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Senderismo en Egipto: excursión al Monte Sinaí (2285 m)

Senderismo en Egipto: excursión al Monte Sinaí (2285 m)

Alzándose hasta los 2285 metros sobre el nivel del mar, el Monte Sinaí (Jabal Musa, “Montaña de Moisés”) no es la cumbre más alta de Egipto pero, sin duda, se trata de su montaña más célebre y sagrada.
A pesar de las controversias sobre si el actual Monte Sinaí es, realmente, el mencionado en el pasaje bíblico en el que Dios entrega los mandamientos a Moisés, lo cierto es que esta montaña es venerada por las tres grandes religiones monoteístas. Así, en su base se encuentra el Monasterio de Santa Catalina y en su cumbre hay una pequeña mezquita y una capilla de la iglesia ortodoxa griega.

En pleno ascenso, por parajes que parecen de otro planeta.

Se trata de un destino turístico relativamente popular en la Península del Sinaí, puesto que los grupos que se acercan al Monasterio de Santa Catalina suelen completar la visita con el ascenso a contemplar el amanecer (o el atardecer) desde la cima del Monte Sinaí.
Hoy ascendemos una montaña especial, hoy te contamos la excursión al Monte Sinaí, en Egipto ¿Nos acompañas a conocer un poco más?

¿Cómo llegar al Monte Sinaí?

El punto de partida de la ruta se encuentra en junto al Monasterio de Santa Catalina, al que se llega habitualmente en algún tour o bien mediante un taxi contratado en Dahab (algo más de hora y media de ruta) o Sharm el Sheikh (casi dos horas y media).
La ruta se realizada, obligatoriamente, con un guía beduino, debiéndose pasar un control de seguridad y otro control de policía antes de acometer el ascenso (llevar pasaporte).

El punto de partida de la ruta es junto al Monasterio de Santa Catalina.

Datos técnicos

Fecha: 17 de abril de 2021.
Inicio y fin de la ruta: Monasterio de Santa Catalina.
Itinerario: Monasterio – Ruta de los camellos (Siket El Bashait) – Inicio tramo de las escaleras – Cima del Monte Sinaí – Ruta de los camellos – Monasterio.
Distancia: 10,66 km.
Desnivel acumulado: 723 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 1593 metros (Monasterio de Santa Catalina).
– Máxima: 2285 metros (cima Monte Sinaí).
Duración sin paradas: 3 horas y 30 minutos.
Duración, por partes:
– 1 hora y 45 minutos hasta el inicio de las escaleras (incluidos 15 minutos de descanso).
– 2 horas y 20 minutos hasta la cumbre del Monte Sinaí (descanso de 2 horas en cima).
– 5 horas y 50 minutos hasta finalizar la ruta (incluyendo 5 minutos de descanso).
Dificultad/recomendaciones:
– Si se realiza la ruta, como nuestro caso, por la Ruta de los camellos, el camino es sencillo, sin pasos complicados y bien señalizado. Hay quien hace la ida por la Ruta de las escaleras y vuelve por la de los camellos; nuestro guía nos dijo que la de las escaleras estaba cerrada, por lo que no la conocemos.
– Obligatorio ir acompañado de un guía beduino.
– La ruta transcurre, íntegramente, por un terreno desértico sin apenas sombras. Imprescindible protector solar, gorra/sombrero y agua abundante.
– El ascenso a la cumbre se realiza, generalmente, para ver amanecer o atardecer. En ambos casos contar con ropa de abrigo, puesto que la temperatura cae drásticamente de noche. Contar, además, con linterna o frontal para caminar en la oscuridad.
– Ruta de distancia y desnivel moderados, que se hace dura fundamentalmente por el calor. Prever agua abundante.
– Como siempre que se camina por terreno árido y desértico, recomendable pantalón largo y buen calzado (zapatillas/botas de trekking).
– Periódicamente hay pequeños puestecillos de beduinos donde parar a descansar a la sombra; en ellos se pueden comprar agua, refrescos o algo de picoteo.
– También hay baños por el camino. Los más sucios que hemos visto nunca…
– Hay quien hace la ruta ascendiendo en camello hasta el comienzo de las escaleras. Opción totalmente desaconsejada.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Mapa de la ruta al Monte Sinaí.
Perfil de la ruta al Monte Sinaí.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia en la ruta al Monte Sinaí

Casi por sorpresa nos planteamos la excursión al Monte Sinaí en el día de hoy. Si bien la mayor parte de quienes ascienden esta legendaria cumbre lo hacen para ver amanecer, subirla para el atardecer nos permite aprovechar mejor el día, disfrutarla más tranquilamente y, según nos dicen, el atardecer es quizá más bello que el amanecer.
Con estas excelentes expectativas tomamos el coche que nos lleva de Dahab al Monasterio de Santa Catalina. Una vez pasado el control de seguridad y visitado el monasterio, en su parte trasera un cartel nos informa de que nos encontramos en el Área protegida de Santa Catalina y que en dicho punto comienza el sendero al Monte Sinaí.
Nos encontramos a 1570 metros de altitud, bajo un sol de justicia, en un espléndido día primaveral. Acompañados de nuestro guía, Ahmed, pasamos un nuevo control policial (nos preguntan de qué país venimos y poco más) y comenzamos la ruta.

