Monte Perdido (3355 m) desde el Refugio de Góriz

Hay montañas que, más allá de su altitud, dificultad o panorámica, destilan una magia especial y poseen un carisma único. Por ello, son el sueño y pasión de los montañeros, que ansían coronar su cumbre y poder contemplar el mundo desde allí arriba.
Es el caso del Monte Perdido, también conocido como Punta de Treserols, que con sus 3355 metros se erige como la tercera cumbre más alta de todo el Pirineo. Sin embargo, nada tiene que envidiar a sus dos hermanos Posets y Aneto, puesto que su emplazamiento perfecto dominando los valles de Pineta, Añisclo y Ordesa le otorgan el honor de ser, por motivos propios, uno de los reyes del Pirineo aragonés.
Pero, además, para quien escribe estas líneas, hollar la cumbre de Monte Perdido es cumplir un humilde pero anhelado sueño montañero. No en vano, su nevada cima es perfectamente visible desde la lejana tierra plana oscense (¡incluso desde Zaragoza!), por lo que nuestra mente inquieta se había trasladado a su cima casi ya desde la más tierna infancia. Y el contemplar su cumbre a diario, desde lejos, no hacía más que alimentar ese deseo de ascenderla.
Hoy te presentamos la ruta al Monte Perdido desde el Refugio de Góriz. ¿Nos acompañas a conocer un poco más?

El Valle de Ordesa a nuestros pies.

¿Cómo llegar?

La ruta normal al Monte Perdido es la que parte del Refugio de Góriz.
Para llegar a dicho refugio las dos opciones más frecuentes son:
Desde Cuello Gordo: partiendo desde la localidad de Nerín caminando o bien en autobús 4×4 (este último durante la temporada estival) se puede llegar a este amplio collado colgado sobre las paredes de Ordesa. Desde este punto son unas dos horas sin apenas desnivel.
Desde la Pradera de Ordesa: recorriendo todo el Valle de Ordesa hasta la Cola de Caballo y, desde allí, ascendiendo bien por las clavijas o bien por la Senda de los Mulos. Para llegar a la Pradera de Ordesa podemos hacerlo en nuestro propio coche, salvo en verano, Semana Santa y algún otro puente, en que está cerrado el acceso a coches particulares y es preciso tomar un autobús desde Torla (3 € ida y 4,5€ ida y vuelta).

Datos técnicos

Fecha: 15 y 16 de agosto.
Inicio y fin de la ruta: pradera de Ordesa.
Itinerario:
– Día 1: Pradera de Ordesa – Cola de Caballo – Senda de los Mulos – Refugio de Góriz.
– Día 2: Refugio de Góriz – Ciudad de Piedra – Ibón helado – Escupidera – Cima Monte Perdido – Escupidera – Ibón helado – Ciudad de Piedra – Refugio de Góriz – Senda de los Mulos – Cola de Caballo – Pradera de Ordesa.
Distancia:
– Día 1. Pradera de Ordesa a Góriz: 12,82 kilómetros.
– Día 2. Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa: 23,43 kilómetros (10,2 kilómetros si hiciéramos sólo Góriz – Monte Perdido – Góriz).
Desnivel acumulado:
– Día 1. Pradera de Ordesa a Góriz: 903 metros de desnivel positivo y 37 de desnivel negativo.
– Día 2. Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa: 1245 metros de desnivel positivo y 2113 de desnivel negativo (unos 1200 si hacemos únicamente Góriz – Monte Perdido – Góriz).
Altitud:
– Mínima: 1339 m, en la Pradera de Ordesa.
– Máxima: 3355 m, en la cima de Monte Perdido.
Duración sin paradas:
– Día 1. Pradera de Ordesa a Góriz: 3 horas y 40 minutos.
– Día 2. Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa: 8 horas y 45 minutos.
Duración total, por partes, saliendo desde Góriz:
– 1 hora y 10 minutos a la Ciudad de Piedra.
– 1 hora y 40 minutos al paso de la cadena.
– 2 horas y 5 minutos al Ibón Helado (10 minutos de descanso).
– 3 horas y 5 minutos a la cima de Monte Perdido (30 minutos de descanso).
– 4 horas y 25 minutos al Ibón Helado (10 minutos de descanso).
– 6 horas y 25 minutos hasta el Refugio de Góriz (35 minutos de descanso).
– 8 horas y 15 minutos hasta la Cola de Caballo (10 minutos de descanso + 10 minutos haciendo fotos por el camino).
– 10 horas y 30 minutos hasta la Pradera de Ordesa.
Dificultad/recomendaciones:
– Nos encontramos ante una ruta de alta montaña, con meteorología cambiante y posibles temperaturas gélidas en cualquier época del año.
– Aunque el Monte Perdido no es considerado un tresmil difícil, no es únicamente andar: hay varios pasos donde se requiere la ayuda de las manos y que pueden suponer dificultades (ver en la descripción del texto). No lo consideramos ideal para iniciarse en el mundo de los tresmiles.
– El tramo de la cadena es bastante expuesto, aunque dicha cadena ayuda a que sea muy llevadero.
– La escupidera en verano no deja de ser una larga y dura pendiente; con nieve/hielo precisa de material específico (crampones, piolet y saber utilizarlos) y se convierte en el lugar donde más accidentes mortales han ocurrido en el Pirineo.
– La ruta de Góriz a la cima y regreso hasta la pradera de Ordesa es muy larga y salva más de dos mil metros de desnivel negativo.
– Se puede dejar material en las taquillas del Refugio de Góriz y recogerlo a la bajada (5€ de fianza para los alojados en el refugio).
Track GPS: descargar aquí.

