Un día en Mandalay, capital cultural de Myanmar

Decíamos anteriormente que la ciudad de Mandalay suele ser la entrada a Myanmar para gran parte de los turistas. Se trata de una gran urbe que actúa como el principal motor económico, cultural y religioso del norte de Myanmar y, por otro lado, supone un interesante punto de partida para conocer este fascinante país. Así, aunque lo cierto es que gran parte de los viajeros se centran en visitar los alrededores de Mandalay, pensamos que merece la pena disfrutar de la propia ciudad, y que con un día completo puede ser más que suficiente. ¿Nos acompañáis a visitar Mandalay?

El Palacio Real de Mandalay es visita obligada.

¿Cómo llegar desde el aeropuerto a Mandalay?

El Aeropuerto internacional de Mandalay se sitúa a unos 35 kilómetros al sur de la ciudad. Existen varias opciones que nos llevan al centro de la ciudad, y que pasamos a detallar:
Autobús (4000 MMK/2,57 € por persona): es la opción más barata; sin embargo, los autobuses no tienen mucha frecuencia por lo que quizá toque esperar un buen rato.
Taxi/Furgoneta privado (12000 MMK/7,72 € sin aire acondicionado; 15000 MMK/9,65 € con aire acondicionado): la opción más rápida y cómoda, pero también más cara.
Taxi compartido: habitualmente cuesta entre 4000 y 5000 MMK por persona (2,57 – 3,22 €). Tiene más frecuencia que el autobús, pero hay que esperar a que se llene. Capacidad total para 5 personas.
En nuestro caso optamos por el taxi compartido que, dado que acabábamos de aterrizar, no tardó demasiado en llenarse y nos llevó a la puerta de nuestro hotel en Mandalay en apenas una hora de trayecto.

Mandalay tiene mucho que ofrecer, más de lo que parece en un primer momento.

¿Dónde alojarse en Mandalay?

En Mandalay la mayor parte de los alojamientos se encuentra justo en la zona sur/suroeste del Palacio de Mandalay. Tienen precios muy buenos y es fácil encontrar hoteles limpios y agradables por precios en torno a los 25 €. En dicha zona abundan los restaurantes y tiendas de todo tipo, por lo que se puede salir a pasear y ver cuál nos gusta más.
En nuestro caso nos alojamos en el Sanctuary Hotel, por 37 € dos noches con desayuno incluido, y repetiríamos sin dudarlo.

El Palacio Real de Mandalay servirá como orientación. La mejor zona para alojarse es al sur/suroeste del mismo.

¿Cómo moverse por Mandalay?

Mandalay es una ciudad realmente extensa, sin embargo, la mayor parte de los lugares visitables en la propia ciudad se encuentran todos en su zona norte, alrededor del Palacio de Mandalay. A pesar de ello, siguen estando demasiado lejos para poder visitarlos todos caminando, por lo que algún transporte u otro tomaremos en más de una ocasión.
Los más habituales son:
Taxis: aunque son relativamente baratos, no es fácil encontrarlos, por lo que puede ser que la espera desespere. Se puede descargar la aplicación Grab para pedir un vehículo, la cual funciona bastante bien.
Mototaxi: más barata que el taxi convencional, permite incluso visitar las ciudades de los alrededores.
Alquilar bicicleta: por apenas 2 € se pueden encontrar bicicletas para recorrer la ciudad, mayormente llana. Si tienes pensado subir a Mandalay Hill la cosa se complica. Conviene recordar que el tráfico en Mandalay, de manera similar a otras ciudades asiáticas, es caótico, por lo que ir en bici no está exento de peligro.
Alquilar motocicleta: algo más caro que la bici, pero más cómodo. Suelen ser motos algo vetustas, y conducir una moto en Mandalay no es tarea fácil.
Coches privados: se pueden concertar desde el hotel, por un precio más caro que otras opciones, pero aun con todo razonable. Se pueden utilizar para visitar los alrededores de Mandalay o para algún trayecto en concreto por la ciudad.

Mandalay es grande, muy grande. Tendremos que tomar algún transporte, aunque gran parte de lo visitable se puede hacer caminando y sin prisa.

En nuestro caso lo que hicimos fue:
– La primera tarde fuimos en taxi (pedido desde el hotel) hasta Mandalay Hill para contemplar el atardecer. Ida y vuelta nos costó algo menos de 12 € (probablemente si no lo hubiéramos pedido desde el hotel el precio bajaría sustancialmente).
– Nuestra ruta por los alrededores de Mandalay fue con un coche+guía contratados desde el hotel. Unos 33€ por todo el día, precio muy razonable.
– Nuestro día completo en Mandalay tomamos un taxi hasta el Palacio Real tanto para ir como para volver, y visitamos la mayor parte de las atracciones caminando. Eran trayectos relativamente largos pero agradables; si se dispone de un día completo y apetece caminar, nos parece la mejor opción para visitar toda esa zona.

¿Qué ver en Mandalay?

