, la ruta a los abrigos de Quizáns y Chimiachas y, por otro lado, la excursión al Portal de la Cunarda fueron una gran elección.

Fascinante la Sierra de Guara.
El célebre Portal de la Cunarda.

Y acabamos como empezamos, en la nieve. Esta vez con una ruta de iniciación a las raquetas de nieve por los Llanos de la Larri, en el siempre cautivador Valle de Pineta.

Nos despedimos, nuevamente, con nieve.

Como ves, 2020, has sido un año atípico, duro y especial, con muchos momentos vividos y sentidos, como un carrusel de llantos y de risas.
Y, a pesar de todo lo malo que has traído, queremos aprender de ti. Aprender a valorar lo más importante (familia y salud), a reconocer y apoyar lo cercano, a disfrutar (y cuidar) de la naturaleza, a dar la importancia que se merecen todos esos pequeños momentos… a saber que, juntos, podemos con todo.
Aunque te recordaremos de una manera agridulce, siempre te recordaremos.
Un fuerte abrazo,

Pedro y Paula

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