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Excursión a la Ermita de San Martín de Capella

Excursión a la Ermita de San Martín de Capella

De la localidad ribagorzana de Capella parte una de las excursiones más originales, divertidas y curiosas de cuantas se pueden realizar en el Pirineo y Prepirineo aragonés.
Y es que en la excursión a la Ermita de San Martín de Capella se puede cruzar un magnífico puente románico del siglo XIII, disfrutar de unas divertidas figuras zoomórficas creadas con rocas y llegar hasta el fascinante enclave en que se sitúan los restos de la Ermita de San Martín. Una ruta sencilla, entretenida y para (casi) toda la familia.
Hoy te proponemos realizar la excursión a la Ermita de San Martín, en Capella. ¿Nos acompañas?

¿Cómo llegar?

La ruta propuesta comienza junto al precioso puente románico de la localidad de Capella. Allí mismo hay un buen aparcamiento con capacidad para, al menos, 15-20 coches. Un gran cartel explicativo nos informa de algunos datos sobre la Ermita de San Martín.
La excursión comienza cruzando el puente, sin pérdida.

Amplio aparcamiento, junto al hermoso puente.

Datos técnicos

Fecha: 5 de mayo de 2002.
Inicio y fin de la ruta: aparcamiento junto al puente de Capella.
Itinerario: Aparcamiento – Desvío al sendero – Lagares – Restos Ermita Santa Eulalia – Ermita de San Martín – Aparcamiento..
Distancia: 6,40 km.
Desnivel acumulado: 322 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 493 metros (aparcamiento).
– Máxima: 763 metros (cueva junto a la Ermita de San Martín).
Duración sin paradas: 2 horas y 10 minutos.
Duración, por partes:
– 35 minutos hasta el desvío al sendero.
– 55 minutos hasta los lagares.
– 1 hora y 10 minutos hasta los restos de la Ermita de Santa Eulalia.
– 1 hora y 20 minutos hasta la Ermita de San Martín (5 minutos de descanso).
– 2 horas y 15 minutos hasta regresar al coche.
Dificultad/recomendaciones:
– Ruta sencilla, sin pasos complicados, apta para (casi) todos los públicos.
– Muy divertida para realizar con niños, pudiendo realizarse (si estos se cansan) únicamente hasta el desvío a los lagares y regresar desde allí.
– Evitar, en verano, en horas de máxima exposición solar, ya que hay pocas sombras en el camino.
– Precaución, si ha llovido recientemente, en los últimos metros antes de la cueva que se encuentra junto a la Ermita de San Martín. Terreno resbaladizo.
– Aunque en el tramo de pista existen varios desvíos, están todos perfectamente señalizados.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Ruta realizada.
Perfil de la ruta. Sencillita y para casi todos los públicos.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia en la Excursión a la Ermita de San Martín de Capella

Jornada primaveral, de esas en que apetece no madrugar pero, no obstante, también resulta atractivo el salir al monte, para realizar una excursión de media mañana que no requiere gran esfuerzo pero sí compensa con paisajes y detalles de sumo interés.
Dejamos nuestro coche en el gran aparcamiento y, tras echar un vistazo al gran cartel que nos explica algunos datos sobre la Ermita de San Martín, cruzamos el espectacular puente románico (0 km, 0 minutos, 493 metros de altitud). A nuestras espaldas se eleva la localidad de Capella, radiante en un día soleado como este.

Primeros pasos.
Hermosa panorámica de la localidad de Capella.

Nada más cruzar el puente giramos a la derecha, siguiendo los paneles de madera (“Ermita de San Martín 2,5km”). Nos adentramos ahora en terrenos de campos de cultivo, que lucen su verde más primaveral.
En suave ascenso vamos avanzando y topándonos con algunos desvíos; en todo momento están bien señalizados y no hay pérdida. Unos grandes paredones rocosos esconden nuestro objetivo del día, la Ermita de San Martín, camuflada y prácticamente invisible desde aquí.

Seguiremos, en todo momento, los carteles que nos indican el rumbo a tomar.
Cómoda pista, entre campos de cultivo.

Seguimos por la cómoda pista hasta llegar a un barranco seco en el que encontramos las primeras figuras zoomórficas creadas en roca por el lugareño Joaquín “Quinón” Sesé. Varios peces, una tortuga y un asombroso cangrejo nos dan la bienvenida.

Al llegar al barranco nos topamos con estos curiosos peces de roca. Tras el mismo ya se ve el desvío a la izquierda.

