Tres días en las Cataratas Victoria: el maravilloso estruendo de África

Se escucha un rugido atronador en pleno corazón de África. El Río Zambeze, frontera natural entre Zimbabue y Zambia, cae al abismo en las Cataratas Victoria, generando un estruendo que se escucha en varios kilómetros a la redonda. No en vano, en el idioma local las cataratas se conocen como Mosi-oa-Tunya, que se podría traducir como «el humo que truena». Fue en el año 1885 cuando el explorador y misionero escocés David Livingstone las visitó por primera vez, dándoles el nombre de la, por entonces, monarca británica.
En la actualidad las Cataratas Victoria son una de las grandes atracciones turísticas de todo África, resultando una visita soñada e inolvidable para muchos. ¿Nos acompañáis a conocerlas?

Hipopótamos en el Río Zambeze, con las luces del atardecer.

Algunos datos sobre las Cataratas Victoria

Hace unos 150 millones de años se produjo una intensa actividad volcánica en Gondwana, uno de los bloques continentales resultantes de la división de Pangea. Fruto de dicha actividad volcánica se creó una vasta extensión de capas de lava de roca basáltica de hasta 300 metros de grosor que, al enfriarse y solidificarse, se contrajo y se agrietó. Esta región fue cubierta por depósitos provenientes del sistema del Karoo y, posteriormente, del sistema del Kalahari, preservándose así inalterada a lo largo de millones de años.
Sin embargo, esta estabilidad geológica se vio alterada hace unos 5 – 15 millones de años, en que el área que ahora ocupa Botsuana se elevó. Esto supuso que el Río Zambeze de la época se desviara, formándose un gran lago. Dicho lago acabó rebosando y sus aguas encauzadas por un nuevo lecho arrastraron todos los sedimentos que protegían la roca basáltica. Con el paso del tiempo, esa propia roca basáltica fue rompiéndose por la acción del caudal de agua, desmembrándose y creando fabulosas cataratas.

El profundo cañón donde hace miles de años se encontraban las cascadas. Ahora se pueden intuir en la parte superior izquierda de la imagen.

La persistente acción del Río Zambeze ha ido formando, progresivamente, numerosas cascadas en las antiguas grietas creadas por la lava, hasta llegar a las actuales Cataratas Victoria.
A pesar de no tratarse de la cascada más ancha, más alta ni la más caudalosa, habitualmente se considera a las Cataratas Victoria como las más grandes del mundo. Sus dimensiones, de 1708 metros de ancho y hasta 108 metros de alto sólo pueden ser comparadas con las de Iguazú.
El caudal del Río Zambeze en este punto es impresionante, aunque presenta una amplia variedad estacional. La época de mayor caudal comprende los meses de febrero-marzo a junio-julio, en que se pueden superar los 3000 o 4000 m3 por segundo. Sí, habéis leído bien, unos 3 o 4 millones de litros por segundo, lo que vendría a ser el agua de dos piscinas olímpicas…¡cada segundo! Y, si eso os parece mucho, se calcula que el mayor caudal jamás registrado en las cataratas fue de más de 12000 m3 por segundo. ¡Increíble!

Literalmente millones de litros por segundo.

En cambio, durante los meses de septiembre a diciembre el caudal disminuye unas diez veces (en torno a 300 m3 por segundo), por lo que las cataratas no muestran su mejor cara.
Si os preguntáis, entonces, cuándo es mejor visitar las Cataratas Victoria, continuad leyendo.

¿Cuándo visitar las Cataratas Victoria?

Realmente, casi cualquier época del año es buena para visitar las cataratas aunque, en función de las actividades que tengamos pensado realizar en la zona, es mejor elegir unos meses u otros. Hay que tener en cuenta que, además de ver las cataratas desde los miradores, también podemos hacer rafting en el Río Zambeze, bañarnos en la espectacular «Devil’s pool», hacer safaris por los alrededores, etc… Además, el clima (cálido y húmedo, tormentas, soleado y seco…) también puede condicionar nuestra manera de plantear el viaje.

Espectacular atardecer en el Río Zambeze.