*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Ruta del día 1: desde la Pradera de Ordesa al Refugio de Góriz.
Perfil de la ruta del día 1: desde la Pradera de Ordesa al Refugio de Góriz.
Ruta del día 2: Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa (clic para ampliar).
Perfil de la ruta del día 2: Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa.
Escala MIDE de dificultad: Góriz – Monte Perdido – Góriz – Pradera de Ordesa.

Nuestra experiencia en el Monte Perdido

Tanto tiempo anhelado y deseado, el Monte Perdido es nuestro objetivo en este fin de semana de agosto de previsión meteorológica algo incierta. Ello no nos resta ni un ápice del entusiasmo con el que pretendemos acometer la ascensión a este mágico coloso pirenaico.
Así, suena temprano el despertador y ponemos rumbo a la siempre hermosa localidad de Torla, con el incomparable telón de fondo de las paredes de Mondarruego.
Dejamos nuestro coche en el amplio aparcamiento, nos calzamos las botas y acabamos de preparar nuestras mochilas, algo más pesadas de lo habitual. Compramos los billetes para el autobús (4,5 € por persona ida y vuelta) y enseguida lo cogemos para emprender rumbo a la Pradera de Ordesa.
Una vez llegamos a este concurrido lugar, iniciamos la marcha por el cómodo y agradable camino que parte por el fondo del Valle de Ordesa.

Iniciamos la senda tantas veces recorrida previamente, hacia la Cola de Caballo por el fondo del valle.

A pesar de ser 15 de agosto, hemos madrugado lo suficiente, con la intención de evitar las posibles tormentas que se prevén para la tarde y, adicionalmente, para no encontrarnos demasiada gente por el camino.
A ritmo ligero pasamos por los sucesivos desvíos hacia las cascadas y junto a las Gradas de Soaso, enclave precioso y fotogénico. Sacamos la cámara brevemente pero enseguida continuamos caminando por el fondo del valle, sin prisa pero sin apenas pausa.

Las bucólicas Gradas de Soaso.

Finalizamos la zona boscosa y comprobamos que, allá arriba, las cumbres del Monte Perdido/Punta de Treserols y Pico Añisclo/Soum de Ramond se hallan cubiertas de unas nubes grises y densas. Nada fuera de lo previsto, pero esperemos que para mañana despeje…

Caminando por el fondo del valle. Arriba, las nubes grises tapan las cimas de los colosos de Ordesa.

Llegamos a las inmediaciones de la Cola de Caballo (2 horas y 15 minutos; 9,3 kilómetros, 1760 metros de altitud), donde nos detenemos a tomar alguna foto y a descansar unos minutos. Llevamos recorrida algo más de media ruta, pero queremos llegar a una hora decente al Refugio de Góriz, antes de las tormentas previstas.

Pues ya estamos en la Cola de Caballo.

Tras dudar un rato sobre si subir o no por las Clavijas de Soaso (aparentemente sencillas), nos decantamos por la Senda de los Mulos, por comodidad, tranquilidad y para poder tomar unas buenas fotos del valle desde ese rincón.
El desvío hacia dicha senda está claramente indicado por varios postes, siendo además la continuación del GR11 por el que veníamos, por lo que las marcas de pintura rojas y blancas nos van a acompañar en todo momento.
Comenzamos, ahora sí, un ascenso más decidido, realizando varias lazadas por dicho sendero, superando casi doscientos metros de desnivel en poco tiempo. Conforme ganamos altura también ganamos, a la par, unas vistas magníficas, con todo el Valle de Ordesa a nuestros pies.

