Trekking del Lago Inle: descubrir el Myanmar más auténtico

El Trekking del Lago Inle es, probablemente, la experiencia aventurera más conocida y asequible de Myanmar. Popular desde hace pocos años, cada vez son más los que se animan a recorrer el corazón rural del país, por senderos apenas señalizados y poblaciones en las que parece haberse detenido el tiempo.
Si te gusta caminar y descubrir la esencia del lugar al que viajas, no dudes en hacer el trekking del Lago Inle; seguro que no te defraudará. ¿Nos acompañas a conocer algo más?

¿A qué os referís cuando habláis del Trekking del Lago Inle?

Al hablar del “Trekking del Lago Inle” lo que realmente se está nombrando es la ruta que parte desde la población de Kalaw y llega a las cercanías del Lago Inle, en la región central de Myanmar.
No es una ruta que transcurra por un camino previamente establecido, sino que consiste en caminar desde Kalaw hasta las proximidades del lago, yendo por unos caminos y pasando por unos lugares diferentes en función de la compañía de guías y la voluntad del propio guía en cada ocasión. Es decir, hay infinidad de variantes que realizarán los, aproximadamente, 55 – 60 kilómetros del camino.

Escenas del Myanmar.

Así, no esperes caminos señalizados ni una ruta preestablecida: déjate llevar y disfruta de los paisajes que regala Myanmar.
* También hay gente que hace la ruta en el sentido inverso, Lago Inle – Kalaw, pero parece más “natural” hacer Kalaw – Lago Inle

¿Cuál es la mejor época para hacer el trekking?

Quizá esta sea una de las preguntas más relevantes y que más importancia tenga. Tenemos que recordar que el clima de Myanmar se caracteriza por una época de lluvias (monzón) y otra seca, lo que modifica bastante el paisaje y las condiciones en que realizar esta ruta.
Cabe destacar que las diversas compañías de guías organizan las rutas durante todo el año, el cual podemos dividir en tres épocas diferentes:
Octubre a enero: aunque en octubre y noviembre puede haber todavía algún día lluvioso, es temporada seca y las temperaturas no son demasiado elevadas. El paisaje mantiene todavía su hermoso color verde y los caminos están en buenas condiciones. Sin duda, es la mejor temporada para el trekking, por lo que nos encontraremos a más gente en el camino.
Febrero a mayo: temporada seca, pero con temperaturas en ascenso, que fácilmente alcanzan los 30 grados durante el día. Los caminos están en buenas condiciones y no es mala época para caminar, aunque en algunos momentos puede hacer demasiado calor.
Mayo a septiembre: es la temporada de lluvias, por lo que es fácil acabar empapados y algunos tramos del camino están embarrados y resultan resbaladizos. Por el contrario, es la época del año en que la vegetación muestra su lado más exuberante.

En noviembre los cielos están despejados y las flores amarillas abundan por doquier.

Trekking del Lago Inle: ¿por libre o con guía?

No tenemos ninguna duda: con guía. Y eso que, siempre que podemos, preferimos montar las actividades por libre, a nuestro ritmo. Ahora explicamos por qué.
El trekking, como comentábamos antes, transcurre por un terreno rural remoto, por caminos y senderos sin ningún tipo de señalización. Además, aunque existen pueblos y veremos gente trabajando en el campo de vez en cuando, es posible que tampoco hablen inglés, por lo que ante cualquier incidencia no será fácil resolverla.
En Kalaw existen multitud de agencias que organizan la ruta. Quizá las más populares sean Ever Smile y Sam’s Trekking Guide, aunque es fácil que en el propio alojamiento o paseando por la calle se pueda contactar con otras diferentes.

Lu, nuestro guía, enseñándonos cómo hacer y cómo ponernos el thanakha.

Incluso en temporada alta se puede reservar la salida para el día siguiente; tampoco hay problema si llega a Kalaw en el autobús nocturno y se desea salir inmediatamente. Nosotros llegamos el día anterior y aprovechamos para comparar precios y dar un paseo por Kalaw, pero hubo gente que se unió a nuestro grupo justo antes de partir.
En nuestro caso optamos por Ever Smile, puesto que teníamos buenas referencias. La elección fue buena, dado que la simpatía y amabilidad del guía creó buen ambiente en el grupo e hizo las jornadas sumamente amenas y divertidas. Podemos decir que nosotros también la recomendamos.
Nos costó 40000 MMK (unos 24 €) por persona, lo que incluía dos noches de alojamiento con desayuno, comida y cena. A lo largo del camino parábamos de vez en cuando para tomar algo en alguna pequeña tienda, lo cual corría a cargo del viajero.
*La tasa de entrada al Lago Inle (15000 MMK/unos 9 € por persona) hay que pagarla aparte.

