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Trekking de Laugavegur, etapa 3: Álftavatn – Emstrur

Trekking de Laugavegur, etapa 3: Álftavatn – Emstrur

La tercera etapa del trekking resulta cómoda por su escaso desnivel tanto positivo como negativo, aunque puede ser algo monótona en algún tramo. Sin embargo, recorre algunos parajes volcánicos espectaculares y requiere atravesar algún río, lo que supondrá un pequeño reto para el senderista.

Datos técnicos

Distancia: 16,48 km
Desnivel positivo: 272 metros.
Desnivel negativo: 331 metros.
Tiempo: 5 horas y 33 minutos.
Altitud máxima: 618 metros.
Principales dificultades:
– A lo largo de la etapa es preciso vadear dos ríos. El primero es muy sencillo; en el segundo el agua llega casi hasta las rodillas, por lo que hay que extremar las precauciones.
– Se recorren varios tramos llanos y extensos, sin apenas referencias visuales si hubiera niebla o ventisca. El camino está bien marcado y cuenta con estacas de madera cada pocos metros, fijarse bien.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Mapa de la tercera etapa del trekking.
Perfil de la etapa.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia de Álftavatn a Emstrur

Suena el despertador a las 06:45 horas pero remoloneamos un poco hasta las 07:00. Desayunamos, preparamos nuestras mochilas y nos disponemos a caminar otro día por estas fantásticas tierras altas islandesas.
Impresiona de que quiere salir el sol, pero realmente el cielo cubierto predomina en casi todas las direcciones. Empezamos a andar siguiendo el primer cartel indicador y remontando una pequeña loma para pronto descender hasta un río. Unas pequeñas pero útiles pasarelas de madera nos facilitan el llegar hasta la otra orilla.

Hacia allá debemos comenzar a caminar.
Primer río del día.

Tras remontar otro repecho el paisaje se abre y podemos contemplar una fantástica panorámica, con grandiosos glaciares al fondo y la imponente montaña Stórasúla (918 m) frente a nosotros.

Enseguida se abren, frente a nosotros, formidables panorámicas.
Montañas de espectacular silueta.

La senda, como siempre bien marcada y señalizada, realiza un cómodo descenso hasta toparnos con un nuevo río, el cual debemos cruzar descalzos. Así, nos descalzamos, nos ponemos las sandalias e intentamos alcanzar la otra orilla lo más rápido posible. Apenas cubre por encima del tobillo, por lo que no nos supone mayor dificultad. Sin embargo, al llegar a la otra orilla nuestros fríos pies duelen, mejorando tras ser secados e introducirse en nuestros cómodos y cálidos calcetines.

Descendiendo al río.
Aguas gélidas.

Alternando pequeños subeybajas vamos avanzando en la etapa, descubriendo parajes fascinantes, salpicados de nieve, siempre caminando rumbo suroeste.
Resulta curioso el contraste entre las arenas negruzcas y las pequeñas hierbas, tipo musgo, que decoran el suelo con su color verde intenso. El día gris, si bien resulta menos agradable, matiza todavía más ese contraste de colores, altamente fotogénico.
No tenemos prisa, así que caminamos disfrutando del entorno y realizando fotografías cada pocos metros. Nuestros ojos captan millones de estímulos por segundo, y nos apetece llevarnos, al menos, algunos de ellos inmortalizados con nuestra cámara.

Alternamos pequeños ascensos y descensos.
Hermosos colores.

La esbelta Stórasúla sigue siendo la gran protagonista, quedando a mano derecha mientras la comenzamos a rodear por el sur. Así, tras un breve repecho, cruzamos una pista (carretera F210) y seguimos por la senda, donde un largo y suave descenso nos aproxima al Refugio de Hvanngil (4,11 km; 1 hora y 35 minutos; 573 metros de altitud), donde también hay una amplia zona de acampada.
Si bien este refugio se encuentra en pleno Laugavegur, es sin duda el menos utilizado por quienes se animan a esta aventura.

Rodeamos el pico por su vertiente sur.
Estos paisajes son inolvidables.
Pasamos junto al refugio, sin apenas detenernos.

Apenas echamos un rápido vistazo a las edificaciones y seguimos la ruta, siempre rumbo suroeste.
A partir de aquí el entorno sufre una transformación notable. Lo que antes eran terrenos cubiertos de musgo se convierten, bruscamente, en terrenos de aspecto lunar. Ásperos, secos. Antiquísimas coladas de lava rasgadas por una senda que se retuerce entre ellas buscando el recorrido más sencillo.
Ruge a lo lejos un río, imponente. La inquietud nos invade por un momento: ¿habrá algún puente que lo cruce? Nuestras dudas son resueltas rápidamente, puesto que un robusto puente de madera nos permite alcanzar la otra orilla sin dificultad alguna.