Aquí debemos elegir si pasar por las clavijas o por el sendero, que supera la muralla rocosa que vemos enfrente.
Ascendiendo por la Senda de los Mulos: cómoda pero en claro ascenso.

Una vez superado el farallón rocoso la senda se torna más suave y cómoda, alcanzando el desvío que viene de las clavijas en pocos minutos, por una zona de prados bien bonita.
El camino, con una inmensa panorámica a partir de este punto, realiza un par de lazadas amplias para superar una nueva muralla rocosa, sin complicaciones, tras la cual las vistas se amplían todavía más. A lo lejos, semi cubiertos por las nubes, alcanzamos a distinguir las cumbres del Taillón/Punda Negra (3144 metros), el Casco/Punda dero Corral Ziego (3011 m) y la Torre de Marboré/Punda dero Faixón (3012 m).

Superado el tramo de ascenso, ahora llanearemos un rato con buenas vistas.

Ya sólo nos queda recorrer un tramo de ascenso más suave y cómodo, para llegar a nuestro destino de hoy: el Refugio de Góriz (3 horas y 40 minutos; 12,82 km; 2200 m).
Tras presenciar una buena tormenta veraniega, cenamos y nos vamos pronto a dormir, que mañana va a ser un gran día…

Llegando al Refugio de Góriz, minutos antes de la tormenta.


Suena el despertador a las seis de la mañana y un primer vistazo por la ventana del refugio nos permite atisbar algunas estrellas en el cielo. ¡Parece que está despejado!
Desayunamos fuerte y preparamos las mochilas, algo más ligeras que ayer puesto que dejamos los sacos y algo de ropa en el refugio.
Cuando todavía el sol se está desperezando y ni siquiera asoma por el horizonte, comenzamos a caminar siguiendo el transitado camino y acompañados, tanto unos metros por delante como unos metros por detrás, por otros montañeros que emprenden la misma aventura.
Inicialmente la senda se dirige, en ascenso, hacia el este, virando enseguida hacia el oeste mientras remonta unos pequeños resaltes de roca en los que ayudarse ligeramente con las manos facilita la progresión (ninguna dificultad en este punto).

Comenzamos la marcha temprano, con las primeras luces del día.
En algún paso, sencillo como este, nos ayudamos un poco con las manos.

Vamos dejando el Refugio de Góriz abajo, avanzando a ritmo cómodo por un terreno en el que, progresivamente, los prados desaparecen y dan paso a la agreste roca. En el fondo, hacia donde nos dirigimos, las nubes bajas juguetean con las cumbres, creándonos la incertidumbre de si disfrutaremos de unas vistas excelentes o nos veremos sumidos en la más absoluta niebla.
No tenemos que esperar mucho para conocer la solución, puesto que al llegar a la cota 2500 (unos 40 minutos desde el inicio), nos adentramos en la espesa niebla que dota al paisaje de un aspecto tenebroso, pero, a su vez, encantador.
Sin embargo, unos minutos después, las nubes se van abriendo y nos permiten, incluso, comenzar a contemplar la gran cicatriz glaciar del Valle de Ordesa y la Punta Tobacor.

Nos dirigimos hacia la niebla…
…aunque, mirando hacia atrás, parece que se quiere despejar.

Cuando llevamos una hora de camino (en torno a los 2640 metros de altitud) llegamos a uno de los pasos con cierta miguilla de la ruta. Tras superar un pequeño resalte, ayudándonos con las manos, debemos trepar por una chimenea con cierta caída a su derecha. No obstante, la propia configuración e inclinación de la roca, creando una suerte de tobogán, hacen que el paso se supere con tranquilidad. Con roca seca y precaución, la solventamos sin mayor problema.

Tenemos primero que trepar este pequeño resalte…
… para después ascender este corto tramo más vertical. ¡Precaución!
Aquí se aprecia mejor el paso (foto tomada en el descenso).

Paso a paso vamos ganando altitud, hasta llegar al lugar conocido como Ciudad de Piedra (1 hora y 10 minutos; 2,05 km; 2690 metros). Debemos atravesar un caos de grandes rocas, guiándonos por los hitos que indican el camino más cómodo y sencillo.
El paisaje, de aspecto lunar, sobrecoge. Terreno calizo, áspero, en cierta medida desolador. Tenemos delante, escondido entre las nubes, el lugar teórico donde se halla el Ibón Helado, por lo que la dirección a seguir es evidente. Aunque en algunos momentos la senda parece bifurcarse, lo cierto es que tras unos cuantos metros, vuelve a confluir. Sin pérdida.