En general, las actividades que impliquen estar en el agua son mejores cuando el caudal es menor; para obtener las más espectaculares imágenes hay que visitarlas cuando el caudal es mayor.
Veámoslo por estaciones:
Otoño (mayo-junio): es la temporada alta, en todos los sentidos. Coincide con el mayor caudal de agua, lo que genera una enorme cortina de agua pulverizada sobre las cascadas, que puede alcanzar los 400 metros de altura. A pesar de que las cascadas muestran su mayor esplendor, tanta agua implica que vamos a acabar empapados al caminar por los miradores (imprescindible chubasquero y protección para la cámara de fotos); por otro lado, tampoco podremos ver el fondo del cañón por el propio spray que genera la catarata. Es una época muy buena para realizar safaris por los parques nacionales próximos, teniendo además un clima cálido y húmedo pero sin tormentas. También es una época ideal para poder contemplar el curioso arco iris lunar, que surge sobre las cataratas en los días claros con luna llena. Asimismo, es la temporada ideal para los vuelos en helicóptero sobre las cataratas, que muestran su mejor cara. Sin embargo, dado el gran caudal de estas fechas, olvídate de hacer rafting, bañarte en la Devil’s pool, visitar la Isla Livingstone o descender por algún sendero del lado de Zambia hasta la base de las cataratas.

Cuando el caudal de las cascadas es mayor, resulta imposible no acabar empapados.

Invierno (julio-agosto): temperaturas más moderadas y días soleados y secos. El caudal del Río Zambeze disminuye progresivamente, aunque suele ser también bastante decente. Menos agua pulverizada, por lo que las posibilidades de acabar empapados son menores. También resulta muy buena época para hacer safaris. A finales de agosto el caudal suele bajar lo suficiente como para permitir hacer rafting, visitar la Isla Livingstone e, incluso, la Devil’s pool.

Los meses de julio y agosto son buenos para hacer safaris,

– Verano (noviembre-abril): temperaturas cálidas y meses lluviosos (sobre todo de diciembre a febrero), con frecuentes tormentas vespertinas. Durante los meses de diciembre y enero el caudal del río suele ser bajo, lo que permite visitar la Isla Livingstone o la Devil’s pool; posteriormente el caudal va aumentando hasta alcanzar su pico anual en torno al mes de abril. Es entonces cuando las Cataratas Victoria muestran su cara más espectacular, con un ruido atronador y una enorme cortina de agua pulverizada que se puede ver desde varios kilómetros a la redonda (imprescindible chubasquero). Por el contrario, no es la mejor temporada para los safaris, aunque regala espectaculares atardeceres y un territorio más verde de lo habitual.

El caudal en las cataratas es máximo en torno al mes de abril. A finales de mayo, como podéis comprobar, tampoco está nada mal.

Primavera (septiembre-octubre): sin duda, la peor época para contemplar las Cataratas Victoria. Es la época del año con menor caudal, por lo que la parte de la catarata en territorio de Zambia puede encontrarse prácticamente seca. Sin embargo, esto permite ver con facilidad el fondo de la gran caída de agua (en otras épocas resulta imposible debido al agua pulverizada), y es perfecta para visitar la Isla Livingstone y la Devil’s pool. Temperaturas cálidas y días secos y soleados; resulta la mejor época para los safaris, puesto que la escasez de agua hace que los animales se agolpen en torno a los ríos y charcas de los parques.

Los meses de septiembre y octubre son, probablemente, la mejor época del año para hacer safaris.

¿Cómo llegar a las Cataratas Victoria?

Antes de comenzar conviene aclarar que existen dos ciudades desde las cuales visitar las célebres cascadas. La mayor parte de quienes visitan las Cataratas Victoria lo hacen desde el lado de Zimbabue, tomando como campo base la ciudad de Victoria Falls. Este asentamiento, cuyo origen data de inicios del siglo XX, tiene en la actualidad algo más de 30000 habitantes y dispone de todas las facilidades para el turista. Tiene buena comunicación por tren y carretera con otras ciudades importantes como Hwange y Bulawayo, así como un aeropuerto internacional con vuelos internacionales a grandes capitales africanas, como Johanesburgo, Windhoek, Nairobi, Ciudad del Cabo o Addis Abeba. También existen algunos vuelos regionales a otras ciudades de Zimbabue, incluida su capital.
La opción más habitual es llegar en avión hasta el aeropuerto de Victoria Falls; allí resulta sencillo tomar un taxi hasta la propia ciudad (30 $). *Sí, se paga en dólares estadounidenses.
Es importante destacar que hay que pagar un visado al entrar a Zimbabue (30 $ el de una entrada; 45 $ el de dos entradas). Si, como fue nuestro caso, se desea realizar un safari en el cercano Parque del Chobe (en Botsuana), es imprescindible pagar el visado de doble entrada (que nos permite entrar a Zimbabue nada más aterrizar y luego volver a entrar al regresar del safari).

