Un día en Yangon, la gran ciudad de Myanmar

Myanmar es un país eminentemente rural; sin embargo, en su zona sur se encuentra su antigua capital, Yangon (Rangún, en castellano) que, con unos siete millones de habitantes, es su ciudad más grande y su principal centro comercial.
Pero no pensemos en la típica metrópoli del sudeste asiático de grandes rascacielos, luces multicolor, tecnología punta y una marabunta humana por doquier. En la urbe de Yangon siguen teniendo una relevancia primordial las grandes pagodas, los espacios abiertos y un buen número de edificios de época colonial.
Si bien no es una ciudad con famosa por sus atractivos turísticos, creemos que sí merece la pena emplear un día completo (al menos) para recorrerla, y que no defrauda. Hoy te presentamos la ciudad de Yangon. ¿Nos acompañas a conocerla?

Impresionante imagen en la Shwedagon pagoda.

Introducción y un poco de historia

Aunque la ciudad de Yangon fue fundada allá por el siglo XI, no fue hasta mediados del siglo XIX, durante la época colonial británica, en que la ciudad comenzó a adquirir importancia a nivel comercial y político. Así, en el año 1885 pasó a ser la capital de la Myanmar bajo dominio británico, aumentando notablemente su población y su dotación de hospitales, universidades, parques y edificios modernos para la época.
Tras la primera guerra mundial Yangon fue el epicentro del movimiento por la independencia de Myanmar, y fue la capital del país ya independiente en el año 1948. En el año 1989 la junta militar gobernante cambió el nombre de la ciudad al actual Yangon (el nombre británico era Rangoon).

Escenas cotidianas.

En el año 2005 el gobierno militar trasladó la capital administrativa del país a la ciudad de Naypyidaw; no obstante, Yangon sigue siendo el motor económico y comercial del país.
Se trata de la única ciudad en Myanmar con apariencia de gran urbe; aunque basta con pasear un poco por sus calles para reparar en que conserva plenamente su esencia colonial, su diversidad étnica y su respeto por las tradiciones y la religión budista.
En Yangon se puede encontrar una gran variedad de museos, galerías de arte y mercados, así como todo tipo de restaurantes influenciados por la gastronomía de los países colindantes.
Se trata de una de las ciudades más seguras de todo Asia, aunque el mal estado de conservación de muchas de sus calles, los relativamente frecuentes problemas con el abastecimiento de electricidad y las incontables ratas y cucarachas (¡damos fe!) que corren por sus calles hacen que, en un primer momento, resulte una ciudad algo áspera y difícil. Sin embargo, se trata de una ciudad vibrante que representa la vanguardia de Myanmar, y que ofrece un buen puñado de atractivos al viajero. Por ello, pensamos que una visita a Yangon de uno, o incluso dos días, puede ser más que adecuado en cualquier ruta por Myanmar.

Paseando por una calle no turística de Yangon. Auténtico caos de cables.

¿Cómo llegar a Yangon?

Al ser la ciudad más grande de Myanmar, existen numerosos medios de transporte con los que llegar a la ciudad. Además, el Aeropuerto internacional de Yangon, situado a 15 km al norte de Yangon, es el punto de entrada a Myanmar para muchos turistas.
Así, para llegar a Yangon, podemos utilizar:
Avión: el Aeropuerto internacional de Yangon, recientemente remodelado, soporta un tráfico de más de 6 millones de pasajeros al año. Sus principales conexiones son con otras ciudades del sudeste asiático y con la ciudad de Mandalay. Los vuelos desde Europa suelen hacer escala en países de Oriente Medio o bien en Bangkok. Para llegar desde el aeropuerto al centro de la ciudad lo más recomendable es el taxi (8000 MMK/5,2 euros) o bien un autobús (500 MMK/0,3 euros) que hace paradas en la estación central de trenes de Yangon y en las proximidades de la Sule Pagoda.

Los autobuses del aeropuerto nos dejan cerca de la Sule Pagoda, donde encontrar imágenes típicas como esta.

