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Tuca de Mulleres (3009 m), desde La Besurta

Tuca de Mulleres (3009 m), desde La Besurta

La Tuca de Mulleres (Tuc de Molières, en aranés), que supera por poco esa mítica cifra que pretende otorgar cierta entidad a las cumbres del Pirineo, es el tresmil más oriental de los 160 que se pueden contar en territorio aragonés.
Y, precisamente, aunque tiene fama de ser uno de los tresmiles más sencillos, siempre es preciso recordar que nos movemos en territorio de alta montaña y que el ascender a su cumbre requiere de una determinada condición física, preparación y material específico. No en vano, exige recorrer casi 19 km, superar más de 1200 metros de desnivel y transitar por un terreno de rocas caóticas, por lo que lo de sencillo conviene entrecomillarlo.
Hoy te presentamos la ruta a la Tuca de Mulleres desde La Besurta, una de las más clásicas e interesantes que se pueden realizar por el Valle de Benasque. ¿Nos acompañas a conocer un poco más?

¿Cómo llegar?

La Tuca de Mulleres se halla en una de las zonas más recónditas del Valle de Benasque.
El punto de partida para la ruta planteada se halla en el enclave de La Besurta, unos kilómetros más allá del Vado del Hospital de Benasque, al cual se llega por la A-139 rumbo norte desde la población de Benasque/Benás.
Desde el Vado hasta La Besurta existe una pista, que se puede recorrer de tres maneras:
– En temporada estival, aproximadamente de mediados de junio a mediados de septiembre, el acceso por la pista en coche particular está prohibido. Se puede hacer andando (unos 3,5 km) o bien mediante el autobús que se habilita para recorrer este tramo (consultar fechas y precios aquí). 
– Desde las primeras nevadas hasta bien entrada la primavera el terreno está cubierto de nieve y hay pistas de esquí de fondo, por lo que el trayecto se puede hacer andando o con raquetas de nieve.
– En temporada baja, y siempre y cuando no haya nieve en la pista, se puede recorrer este tramo en coche particular. Se trata de una pista asfaltada, en buen estado, aceptable para cualquier vehículo.

En el Vado hay hueco para aparcar unos cuarenta coches (o más), aunque puede llenarse en temporada alta si no se madruga. En la zona de La Besurta también hay sitio para aparcar bastantes coches, aunque menos que en el Vado.

Aparcamiento en el Vado del Hospital de Benasque, amplio.
La Besurta, donde comienza realmente la ruta planteada.

Datos técnicos

Fecha: 17 de julio de 2022.
Inicio y fin de la ruta: La Besurta.
Tipo de ruta: ida y vuelta.
Itinerario: La Besurta – Forau d’Aiguallut – Pllan d’Aiguallut – Barranco de la Escaleta – Ibones de la Escaleta – Ibón Alto de la Escaleta – Tuca de Mulleres – Ibón Alto de la Escaleta – Ibones de la Escaleta – Barranco de la Escaleta – Pllan d’Aiguallut.- Forau d’Aiguallut – La Besurta.
Distancia: 18,98 km.
Desnivel acumulado: 1214 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 1900 metros (La Besurta)
– Máxima: 3009 metros (Cima Tuca Mulleres).
Duración sin paradas: 7 horas y 10 minutos.
Duración, por partes:
– 35 minutos hasta el Forau d’Aiguallut.
– 45 minutos hasta el Pllan d’Aiguallut.
– 2 horas y 5 minutos hasta los Ibones de la Escaleta.
– 3 hora y 15 minutos hasta el Ibón alto de la Escaleta (incluye 15 minutos de descanso).
– 4 horas y 15 minutos a la cima de la Tuca de Mulleres (50 minutos de descanso).
– 8 horas y 25 minutos hasta regresar a la Besurta (incluyendo 10 minutos de descanso).
Dificultad/recomendaciones:
– Ruta larga y que supera un desnivel considerable, por territorio de alta montaña. A pesar de considerarse un tresmil “fácil”, se transita por zonas inhóspitas, pedreras y, en algunos momentos, sin camino evidente (más allá de algunos hitos de piedras).
– No existen tramos complejos, únicamente hay que ayudarse mínimamente de las manos en un par de puntos ascendiendo por el Barranco de la Escaleta (sin dificultad).
– No hay sombra en todo el camino.
– A lo largo de la ruta se pasa por varios ibones y algunos riachuelos; en estos últimos se podría obtener agua en caso de ser necesaria.
– Si se plantea la ruta en verano es preciso saber que el acceso a La Besurta está prohibido para los coches particulares. Es necesario, entonces, tomar un autobús. Más info aquí
– En el último tramo a la cima los hitos de piedra sugieren varios caminos distintos. Aunque en nuestro caso accedimos a la cima pasando por un collado situado al oeste de la misma, el camino más directo es también el más sencillo y cómodo.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Mapa de la ruta realizada.
Perfil de la ruta realizada.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia en la Tuca de Mulleres

