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Qué hacer y qué ver en la Península del Sinaí

Qué hacer y qué ver en la Península del Sinaí

Con algo más de 60000 km cuadrados y una curiosa forma triangular, la Península del Sinaí está separada del resto de Egipto por el Istmo de Suez y, geográficamente forma parte de Asia (el resto del país a África).
Presenta dos partes claramente diferenciadas, una desértica al norte y una más montañosa al sur, tratándose de un territorio agreste en el que apenas viven unas seiscientas mil personas.
Resulta necesario destacar que la Península del Sinaí es la región más peligrosa de todo Egipto debido a la amenaza terrorista. Por ello, se desaconseja absolutamente el visitar el Norte del Sinaí, y generalmente se considera que únicamente Sharm el Sheikh (llegando en avión) es un destino relativamente seguro. Sin embargo, en estos últimos años el turismo está comenzando a aumentar no solo en Sharm el Sheikh sino en otras ciudades como Dahab y alrededores, por las idílicas playas del Mar Rojo y las excelentes oportunidades para el buceo que ofrecen.
Para nosotros, nuestra pequeña incursión en la Península del Sinaí fue una de las mejores experiencias del viaje a Egipto, con algunos momentos memorables.
Hoy te contamos qué se puede visitar en la Península del Sinaí. ¿Quieres conocer un poquito más? Sigue leyendo.

¡Salud!

¿Cómo llegar a la Península del Sinaí?¿Cómo moverse por allí?

Como decíamos, la Península del Sinaí se encuentra al este del resto de Egipto, del cual está separada por el Istmo de Suez. Egipto es grande, muy grande, por lo que las distancias son largas.
Así, lo más normal es tomar un avión que lleve al Aeropuerto internacional de Sharm el Sheikh. Se trata de un aeropuerto bastante grande, con conexiones con diversos países y muy frecuentes con El Cairo y otras ciudades egipcias. Desde El Cairo parten, al menos, seis vuelos diarios con EgyptAir (1 hora, 50-60€).
Aunque se podría llegar por tierra, generalmente se desaconseja esta opción. Hay autobuses desde El Cairo a Sharm el Sheikh con las compañías Superjet y East Delta Travel.
Para moverse entre las diversas ciudades o lugares a visitar, lo más sencillo es contratar algún taxi de confianza o algún tour (abundante oferta en Dahab y Sharm el Sheikh).
Con respecto a la excursión al Monasterio de Santa Catalina y el Monte Sinaí, lo mejor también es contratar algún tour o taxi de confianza en el propio alojamiento. Las opciones públicas (minibus), si bien existen, son muy limitadas, con horarios irregulares y parten desde la ciudad de Nuweiba.

Para moverse, lo más sencillo es contratar algún tour o algún taxi de confianza. Como el jeep que nos llevó de Abu Gallum a la Blue Lagoon, por ejemplo.

¿Qué visitar en la Península del Sinaí?

Ya hemos contado antes que este rincón de Egipto está abriéndose progresivamente al turismo en los últimos años, sobre todo la zona de Sharm el Sheikh, con sus grandes resorts hoteleros, playas y excelentes opciones para el buceo.
En caso de plantearte una visita a la Península del Sinaí, estas son algunas de las principales atracciones a visitar:
Sharm el Sheikh: situada en el extremo sur de la península, se trata de una ciudad de tamaño mediano, célebre por haber sido sede de diversas cumbres internacionales destinadas a promover la paz en la zona de Oriente Medio. En lo últimos años se ha establecido como un popular destino para quienes buscan grandes hoteles de lujo, con todo incluido y playa privada (fundamental, y casi exclusivamente, turistas rusos). Se considera la zona más segura de toda la Península del Sinaí. La propia Sharm el Sheikh es un excelente punto de partida para diversas excursiones, en el día, a otros puntos de interés en la zona. En nuestro caso no llegamos a visitar la ciudad en sí (no ofrece mucho), pero nos alojamos dos noches en uno de esos grandes resorts y nos pareció un lugar perfecto para el relax y poder disfrutar de la comida, la lectura y el descanso.
Dahab: población costera de unos 10000 habitantes que se ha convertido en el, por denominarlo de alguna manera, “centro mochilero” de la Península del Sinaí. Ambiente agradable, multitud de hoteles familiares y restaurantes, y excelente lugar para el buceo y el snorkel. Dormimos tres noches allí y, sin duda, nos hubiéramos quedado alguno más. Muy recomendable.

Buen ambiente en la zona turística de Dahab.

Blue Hole: se trata de una gran dolina en medio de los arrecifes coralinos de la costa de Dahab, lugar mítico para los buceadores de todo el mundo (por otro lado, tiene bastante dificultad técnica y ha sido escenario de numerosos accidentes fatales). En su entorno, además, se puede realizar snorkel, actividad también muy recomendable.
Blue Lagoon: el rincón más paradisiaco de la península. Una pequeña laguna marina de aguas tranquilas y poco profundas, óptimo para la realización del windsurf o el kitesurf y también para relajarse o incluso dormir en alguna de sus rudimentarias cabañas, en un entorno idílico. Lo visitamos como parte de un tour, saliendo de Dahab, y la belleza del paisaje no deja lugar a dudas.

Aguas tranquilas y cristalinas en la Blue Lagoon.

Monasterio de Santa Catalina: declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002, se trata del monasterio cristiano más antiguo habitado hasta la actualidad (su origen data del siglo VI). Fue ordenada su construcción por Justiniano I, junto a una capilla en el mismo lugar en que, según cuenta la tradición, tuvo lugar el episodio bíblico en que Dios se apareció a Moisés en forma de zarza ardiente. En la actualidad en dicho monasterio se conserva un arbusto que, supuestamente, es el original; por dicho motivo, el Monasterio de Santa Catalina es un lugar sagrado tanto para el cristianismo como para el judaísmo y el islam. Se puede visitar (de nueve a once de la mañana todos los días salvo viernes, sábados y otros festivos de la iglesia griega ortodoxa), habiendo incluso un pequeño alojamiento para peregrinos. Más info en su página oficial.  En nuestro caso lo recorrimos brevemente (se cerró por la pandemia pero nos dejaron entrar a dar una pequeña vuelta); aunque la visita fue breve, merece la pena entrar en un lugar de tanta relevancia histórica.

Entrada al Monasterio de Santa Catalina.

Ascenso al Monte Sinaí: aunque existen ciertas discrepancias entre los estudiosos sobre si el actual Monte Sinaí (Gebel Musa, “La montaña de Moisés”) es el referido en la Biblia, lo cierto es que esta mole granítica de 2285 metros de altitud se sitúa junto al Monasterio de Santa Catalina y que en su cima hay una pequeña mezquita y una capilla griega ortodoxa y tiene una importante significación religiosa. El ascenso a su cima, bien por la ruta histórica (“de las escaleras”, originaria de siglo VI) o por la más moderna y frecuentada, supone una hermosa aventura que se completa con un amanecer o atardecer en su cima. Para nosotros fue una de las mejores experiencias en nuestro viaje a Egipto.

¡Cima!¡Conseguido!

Buceo y snorkel: en las costas de la Península del Sinaí existen lugares mundialmente reconocidos para la práctica del buceo y el snorkel, sobre todo en los alrededores de Sharm el Sheikh y Dahab. Algunos de los puntos más célebres son el Blue Hole, el Cañón de Dahab o el Shark Observatory.
Ras Abu Gallum: reserva natural de unos 400 km cuadrados, donde se pueden observar numerosas especies de plantas, reptiles y mamíferos. Dentro de la reserva se pueden realizar rutas de senderismo o excursiones con beduinos de la zona, así como bucear o hacer snorkel en diversos arrecifes y zonas de manglares.
Otros: la reserva Ras Mohamed, los arrecifes Shark y Jolanda, etc…

En la Península del Sinaí existen enclaves perfectos para la práctica del buceo y el snorkel.

Nosotros habitualmente viajamos por libre y solemos contratar las excursiones o visitas sobre la marcha, en nuestro alojamiento o en la localidad en que nos encontremos. No obstante, si buscas mayor comodidad y deseas echar un vistazo a algunas de las actividades que ofrece Civitatis, puedes hacer clic aquí debajo.

Nuestra experiencia en la Península del Sinaí

Llegamos de noche al aeropuerto de Sharm el Sheikh, donde nos recoge un coche de nuestro alojamiento en Dahab (nos cobran 550 EGP, unos 29€), al cual llegamos en aproximadamente una hora y media.
Una vez llegamos al hotel nos vamos a dormir, cansados tras el largo día haciendo escala en El Cairo.

Madrugamos menos que otros días, puesto que Dahab se plantea como un remanso de paz en nuestro intenso viaje por Egipto, y damos cuenta de un suculento y abundante desayuno.

Despertarse con estas vistas, qué maravilla.

Conversamos un rato con Mena, una de las personas que trabaja en el hotel, y siguiendo sus consejos planeamos nuestra estancia en Dahab. Pronto el relax da paso a la aventura: hoy mismo nos dirigiremos al Monasterio de Santa Catalina y subiremos al Monte Sinaí para ver el atardecer. ¡Vaya comienzo!
Tras el desayuno salimos a pasear un rato por Dahab y entramos en un pequeño supermercado a comprar agua y algo de comida para la excursión.
Son poco más de las once de la mañana cuando Oula, el simpático conductor que nos llevará al Monasterio de Santa Catalina, nos recoge en el alojamiento. Dado que vamos a la zona para ver atardecer, no compartimos el coche con otros viajeros, que suelen hacer la ruta al amanecer. Nos cobran 2200 EGP (115 euros) por el transporte hasta el Monasterio y el guía beduino que nos acompañará hasta la cima.
Salimos del hotel y, antes de abandonar Dahab, debemos pasar por la policía turística para arreglar los permisos; Oula se encarga y lo solventa en menos de cinco minutos.
La ruta, a buen ritmo, son algo menos de dos horas atravesando paisajes montañosos y desérticos, por una carretera salpicada de controles de policía en los que, de vez en cuando, nos piden el pasaporte (sin más incidencias).

Contemplando el Monasterio de Santa Catalina.

Llegamos a la entrada del Monasterio de Santa Catalina y allí conocemos a Ahmed, un amable beduino que será nuestro guía. Pasamos un estricto control de seguridad y caminamos unos cuantos metros hasta la entrada del monasterio, bajo un sol de justicia.
Ahmed nos comenta que, dada la situación de pandemia, el monasterio está cerrado pero, como sólo somos dos personas, quizá podamos entrar a echar un vistazo.
Tras unos minutos de espera, acceden a dejarnos pasar para ver los jardines y la supuesta zarza ardiente a la que se refiere el célebre pasaje bíblico.

El arbusto que, según nos dicen, es al que se refiere el pasaje bíblico.

Detrás del convento parte el sendero que lleva a la cima del Monte Sinaí. La ruta, que detallaremos en una entrada del blog más adelante, está bien señalizada y supone unas dos horas y medio de ascenso bajo un sol de justicia (la ruta en total son 10,66 km y 725 metros de desnivel positivo). El camino no tiene dificultad alguna, salvo la práctica ausencia de sombras y el desnivel a superar; no obstante, periódicamente hay pequeñas tiendas de beduinos donde descansar a la sombra y poder comprar algo de comer y beber.

Pequeña parada a mitad de ascenso.

Disfrutamos de un inolvidable atardecer en la cima, con amplias vistas a toda la zona montañosa del Sinaí.

Inolvidable atardecer.

Finalizamos la ruta ya de noche; nuestro conductor Oula nos espera junto al monasterio. El camino de vuelta lo realizamos acompañados de un policía en nuestro vehículo; nos explican que en ocasiones los coches viajan en convoy por cuestiones de seguridad.
Llegamos al hotel sin incidencias, cenamos algo y nos vamos a dormir, cansados pero contentos por la experiencia vivida.

Suena el despertador a las ocho de la mañana y bajamos a desayunar, nuevamente de maravilla.
Hemos contratado un tour que nos lleve a los principales puntos de interés de la zona de Dahab, para poder hacer snorkel y bañarnos en alguna playa bonita.
En primer lugar vamos al Blue Hole, al que llegamos tras pasar varios controles de policía. Es una media hora de coche, gran parte por pistas de tierra destartaladas.
En la zona del Blue Hole hay numerosos bares y restaurantes, se nota que es un lugar bastante turístico aunque hoy no hay demasiada gente (la pandemia ha hecho descender el turismo, nos indican).