Conversando con la gente del país es como más se aprende en los viajes. Y Lu nos enseñó un montón.

Con respecto a los alojamientos, se pasan las noches en casas de zonas rurales, lo que implica que son humildes y carecen de las comodidades de los hoteles. Hay que decir que, no obstante, estaban relativamente bien. Así, es aconsejable un saco de dormir (ligero, a ser posible); las “duchas” (en realidad, barreños de agua) son con agua fría. Las comidas, en cambio, nos parecieron copiosas y deliciosas.

Nuestro alojamiento para esta noche. Sencillo pero con todo lo necesario.
Esta es nuestra ducha para hoy. ¡El agua fresquita es ideal para despejarse por la mañana!

¿Es fácil el Trekking del Lago Inle?

Sí, el trekking del Lago Inle es considerado relativamente sencillo, puesto que carece de tramos complicados o peligrosos, aunque, como siempre, conviene relativizar.
La ruta completa es alrededor de 55 – 60 kilómetros, que se dividen en tres etapas. Habitualmente las dos primeras rondan los 20 kilómetros cada una, siendo la tercera un poco más corta. Ello significa que caminaremos unas siete u ocho horas al día, más paradas.
*Existe la posibilidad de hacer el trekking en solo dos días; pensamos que no merece la pena.

Para disfrutar mejor de estos paisajes es recomendable hacer el trekking de 3 días.

Gran parte del camino se realiza por pistas de tierra o por senderos bien marcados (pero no señalizados); en nuestro caso fuimos un rato por las vías del tren y en varias ocasiones recorrimos pequeños tramos por sendas entre arrozales. Si el camino está seco no hay ningún problema.
En ninguna de las etapas se supera un gran desnivel y se van realizando frecuentes paradas para descansar, beber y comer, así que se hace llevadero.
Así, como conclusión, se trata de un trekking sencillo y asumible por cualquier persona que tenga un mínimo de condición física.

La mayor parte del camino se realiza por pistas o senderos en buen estado.

¿Qué llevar al Trekking del Lago Inle?

Hay que pensar que vamos a estar caminando (habitualmente) 3 días por territorio remoto, por lo que debemos llevar material suficiente y estar preparados ante posibles inclemencias del tiempo (impermeable, etc…). Lo ideal es llevar una mochila pequeña para el trekking y dejar la mochila grande a la compañía de guías, que la transportarán hasta el punto de destino.
Consideramos necesario: botas de montaña (mejor que zapatillas, ya que el terreno es irregular y las de caña alta pueden proteger también de las picaduras de animales), sandalias, toalla pequeña, botiquín y neceser, protector solar y repelente de mosquitos, gafas de sol, sombrero/gorra, ropa cómoda de deporte, pantalón largo y corto, chaqueta/sudadera (por las noches hace fresco) e impermeable. El saco de dormir, si bien no es imprescindible (hay ropa de cama), es aconsejable.
Se recomienda llevar, al menos, un litro de agua. Posteriormente se puede ir comprando en los alojamientos o en las tiendas del camino.

Un sombrero o gorro es una excelente manera de protegerse del sol. No hay que olvidar tampoco la crema solar ni la ropa de abrigo para las noches.

Nuestra experiencia en el Trekking del Lago Inle

Un viaje en minibús desde Bagan nos ha llevado a Kalaw en unas largas 7 horas de camino. Nos deja cerca del centro de la población, por lo que lo primero que hacemos es buscar la compañía de guías para reservar el trekking. Por fortuna, está muy cerca de allí. Se trata de Ever Smile, que nos han recomendado y nos da muy buena impresión. El trekking de 3 días/2 noches nos cuesta 40000 MMK (unos 24 €) por persona, y tenemos que pagar 1000 MMK (0,6 €) para que nos lleven nuestro equipaje (la mochila grande, puesto que la pequeña la llevaremos con nosotros) al destino final.
Tras ello dejamos las mochilas en nuestro alojamiento y paseamos un poco por Kalaw, que no tiene demasiado que ofrecer. Nos vamos a dormir pronto puesto que mañana empieza lo bueno.

Kalaw es una ciudad ajetreada, pero no ofrece demasiado al viajero.


Nos levantamos temprano y tomamos un contundente desayuno en el hotel. A las 08:45 h, tal y como habíamos quedado, llegamos a la oficina de Ever Smile, donde dejamos nuestra mochila grande y conocemos al resto del grupo. Una pareja ruso/australiana, un irlandés y tres franceses serán nuestros compañeros de aventura, junto con el simpático guía local Lu.
Iniciamos la marcha en dirección sudoeste, por las calles asfaltadas de Kalaw, hasta abandonar el núcleo urbano. Continuamos por una pista que, al poco rato, se introduce en un bosque bastante frondoso, y que nos deja a orillas de un lago denominado Ye Aye. Primera parada a reposar.

Hacemos la primera parada a orillas de un lago, intuyendo el bosque al que nos dirigimos a continuación.

A partir de aquí la pista se torna senda y asciende suavemente, también por terreno boscoso, hasta llegar a un camino más principal en el que se encuentra el Sky View Restaurant, donde paramos a comer. La comida, sencilla pero nutritiva, se acompaña de unas excelentes vistas de esta zona montañosa repleta de campos de té. Fijándonos bien podemos observar cómo algunos lugareños están recolectando las hojas, armados con una cesta a sus espaldas.

Llegamos al restaurante, con buenas vistas.
Recolectando el té.

Hacia el sur, prácticamente colgando de una montaña, se encuentra la localidad de Hin Kha Hone, a la cual nos dirigimos por un camino en buen estado e impresionantes vistas. En la población la vida transcurre a su ritmo, apenas alterada por nuestra presencia: los niños juegan en el patio del colegio, alguien entra en la pagoda, un señor pone a secar hojas de té… Escenas de la vida cotidiana en el Myanmar rural.

Las casas están, literalmente, colgando en la ladera de la montaña.
Jugando en el patio de la escuela.

Seguimos en suave ascenso, primero con vistas espléndidas a la zona montañosa y, más tarde, por un tramo que alterna bosque y prados. El día es soleado, aunque con algunas nubes pasajeras de poca importancia, y la temperatura agradable. Caminamos a ritmo cómodo, disfrutando del paisaje, conversando cada vez con más confianza con nuestros compañeros de viaje.
Vamos moviéndonos por un terreno de constantes subeybajas, entre campos de trigo y arroz. La agricultura, tradicional, se realiza a mano o mediante la ayuda de bueyes.

Trabajando en el campo.
De regreso a casa.
Escenas cotidianas.

Llegamos a una pequeña localidad, casi vacía, en la que nos incorporamos a las vías del tren. Es el camino que utilizan los lugareños para ir a la vecina población de Myindaik. Son apenas unos quinientos metros por las vías, saltando de traviesa en traviesa, hasta que aparecemos en la estación de tren de Myindaik. Un grupo de niñas nos reciben curiosas, mientras otros juegan al fútbol.

Caminando libres.
Esperando a los amigos para una tarde de juegos.

Nos queda poco para llegar al alojamiento, alternando tramos de pista con pequeños senderos que transcurren por medio de los campos. Algunos locales se afanan en terminar su labor mientras el sol cae sin remedio hacia el horizonte.

Descansando un rato tras una larga jornada.
Un búfalo nos observa curioso mientras un niño se ríe por nuestra presencia.

Con las últimas luces del día llegamos a nuestro alojamiento en Yewpeu, humilde pero confortable tras un largo día de caminata. Se trata de una casa particular con un pequeño comedor y un dormitorio diáfano en la planta de arriba, con una colchoneta y bastantes mantas por persona. La cena es copiosa y muy variada, deliciosa. Tras una agradable conversación con el resto de compañeros, es hora de ir a dormir. Mañana será otro largo y bonito día.

¿Qué os parecen estas delicias?


Nos levantamos temprano, sobre las siete de la mañana, y un desayuno a base de fruta y una especie de crepes rellenas de dulce nos recibe en el comedor. Damos buena cuenta de ello y nos preparamos para la marcha.
Comenzamos a caminar en dirección este, ascendiendo por una pista principal y cruzándonos con varios agricultores y otros lugareños. En una media hora llegamos a un cruce, ya en lo alto, con grandes vistas de montañas boscosas, sumidas en la neblina matutina.

Laborando desde pronto por la mañana.
Bonitos paisajes en este tramo.

La pista desciende y llega de nuevo a la llanura, por donde caminamos un buen rato entre campos, contemplando los quehaceres de los campesinos. El día está precioso, con un cielo azul esplendoroso que se alza sobre infinitos campos de flores amarillas. Un espectáculo de contrastes.
Pasamos por las cercanías del Monasterio La Mine, junto al cual encontramos una pequeña estupa blanca y dorada, la única que hemos visto en todo el camino.

Trabajo en equipo.
Parece haberse detenido el tiempo.

Nos detenemos a tomar un té en una tienda de artesanía, donde una anciana señora de la etnia pa-o se encuentra tejiendo a la sombra. Aunque parece que la señora está allí únicamente en busca de las propinas de los viajeros, resulta una experiencia etnológica más que interesante.

Experiencia y sabiduría en la mirada.