Victoria Falls (Zimbabue) y Livingstone (Zambia) están bien conectados por tren.

Alojarse en Victoria Falls es la opción favorita de los visitantes, puesto que se trata de una ciudad muy orientada al turismo y con las mejores vistas de las cataratas, a las cuales se puede acceder caminando tranquilamente desde el centro de la ciudad.
Otra opción, aunque menos frecuente, es visitar las cataratas desde de Zambia, la ciudad más cercana es Livingstone. Esta urbe de más de 130000 habitantes también presenta buena conexión con el resto del país, incluyendo un aeropuerto que oferta vuelos domésticos y alguno internacional (Johanesburgo).
Quienes optan por visitar las Cataratas Victoria desde Zambia tienen la posibilidad de acercarse más al salto de agua, visitar la Isla Livingstone o la Devil’s pool (si el caudal lo permite), o hacer un safari por el cercano Parque Nacional Mosi-oa-Tunya. Sin embargo, Livingstone es mucho más comercial y menos orientada al turismo que su vecina Victoria Falls.

Llegando al paso fronterizo entre Zimbabue y Zambia.

¿Qué hacer en las Cataratas Victoria?

Además de contemplar el majestuoso e impresionante salto de agua desde los numerosos miradores que hay tanto en el lado de Zimbabue como en el de Zambia, existen diversas opciones para disfrutar de nuestra estancia en las Cataratas Victoria y sus alrededores. Como podéis comprobar, las actividades de aventura se focalizan más en la parte de Zambia, mientras que las de Zimbabue son más accesibles a todo el mundo pero igualmente espectaculares.
No resulta complicado, negociando con agencias locales, realizar salidas de un día para actividades al otro lado de la frontera.
Consideramos que para disfrutar de todo lo que nos ofrece este rincón de África son necesarios, al menos, tres días.

Ahí detrás, tras toda esa agua pulverizada, se encuentran las cataratas.

Algunas de las atracciones más populares son:
Visitar el Parque Nacional de las Cataratas Victoria (Zimbabue): se puede acceder caminando (unos 10-15 minutos) desde el centro de Victoria Falls. La entrada cuesta 30$ (no permite entrar y salir el mismo día). Abre desde las 06:00 o 06:30 hasta las 18:00 horas; se puede realizar el tour nocturno entre las 19:00 y las 22:00 horas (40$). Aunque existen visitas guiadas, resulta sencillo realizar el recorrido por libre. El camino, que transcurre paralelo a las cataratas, tiene 16 miradores diferentes; algunos de ellos tienen barreras de protección y otros no (¡precaución!). Conviene saber que en la época de mayor caudal el agua pulverizada es como una lluvia intensa que moja gran parte de los miradores, por lo que resulta conveniente llevar impermeable y, sobre todo, proteger la cámara de fotos. En las primeras horas del día esta cortina de agua es mayor, por lo que impide ver el fondo de las cataratas; cuando el sol está más alto se aprecia mejor la magnitud del salto de agua. Para contemplar el atardecer, el punto ideal son los miradores situados más al este, lejos de la entrada. Si queremos disfrutar de un espectacular arco iris, conviene visitar los primeros miradores (junto a la estatua de Livingstone) tras el mediodía, para dejar el sol a nuestra espalda.

Evidentemente, ver las cataratas es lo principal en las Cataratas Victoria.

Visitar las cataratas desde Zambia: la entrada son 20$, permitiéndose el acceso desde las 06:00 a las 18:00 horas. Existen varios caminos que llevan a los diversos miradores, incluyendo un sendero que desciende por el cañón hasta el Boiling Pot, en la misma orilla del Río Zambeze. La vista de las Cataratas Victoria desde Zambia es especialmente bonita al atardecer, cuando el sol brilla tras el fabuloso salto de agua. Sin embargo, en los meses de septiembre a noviembre-diciembre, debido al menor caudal, la zona de las cataratas más próxima a los miradores de Zambia puede estar completamente seca.