Para muchos, lo fundamental es visitar los alrededores de Mandalay. Y, no en balde, Mingun, Sagaing, Innwa y el Puente U Bein son destinos realmente espectaculares y que a nosotros nos encantaron. Pero conviene saber que Mandalay ofrece un buen puñado de lugares interesantes que visitar y que pasamos a detallar:
Mandalay Hill: la ciudad toma el nombre de esta colina que se eleva 230 metros sobre los alrededores. Ofrece impresionantes vistas en todas las direcciones, destacando la ciudad de Mandalay, el Río Irawadi y algunas colinas lejanas. Se dice que el propio Buda visitó la colina y profetizó que a sus pies se construiría una gran ciudad. Si bien se puede ascender hasta casi su parte superior en coche, ascenderla caminando es la opción llevada a cabo por la mayor parte de fervorosos lugareños. En su parte superior destaca la Pagoda Su Taung Pyae. Resulta interesante visitarla al atardecer, puesto que las vistas son (aun si cabe) más hermosas. Entrada: 1000 MMK/0,6 €.

Monje tocando una campana (sí, es evidente…)

Sanda Muni Pagoda: construida en el año 1874 por orden del Rey Mindon Min, en honor a su hermano Kanaung Mintha y otros tres príncipes asesinados en la rebelión de 1866. En ella destaca la gran estupa dorada y la estatua de Buda de hierro más grande del mundo (de 18563 kg).
Kuthodaw Pagoda: quizá se trate del lugar más impresionante de toda la ciudad de Mandalay; muchos lo consideran como el libro más grande del mundo. Además de una estupa dorada de 57 metros de altura, hay 729 pequeñas kyauksa gu (losas de mármol) en las que están inscritas las páginas del Tripitaka, las escrituras del Budismo Theravada.

Sentados ante el mayor libro del mundo. Sí, así es.

Shwenandaw Monastery: probablemente, el edificio histórico más relevante. Es un ejemplo magistral de la arquitectura en madera de teca del siglo XIX. Resulta impresionante el detalle con el que está tallada.
Atumashi Monastery: fue construido en el año 1857 por el Rey Mindon. Originalmente contenía en su interior una gran imagen de Buda (de 9 metros de alto), cuya frente estaba ornamentada con grandes diamantes, los cuales fueron saqueados en la época de la anexión británica. En 1890 el edificio sufrió un terrible incendio, por lo que el actual fue reconstruido según los planos originales en el año 1996.

¿Es o no impresionante el Shwenawdan Monastery?

Mandalay Palace: el Palacio de Mandalay es, sin lugar a dudas, el recinto más grande y popular de la ciudad. Fue construido entre los años 1857 y 1859, bajo el mandato del Rey Mindon. Este gran complejo de edificios es fiel al diseño tradicional de los palacios birmanos, en que los edificios son de una planta, el palacio se halla en el centro y todo el recinto se encuentra rodeado por un foso y una muralla. Hay varios edificios relevantes, entre los que destacan los mausoleos reales, la Torre de las Reliquias, la Torre del Reloj, el Palacio de Cristal o la Gran Sala de Audiencias.

Uno de los edificios del Palacio Real.

La entrada a todos estos edificios, salvo Mandalay Hill, va incluida en el Mandalay Archeological Zone Combo Ticket, aunque ni por nuestra experiencia ni tras haber escudriñado internet nos queda del todo claro qué visitas se incluyen en dicho billete. El precio es de 10000 MMK (en torno a 6 €) y es válido por una semana. Se supone que en la entrada a cada edificio lo deben validar, aunque esto no ocurre así habitualmente.

Nuestra experiencia en Mandalay

Aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Mandalay, pasamos todos los trámites y esperamos a que se llene nuestro taxi compartido (5000 MMK por persona, unos 3,2 €) para dirigirnos a nuestro hotel, lo cual nos cuesta casi una hora en coche.
Tras una calurosa bienvenida, dejamos las mochilas en la habitación e intentamos planificar, junto con el atento conserje del hotel, nuestra visita en los próximos días. Lo tenemos claro: hoy vamos a ver el atardecer en Mandalay Hill.
Nos piden un taxi que nos lleva a lo alto de la colina, evitándonos así el tedioso ascenso por la interminable escalera. Nos descalzamos (obligatorio en todos los lugares religiosos de Myanmar) y ascendemos los últimos metros por unas escaleras metálicas, para llegar a la verdadera cima y a la pagoda. Pagamos 1000 MMK por persona (0,6 €) y accedemos al recinto.
Nos llama la atención que, aunque hay algunos turistas extranjeros, la mayor parte de los visitantes son ciudadanos de Myanmar.

Nuestra primera visita en Myanmar: Mandalay Hill.

Paseamos por el templo tranquilamente, contemplando sus detallada decoración dorada y plateada, mientras un monje golpea suavemente una campana. A pesar de que gran cantidad de gente se arremolina en las barandillas del exterior para contemplar el atardecer, el ambiente es sereno y relajante.
Nos unimos al gran grupo de visitantes para disfrutar del evento que, aunque se repita todos los días, no deja de fascinarnos: el atardecer. Y es que, ver atardecer desde Mandalay Hill, con el sol poniéndose sobre el Río Irawadi es una auténtica delicia.
Regresamos a casa en taxi y, tras una ligera cena, nos echamos a dormir.

