Pico Pacino (1965 m), el mejor mirador del Valle de Tena

Hay cumbres que, sin tener una especial relevancia ni prominencia, constituyen miradores de primer orden. Y uno de los casos más claros de todo el Pirineo aragonés es el Pico Pacino, que sin alcanzar siquiera los dos mil metros de altitud supone una magnífica atalaya desde la cual admirar el idílico Valle de Tena.
La ruta a su cumbre, siempre que no haya nieve o hielo en el camino, es sencilla y apta para casi todos los públicos. Por ello es una cima muy concurrida, aunque si evitamos la época estival o los fines de semana podremos disfrutarla en total soledad.
Hoy te presentamos la ruta al Pico Pacino, el mejor mirador del Valle de Tena. En otoño, sin duda, nos muestra su versión más colorida ¿Nos acompañas a conocer un poco más?

¿Cómo llegar?

El Pico Pacino se encuentra en pleno corazón del Valle de Tena. Para llegar al punto de partida debemos conducir por la carretera A-136 en sentido norte (hacia Francia) y, unos 500 metros tras más allá del desvío hacia Sallent de Gállego, encontraremos una pista a mano izquierda con hueco para aparcar unos pocos vehículos (señalizado en Google Maps como “Parking subida Pico Pacino”).

Lugar donde dejar el coche.

Datos técnicos

Fecha: 16 de octubre de 2020
Inicio y fin de la ruta: inicio de la pista junto a la A136, pasado el desvío a Sallent de Gállego.
Distancia: 8,19 kilómetros.
Desnivel acumulado: 575 metros, tanto de desnivel positivo como negativo.
Altitud:
– Mínima: 1399 metros (aparcamiento).
– Máxima: 1965 metros (cima del Pico Pacino).
Duración sin paradas: 3 horas.
Duración, por partes:
– 1 hora y 17 minutos al Collado del Pacino.
– 1 hora y 40 minutos a cima (35 minutos de descanso).
– 3 horas y 35 minutos hasta el coche.
Dificultad/recomendaciones:
– Se trata de una ruta bastante sencilla y bien señalizada, sin dificultad siempre que no haya nieve ni hielo en el camino.
– Un tramo del camino pasa por la Selva de Sallent, que en otoño muestra sus mejores colores.
Track GPS: descargar aquí.
*NOTA: los tiempos, distancia y dificultades encontradas están basados en nuestra experiencia, teniendo en cuenta la climatología, nuestra forma física y experiencia en montaña. Hay que salir al monte siempre bien equipado, con el material y una preparación adecuados, y consultando previamente la previsión meteorológica.

Ruta según el reloj GPS.
Ruta más detallada.
Perfil de la ruta realizada.
Escala MIDE de dificultad.

Nuestra experiencia en el Pico Pacino

Nos habían nombrado este pico en muchísimas ocasiones, destacando siempre su fácil ascenso y sus excelentes vistas, catalogándolo casi todos nuestros confidentes como una de esas cumbres que hay que ascender sí o sí. Y, por fin, este otoño llega la hora de conocerlo.
Dejamos nuestro coche en un amplio hueco en la pista, en que ya se hallan estacionados un par de vehículos más, cuyos ocupantes nos preceden en la ruta (esta vez no hemos madrugado tanto como acostumbramos).
Iniciamos la marcha por una cómoda pista, que asciende suavemente, con la pirámide casi perfecta del Pacino al fondo, todavía con una casi inapreciable capa de nieve tras las precipitaciones de días anteriores.

Comenzamos a caminar, con nuestro objetivo a la vista.

A nuestras espaldas vemos la localidad de Sallent de Gállego, con un hermoso telón de fondo de montañas nevadas. Corre una suave pero heladora brisa, lo que nos obliga a echar mano de casi toda la ropa de abrigo que llevamos en la mochila. Día soleado pero gélido.

Desde el primer momento la panorámica es interesante, con Sallent de Gállego en primer plano.

Cuando llevamos unos quince minutos de camino debemos abandonar la pista para tomar una senda a la izquierda, que gana pendiente con mayor decisión, primero entre pinos y más tarde por una zona de prados, para luego adentrarse ya en el bosque, protegido por un tramo en el que todavía persiste algo de nieve y hielo de los días anteriores.

Tomamos el desvío hacia la izquierda, abandonando la pista.
En este punto hace mucho frío.

La conocida como Selva de Sallent es un hermosísimo hayedo que muestra sus mejores galas en esta época del año. El suelo, acolchado con infinitas hojas marrones, es surcado por el grácil sendero, que mediante un par de lazadas gana altitud con firmeza, pero sin excesiva dificultad. Por encima de nuestras cabezas un foliado mar multicolor es mecido por la suave brisa, ejecutando una danza sin igual.
Aunque el camino es evidente, periódicamente vamos encontrando marcas blancas y amarillas que indican la dirección a seguir, con claridad.