Caminando entre grandes bloques rocosos.
Inmensidad rocosa (foto tomada en el descenso).

Llegamos a otro de los lugares clave de la ruta: el paso de la cadena (1 hora y 40 minutos; 2,9 km; 2870 metros). Un gran nevero, que debemos rodear por la derecha, da paso a un tramo de roca bastante pulida equipada con una cadena. Si bien superar el resalte rocoso, ayudándose de la cadena, es sencillo (apenas son dos trepadas mínimas), se trata de un paso expuesto con caída de varios metros. Como se aprecia en las fotos, se debe extremar la precaución en este punto.

Rodeamos el nevero por la derecha y acometemos el paso de la cadena, sencillo pero con cierta exposición.
Cuidado aquí.
Otra vista del paso (foto tomada en el descenso).

Continuamos ganando altitud hasta llegar, antes de lo que esperábamos, al Ibón Helado (2 horas y 5 minutos; 3,4 km; 2980 metros). Tan entrado el verano, dicho ibón no hace honor a su nombre, aunque se halla rodeado de inmensos neveros que lo alimentan paulatinamente.
En este lugar el viento golpea con fuerza y la sensación térmica cae en picado. Apenas paramos unos pocos minutos para abrigarnos y reponer energías antes de acometer la siempre dura y penosa ascensión por la célebre (y, estadísticamente, funesta) Escupidera.

Últimos metros antes del Ibón. Ya vemos la gran mole del Cilindro de Marboré/Mallo de Marmorés.
El pequeño Ibón Helado de Monte Perdido.

Golpeados por el viento, moderado pero gélido, comenzamos a ascender por la cresta rocosa que la delimita por su parte derecha, ascendiendo sin tregua. Echando un vistazo atrás vemos la esbelta mole del Cilindro de Marboré/Mallo de Marmorés (3325 m), una obra maestra de la geología con sus pliegues rotundos y despiadados. Las Fuerzas de la Naturaleza, en mayúsculas.
En este tramo de cresta debemos superar una zona rocosa algo más vertical, ayudándonos de las manos, por roca con buen agarre. Si bien existen dos o tres pasos para superarla que parecen más sencillos, conviene no tomar el de la izquierda del todo, con mayor exposición.

Comenzamos a ascender desde el Ibón.
¡Venga, que ya queda menos!
Si vamos por la zona roja parece más sencillo pero es más expuesto. Recomendable ir más hacia el medio, por donde la línea morada.

Ganado este resalte, entramos en la Escupidera en sí. La pedrera, donde la famosa expresión montañera “dos pasos para delante y uno para detrás” adquiere su mayor significado, resulta penosa de ascender. Seguimos el camino más pisado y, poco a poco, vamos superando los metros de tan dura pendiente.
Unos rayos de sol, breves pero cálidos, acarician nuestro rostro en los últimos metros de subida. Parece que vamos a tener suerte y nos encontraremos por encima de la densa niebla.

En plena faena por la pedrera.
¡Uffff! ¡Qué duro se hace!

Llegamos al amplio collado, desde el cual nos separan apenas unos cincuenta metros de desnivel para llegar a la cima.

Superada la Escupidera, llegamos al amplio collado.
¡No queda nada!

Unos pocos minutos de esfuerzo más y lo conseguimos. Una tímida lágrima de emoción surca nuestras mejillas mientras hollamos la cumbre del Monte Perdido (3 horas y 5 minutos; 4,9 km; 3355 metros). Allí nos recibe la pequeña figura de San Jorge (patrón de Aragón) con el dragón, imagen icónica de esta cima.
Compartiendo cima con numerosos montañeros, nos dedicamos durante unos minutos a disfrutar esos momentos. Mirar en todas las direcciones, atisbar cimas entre las nubes, vislumbrar el camino recorrido hasta la cima… y, sobre todo, recordar la cantidad de momentos en que habíamos soñado con pisar esta cumbre. Y aquí estamos. ¡Conseguido!

¿Se puede estar más contento?
42º 40’32.1»N; 0º02’03.8» E. Monte Perdido/Punta de Treserols, 3355 metros sobre el nivel del mar.
El mundo a nuestros pies.