Aquí comienza, oficialmente, la ruta.

Nuestros pasos nos llevan por un sendero cómodo, ancho y evidente, que transcurre por un paraje desolado, inhóspito. Nos dirigimos hacia el sureste, en un ascenso muy suave, sorteando grandes piedras que, suponemos, cayeron de las montañas hace mucho, mucho tiempo.
Dejamos atrás algún desvío, bien señalizado, que lleva a otras ermitas o pequeños monasterios enclavados en lo alto de la montaña, en lugares inverosímiles. No resulta difícil imaginar lo dura que puede resultar la vida en este entorno.

Primeros pasos, sorteando enormes rocas.

Vamos alejándonos del Monasterio de Santa Catalina, que queda poco a poco allí abajo, en el fondo del valle. Unos pequeños pilones de piedra nos indican la distancia recorrida y la altitud a la que nos encontramos, lo que nos motiva a continuar, puesto que llevamos buen ritmo.

Periódicamente veremos estas señalizaciones, con la distancia recorrida, la que nos queda a cima y la altitud a la que estamos.
El Monasterio de Santa Catalina va quedando allí abajo.

Tras realizar un par de amplias lazadas, llegamos a un pequeño puestecillo regentado por un joven beduino. Nuestro guía, Ahmed, nos invita a detenernos unos minutos a la sombra. Si bien no nos encontramos fatigados, resulta un sabio consejo, puesto que la temperatura, sin ser extrema, es elevada.

Periódicamente encontramos pequeñas tiendas/refugio de beduinos. En algunas paramos a descansar y charlar con el dueño.

Retomamos el ascenso enseguida, siguiendo por el sendero perfectamente acondicionado, que incluso tiene pequeños escalones de vez en cuando. Dejamos atrás el desvío a una pequeña población, y nuestra senda comienza a virar hacia el sur para, un poco más adelante, hacerlo en dirección suroeste.

Los escasos desvíos de la ruta se encuentran perfectamente señalizados. Nosotros seguiremos hacia la cima.
Camino cómodo, en continuo ascenso.

Superamos un par de lazadas más, ya con una panorámica considerable de todos los valles que nos rodean, grandiosos páramos. Ahmed nos sugiere detenernos nuevamente en otra tienda del camino, para aprovechar la sombra. Conversamos brevemente con el dueño, sorprendidos por lo completa que es su tienda a pesar de encontrarse en un lugar tan alejado de la civilización.

El camino revirado por el que venimos. Aunque no en dirección a ese poblado; el camino viene (en la imagen) de la izquierda.
Amplias vistas.
Tiendas sencillas pero con lo necesario para acometer el ascenso.

Tras unos minutos, volvemos a caminar, en claro ascenso, con la vista puesta en las numerosas curvas del camino que serpentean por la ladera rojiza de la montaña, y que acometemos con paso firme, ajenos casi por completo al calor imperante y al desnivel ya superado.

Seguimos hacia arriba.
Ascenso desolador.
Vale, sí: vaya pintas con esa gorra. Pero lo protegido que voy del sol… (Nota: sí, mejor llevar gorra para la ruta).

Pronto alcanzamos otra tienda, algo más grande, que coincide con el punto hasta el que pueden llegar los camellos. Llevamos caminando aproximadamente una hora y media (3,9 km; 2046 metros) y comenzamos a notar, más que el esfuerzo, el calor desértico que nos rodea.
Sin embargo, en este punto el camino vira hacia el noroeste, pasando bajo grandes paredes rocosas que nos dejan a la sombra. ¡Cuánto se agradece este tramo más cómodo y fresco!

Comienza el tramo duro de ascenso, pasando por ese collado del fondo.

Una vez superado un estrecho paso entre rocas, llegamos al desvío por el que vendría la Ruta de las escaleras y, unos metros más adelante, el que nos llevaría a los Jardines de Elías. Se trata de una pequeña explanada en la que hay una ermita junto a un par de árboles.

Lugar del desvío (ruta de las escaleras «cortada» con esos bloques de piedra). Abajo a la izquierda, los Jardines de Elías.

Apenas unos minutos después llegamos al inicio, bien señalizado, del tramo de escaleras, la parte más dura de toda la ruta. Son 750 escalones que nos permiten superar sin dificultad el desnivel, acentuado a partir de aquí. No revisten dificultad alguna, aunque conviene prestar atención puesto que presentan alturas irregulares y podemos tener un pequeño tropezón (sobre todo si se realiza el tramo de noche).

Son sólo 750 escalones. ¡A por ello!
En todo momento caminamos con Ahmed.