Autobús: aunque el autobús nos parece la manera ideal de moverse por Myanmar, hay que recordar que las estaciones de autobús de Yangon se encuentran muy alejadas del centro; por ello, es necesario tomar un taxi que desde allí nos lleve al hotel (puede costar sobre 10000 MMK/6€). La estación de autobús de Yangon se encuentra en lo alto de la lista de lugares más caóticos que hemos visitado; hay muchísima gente, ningún signo en inglés y son pocos los lugareños que hablan ese idioma. Recomendamos, tal como hicimos nosotros, preguntar enseguida por un taxi y negociar con el taxista (quien, con suerte, hablará algo de inglés).
Tren: la estación central de tren de Yangon se encuentra muy cerca del centro de la ciudad. Aunque está mejor habilitada que las estaciones de autobús, el tren no nos parece la mejor manera de moverse por Myanmar.
Barco: se puede llegar en barco a Yangon desde algunas localidades próximas, aunque es un medio de transporte más lento que el autobús.

Escenas de Yangon.

Nosotros recomendamos el autobús (barato, rápido y cómodo en Myanmar), aunque sabiendo que las estaciones de autobús son un caos y hay que armarse de paciencia a la llegada e intentar negociar un taxi al centro de la ciudad.

¿Cómo moverse por Yangon?

A pesar de ser una ciudad de tamaño descomunal, los principales puntos de interés de Yangon no se hallan extremadamente lejos, por lo que combinar el transporte público con agradables paseos es la mejor manera de ver la ciudad.
El transporte público en Yangon puede resultar bastante confuso para los viajeros, puesto que en muchas ocasiones el texto está escrito únicamente en alfabeto birmano, lo que hará imposible su inteligibilidad. Los principales medios de transporte son:
Taxi: dado que el precio del taxi en Yangon es relativamente barato (entre 1500 y 3000 MMK por trayecto, 1 o 2 euros), son muchos quienes optan por este medio de locomoción. Rápido y cómodo, en ocasiones puede retrasarse por el tráfico en determinadas zonas de la ciudad.
Autobús: en Yangon una gran parte de los autobuses son antiguos; sin embargo, la flota se está renovando y los más nuevos tienen aire acondicionado y los textos y números escritos en alfabeto romano (por lo cual podremos entenderlo). A pesar de ello, resulta complejo aclararse con la gran cantidad de rutas que surcan el mapa de Yangon. La mejor opción es preguntar a algún lugareño, que seguro que nos responde amablemente. El precio es muy barato (200 MMK/0,13 euros por trayecto), y puede ser una excelente opción para quien busque una experiencia más auténtica y local. Nosotros lo probamos en una ocasión y nos parece más que recomendable.

El autobús urbano, sobre todo si tomamos uno de los nuevos, es una manera barata y cómoda de moverse por Yangon.

Bicicleta: a pesar de que hasta hace poco algunas zonas de la ciudad estaban prohibidas a las bicicletas, poco a poco van floreciendo negocios de alquiler de bicis. El tráfico es caótico por lo que, de optar por esta opción, hay que extremar las precauciones.
Tren: existe un tren circular de 46 kilómetros que parte de la estación central de tren y recorre todas las periferias de Yangon. Es muy utilizado por los lugareños y también por algunos turistas para dar la vuelta completa y vivir una experiencia 100% local, recorriendo los suburbios de la ciudad y algunas zonas más rurales. El precio es de 200 MMK (0,13 euros) y la vuelta entera cuesta unas tres horas. Es recomendable tomar el tren en la estación central, donde hay más información y gente que hable inglés; en otras paradas, por experiencia, resulta todo mucho más complicado (aunque la gente ayuda muchísimo al viajero).

Yangon no es una ciudad para bicicletas.

En nuestro caso lo que hicimos fue visitar caminando las zonas más próximas al alojamiento (Sule Pagoda, Mercado Bogyoke Aung San), tomar un autobús hasta el destino más alejado (Chauk Htat Kyi Pagoda) y regresamos paseando con calma para visitar el resto de lugares de interés.

¿Dónde alojarse en Yangon?

Aunque realmente los hoteles y albergues están repartidos por toda la ciudad, desde el punto de vista práctico podríamos distinguir tres zonas diferentes con alojamientos algo distintos:
Alrededores de la Shwedagon Pagoda: predominan los alojamientos de gama alta, con hoteles de cuatro y cinco estrellas y hoteles boutique. Alojarse cerca de la gran joya de Yangon tiene su precio.
Alrededores de Sule Pagoda: quizá es donde se puedan encontrar más alojamientos con un amplio rango de precio y calidades. Son calles con múltiples restaurantes y bastante ambiente; es fácil encontrar una opción adecuada a cualquiera por aquí.
Chinatown: en sus calles predominan los albergues y hostels de precios más económicos, ideales para viajeros con presupuesto menos elevado.

Aunque de noche cuesta un poco encontrarlo y tiene una entrada pelín tétrica, lo cierto es que nuestro alojamiento en Yangon no estaba nada mal.

En nuestro caso nos alojamos en el Backpacker’s Bed & Breakfast, situado a apenas unos 250 metros de la Sule Pagoda. Aunque la entrada al edificio era un tanto siniestra, nos pareció una opción muy buena y perfectamente situada.

¿Qué ver en Yangon?

Yangon, como antigua capital y centro comercial y ciudad vanguardista de Myanmar, esconde un cuantioso número de puntos de interés. Edificios religiosos, arquitectura colonial, parques, museos… ¡hay bastante que ver!
Shwedagon paya: situada en lo alto de la colina Singuttara, un poco al norte del centro de la ciudad, la Shwedagon pagoda es la más grande de todo Myanmar, con 99 metros de altura. Según cuenta la leyenda tiene 2500 años de antigüedad, aunque los estudios científicos datan su construcción entre los siglos VI y X; sin embargo, la construcción original era más pequeña y alcanzó su tamaño actual en unas obras del siglo XV. Fue dañada en varios terremotos, y posteriormente reconstruida. La Shwedagon está recubierta de una cantidad incalculable de láminas de oro, mientras que su corona superior está decorada con 5448 diamantes y 2317 rubíes. Se trata del lugar más sagrado de todo Myanmar, y en el enorme recinto religioso de la pagoda hay, además de un trozo de tela y ocho cabellos de Buda, numerosos templos. Los lugareños deben rodear la pagoda en el sentido de las agujas del reloj, y comprar flores, velas, banderas o comida para hacer ofrendas en el recinto religioso. La entrada, para turistas, es de 10000 MMK (6€).

La Shwedagon pagoda es la gran joya de Yangon.

Sule paya: resulta imposible conocer la antigüedad de esta pagoda, pero parece probable que sea más antigua que la Shwedagon y hay quien estima su construcción hace unos 2600 años. Actualmente se encuentra en medio de una gran rotonda (sí, cosas del urbanismo…) en pleno centro de la ciudad. Resulta una visita imprescindible (entrada 3000 MMK/1,8 euros), puesto que además es un lugar importantísimo en la historia de Yangon y Myanmar. No en vano, fue el punto donde comenzaron las revueltas de 1988 y las protestas del 2007.
Chauk Htat Gyi paya: de más reciente construcción (1899) destaca por la enorme imagen de un Buda tumbado de su interior, con más de 65 metros de longitud.
Ngar Htat Gyi paya: en su interior se puede contemplar un Buda sentado de 14 metros de altura.
Botahtaung paya: otra de las grandes pagodas de Yangon, con casi 40 metros de altura, situada próxima al río. Antiquísima, en su interior se puede observar una reliquia de Buda.
Maha Wizaya paya: situada a apenas un centenar de metros al sur de la Shwedagon paya, es de reciente construcción (1980) pero bastante bonita.

En todas las pagodas de Yangon hay incontables figuras e imagenes de Buda, todas ellas muy coloridas y luminosas.

Downtown (centro de la ciudad): merece la pena pasear por esta zona y disfrutar de la arquitectura colonial y de algunos de sus edificios más importantes (ayuntamiento, la oficina de telégrafos, el Secretariat…).
Lago Kandawgyi y Parque General Aung San: en medio de la ciudad se encuentra este gran lago rodeado por un tranquilo parque donde pasear y hallar un pequeño reducto de naturaleza en plena jungla de asfalto.
Museos: aunque en la ciudad de Yangon existen múltiples museos y galerías de arte, el más destacable es el Museo Nacional, una magnífica muestra de arte, historia y cultura.
Bogyoke Aung San market: un laberíntico mercado que abre a diario, de diez de la mañana a cinco de la tarde, donde encontrar todo tipo de recuerdos de la visita a Yangon, así como comida, ropa, joyas y antigüedades. Quizá un poco (o bastante) turístico, aunque guarda bastante autenticidad. Junto a él podemos encontrar un enorme y moderno centro comercial; merece la pena pasear un rato por su interior, puesto que hace parecer que nos hemos trasladado a otro lugar completamente distinto. Si se busca un mercado mucho más original y nada turístico se puede ir al Theingyi Market, situado no demasiado lejos de allí.
Tren circular: por apenas 200 MMK (0,13€) podemos comprar un billete de tren que nos llevará en un interesante paseo de algo más de tres horas por las periferias y suburbios de la ciudad de Yangon, donde contemplar la versión menos turística y más auténtica de esta gran urbe.

El Parque General Aung San y el Lago Kandawgyi son un pulmón verde en pleno centro de Yangon.

Nuestra experiencia en Yangon

Dejamos atrás la visita a Golden Rock y, tras un trayecto en autobús de unas cuatro horas, llegamos a las afueras de Yangon, en medio de un atasco interminable. Cuando, por fin, paramos en la estación de autobús, recién caída la noche, nos vemos sumidos en un caos absoluto. Centenares de furgonetas, autobuses y minibuses intentan maniobrar entre miles de personas, taxis y coches particulares; suenan cláxones y un alboroto generalizado mientras descargamos nuestras mochilas.
– ¡J**er! ¿Y ahora qué hacemos? – exclamamos los dos a la vez.
Preguntar siempre es una buena opción, así que nos acercamos a un joven que también ha bajado del autobús. Nos recomienda que no le demos más vueltas y nos acerquemos al primer taxi que veamos; en medio del caos es la mejor solución.
Así, montamos en un taxi (11000 MMK, aunque podríamos haber regateado más) y nos dirigimos a nuestro alojamiento.
El Backpacker’s Bed & Breakfast sale claramente marcado en nuestra aplicación del móvil, pero no se encuentra justo donde dice nuestra pantalla, sino unos metros más hacia el sur. Un pequeño cartel, junto a unas escaleras algo siniestras, indica la entrada al alojamiento. Vemos alguna rata de tamaño medio-grande corretear bajo los coches aparcados enfrente. ¡Qué poco agradable el recibimiento de Yangon!

Por fin llegamos al alojamiento, muy agradable y con una terraza con vistas estupendas.

Subimos en el ascensor y dejamos las mochilas en el alojamiento que, dicho sea de paso, está muy bien y nos parece bastante acogedor. Parece que empezamos a ver las cosas ya de otro color…
Salimos a cenar a un restaurante nepalí cercano y, tras escribir el diario mientras tomamos un té en el hotel, nos vamos a dormir.

Nos levantamos bastante temprano y desayunamos, abundante, en el hotel. Enseguida salimos a recorrer la ciudad.
La primera parada es, cómo no, la Sule Pagoda, a apenas unos 200 metros de nuestro alojamiento. Pagamos los 3000 MMK (1,8€) de entrada y comenzamos la visita a la antiquísima pagoda. Una vez dentro varios jóvenes se acercan a preguntarnos si queremos visita guiada; por lo que parece no es precio fijo, sino que la visita se realiza a cambio de una propina.
La pagoda, aunque es bastante bonita, tampoco nos llama demasiado la atención. Cabe destacar, sin embargo, el curioso barco “volador” en que los fieles depositan sus peticiones y agradecimientos, y que asciende por un cable a lo más alto de la pagoda.

Sule Pagoda: antiquísimo templo en Yangon.
Curioso barco donde los fieles colocan sus peticiones.

Salimos de nuevo a la calle, a una avenida principal, desde donde parten numerosas líneas de autobús. Preguntamos a un chico joven y nos indica que el autobús que buscamos es el número 12 (no nos cuesta mucho encontrar la parada y enseguida llega dicho autobús).
Pagamos los 200 MMK (0,13 euros) por persona y montamos en un autobús moderno y con aire acondicionado.
En un trayecto de unos 40 minutos, lento por el tráfico, nos lleva a la pagoda Chauk Htat Gyi. Accedemos a su interior a través de un largo pasillo repleto de puestecillos donde venden flores y otras ofrendas y, una vez dentro, contemplamos el gigantesco Buda tumbado que allí se encuentra. Por desgracia para nosotros, están pintándola y la colosal estatua se encuentra recubierta en su totalidad por andamios. ¡Qué lástima!

La impresionante estatua se halla recubierta de andamios. A pesar de ello, resulta fascinante.
¡Vaya pies más grandes!

Desde allí nos dirigimos, caminando, a la cercana Ngar Htat Gyi pagoda. Además del grandioso Buda sentado, nos llaman la atención las numerosas ofrendas de billetes en forma de abanicos que hay colgados por todas partes.

Bonitas luces en la foto.
Ofrendas en forma de abanico.