Cambio de paisaje.
Buen puente que nos permite salvar el río.

Tras él nos volvemos a topar con la carretera F210, por la cual vamos caminando durante un rato. Ahora llaneamos, por lo que nuestro paso se vuelve más rápido.
Aunque por poco tiempo, puesto que nos volvemos a encontrar con otro río que debemos vadear. Aquí las cosas se ponen ya algo más serias, puesto que su anchura y profundidad son, sin duda, mayores que en los ríos previos.
Buscamos, exhaustivamente, el lugar en el que el río es más ancho y, por tanto, más sencillo de atravesar. Siguiendo a pies juntillas las recomendaciones del guarda del refugio, nos dirigimos unas decenas de metros río arriba, donde encontramos un lugar que nos parece adecuado.
Nos descalzamos las botas y calzamos las sandalias. Tomamos aire y nos lo pensamos unos instantes. Aquí, a diferencia de los ríos previos, no caminamos tan rápido. La corriente baja con fuerza y el agua nos llega prácticamente hasta la rodilla. Imprescindible extremar las precauciones para no tropezar o resbalar y acabar empapados de agua a bajísima temperatura.
Llegamos a la otra orilla, nos secamos y seguimos la marcha.

Nos incorporamos, durante unos metros, a la pista.
Este río sí que cubre más. Precaución.

Comienza, a partir de aquí, un amplísimo valle perfectamente llano, también con rocas de origen volcánico y rodeado de montañas verticales, con formas imposibles y siluetas esbeltas. La senda transcurre paralela a la carretera F261, a apenas unos metros de nuestros pasos.
Quizá este tramo es el más monótono de la etapa (y de todo el trekking), puesto que el gran valle se hace eterno y, a pesar de nuestro ritmo, parece que no avancemos.
El terreno rocoso se va convirtiendo en arena negruzca, de aspecto extraterrestre. Parajes singulares, diferentes a cualquier lugar que hayamos visto nunca.

Nótense las estacas de madera que señalan el camino, atravesando esta interminable llanura.
¿Estamos en el Planeta Tierra?

Este paisaje más pesado y repetitivo se ve truncado por el potente Río Innri-Emstruá (9,23km; 3 horas y 30 minutos; 544 metros). Probablemente el más caudaloso de todo el trekking, ruidoso y espectacular. Con el paso del tiempo ha labrado un pequeño cañón de varios metros de profundidad, el cual atravesamos por un gran puente.
Abandonamos unos minutos el camino para dirigirnos río abajo por su margen izquierda, unas decenas de metros, para contemplar la estruendosa cascada, que fotografiamos una y otra vez.

Otro caudaloso río en el camino.
Si nos alejamos un poco del puente podremos contemplar este ruidoso salto de agua.

Regresamos al camino, que ahora confluye con la carretera F261. Más que una carretera, son apenas las huellas de los neumáticos marcadas en el suelo arenoso. Carretera sólo apta para vehículos 4×4, mucho más cómoda de hacer caminando.
En este tramo, llano y sin apenas referencias visuales, la ruta a seguir se halla también indicada con estacas de color azul, que nos confirman que vamos caminando en la dirección adecuada.

Cruce de caminos.
Nos dirigimos al fondo del valle.

Tras un buen rato vamos llegando al final del valle, en su extremo suroeste. La senda comienza un tramo de ascenso algo más duro, aunque sin complicaciones, para alcanzar una suerte de collado desde el cual las vistas son extensísimas. Glaciares inmensos, llanuras negruzcas y algunas cumbres sobrecogedoras, como Hattfell (924 m), que se yergue, altivo, a nuestra derecha.
Nos movemos nuevamente por un terreno llano, de arenas negras, extenso y también algo monótono. Aceleramos el ritmo puesto que el día está siendo largo y ya nos apetece concluir la etapa.

La sonrisa que nunca falte.
Autofoto para el recuerdo.
Siguen siendo unos paisajes memorables.

Remontamos un nuevo repecho a la vez que la senda vira hacia el sur, dejándonos ver a lo lejos el Refugio de Emstrur (16,48 km; 5 horas y 33 minutos; 487 metros), el cual alcanzamos tras un descenso más pronunciado.
Nos quitamos las botas (¿el mejor momento del día?) y descansamos un rato.

Llegando ya al Refugio de Emstrur.

Sin embargo, nuestra jornada no finaliza aquí, puesto que optamos por acercarnos al cercano Cañón del Río Markarflót que, con casi cien metros de profundidad, resulta fascinante. Excursión recomendada, que apenas lleva menos de una hora ida y vuelta.
Cansados, tras una larga etapa, nos vamos pronto a dormir.

Estas son las impresionantes vistas al cañón. ¡Imprescindibles!

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