Hacía tiempo que la propuesta estaba sobre la mesa. La Tuca de Mulleres, un tresmil de esos que se consideran “sencillos”, había sonado en alguna conversación y se había afianzado como una de esas cumbres que queríamos subir más pronto que tarde. Y, aprovechando un fin de semana por el siempre espectacular Valle de Benasque, nos lanzamos a por ello.
Tomamos el autobús que lleva desde el Vado del Hospital de Benasque a La Besurta (más info aquí) y nos preparamos para comenzar la ruta. Nos encontramos a unos 1900 metros de altitud y el día, de sol radiante, pinta cálido.
Empezamos a caminar rumbo sureste por el marcado sendero que lleva al Forau d’Aiguallut y a la Renclusa para, en apenas diez minutos, llegar al primer (e importante) desvío. Tomamos el sendero que nos lleva hacia la izquierda (Forau d’Aiguallut), en suave ascenso por el fondo del valle, todavía a la sombra. Al fondo, la esbelta figura de la Tuca d’Aiguallut parece dominarlo todo.

Primer desvío. Nosotros hacia la izquierda, siguiendo las indicaciones del Forau d’Aiguallut.

Pronto llegamos al impresionante Forau d’Aiguallut, profundo sumidero kárstico donde las aguas del glaciar del Aneto desaparecen bajo tierra para emerger a casi cuatro kilómetros de allí, en los Uels deth Joeu, en el vecino Valle de Arán. Contemplamos la grandiosa sima y tomamos un par de fotografías, para enseguida continuar la marcha.

El Forau d’Aiguallut, grandioso y sorprendente.

En unos minutos más llegamos al entorno de la Cascada d’Aiguallut, cuyas aguas furiosas rugen en la sombra mientras la soleada cima del Aneto las contempla desde lo alto. Las luces serán más fotogénicas al regreso, por lo que nos detendremos con más calma entonces para inmortalizar este siempre bello rincón.

La cascada a la sombra; el Aneto ya iluminado por los rayos matutinos del sol.
Mejores luces para los fotos al regreso.

Bordeamos la cascada por su parte izquierda para, enseguida, llegar al Pllan d’Aiguallut. Una extensa zona de prados en las que el río juguetea, serpenteando, como intentando evitar que sus aguas alcancen el salto al vacío de la cascada. Bucólico lugar, con la magnífica estampa de la Tuca d’Aiguallut y el Aneto como insuperable telón de fondo.
Continuamos la senda, que aquí llanea, para toparnos con otro de los desvíos de la ruta. Si bien hacia la derecha seguiríamos hacia el Valle de Barrancs, caminando recto nos dirigiremos al Ibón de Coll de Toro (opción, esta última, que elegiremos).

En el Pllan d’Aiguallut tomaremos la senda que continúa recta, en dirección al Coll de Toro.

Pronto atravesamos una pequeña palanca sobre el Barranco de la Escaleta, el cual debemos remontar por un tramo que alterna hierba y piedras, con un sendero evidente y bien pisado.
Una vez superado este primer “escalón”, caminamos otra vez por un terreno de prados, salpicado de pequeñas simas, que otorgan un aspecto curioso a esta zona. Al fondo, la bicéfala silueta de la Forcanada (Malh des Pois, en su toponimia occitana) nos contempla altanera e inexpugnable.

Cruzamos las aguas que descienden del Valle de la Escaleta.
Tramo agradable, con la silueta de la Forcanada al fondo.