Salimos de la pagoda y caminamos en dirección sur, primero por una zona de monasterios en las que vemos algunos monjes y después por una zona más señorial, donde se concentran numerosas embajadas. Las calles, en suave descenso, desembocan en la parte norte del Parque General Aung San y el Lago Kandawgyi.
Paseamos un rato por esta agradable zona verde con vistas, a lo lejos, de la Shwedagon pagoda. Aunque el parque también se encuentra medio en obras, merece la pena descansar un rato bajo la sombra de los árboles.

Rozando los cien metros de altura, la Shwedagon pagoda se ve desde lejos.

Nos dirigimos ahora hacia la Shwedagon paya, aunque entramos primero a la pagoda Kyay Thone, poco conocida, pero con una colorida y bonita entrada.

Esta pequeña pagoda es poco conocida pero bastante bonita y colorida.

Ahora sí, nos toca visitar la gran joya de Yangon. Accedemos a la Shwedagon pagoda por su puerta este, remontando las escaleras del pasillo de entrada. Pagamos los 10000 MMK (unos 6 euros) de entrada, nos dan un pequeño mapa del recinto y comenzamos la visita.

Escaleras de acceso al recinto.

Aunque el día ha salido algo nublado, el suelo blanco y la gran estupa dorada reflejan con fuerza los escasos rayos de sol que les acarician. La pagoda es una auténtica eclosión de colores, brillos y detalles. En cualquier pequeño rincón hay un templo de escasas dimensiones, pero decoración profusa, con detalles cuidados y sublimes.
Recorremos el recinto con calma, disfrutando, intentando captar la esencia más fiel de lo vivido. En total dedicamos una hora y media a la visita.

Descubriendo la Shwedagon pagoda.
Pasear por este enorme recinto es súper agradable y bonito.
Otra zona de la Shwedagon pagoda.

Salimos por la puerta sur de la Shwedagon paya para, enseguida, entrar a la Maha Wizaya, de gran tamaño y con una impresionante estupa dorada. Es de reciente construcción, pero su interior nos parece de lo más curioso, con una bóveda en la que se representan las constelaciones.

Brillante por fuera…
… curiosa por dentro.

Caminamos dirección sur, hasta llegar a la Holy Trinity Church. Se trata de una iglesia anglicana del siglo XIX en cuyo interior un coro ameniza la visita con sus canciones. Aunque no es nada del otro mundo, nos llama la atención esa gran iglesia en el corazón de Yangon.
Muy cerca de allí se encuentra el Bogyoke Aung San Market, uno de los clásicos mercados de la ciudad, quizá el más turístico. No obstante, y aunque vemos muchos turistas, la mayor parte de quienes recorren sus pasillos y hacen compras son locales, puesto que allí se puede comprar, literalmente, de todo.
Al lado de dicho mercado hay un gran centro comercial que contrasta radicalmente con los ajetreados y estrechos pasillos del primero. En este último parece que nos hayamos transportado a otra ciudad; los pasillos amplios, la potente iluminación y la tecnología punta son otro mundo totalmente distinto.
Toca regresar al hotel, caminando, por un barrio eminentemente comercial.

El mercado Bogyoke Aung San es una auténtica eclosión de colores.

Escribimos el diario, buena ducha y salimos a cenar con un par de amigos con los que, casualmente, hemos coincido en la otra punta del mundo. Deliciosa cena en el restaurante Shan Kitchen (¡recomendadísimo!) con una muy agradable compañía.

¡Cuánto nos gustaría volver a probar esos deliciosos platos!

Última noche en Yangon y última noche en Myanmar. Ha sido un país increíble, en el que hemos vivido experiencias memorables y que siempre recordaremos.
Mañana tocará el siempre triste momento de ir al aeropuerto para emprender, en avión, el viaje de vuelta. Aunque, en esta ocasión, iremos al aeropuerto de una manera especial y algo aventurera. Pero eso preferimos contarlo en la próxima entrada del blog. ¡No te la pierdas!

¡Hasta siempre, Yangon!

4 comentarios

    1. Conbotasymochila

      ¡Gracias! Jo, pues es que pensamos que se nota que nos encantó Myanmar, ¿no?
      Para nosotros es uno de los viajes TOP, sin dudarlo.
      Ah, y ¡sí!. Cuando todo esto pase, no dudes en pensar en Myanmar…
      ¡Un besico!

    1. Conbotasymochila

      Sí, muchas veces a las grandes ciudades no se les da la importancia que tienen. Y Yangon, aunque quizá no es una ciudad tan relevante, merece la pena visitarla.

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