Llegando al Blue Hole.

Dejamos nuestras cosas en un pequeño puestecillo y nos preparamos para hacer snorkel. La entrada al mar se encuentra unos pocos centenares de metros al norte del Blue Hole, pero una suave corriente nos va dirigiendo, sin esfuerzo, hacia los alrededores del mismo. El agua está fresca en esta época, pero se puede soportar. Vamos paralelos al arrecife; al otro lado hay un abismo impresionante. Vemos una gran variedad de peces y ejemplares de coral realmente hermosos.

Hermoso coral y hermosos peces.
¡Nos encanta hacer snorkel! (y salimos elegantísimos en la foto, dicho sea de paso).

Tras ello, y desde este lugar, tomamos una barca con otras personas, que nos lleva a la reserva de Abu Gallum y, desde allí, un jeep a la Blue Lagoon.
Nos acomodamos en unas pequeñas cabañas, a la sombra, con vistas a la espectacular lengua de arena que cierra la laguna de aguas tranquilas. Decidimos caminar hasta la otra punta, lo cual nos lleva un rato, pasando junto a algunos sencillos alojamientos que tienen pinta de ser una bonita opción para pasar la noche.
Desde la punta de la lengua de arena contemplamos el Mar Rojo en su totalidad, intuyendo al fondo también tierras de Arabia Saudí.
Tras el paseo decidimos darnos un buen baño en las cálidas aguas de la laguna, donde estamos aproximadamente dos horas.

Caminando por la lengua de arena, en la Blue Lagoon.

Regresamos en el jeep a la zona de Abu Gallum. Dejamos nuestras cosas en otro puestecillo a la sombra y salimos a hacer snorkel, recorriendo un pequeño tramo de arrecife menos espectacular que el visto anteriormente en el Blue Hole.
Al finalizar, nos tumbamos un rato a descansar en nuestras toallas.
Toca regresar, en barco, hasta las afueras de Dahab, en que nos recoge un coche que nos lleva hasta el alojamiento.
Leemos un rato junto a la playa situada frente al hotel, mientras vemos la vida cotidiana de los egipcios que juegan, conversan o pasean con las luces del atardecer.

Vida local en la playa de Dahab.

Salimos a dar un paseo por Dahab. Cerca del hotel hay algunos comercios; sin embargo, para llegar hasta la zona de restaurantes y bares debemos caminar unos quince minutos por un paseo paralelo a la costa.
Cenamos en el restaurante Shark, bastante recomendable.
Tras la cena nos empapamos del buen ambiente de Dahab mientras paseamos por su calle más turística; cuando nos cansamos regresamos al hotel y nos vamos a dormir.

Hoy madrugamos más y desayunamos pronto.
Decidimos darnos un pequeño chapuzón en la playa situada frente al alojamiento, antes de preparar nuestras mochilas.
Al mediodía tenemos que partir, en coche, hasta nuestro siguiente destino: Sharm el Sheikh.
Nos alojamos en el Hotel Reef Oasis, uno de los numerosos resorts todo incluido, con 6-7 piscinas, pista de tenis, toboganes acuáticos… y una bonita playa con un arrecife de coral espectacular perfecta para la práctica del snorkel (motivo por el cual decidimos pasar dos días en este preciso hotel).

Preparados para el chapuzón en la piscina del hotel.
El hotel tiene una zona excelente para el snorkel, donde pasamos la mayor parte del tiempo.

Tenemos día y medio para disfrutar del hotel, por lo que vamos alternando baños en la piscina, snorkel, comidas abundantes y refrescos de todo tipo.
Día y medio de relax, de leer y de no pensar en nada más que en disfrutar. Quizá no sea nuestro “estilo de viajes”, pero agradecemos este pequeño paréntesis en el viaje.

Tras dos noches en el hotel, toca madrugar para ir al aeropuerto y continuar nuestra aventura por Egipto. Volaremos hacia El Cairo pero eso, ya sabes… ¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

¡Hasta siempre, Sinaí!

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