Nos topamos con una gran piedra sobre la cual se hallan dos pequeños carteles verdes que nos indican el rumbo a seguir: obviamos el desvío al Ibón de Coll de Toro (hacia la izquierda) y continuamos rectos, rumbo sureste, dirección a la Tuca de Mulleres.
Nuevo tramo de ascenso duro, que pronto suaviza para convertirse en un falso llano herboso. Entorno solitario, sin encontrarnos otros montañeros hasta el momento, lo que le da un ambiente más mágico a la ruta.

Entorno grandioso.
El sendero no tiene pérdida.

La senda vuelve a dirigirse a un estrechamiento del barranco, en que todavía persiste un aislado nevero, cobijado en una zona en la que nunca inciden directamente los rayos de sol. Debemos remontar este tramo, nuevamente con importante pendiente, siguiendo los hitos que nos llevan por un paso rocoso, sencillo aunque exige ayudarse mínimamente con las manos.

Tramo rocoso a superar, con fuerte pendiente pero sencillo.

Otro resalte superado y otro tramo llano y herboso que nos permite recuperar el aliento por un instante. Frente a nosotros un pequeño valle encerrado por paredes rocosas; se nota la altitud, y pronto las últimas manchas vegetales darán paso a la cruda y áspera roca granítica de la zona.

Vamos ganando altitud progresivamente, superando algunos «escalones».
Terreno solitario, impresionante.

Sin embargo, antes de ello nos encontramos con los Ibones de la Escaleta (6,2 km; 2 horas y 5 minutos; 2337 metros), donde no podemos resistir a la tentación de fotografiarnos junto a ellos. No son especialmente bonitos, ni tienen buena panorámica desde sus orillas, pero resulta agradable hallar una pequeña masa de agua en este entorno inhóspito.
Rodeamos los ibones por su parte izquierda (este) y acometemos un nuevo tramo de ascenso, parando a mitad del mismo para echar un vistazo atrás y ver las láminas de agua con las siluetas distantes del Salvaguardia y la Tuca de la Mina. ¡Qué lejos quedan ya, y eso que hemos partido prácticamente desde su base!

Superados los Ibones de l’Escaleta, con la redondeada cumbre del Salvaguardia al fondo.

Tras este tramo de ascenso alcanzamos otro pequeño ibón, plácido y de aguas azul oscuro. Solitario y silencioso, nos sentamos un rato junto a su orilla para descansar y disfrutar de unos momentos de paz absoluta.

Este pequeño y sosegado ibón parece un buen lugar para descansar.

Dejamos el ibón a nuestra izquierda para, ahora sí, comenzar a caminar por el paraíso de la roca. La senda, estrecha, va perdiendo poco a poco su nitidez para dar paso a las grandes rocas, por las que vamos transitando con cuidado, prestando atención a los hitos que guían nuestros pasos.
Ganamos altitud con rapidez, ascendiendo junto al estrecho barranco cuyas aguas provienen del Ibón alto de la Escaleta.

Los verdes prados dan lugar a un terreno salvaje y rocoso. Ascendemos paralelos a las aguas que provienen del Ibón Alto de l’Escaleta.

Varios tramos de roca lisa, pero con excelente agarre, nos permiten remontar este duro tramo, hasta llegar a las cercanías de dicho ibón (7,7 km; 3 horas 15 minutos; 2617 metros).

Mar de roca.
Roca granítica, con excelente agarre.
Dejamos a nuestra derecha el Ibón Alto de l’Escaleta.

Levantamos la vista para contemplar el entorno que nos rodea. Inhóspito, salvaje, brutal. Una alfombra de roca, salpicada de hitos de piedra que pretenden conformar la mejor ruta, nos llevan rumbo sur.
Vemos, al fondo, la piramidal cumbre de la Tuca de Mulleres, que parece cercana pero que todavía nos exigirá un esfuerzo más. Los numerosos hitos, bien visibles, nos acercan a la cumbre siguiendo diversas rutas. Basta con elegir la que parezca más conveniente, puesto que nuestro objetivo se halla frente a nosotros.

Paisaje grandioso, tan desolador como inusitadamente bello.
La cumbre de la derecha, menos altiva pero más elevada, corresponde a la Tuca de Mulleres.

En nuestro caso, optamos por desviarnos ligeramente a la derecha para rodear la pirámide somital por su vertiente oeste, alcanzando un ancho collado ya con grandes vistas al Aneto y compañía y, más lejos, Vallibierna. Quizá no sea la opción más adecuada, puesto que en todo este rodeo perdemos, periódicamente, los hitos que señalan el camino. De vez en cuando encontramos alguno, pero lo cierto es que resulta algo confuso este trecho. * Para emprender este último tramo de ascenso lo ideal es afrontarlo de la manera más directa posible; numerosos hitos nos llevarán a la cima por un claro camino.