Tras este barranco se halla el desvío del inicio del sendero (1,8 km; 35 minutos, 628 m). Nos internamos por la senda y en los siguientes metros nos sorprenden otras figuras: un hombre realizando sus necesidades, unas setas y un pastor con sus ovejas. Originales, divertidas y que, sin duda, harán sonreír a los pequeños y no tan pequeños.

Importante percatarse de este desvío a la izquierda: aquí comienza el sendero decorado.
Interrumpiendo los momentos de privacidad…
¡Cuidado no pises esas setas!

El camino prosigue rumbo sur-suroeste, ascendiendo ahora ya con algo más de decisión, mientras contemplamos otras esculturas. Mariquitas, escorpión, flores, conejos… ¡hasta un Belén! Aunque el calor aprieta (¡mejor evitar las horas de más calor en verano!), el ascenso se hace ameno puesto que nos detenemos cada pocos metros a retratar todas y cada una de las figuras.

Entretenido sendero.
Ascendemos y vamos ganando buenas vistas.
Fíjate en todos los detalles.

En un determinado lugar el estrecho sendero se abre, junto a una gran superficie rocosa, sobre la cual se pueden observar varios insectos de piedra, a cual más detallado, destacando el escorpión y la mosca.

¡Menuda colección de artrópodos!
Detallado escorpión.

La senda continúa ascendiendo, permitiéndonos ganar una amplia panorámica de nuestro entorno. A nuestros pies las llanuras de la Baja Ribagorza; al fondo, las nevadas cumbres pirenaicas, entre las que destacan Cotiella y el Turbón. Hermoso día primaveral, sin duda.
Llegamos al desvío hacia los lagares, que merece la pena tomar, puesto que apenas nos desvía unas decenas de metros del camino principal. Los lagares (2,4 km; 1 hora; 698 metros), perfectamente explicados mediante un gran panel informativo, están tallados en roca arenisca y permiten intuir un poco cómo era la vida antaño por estos lares.

Ganamos altitud poco a poco.
Los tres lagares excavados en la roca, con buena panorámica.

Regresamos al camino principal y superamos un par de curvas de la senda, en las que se encuentran algunas de las figuras más espectaculares. Un gran oso, un jabalí y un nido de pájaros nos sorprenden aquí.

Jugando con las ardillas.
¿Ves al pájaro de las rocas del fondo?

Pronto llegamos al desvío a la Ermita de Santa Eulalia. Son apenas unos metros desde el camino principal hasta llegar a los escasos restos que quedan de la misma (2,9 km; 1 hora y 10 minutos, 740 metros). Si bien dichos restos no resultan llamativos, merece la pena acercarse a echar un vistazo, aunque sea sólo por contemplar las fabulosas vistas que hay desde la misma.

Hacia la derecha iremos a la Ermita de Santa Eulalia.
Restos de la ermita.

De vuelta al camino principal, este se transforma. Tras un ascenso soleado, entre arbustos salpicados por claros árboles, ahora nos adentramos en una zona umbría en que la vegetación, todavía húmeda por las lluvias de días previos, todo lo rodea.
Apenas unos metros de suave descenso nos depositan en la base de la Ermita de San Martín (3,2 km; 1 hora y 20 minutos, 737 metros). Los restos de la ermita, del siglo XII, sorprenden por lo agreste y abrupto del paisaje. Encaramadas en una pared rocosa, las ruinas (parcialmente restauradas) invitan a descubrir rincones fotogénicos. Desde aquí, las vistas del valle y gran parte del Pirineo son soberbias.

Llegando a la Ermita de San Martín.
Pequeño descanso a la sombra.
Echando un vistazo a la ermita.

Unos minutos de descanso antes de localizar un sendero que parte detrás de la ermita, algo descompuesto y resbaladizo por estar húmedo, y que lleva a una cueva situada justo encima de la misma, protegido por una barandilla de madera (precaución en este tramo). Aunque la cueva no sorprende en exceso, sí que ofrece una notable vista de la ermita.

Desde la cueva, grandiosa panorámica.

El camino de regreso lo hacemos por el mismo que la ida, a ritmo más alegre puesto que decidimos no detenernos nuevamente a fotografiar todas y cada una de las figuras zoomórficas. Así, en unas dos horas y cuarto regresamos a nuestro coche.
En conclusión, la ruta a la Ermita de San Martín de Capella es una excursión completa, para toda la familia, que regala una perfecta combinación de naturaleza, arte y cultura. ¡A disfrutarla con los más peques!

El señor oso te invita a recorrer esta divertida ruta.

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