Ahí, al otro lado del puente, ya comienza Zambia. Desde allí las vistas de las cataratas son distintas, y quizá no tan espectaculares.

Crucero al atardecer por el Río Zambeze: una actividad relajante y placentera, que permite disfrutar de unos atardeceres inolvidables y contemplar la fauna de la región (aves, cocodrilos, hipopótamos…). Muchos de estos cruceros ofrecen merienda-cena e incluso barra libre de bebidas. En nuestro caso nos costó 50$; precio algo elevado pero, no obstante, recomendamos la experiencia al 100%.
Paseos en helicóptero: aunque tienen un precio elevado, ofrecen una panorámica espectacular de las cataratas. Especialmente vistosas en la época de mayor caudal.

Atardeceres de leyenda.

Visitar el Parque Nacional del Chobe: se encuentra en Botsuana, a unos 100 kilómetros de Victoria Falls. En él podemos contemplar a los famosos Big Five, destacando una enorme cantidad de elefantes. Se pueden hacer visitas de un día completo partiendo tanto desde Victoria Falls como desde Livingstone, a partir de unos 170$ por persona (incluyendo comida; no incluido el visado para volver a entrar a Zimbabue). Nosotros cogimos un tour de un día, que incluía paseo en barco por la mañana y, tras la comida, safari en un jeep. La concentración de fauna (y, sobre todo de elefantes) es espectacular. Recomendadísimo.

Si queremos ver elefantes el Parque Nacional del Chobe es uno de los mejores lugares del mundo.

Puenting desde el puente sobre el Río Zambeze (Zambia): imaginaos la liberación de adrenalina al saltar desde 111 metros de altura sobre los rápidos del río. Sólo apto para los más intrépidos, una experiencia difícil de olvidar.
Rafting (Zambia): otra de las actividades de aventura a realizar en el Río Zambeze durante la temporada de menor caudal (a partir de agosto hasta diciembre, aproximadamente).
Visitar la Isla Livingstone y la Devil’s pool (Zambia): en los meses de agosto a diciembre, coincidiendo con el caudal bajo del río. Partiendo del Hotel Livingstone se toma un barco hasta la Isla Livingstone, desde donde el famoso explorador contempló por primera vez las cataratas. Tras una visita guiada por la isla, los más osados pueden bañarse justo en el borde del salto de agua, el cual se precipita vertiginosamente hasta 100 metros más abajo. Cuesta en torno a los 100 $; mucha precaución y desaconsejado en época de mayor caudal.

Desde aquí arriba, nada más y nada menos, salta la gente que hace puenting. Da un poco de miedito, ¿verdad?

Nuestra experiencia en las Cataratas Victoria

Dejamos atrás nuestro inolvidable viaje a Namibia, un árido país que nos ha fascinado con su fauna y sus paisajes irreales. Un vuelo de poco más de una hora nos lleva desde Windhoek, su capital, hasta la ciudad zimbabuense de Victoria Falls.
Una vez en el aeropuerto rellenamos el papel de inmigración y pagamos el visado de dos entradas (45 $), puesto que queremos salir un día a visitar el Parque Nacional del Chobe, en Botsuana. Una vez pasado el control de pasaportes salimos del aeropuerto y tomamos un taxi contratado previamente con el hotel (lo cual sale ligeramente más barato que contratarlo in situ: 30$).
El trayecto desde el aeropuerto a la ciudad son unos 25 minutos, en los que vemos cómo muchos trabajadores del campo regresan a sus casas en abarrotadas furgonetas, algunos venden fruta en pequeños puestos junto a la carretera y otros simplemente se sientan en grupo a conversar.
Llegamos al hotel, dejamos las mochilas y descansamos un rato. Toca salir a dar una vuelta para cenar, por lo que debemos elegir entre los numerosos restaurantes de la ciudad. Por la calle nos cruzamos con dos facóqueros, por lo que conviene prestar atención (no es raro que otros animales, incluso elefantes, hagan incursiones por la ciudad o sus afueras).

No, este no es de verdad, pero por Victoria Falls podemos cruzarnos con algún animal salvaje.