Parece que incluso el viento ha amainado un poco, y el sol que calienta la cima nos permite disfrutarla todavía más, lejos de las bajas temperaturas sufridas durante el ascenso.
Sacamos la cámara de fotos y nos recreamos tomando instantáneas en todas las direcciones. Hacia el sur, donde está más despejado, reconocemos sin problema el espectacular Valle de Ordesa. De manera fugaz, entre nube y nube, podemos identificar algunas cumbres próximas, como el Pico d’Añisclo/Soum de Ramond (3257 m) o el Cilindro de Marboré/Mallo de Marmorés (3325 m). Incluso, muy brevemente, podemos distinguir el Ibón helado de Marboré y la Brecha de Tucarroya, mirando hacia el norte.

El Pico Añisclo (3257 m) se recorta contra las nubes.
El Ibón Helado desde la cima.

Saboreamos los minutos de la cima, conscientes de que hoy va a ser un día inolvidable. Posamos junto a San Jorge y el dragón, junto al hito cimero, posamos en todas direcciones. Queremos inmortalizar el momento de todas las maneras posibles.
Pero toca descender, puesto que la jornada de hoy es larga.
Emprendemos el camino de vuelta con tranquilidad, por la impresionante pendiente de la Escupidera, que no reviste en época estival el peligro que sí tiene cuando se encuentra nevada.

Comenzamos a descender la Escupidera, de fuerte pendiente.
Sin nieve no es más que una pedrera, pesada de ascender y relativamente cómoda para descender.

Solventamos, con mayor comodidad que durante el ascenso, el tramo en que nos hemos ayudar un poco con las manos y llegamos nuevamente al Ibón Helado, donde nos detenemos otra vez a comer algo.

Pedazo de vistas a mitad de Escupidera.

Continuamos el camino de regreso, tomando fotografías con mayor frecuencia puesto que parece que el día va despejando. Nos regocijamos con el paisaje, esbelto y cautivador, con la mística adicional de encontrarnos en estos territorios calcáreos (el macizo calcáreo más alto de Europa, nada más y nada menos).

Terrenos inhóspitos.

Una vez superamos el tramo de la cadena y la pequeña chimenea, no nos queda más que caminar por terreno cómodo hasta llegar de nuevo al Refugio de Góriz, donde nos quitamos las mochilas y paramos más de media hora.

Pasamos, con cuidado, el tramo de la cadena. Aunque en la foto no se aprecie…¡Hay que evitar el nevero!
Ya queda menos para llegar a Góriz. Al fondo, el Taillon.

Comemos, bebemos, recogemos nuestras pertenencias y decidimos reemprender la marcha, puesto que aún nos queda un largo trecho.
El sol comienza a golpear con fuerza, tanto por el descenso en altitud como por la progresiva desaparición de las nubes, quedando un día idóneo para caminar por el monte. Echando un vistazo atrás, las cumbres de Ordesa siguen veladas parcialmente por las nubes bajas.

Tramo de vistas alucinantes.
Echamos un vistazo atrás y nos despedimos del Mallo de Marmorés/Cilindro de Marboré.

Descendemos por la Senda de los Mulos y nos detenemos unos minutos en la Cola de Caballo, atestada de gente a estas horas.
No nos queda más que recorrer el fondo del valle, lo cual hacemos a buen ritmo, hasta llegar finalmente a la Pradera de Ordesa, donde acaba nuestra ruta.

Ordesa: palabras mayores.
¡Venimos de ahí arriba!

En conclusión, la ascensión al Monte Perdido por su vía normal, desde el Refugio de Góriz, es una experiencia de alta montaña, que salva un notable desnivel y gran distancia. Con algunos pasos que requieren precaución, resulta una cumbre imprescindible para los pirineístas y montañeros con cierta experiencia.

¡Sueño montañero cumplido!

4 comentarios

  1. Enhorabuena a los dos!

    Aunque otros tengan más altura, Monte Perdido es una montaña especial. El recorrido es fantástico, pasando de las zonas de pastos y las cascadas del valle de Ordesa, a la alta montaña de la parte superior.

    Al final, más o menos tuvisteis suerte con el tiempo, no se pudo disfrutar de un día despejado, pero se dejo ver a ratos y sobre todo no llovió, que allí las tormentas dan miedo.

    Un saludo

    1. Conbotasymochila

      Muchas gracias, Eduardo.
      Sí, finalmente el tiempo medio respetó; no fueron las mejores vistas pero no llovió e incluso en cima tuvimos sol.
      Una experiencia inolvidable.
      Un saludo!

      Pedro y Paula

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