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Trekking de Laugavegur, etapa 2: Hrafntinnusker – Álftavatn

Trekking de Laugavegur, etapa 2: Hrafntinnusker – Álftavatn

Segunda etapa del trekking, recorriendo las zonas a más altitud del mismo. Terrenos nevados, niebla y ligera lluvia durante un rato hicieron que esta etapa fuera la más dura de nuestra aventura en el Laugavegur.

Datos técnicos

Distancia: 11,25 km
Desnivel positivo: 207 metros.
Desnivel negativo: 687 metros.
Tiempo: 4 horas y 46 minutos.
Altitud máxima: 1041 metros.
Principales dificultades:
– El entorno de Hrafntinnusker, situado en torno a los mil metros de altitud, suele estar nevado y, con cierta frecuencia, con niebla.
– Es preciso cruzar un río, de poca profundidad pero gélidas aguas. Conviene buscar el punto más ancho, usar sandalias para atravesarlo y secarse nada más llegar a la otra orilla.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Mapa de la ruta realizada en esta segunda etapa.
Perfil de la segunda etapa.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia de Hrafntinnusker a Álftavatn

Tras un merecido descanso en Hrafntinnusker, continuamos la ruta.
Frente a nosotros, hacia el sur, se abre una amplia llanura nevada, rodeada de pequeñas cumbres. Paisaje grandioso, quizá algo eclipsado por el día tan nublado.
Conviene, en este primer tramo, ceñirse al camino establecido (bien pisada la nieve, estacas de madera cada pocos metros…) puesto que la nieve puede ser profunda y en algún tramo, debido al deshielo, haber alguno de los siempre traicioneros puentes de nieve.

Salimos de Hrafntinnusker por terreno nevado.
Vastas extensiones nevadas.
No es un día soleado y agradable, pero se está bastante bien por aquí.

Caminamos a ritmo tranquilo, ora por terrenos nevados, ora por zonas de tierra; en estas últimas el andar es más cómodo y sencillo. Nos dirigimos hacia unas lomas situadas al fondo, las cuales ascendemos sin dificultad alguna.
No obstante, el día se va cubriendo progresivamente, y al remontar esas ligeras pendientes una densa niebla lo envuelve todo. Nos encontramos en un pequeño valle situado por encima de las llanuras colindantes, que probablemente conforme un bello paisaje. Sin embargo, la niebla y la ligera llovizna que comienza a caer no nos permiten disfrutar de este entorno como se merecería. Por fortuna, la temperatura no es demasiado fría, aunque nos vemos obligados a utilizar nuestras prendas impermeables.

Pequeño repecho.

Sumidos en la niebla comenzamos a descender por un terreno algo más escarpado, sorteando algunos puentes de nieve de gran tamaño. Nos topamos con algunas pequeñas fumarolas y con gigantescas acumulaciones de nieve, probablemente debidas a las ventiscas, cuya altura calculamos puede superar los diez metros.

Cuidado con los puentes de nieve.
¿Qué altura tendrá esa nieve?

En un determinado momento la niebla se vuelve tan densa que nos impide ver, siquiera, la siguiente estaca de madera que nos indique el camino. Intentamos mantener la calma, puesto que nos hallamos en un terreno remoto y no debemos tomar decisiones incorrectas. Miramos atentamente a nuestro alrededor y sí atisbamos a ver la estaca previa. Nos detenemos unos minutos esperando a ver si despeja un poco pero, con ayuda de la brújula y la ruta GPS que tenemos cargada en el reloj nos percatamos de que en este punto el camino hace un pequeño giro hacia el este.
Y, efectivamente, en dicha dirección y a unas decenas de metros de donde nos encontramos advertimos una estaca de madera y la senda, que recorre una loma a media ladera. Algo más tranquilos, aunque extremando la atención más si cabe, continuamos nuestros pasos rumbo sur nuevamente.

La niebla se vuelve, por momentos, más densa.
Imprescindibles las herramientas para orientarse adecuadamente.

Poco después, uno de los escasos paneles indicadores que encontramos a lo largo de la ruta nos confirma que nos hallamos en el camino adecuado y que nos quedan 5,3 kilómetros hasta nuestro próximo destino, el Refugio de Álftavatn.
Siguiendo el descenso alcanzamos otro pequeño valle, ya con la niebla más abierta, que nos permite contemplar el terreno de arenas sulfurosas, con sus características tonalidades amarillentas.

Lástima de la niebla, porque el paisaje sería increíble.
Breve descanso, ya perfectamente orientados en el camino.

El descenso se torna más pronunciado y, a pesar de las nubes imperantes que lo cubren todo, intuimos que este tramo del camino debe de tener unas vistas panorámicas excelentes. La climatología islandesa es así, qué le vamos a hacer.
Vamos abandonando el territorio de las nieves perennes, y poco a poco las manchas blancas van desapareciendo y dejando paso a terrenos herbosos, por los que la senda desciende vertiginosa en busca del río.

Dejamos atrás la nieve y las fumarolas.
Iniciamos el descenso al río.
¿Te imaginas las vistas que tendríamos aquí?
Acercándonos al río.

Una vez llegamos al mismo debemos prepararnos para cruzarlo, puesto que no existe puente alguno que nos lleve a la otra orilla. Por fortuna, apenas cubre unos diez centímetros y su anchura es de unos cinco o seis metros. Nos descalzamos, dejamos la toalla preparada en la parte superior de la mochila y lo atravesamos a buen ritmo aunque teniendo precaución de no golpear nuestros pies desnudos con las rocas.
El agua gélida, que ni siquiera sobrepasa por completo la altura de los tobillos, se clava en nuestra piel como puñales. Vemos que el riachuelo, literalmente, se forma por el deshielo de los neveros que se hallan a apenas unas decenas de metros, por lo que su temperatura sobrepasará por poco los 0ºC.
Al arribar a la otra orilla nos secamos rápida y concienzudamente y nos volvemos a calzar las botas. Apenas un par de minutos en solventar el trámite, pero no resulta nada agradable.

Llegamos al río, debemos buscar la mejor zona para cruzarla.
Vale, no cubre mucho, pero el agua está helada.

Nos ponemos en marcha de nuevo para, ahora, surcar una amplia llanura herbosa (y hermosa) al final de la cual ya divisamos el gran lago que supone el final de la etapa.
A pesar de que en este tramo, cómodo, caminamos a buen ritmo, los dos últimos kilómetros se nos hacen eternos. Ha sido una larga jornada (hemos tenido que juntar la primera y la segunda etapa en una sola) y los kilómetros ya pesan en nuestras piernas.

Ya vemos el lago al fondo.
Vamos a buen ritmo, pero parece que no avanzamos.

Finalmente, llegamos al Refugio de Álftavatn, donde nos aguarda un buen rato de descanso tomando té y jugando a las cartas antes de cenar abundante y echarnos relativamente temprano a dormir. Dejamos nuestra ropa a secar, puesto que a pesar de la ropa impermeable hemos llegado algo mojados.
Larga pero bella jornada; mañana continuaremos el trekking.

Llegamos al refugio. Toca descansar, mañana será otro largo y bonito día.

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