Conviene, además, ir deteniéndose periódicamente puesto que a estas alturas comenzamos a encontrarnos por encima de las montañas que nos rodean, y la panorámica se ha magnificado. Territorio inhóspito, casi marciano. Unos parajes totalmente diferentes a cualquier cosa que habíamos visto. El desierto más crudo y salvaje.

Tomamos un respiro para contemplar el paisaje.
Fuerte desnivel, aunque cómodo gracias a las escaleras.

Nuestro guía, Ahmed, se detiene en una zona con varias tiendecitas, a apenas un centenar de metros de la cima. Prefiere descansar allí, a la sombra, mientras nosotros disfrutamos de la cima a nuestro ritmo, sin prisa. Nos indica que estemos todo el tiempo que queramos, hasta ver el atardecer.

Últimas tiendas antes de la cima. Aquí nos espera nuestro guía, Ahmed.

Totalmente de acuerdo con sus indicaciones, acometemos los últimos escalones de ascenso hasta hollar la cumbre del Monte Sinaí (5,12 km; 2285 metros de altitud, 2 horas y 20 minutos).
La cima es muy amplia, y en ella encontramos una pequeña capilla ortodoxa griega y una diminuta mezquita; está claro que nos encontramos en una montaña sagrada.

Las vistas son, en todas las direcciones, espectaculares. Una pequeña bruma nos impide delimitar las montañas más lejanas; aquellas que se encuentran en nuestro radio de visión tienen formas redondeadas, tonalidades cálidas y un aspecto virgen e inalcanzable. Mirando hacia el suroeste destaca, entre todas, el Monte Catalina (2642 metros), la montaña más alta de todo Egipto.

¡Cima!
Con vistas al Monte Catalina, la cumbre más alta de todo Egipto.
Ermita de la cima.
Siluetas montañosas con las luces del atardecer.

Nos quedamos, más o menos, dos horas en la cima. Si bien estamos un buen rato totalmente solos, cuatro o cinco excursionistas más coronan el Monte Sinaí antes del atardecer.
Tomamos infinitas fotos, tan infinitas como la paleta de tonalidades doradas que nos ofrece el atardecer reflejándose en las montañas del desierto. Silencio, luces, magia. Imágenes captadas por nuestras retinas y que quedarán en nuestra memoria para siempre.

Cae el sol en la Península del Sinaí.
Últimos rayos de sol.
Montañas abruptas, de formas imposibles.

Cuando, tras la bruma, el sol se esconde por el horizonte, comenzamos el descenso, todavía con algo de luz. Recogemos a Ahmed y descendemos a buen ritmo el resto de la ruta, mientras la oscuridad lo invade todo.
Iluminando el camino con nuestros frontales, llegamos nuevamente al Monasterio de Santa Catalina tras algo menos de seis horas de excursión (contando las dos horas de cima).

A nuestra llegada nos despedimos de Ahmed.

En resumen, la excursión al Monte Sinaí es una experiencia inolvidable, mítica, irrepetible. Para nosotros, un imprescindible si se visita esta región de Egipto.

¡Hasta siempre, Monte Sinaí!

8 comentarios

    1. Conbotasymochila

      Hola, María.
      No, la ruta es bastante cómoda y gana desnivel progresivamente. El último tramo, que se realiza por escalones de piedra, es algo más pendiente pero se supera sin problemas. Con respecto al entrenamiento, si estás habituada a hacer excursiones no debería suponer demasiado problema (salvo, quizá, por el calor del desierto).
      Un saludo,

      Pedro y Paula

  1. Lucía

    Hola!
    Muchas gracias por vuestras reviews. Muy interesantes y útiles.
    Mi pareja y yo vamos en agosto a Egipto y nos estamos planteando subir al monte Sinaí por libre pero no encontramos demasiada información sobre cómo subir si no es con tour. ¿Vosotros cómo contratasteis al guía? ¿Y qué precio puede tener aproximadamente?

    Muchas gracias!!

    1. Conbotasymochila

      Hola, Lucía, gracias por escribir y por tus amables palabras.
      Nosotros contratamos todo (transporte hasta allí + guía beduíno que nos acompañó hasta la cima) en nuestro hotel en Dahab. Nos costó 115€ por dos personas. Hay que subir, sí o sí, con guía beduino.
      En nuestro caso fuimos nosotros dos solos, porque queríamos ascender por la tarde para llegar a ver el atardecer; desde Dahab y desde Sharm el Sheikh salen grupos organizados (suponemos que más baratos), que ascienden de madrugada para ver amanecer. Imaginamos que basta con preguntar en vuestro propio alojamiento para contratar cualquiera de las dos opciones (vosotros solos o con un grupo más grande).
      Al ser pleno verano hará mucho calor; probablemente sea mejor ascender de noche (nosotros fuimos en abril y el calor ya era notable).
      Esperamos haber resuelto un poco vuestras dudas, cualquier cosa nos podéis escribir por aquí o por redes sociales.
      Un saludo,

      Pedro y Paula.

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