En morado, de manera aproximada, la ruta que hicimos para el ascenso. En verde, la del descenso. Sin lugar a dudas, mejor opción la verde tanto para subir como para bajar.
Ya cerca del collado volvemos a encontrar algunos hitos.

Desde este collado apenas nos quedan unos pocos minutos de ascenso, alcanzando así la cima de la Tuca de Mulleres (9,7 km; 4 horas y 20 minutos; 3009 metros). Un enorme hito de rocas nos recibe en la cumbre, que tiene unas espectaculares panorámicas en todas las direcciones.

Últimos metros a cima.
¡Cima!
Tuca de Mulleres/Tuc de Molières (3009 m)… ¡conseguido!

Como habitualmente, nos quedamos unos minutos contemplando el entorno que nos rodea. Algunos lagos en la zona de la Val d’Aran, otros en territorio aragonés…un mar de rocas en todas direcciones, coronado por la magnífica estampa del Aneto y los numerosos tresmiles que lo escoltan. Afiladas aristas y verticales paredes. Glaciares que, tristemente, languidecen. Naturaleza extrema, salvaje y brutal. Paraíso en las alturas.
Descansamos un buen rato, aprovechando para tomar decenas de fotografías y dar buena cuenta de un sabroso, más que nunca, bocadillo. El esfuerzo hasta la cima ha sido duro y toca recargar energías.
El haber madrugado y subido a un ritmo bastante decente nos permite disfrutar de la cima en absoluta soledad durante unos cincuenta minutos. Luego se unen a nosotros otros montañeros que ascienden por la vertiente aranesa, así como unos pocos que han seguido nuestros pasos. Día soleado y radiante de montaña.

Su Majestad el Aneto, bajo el cual su glaciar languidece y mengua día a día.
Enfocando nuestra cámara hacia la Val d’Arán.
Postales de alta montaña.

Toca descender, y no lo hacemos por donde hemos venido, sino planteando el descenso en su manera más directa (por el camino habitual), bien señalizado y que pierde altitud con rapidez, transitando de roca en roca.

Iniciamos al descenso. Al fondo, Vallibierna.
Mucho más directo y bien señalizado el camino de descenso que el tramo que hemos realizado para ascender.

En el entorno del Ibón Alt de l’Escaleta nuestros pasos confluyen con el camino por el que hemos ascendido, y que debemos deshacer para, paso a paso, recorrer el terreno que nos llevará de nuevo a La Besurta, donde finalizamos la ruta tras casi ocho horas y media de caminata.
En conclusión, el ascenso a la Tuca de Mulleres supone hollar un tresmil de los considerados “sencillos”, ya que carece de pasos complejos, pero con larga distancia y notable desnivel. Agreste y salvaje, resulta una ruta inolvidable.

¡Qué bien juntos aquí arriba! ¡Hasta la próxima!

8 comentarios

  1. Joan Balaguer

    Subí al Tuc de Mulleres a mediados de los 90 y sí que a pesar de ser uno de los tresmiles más asequibles al final se puede hacer un poco largo el trayecto pero bien que valió la pena el esfuerzo, desde luego que sí. También subimos desde la Besurta, era Julio y entonces aún no había la prohibición de subir en coche hasta allí fuese la hora que fuese. Por el lado del Túnel de Viella supongo que debe de ser mucho más dura la ascensión además de haber bastante más desnivel.

    1. Conbotasymochila

      Hola, Joan.
      Cierto, es un tresmil «asequible» pero que se hace algo largo. Desde la Val d’Aran no conocemos la ruta, pero tenemos entendido que supera más desnivel y es más dura.
      Un saludo,

      Pedro y Paula

    1. Conbotasymochila

      Hola, Mar.
      En el apartado «Datos técnicos», abajo del todo está el track GPX. Lo puedes descargar (es el archivo Mulleres.gpx) y luego se puede cargar en cualquier aplicación de GPS que utilices.
      Lo hemos probado con dos ordenadores y un móvil y nos funciona la descarga correctamente a los tres.
      Un saludo,

      Pedro y Paula

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