Nos despertamos relativamente temprano y desayunamos con calma en nuestro alojamiento. Precisamente aquí se encuentra una oficina de la agencia Wild Horizons, que gestiona diversas actividades en Victoria Falls y alrededores. El día anterior habíamos ojeado precios en otras oficinas, y comprobamos que son muy similares aquí, por lo que reservamos un crucero al atardecer para la tarde (50$ por persona) y una visita al Parque Nacional del Chobe para el día siguiente (175$ por persona). Con el plan para nuestra estancia en Victoria Falls ya resuelto, salimos a caminar hacia el centro de la ciudad.
Nos han dicho que madrugar mucho no es lo ideal en esta época del año porque las vistas de las cataratas no son tan buenas muy temprano, por lo que paseamos con calma hasta la entrada del parque. Son en torno a las diez de la mañana y el sol comienza a golpear con fuerza.

Pues aquí estamos, en la entrada del parque.

Pagamos los 30 $ por la entrada (se puede pagar también en euros, 25 €) y nos acercamos a los paneles explicativos que detallan, someramente, la orogenia de la región y algunos datos interesantes sobre las Cataratas Victoria.
Decidimos realizar la visita por libre, comenzando a visitar los miradores en sentido horario. De ese modo, lo primero es acercarnos a la estatua de David Livingstone, el misionero y explorador escocés que descubrió las cataratas en el año 1885.

Posando junto a la estatua.

Paseamos por todos y cada uno de los miradores, en dirección oeste – este. En la mayor parte de ellos la cantidad de agua pulverizada es tal que, literalmente, llueve. Provistos de chubasquero y bien protegida la cámara de fotos, contemplamos los diferentes saltos que componen las cataratas (Devil’s cataract, Main falls, Rainbow falls – la más alta – y Eastern cataract). Resulta un espectáculo ver millones de litros de agua precipitarse al vacío; sin embargo, es tal la cortina de agua que apenas podemos ver unas decenas de metros más allá.

¡Estamos en las Cataratas Victoria!
¿A que con esta imagen no cuesta nada imaginarse el estruendo de las aguas?
Fijaos lo pequeña que se ve la gente.
Contemplando la panorámica.

Decidimos, por tanto, descansar un buen rato sentados en la terraza del bar, mientras tomamos un refresco bien frío y bien caro.
Sobre las 12:30 del mediodía volvemos a realizar el mismo recorrido que antes. Esta vez el sol está más alto, casi a nuestras espaldas. La cortina de agua ha disminuido y podemos disfrutar de unos espectaculares arcoiris. ¡Impresionante!
Tras una hora adicional de visita, es hora de despedirnos de las cataratas.

¡Estoy aquí arriba!
Rugido atronador.
Otro punto de vista.

Echamos un vistazo al mercadillo que se encuentra en la puerta del parque y regresamos al hotel a descansar un poco.
A las 15:30 h una furgoneta nos recoge en la puerta del hotel para llevarnos río arriba, donde montamos en un barco junto a unas 25 o 30 personas más. Tenemos barra libre de bebida y algo de picoteo, pero a nosotros lo que nos interesa es contemplar el paisaje y la fauna del Río Zambeze.

Pues este será nuestro crucero de hoy.
Al fondo se ve la cortina de agua sobre las Cataratas Victoria.
A los hipopótamos, por si acaso, no nos acercamos mucho.

Son algo más de dos horas de paseo en barco, en las que tenemos la oportunidad de ver un par de manadas de hipopótamos relajándose en aguas poco profundas. No obstante, el espectacular atardecer que nos regala este rincón de África es algo que quedará para siempre grabado en nuestra memoria: el cielo adquiere tonos cálidos, alcanzando un rojo intenso que, finalmente, trae la noche estrellada. Fijaos en las fotos puesto que no tienen desperdicio.

El sol se esconde tras una de las islas del Río Zambeze.
Un atardecer inolvidable.

Una vez de regreso en Victoria Falls, cenamos algo ligero y nos vamos temprano a dormir. Ha sido un día largo y lleno de vivencias inolvidables. Mañana más.