Salimos de la población dejando a los lados construcciones de bambú junto a las cuales, en el suelo, se secan pimientos y granos de cereal. Continuamos por una pista principal, hasta llegar a otra localidad, de mayor tamaño, con un gran templo rodeado de árboles en sus inmediaciones.
Aquí cambiamos de nuevo a un sendero estrecho, húmedo y algo resbaladizo, que nos lleva por medio de un campo de flores amarillas. Hermoso.

Venimos de un camino cómodo…
… y seguimos por otro todavía más bonito.

Llegamos a una pista principal y, enseguida, nos detenemos a comer. Se trata de una sencilla casa con un pequeño cobertizo de bambú, donde descansamos y, hambrientos, nos terminamos todo lo que nos ofrecen.
Reemprendemos la marcha, para llegar enseguida a un pequeño conjunto de estupas antiguas que nos fascinan, rodeadas de árboles y frondosa vegetación. Ahí están, sin que se les dé más importancia, y probablemente guarden una interesantísima historia detrás.

Descubriendo rincones mágicos.

Atravesamos el cauce de un río seco para regresar a otra pista principal, en la que coincidimos con algunos niños y un lugareño que, habilidosamente, manufactura una cesta con cañas. Desde allí tenemos que remontar unos metros para alcanzar la cima de una colina, con gran panorámica hacia los campos de los alrededores.

Manos habilidosas.

A partir de aquí caminamos por terreno más abierto, con buenas vistas, cruzándonos de vez en cuando con campesinos que regresan de sus largas y duras jornadas de trabajo, y observando a otros tantos laborando hoz en mano.

Grupo de lugareñas segando la cosecha.
Regresando a casa tras la labor.

Llegamos a la localidad de Part Tu, donde compramos unas cervezas para ir a ver el atardecer. Desde esta población caminamos unos 15 minutos hasta alcanzar un mirador en lo alto, con buenas vistas. Y, aunque el atardecer no es de los mejores, la grata compañía y encontrarnos en este lugar hacen que valga mucho la pena.
Nuestro alojamiento es similar al de ayer; cenamos (muy bien) y nos vamos a dormir.

Los campos con las últimas luces del día.


Son las seis de la mañana y un gallo cacarea, insistente, para despertarnos. Lo cierto es que cumple su cometido, así que nos desperezamos y bajamos a desayunar. El día amanece fresco y con una ligera neblina.
Preparamos nuestra mochila e iniciamos la marcha hacia el oeste por una pista abierta, con excelentes vistas al levantar la niebla, sobre todo hacia nuestras espaldas.
Debemos prestar atención en algún tramo del camino, puesto que observamos telarañas de gran tamaño, algunas ocupadas por arañas de aspecto intimidante. Desconocemos si son peligrosas, pero, por si acaso, preferimos verlas a una distancia prudencial.

Comienza el día en el corazón de Myanmar.
¡Buenos días, Myanmar!

El camino asciende suavemente hasta llegar a una carretera principal, en la que nos detenemos un rato a descansar. Nos toca seguir dicha carretera durante unos pocos kilómetros, a tramos asfaltada y a tramos no, cruzándonos con varios grupos de locales ataviados con sus mejores galas, puesto que se dirigen a una boda. Algunos de los varones visten traje, mientras que otros se decantan por el tradicional longy; ellas llevan ropa colorida, con su característico turbante naranja y thanakha en las mejillas.

Conversando con nuestro guía.
Un grupo de mujeres se dirige a la boda, ataviadas con sus mejores galas.

Llegamos al puesto de control de entrada a la región del Lago Inle, donde debemos pagar la tasa de 15000 MMK (algo menos de 10 € por persona). Un poco más adelante, en una curva de la carretera, tenemos una enorme panorámica, por lo que aprovechamos para hacernos una divertida foto de grupo.
A partir de este punto comenzamos el descenso hasta la población de Nan Yoke, donde paramos a descansar y tomar té.

A nuestro paso vamos despertando la curiosidad de los más pequeños.

Ahora el camino serpentea, llaneando, paralelo a la carretera, y entra en un territorio de arenas rojizas, entre arbustos. Pronto se encaja entre dos montañas, donde la selva se vuelve más frondosa y abundan los mosquitos. El terreno está húmedo y un poco resbaladizo, por lo que hemos de tener precaución.

Últimos kilómetros de este fabuloso trekking.

Descendemos durante unos quince o veinte minutos hasta toparnos con una tienda de artesanías que premoniza la llegada a nuestro destino final. Así, terminamos el trekking en un restaurante a orillas de un canal del Lago Inle.
Allí comemos, recogemos nuestras mochilas y montamos en una barca rumbo a nuestro alojamiento en el Lago Inle, el cual recorreremos en los próximos días. Pero eso, ya sabes…¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

Nos quedaremos con esta experiencia en la memoria para siempre.

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