Atardece sobre la ciudad de Mandalay.

Hemos pasado mala noche debido a los efectos del desfase horario (llamadlo jet lag, si queréis), pero afrontamos el primer día completo en Myanmar con muchas ganas. Hoy recorreremos las ciudades de Mingun, Sagaing, Innwa y el Puente U Bein, lugares históricos y culturales más que interesantes. Nuestra visita a esas ciudades la contamos en esta entrada del blog.

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Tercer día en Myanmar, en que nos disponemos a explorar la ciudad de Mandalay. Tomamos un copioso desayuno y, puntual, nos recoge un taxi en la puerta del hotel. Nos lleva algo más al norte del Palacio de Mandalay, muy cerca de algunos de los puntos más relevantes de la ciudad.
Es muy temprano y no hace demasiado que se ha hecho de día.
En primer lugar visitamos la Pagoda Sanda Muni. Nos parece sumamente fotogénica, por lo que aprovechamos para tomar mil y una fotos ahora que estamos casi solos. Su estupa dorada brilla con fuerza golpeada por los primeros rayos de luz del día.

Amanece soleado en Mandalay.
Infinitos reflejos dorados

A pocos metros de allí se encuentra la vecina Kuthodaw Pagoda, donde contemplamos la enorme cantidad de losas de mármol en que se halla escrito el Tripitaka. Comprendemos, enseguida, el porqué de “el libro más grande del mundo”, puesto que el recinto es de gran tamaño y nos lleva un buen rato recorrer sus pasillos.
Mientras paseamos y contemplamos la pagoda varias personas se acercan curiosas a saludarnos y a tomarse fotos con nosotros. Con una mezcla perfectamente equilibrada de timidez y simpatía, y entendiéndonos en un inglés bastante sencillo, posamos con algunos grupos de lugareños.

Pues aquí estamos, en la Kuthodaw Pagoda.
Quietud e introspección.
Recorriendo las hojas del libro.

De allí nos dirigimos al Monasterio Shwenawdan, donde nos piden la entrada Mandalay Archeological Zone Combo. Pagamos los 10000 MMK por persona y entramos preguntándonos si las anteriores pagodas eran gratuitas o requerían también el pago del ticket (algo que, a día de hoy, no tenemos claro tampoco).
El Monasterio Shwenawdan es una verdadera obra de arte. Construido en madera de teca, nos fascinan los infinitos detalles de sus paredes, barandillas o traveseros. Ornamentado con figuras de Buda, humanas o, simplemente, formas geométricas, no alcanzamos a imaginar la cantidad de horas de trabajo que requirió su construcción.
Visita imprescindible, aunque su interior, oscuro y austero, no resulte tan llamativo.

Sentada en esta auténtica obra de arte.
Imaginaos la de trabajo que lleva esculpir todas esas figuras.

Enfrente del Monasterio Shwenawdan destaca un gran edificio blanco con detalles dorados, y que corresponde a nuestra siguiente visita. Se trata del Monasterio Atumashi, cuyo interior guarda un diáfano espacio en el que encontramos tan solo una pequeña imagen de Buda. Pensábamos que iba a ser más por dentro, la verdad.

El Atumashi Monastery, grandioso y bonito por fuera…
… y diáfano por dentro.

Caminamos ahora hacia el sur durante un buen rato hasta alcanzar la entrada del Palacio Real de Mandalay (Mandalay Palace), en la parte este del recinto. Un impresionante foso lleno de agua y atravesado por únicamente cuatro puentes separa el palacio del resto de la ciudad.

Amplio foso, que separa la ciudad ( a la derecha) del palacio (a la izquierda).

En la entrada nos piden el DNI o pasaporte (por temas de seguridad), y se lo quedan hasta la salida. Registran nuestros datos, hora de entrada y hora de salida.
La cuestión es que gran parte del inmenso recinto es zona militar, por lo que la visita a una buena parte del mismo se halla restringida. Así, únicamente podemos entrar a la zona del palacio en sí.

Visitando uno de los edificios.

Caminamos, plácidamente bajo el sol de la mañana, entre las decenas de edificios del palacio. Imprescindible, eso sí, ascender a la torre de vigía por unas interminables escaleras en espiral, para poder gozar de una amplia vista de toda la zona. Desde allí contemplamos la magnitud del palacio, con sus grandes edificios de tejados rojos y detalles dorados. ¡Nos gusta mucho!
Disfrutamos paseando por allí algo más de una hora y media, tomando fotos por doquier.

¿Veis a Paula en la foto?
Contrastes y colores.

Pero toca regresar al hotel, por lo que el mejor modo es taxi (5000 MMK, unos 3 €).
Nos hidratamos un poco y salimos a pasear por el barrio, repleto de tiendas, restaurantes y algunos hoteles.
A pesar de que es algo tarde, comemos algo y nos dirigimos nuevamente al hotel. Tenemos que prepararnos para el autobús que nos llevará a la impresionante ciudad de Bagan. Pero eso, ya sabéis, ¡lo contaremos en la próxima entrada del blog!

¡Hasta la próxima!

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