Suena el despertador a las seis, desayunamos a las seis y media y a las siete en punto nos viene a recoger un minibus a la puerta del hotel. A pesar del madrugón estamos emocionados porque…¡hoy visitamos el Parque Nacional del Chobe, en Botsuana!
Para ello debemos recorrer casi una hora de camino hasta la frontera, solventar los trámites en dicho punto y, finalmente, llegar hasta el lujoso Chobe Marina Lodge, donde empieza nuestro recorrido por el Parque del Chobe.
Por la mañana hacemos una ruta en barco y, tras comer, un safari clásico montados en un todoterreno.
La experiencia es todo un éxito (¡vemos centenares de elefantes y algún que otro leopardo!), la contaremos en la próxima entrada en el blog.

En el Chobe pudimos contemplar a dos hermosos leopardos.
Y por la tarde…safari en todo terreno para ver decenas de elefantes.

Llegamos nuevamente a Victoria Falls ya de noche, cansados. Cenamos y nos vamos pronto a dormir. Mañana será el último día del viaje y queremos aprovechar la mañana.

Nos despertamos temprano y, tras desayunar, dejamos las mochilas preparadas. Nos las guardan en el propio hotel, así que tenemos toda la mañana para un último paseo.
Salimos caminando en dirección a las cataratas pero, sin embargo, no nos detenemos allí. Nuestros pasos nos llevan un poco más adelante, hacia la frontera con Zambia, situada apenas a unos centenares de metros.

Llegando al puesto fronterizo.

Entramos en la oficina fronteriza y decimos que queremos ir únicamente al puente que cuelga sobre el Río Zambeze. Esta opción, habitual entre quienes visitan la zona, es gratuita y rutinaria, por lo que enseguida nos dan un pequeño papel sellado para los dos, que debemos guardar y conservar para la vuelta. Ni siquiera nos preguntan por el pasaporte, pero también lo llevamos encima.
Junto a nosotros, decenas de personas esperan pacientes para completar todos los trámites, puesto que cruzar la frontera para los lugareños es bastante más tedioso.
Desde la oficina hasta el propio puente son apenas unos trescientos metros, lo que nos lleva unos cinco minutos. Una vez en dicho puente, y tras tomarnos la foto de rigor con el cartel de «You are now entering Zambia», toca mirar hacia abajo. El Río Zambeze se encuentra más de cien metros bajo nuestros pies, con sus aguas verdes creando furibundos remolinos y rápidos.
Frente a nosotros se intuye la parte más oriental de la cascada, que aparece y desaparece tras la inmensa cortina de agua pulverizada que, cada pocos segundos, nos empapa.

¡Estamos en Zambia!

Nos entretenemos un rato viendo los preparativos de la gente que se atreve a hacer puenting desde este lugar, pero nos apetece pasar fugazmente al lado de Zambia para contemplar las vistas.
Nada más cruzar el puente, a mano derecha, surgen unas escaleras que nos acercan a un bar con una buena panorámica del puente. Tomamos algunas fotos y regresamos.

Vistas del puente desde Zambia. Fijaos desde dónde salta la gente.

Para volver a Victoria Falls debemos entrar nuevamente en la oficina fronteriza, donde nos vuelven a sellar el pequeño papel de antes, el cual entregamos a un guarda que nos lo solicita justo en la valla que delimita la entrada definitiva a Zimbabue. Nuevamente el trámite ha sido rápido y sencillo.

Este es el papel que debemos conservar hasta que volvamos a entrar a Zimbabue.

Unos carteles a mano izquierda señalan el Wild Horizons Lookout Cafe, al que llegamos tras caminar unos diez minutos por una pista de tierra. Este bar, en el que se pueden contratar actividades de aventura (tirolina, rafting, etc…), posee una fabulosa terraza desde la cual gozar de unas espectaculares vistas del puente y el cañón horadado por el Río Zambeze. Tomar una cerveza aquí es irrenunciable.

Cervezas con vistas.

Tras un buen rato de relajación contemplando la panorámica, toca regresar al núcleo urbano de Victoria Falls. Un paseo por el centro y sus tiendas de recuerdos, una visita breve al sencillo pero interesante museo Jafuta Heritage Center y un vistazo al Open Air Craft Market (mercado de artesanías) antes de regresar al hotel para recoger nuestras maletas.

Curiosas esculturas en Victoria Falls.

Toca ir al aeropuerto para poner rumbo de vuelta a casa. Este viaje por Namibia y Cataratas Victoria ha sido, hasta la fecha, la gran aventura de nuestras vidas… ¿Volveremos?

Sí, ¡volveremos!

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