Hace fresco a primera hora de la mañana.
¡Qué colores más bonitos!
Ya queda poco para salir del bosque.

A los cincuenta minutos de ruta, aproximadamente, salimos del frondoso bosque, caminando ya por terreno más abierto, en que la senda discurre a media ladera, rodeada por prados semi congelados a estas horas de la mañana. Hay que prestar atención puesto que en las zonas más umbrías el barro se encuentra congelado y, por ende, resbaladizo.

Aprovechando un claro contemplamos la majestuosa Selva de Sallent.
Colores plenamente otoñales.
Sendas idílicas.

Observamos la panorámica a nuestro alrededor. Frente a nosotros se alza ya la suave cumbre del Pico Pacino, con algo de nieve; a nuestros pies la Selva de Sallent, cual tapiz multicolor. Al fondo, la grandiosa estampa del Midi d’Ossau, siempre reconocible e igualmente impresionante.

Caminamos a media ladera.
Otoño en el Pirineo aragonés.
El siempre majestuoso Midi d’Ossau.

Vamos ganando altitud hasta llegar al Collado del Pacino (3,51 km; 1 hora y 17 minutos; 1828 m), señalizado con un cartel. Desde este punto, ideal para tomar aire unos minutos, las vistas son amplias y majestuosas; reconocemos las nevadas cumbres de Musales, Tebarray e Infiernos, entre otras. Hacia el sur las murallas rocosas de la Sierra de la Partacua, con el Embalse de Escarra en primer plano.

Tramo a la sombra, con nieve persistente.
Llegamos al Collado del Pacino, con la cumbre al fondo.
El collado goza de buenas vistas.

Desde este amplio collado la ruta hacia la cima es evidente, por una senda ahora algo incómoda puesto que gana pendiente y se encuentra algo resbaladiza, fruto del hielo/nieve que, aunque escaso, tapiza la vertiente norte de la pirámide sumital.

Vistas hacia el sur, antes de acometer las últimas rampas.
Venga, Pauli, que ya llegas.

Asumimos el último esfuerzo, recibiendo una cada vez más grata y amplia recompensa en forma de vistas. Superamos el último repecho hasta alcanzar la llana y grande cumbre del Pico Pacino (4,1 km; 1 hora y 40 minutos; 1965 m).
Día de sol radiante, apenas una leve brisa en la cumbre y espectacular panorámica en todas las direcciones. Desde el este, con la Sierra de Tendeñera y el Pico Otal, al oeste, donde reconocemos Midi d’Ossau, Peyreget, Anayet y Vértice de Anayet; pasando por el norte (Peña Foratata, Arriel, Palas, Musales, Sanchacollons, Tebarray, Infiernos, Argualas…) y finalizando por las cumbres del sur, resulta imposible no quedarse un buen rato con la boca bien abierta, en silencio, disfrutando.
Descansamos, comemos algo, miramos en una dirección y en otra, volvemos a mirar en todas las direcciones. Tomamos fotos, fotos y más fotos. Un día así en una cumbre como esta parece irrepetible.

Últimos metros a cima.
Arriel y Palas, flirteando con alcanzar los tres mil metros.
Con vistas hacia el Midi d’Ossau y Formigal.
Grandiosa escena hacia el sur.
Y… ¿qué te parece esto?

Tras algo más de media hora en la cumbre, en absoluta soledad, decidimos emprender el camino de vuelta. Lo hacemos con precaución, puesto que el sol, ahora más alto, comienza a fundir la nieve y el hielo, haciendo que el suelo se torne fangoso y embarrado, extremadamente resbaladizo.

Descendiendo sin parar de contemplar el paisaje.

Descendemos sin prisa, saboreando cada paso y cada rincón del camino. Así, tras un poco más de tres horas y media de excursión, llegamos nuevamente al coche.
En conclusión, la excursión al Pico Pacino, más aún cuando el otoño cubre el entorno de su manto multicolor, es una ruta bastante sencilla y cómoda (apta para casi todos los públicos) que constituye un mirador excepcional. ¡Imprescindible!

Colores otoñales en la Selva de Sallent. ¡Hasta la próxima, Pacino!

3 comentarios

  1. Hola.

    Si que es una sencilla, pero es un recorrido precioso y más en otoño, que veo que lo pillasteis en su máximo esplendor.

    Sin duda, uno de los mejores miradores, es interesante, hacerlo en circular, salen unos 11 km y sale una circular muy completa.

    Un saludo

    1. Conbotasymochila

      Totalmente de acuerdo contigo, Eduardo. En otoño muestra sus mejores colores y, si además se hace la ruta circular, es mucho más completa.
      Un saludo,

      Pedro y Paula

  2. Pingback: Compañeros de Ruta: nunca dejemos de soñar con todos viajes que volverán – ¡Turismo guay!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *